Caín se encoleriza por el rechazo Divino. En Gen. 4,6-7 encontramos el reproche y la advertencia de Dios: “¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar.”. El pecado es aquí representado bajo la figura de una bestia salvaje, que se agacha a la puerta del corazón, lista para destrozar a su víctima. Caín pudo resistirse a la tentación pero no lo hizo y la historia de la Biblia continúa relatando el terrible crimen nacido de su ira y sus celos: mata a Abel. Preguntado por el Señor acerca del paradero de su hermano, contesta insolentemente que no lo sabe. Para vengar la sangre de Abel, Dios pronuncia una maldición contra el primer homicida. El texto hebreo de la maldición puede traducirse como “maldito seas, por este suelo que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano”, o también "Maldito seas lejos de este suelo..., etc.” La primera traducción refiere la frase a las palabras que siguen a continuación: “Aunque labres el suelo, no te dará más su fuerza”, es decir, su fruto; la segunda, al destierro relatado después. Este destierro del país dónde sus padres vivieron y donde, como sabemos por los pasajes que siguen a éste, Dios continuó manifestando su presencia de un modo especial, se menciona como “salir de la presencia de Yahveh” (v. 16).
El país del destierro de Caín, dónde viviría como un vagabundo, errante, se llama en hebreo la tierra de Nod y se dice que estaba al oriente de Edén. Como no sabemos donde estaba Edén, no se puede determinar la localización de Nod. El castigo le pareció a Caín mayor de lo que podría soportar; en respuesta a sus palabras, expresando el temor de que pudieran matarle, Dios le dio una promesa de protección especial para su vida, y le puso una señal. No se nos da indicación sobre la naturaleza de esta señal. El único hecho que expresa la Biblia sobre la vida posterior de Caín es la fundación de una ciudad, llamada Henoc, tras un hijo de ese nombre. Una gran cantidad de autores encuentran que esta tradición, que hace de Caín el primer constructor de una ciudad, no es compatible con la historia antes relatada, qué, dicen ellos, se entiende mejor como el relato popular del origen de las tribus nómadas del desierto. Si no añadimos a la historia del autor del Génesis elementos de los que el parece haber estado inconsciente, no hay razón para suponer que estaba equivocado al considerar las palabras de la maldición como consistentes con la “construcción” de una ciudad por Caín. Los comentaristas conservadores tienen probablemente razón en su juicio de que esta “ciudad" de Caín no fue de magnitud notable o importante.
Fuente: Reilly, Wendell. "Cain." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3. New York: Robert Appleton Company, 1908. <http://www.newadvent.org/cathen/03142b.htm>.
Traducido por Quique Sancho. L H M.
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