
Nombre que proviene del latín
ericĭus, y el cual aparece en la
B.D. como traducción de la palabra hebrea
qíppôdh (Is. 14,23; 34,11;
Sof. 2,14) y
qîppôz (
Is. 34,15). La anterior identificación del
qíppôdh se basa tanto en la traducción
griega como en la
analogía entre esta hebrea y los nombres
talmúdico (
qúppádh), siríaco (
qufdô), arábigo (
qúnfúd) y
etíope (
qinfz) del erizo. Sin embargo, muchos estudiosos descartan esta identificación porque el erizo, contrario al
qíppôdh,
no vive en los pantanos ni en las ruinas, y no tiene voz. El avetoro
reúne todos los requisitos de los textos donde se menciona el
qíppôdh. Debe notarse sin embargo que los erizos están lejos de ser raros en Palestina. En cuanto al
qîppôz de Is. 34,15, traducido como
qíppôdh por algunos
manuscritos hebreos, e interpretado igualmente por
los Setenta, la
Vulgata
y las versiones derivadas de ellas, su identidad es una cuestión muy
discutida. Algunos, argumentando a partir de las antedichas
autoridades, lo confunden con el
qíppôdh, mientras que otros
consideran que es la serpiente flecha, pero además como no hay un animal
serpiente flecha conocido por los naturalistas, el contexto parece
denotar un ave.
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