miércoles, 1 de enero de 2014

Buena Nueva.


Representación de los cuatro evangelistas con su correspondiente simbología:
Mateo (hombre-ángel),
Marcos (león alado),
Lucas (toro alado) y
Juan (águila).

El evangelio (del griego εὐ, «bien» y αγγέλιον, «mensaje») es según la fe cristiana la buena noticia del cumplimiento de la promesa hecha por Dios a Abraham, Isaac y Jacob de que redimiría a su descendencia del pecado1 por medio de la muerte de su Hijo unigénito Jesús,2 quien moriría en expiación por el pecado de toda la Humanidad3 y resucitaría al tercer día4 para dar arrepentimiento y perdón de los pecados a todo aquel que crea en él.5 David profetizó que Jesús resucitaría al tercer día sin ver corrupción;6 David murió y su cuerpo vio corrupción7 y la tumba de David está en el Monte Sion, pero Jesús resucitó al tercer día8 cumpliendo la profecía de su resurrección y su tumba está vacía y es conocida como el Santo Sepulcro. Este es el evangelio que predicaban los primeros discípulos de Jesús.9
El cumplimiento de la promesa de Dios, o evangelio, fue escrito por los primeros discípulos cristianos en los evangelios, que son los escritos que recogen las primeras predicaciones de los discípulos de Jesús de Nazaret y cuyo núcleo central del mensaje es la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. En un sentido más general, el término evangelio puede referirse a los evangelios. En ese sentido, existen cuatro evangelios contenidos en el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, llamados evangelios canónicos, reconocidos como parte de la Revelación por las diferentes confesiones cristianas. Son conocidos con el nombre de sus supuestos autores: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. La mayoría de los expertos considera que estos cuatro evangelios fueron escritos entre los años 65 y 100 d. C., aunque otros académicos proponen fechas más tempranas. Existen otros escritos, conocidos como evangelios apócrifos, no reconocidos como canónicos por las iglesias cristianas actuales, de manera que estos evangelios apócrifos no son ahora aceptados por estas instituciones religiosas como fidedignos, ni como textos inspirados por la divinidad. Pero sí fueron considerados «escritura» por algunas de las facciones en que se dividió el cristianismo durante los primeros siglos de su historia, especialmente por la corriente cristiana gnóstica, que fue la que aportó la mayor parte de estos textos, y por comunidades cristianas que conservaron una ligazón más estrecha con la tradición judía de la que surgió el cristianismo. Este último es el caso del evangelio de los hebreos y el evangelio secreto de Marcos, que diversos autores (como Morton Smith) datan como contemporáneos de los evangelios canónicos y aún como fuente de algunos de estos. Debido a este tipo de debates, hay autores que prefieren hablar de «evangelios extracanónicos», en vez de «apócrifos», para evitar un término que implica a priori la falsedad de los textos. El evangelio de Tomás es incluso datado por algunos expertos en el año 50 dC, hipótesis que lo convertiría en el más antiguo conocido.10 11 12

Origen del término

La palabra «evangelio» es empleada por primera vez en los escritos de las primeras comunidades cristianas por Pablo de Tarso, en la primera epístola a los corintios,13 redactada probablemente en el año 57:
Γνωρίζω δὲ ὑμῖν, ἀδελφοί, τὸ εὐαγγέλιον ὃ εὐηγγελισάμην ὑμῖν, ὃ καὶ παρελάβετε, ἐν ᾧ καὶ ἑστήκατε, Os recuerdo, hermanos, el evangelio que os anuncié, que recibisteis, y en el que habéis perseverado.
Dicho evangelio consiste, según Pablo, en «que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; que se apareció a Pedro y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que la mayor parte viven todavía, si bien algunos han muerto. Luego se apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles. Y después de todos se me apareció a mí, como si de un hijo nacido a destiempo se tratase».
Con el mismo sentido aparece la palabra en el evangelio de Mateo14 y en el evangelio de Marcos.15 Es posible que sea la traducción al griego de una expresión aramea empleada en su predicación por Jesús de Nazaret, pero no existen datos concluyentes que permitan afirmar esto de forma definitiva. En total, la expresión «evangelio» es usada en 76 ocasiones en el Nuevo Testamento. Es significativo que sesenta de ellas tengan lugar en las cartas de Pablo, y que no exista ninguna mención del término en el evangelio de Juan y en el Evangelio de Lucas, aunque sí aparece en los Hechos de los Apóstoles, atribuidos a Lucas. El número de menciones de cada término es el siguiente:16
Término Evangelio de Mateo Evangelio de Marcos Evangelio de Lucas Hechos de los Apóstoles Evangelio de Juan
Evangelio (euangélion) 4 8 0 2 0
Evangelizar (euangelízō) 1 0 10 15 0
Se ha especulado sobre si las comunidades cristianas helenísticas adoptaron el término «evangelio» a partir del culto al emperador. Existe en Priene una inscripción, fechada en el año 9 a. C., en que aparece esta palabra con un sentido muy similar al que después le darían los cristianos. En cualquier caso, la palabra había sido frecuentemente utilizada en la literatura anterior en lengua griega, incluyendo la primera traducción de la Biblia a este idioma, conocida como Biblia de los Setenta.

Evangelios canónicos

Del elevado número de evangelios escritos en la Antigüedad, sólo cuatro fueron aceptados por la Iglesia y considerados canónicos. Establecer como canónicos estos cuatro evangelios fue una preocupación central de Ireneo de Lyon, hacia el año 185. En su obra más importante, Adversus haereses, Ireneo criticó con dureza tanto a las comunidades cristianas que hacían uso de un solo evangelio, el de Mateo, como a los que aceptaban varios de los que hoy son considerados como evangelios apócrifos, como la secta gnóstica de los valentinianos. Ireneo afirmó que los cuatro evangelios por él defendidos eran los cuatro pilares de la Iglesia. «No es posible que puedan ser ni más ni menos de cuatro», declaró, presentando como lógica la analogía con los cuatro puntos cardinales, o los cuatro vientos (1.11.18). Para ilustrar su punto de vista, utilizó una imagen, tomada de Ezequiel 1, del trono de Dios flanqueado por cuatro criaturas con rostros de diferentes animales (hombre, león, toro, águila), que están en el origen de los símbolos de los cuatro evangelistas en la iconografía cristiana.
Tres de los evangelios canónicos, Marcos, Mateo y Lucas, presentan entre sí importantes similitudes. Por la semejanza que guardan entre sí se denominan sinópticos desde que, en 1776, el estudioso J.J. Griesbach los publicó por primera vez en una tabla de tres columnas, en las que podían abarcarse globalmente de una sola mirada (synopsis, «vista conjunta»), para mejor destacar sus coincidencias.

Origen de los evangelios canónicos

La historia del desarrollo de los evangelios es confusa, existiendo varias teorías acerca de su composición, como se expone a continuación. Los análisis de los estudiosos se han centrado en lo que se llama el problema sinóptico, es decir, las relaciones literarias existentes entre los tres evangelios sinópticos, Mateo, Lucas y Marcos.
La teoría que ha obtenido el mayor consenso es la «teoría de las dos fuentes».

Teoría de las dos fuentes

Las diferencias y semejanzas entre los evangelios sinópticos se han explicado de diferentes formas. Una de las teorías más extendidas es la llamada «teoría de las dos fuentes». Según esta teoría, Marcos es el evangelio más antiguo de los tres, y fue utilizado como fuente por Mateo y Lucas, lo que puede explicar la gran cantidad de material común a los tres sinópticos. Sin embargo, entre Lucas y Mateo se han observado coincidencias que no aparecen en Marcos; se han atribuido a una hipotética fuente Q (del alemán Quelle, fuente) o protoevangelio Q, que consistiría básicamente en una serie de logia («dichos», es decir, «enseñanzas» de Jesús), sin elementos narrativos. El descubrimiento en Nag Hammadi del evangelio de Tomás, recopilación de dichos atribuidos a Jesús, contribuye a consolidar la hipótesis de la existencia de la fuente Q.
La existencia de Q fue defendida por los teólogos protestantes Weisse (Die evangelische Geschichte kritisch und philosopisch bearbeitet, 1838), y Holtzmann (Die Synoptischen Evangelien, 1863), y desarrollada posteriormente por Wernle (Die synoptische Frage, 1899), Streeter (The Four Gospels: A Study of Origins, treating of the manuscript tradition, sources, authorship, & dates, 1924), quien llegó a postular cuatro fuentes (Marcos, Q, y otras dos, que denominó M y L) y J. Schmid (Matthäus und Lukas, 1930). Aunque para Dibelius y Bornkann pudo tratarse de una tradición oral, lo más probable es que se tratase de una fuente escrita, dada la coincidencia a menudo literal entre los evangelios de Mateo y Lucas. También se ha considerado probable que el protoevangelio Q fuera redactado en arameo, y traducido posteriormente al griego.
Si bien la fuente Q es una hipótesis de los eruditos para intentar explicar el problema sinóptico; esta colección de dichos de Jesús – también conocido modernamente como Logia – era de lectura y estudio cotidiano en la iglesia primitiva y Lucas la menciona en Hechos de los Apóstoles como “Las Palabras del Señor”. De tal forma la hipótesis de Q y de Logia adquiere sustancia.

Otras teorías

Existen otras hipótesis que prescinden de la existencia de una fuente Q. De estas, algunas afirman la prioridad temporal de Mateo y otras consideran que Marcos fue el primer evangelio. Las más destacadas son las siguientes:
  • La hipótesis propuesta por Farrer postula que el evangelio de Marcos se escribió primero y fue utilizado como fuente por Mateo. Lucas, en una tercera etapa, habría utilizado ambos como fuentes.
  • La hipótesis de Griesbach da prioridad al evangelio de Mateo. Lucas lo habría utilizado como fuente, y, finalmente, Marcos habría hecho uso de los dos precedentes. Fue propuesta por Johann Jakob Griesbach en 1789.
  • La hipótesis agustiniana sostiene que Mateo fue el primer evangelio, seguido de Marcos y de Lucas, y que cada evangelista utilizó el precedente como fuente. Esta es la teoría más próxima a los planteamientos de los Padres de la Iglesia, y la más frecuente en la tradición católica.
  • La hipótesis de los esenios sostiene que fue este grupo quien escribió y recopiló la mayor parte de los escritos de la vida de Jesús y dio inicio al evangelio de Q.
  • La hipótesis de Goinheix dice que el primer evangelio que circuló fue el de Mateo en lengua aramea. Siguiendo la narrativa de este, y ayudándose con el documento que llamamos Q o Logia, Marcos y luego Lucas escriben sus respectivos evangelios. Luego, Mateo, conociendo ya estos dos evangelios, traduce el suyo al griego y toma elementos de aquellos. Finalmente es Juan quien da a conocer el evangelio que estuvo escribiendo por años en Jerusalén primero y en Éfeso finalmente.

Evangelio según Juan

Juan es sin duda el último de los evangelios canónicos, de fecha bastante más tardía que los sinópticos. En él, los milagros no son presentados como tales sino como «signos», es decir, gestos que tienen una significación más profunda: revelar la gloria de Jesús (ver Rivas, L.H., El Evangelio de Juan). La hipótesis elaborada por Rudolf Bultmann (Das Evangelium des Johannes, 1941) postula que el autor de este evangelio tuvo a su disposición una fuente, oral o escrita, sobre los «signos» de Cristo, independiente de los evangelios sinópticos, que ha sido denominada Evangelio de los Signos, cuya existencia es meramente hipotética.

Autoría de los evangelios canónicos

Tradicionalmente se atribuye la autoría de los evangelios a Mateo, apóstol de Jesús, a Marcos discípulo de Pedro, a Lucas, médico de origen sirio discípulo de Pablo de Tarso y a Juan apóstol de Jesús. Sin embargo, hasta hoy no ha sido determinada aún la autoría real de cada evangelio.
En el seno de la Iglesia Católica, el Concilio Vaticano II en su Constitución Dei Verbum señaló que «la Iglesia siempre ha defendido y defiende que los cuatro evangelios tienen origen apostólico. Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Cristo, luego, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ellos y los varones apostólicos nos lo transmitieron por escrito, fundamento de la fe, es decir, el evangelio en cuatro redacciones, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan».17

Fechas de los evangelios canónicos

No hay acuerdo acerca de las fechas exactas en que fueron redactados. La mayoría de los expertos considera que los evangelios canónicos fueron redactados en la segunda mitad del siglo I d. C., alrededor de medio siglo después de la desaparición de Jesús de Nazaret, aunque muchos expertos consideran que fueron redactados antes de la destrucción del Templo de Jerusalén (p.e. J.A.T. Robinson en su libro Redating the New Testament, J. Carrón García y J.M. García Pérez en su obra ¿Cuándo fueron escritos los evangelios?, entre otros)
También existe una minoría que propone que los evangelios fueron redactados tras la destrucción definitiva de Jerusalén durante el reinado de Adriano.
Raymond E. Brown, en su libro An Introduction to the New Testament, considera que las fechas más aceptadas son:
  • Marcos: c. 68–73.
  • Mateo: c. 70–100 (aunque algunos autores, que no aceptan la prioridad de Marcos, sitúan su redacción en una fecha anterior al año 70).
  • Lucas: c. 80–100 (una mayoría de estudiosos lo data en torno al años 85).
  • Juan: c. 90–110. (fecha propuesta por C.K. Barrett; R.E. Brown no ofrece una fecha consensuada para el evangelio de Juan).
Estas fechas están basadas en el análisis de los textos y su relación con otras fuentes.
En cuanto a la información que nos proporciona la arqueología, el manuscrito más antiguo de los evangelios es el llamado papiro P52, que contiene una breve sección del evangelio de Juan (Juan 18: 31-33,37-38). Según los papirólogos, y sobre la base del estilo adriánico de escritura, dataría de la primera mitad del siglo II, aunque no existe consenso total acerca de la fecha exacta.18 De todos modos, el lapso que separa la fecha de redacción tentativa del manuscrito original de Juan respecto de la del papiro P52, considerado la copia sobreviviente más antigua, es extraordinariamente breve, si se compara con la de otros manuscritos de la antigüedad preservados. Y esto se constata – en menor grado - en todos los evangelios cuyas copias más antiguas guardan menos de un siglo de diferencia respecto de la fecha estimada de redacción de sus originales.

Armonización y concordismo

La «armonización» fue un recurso utilizado cuando se buscaba la forma de «forzar» textos de los evangelios que parecen contradecirse o que no están totalmente de acuerdo entre sí, para que parezca que expresan lo mismo. De allí el nombre de «problema armónico», con el que se refería la dificultad para reunir los cuatro relatos evangélicos en uno solo.
Uno de los ejemplos más famosos fue el «Diatéssaron», nombre griego que se podría traducir como «formado por cuatro». Se trata de una obra griega escrita entre los años 165 y 170 por el autor sirio Taciano, que consiste en un solo evangelio compuesto con elementos tomados de los cuatro evangelios canónicos, y posiblemente también de alguna fuente apócrifa. Taciano eliminó las repeticiones y armonizó los textos para ocultar las posibles discrepancias que se encuentran en los evangelios.
Esa obra tuvo mucha popularidad en la Iglesia de lengua aramea, hasta llegar a convertirse en el evangelio de las Iglesias de Siria. Efrén de Siria (306-373) escribió un comentario al Diatéssaron que se conserva en la actualidad. Pero por las armonizaciones y omisiones, la obra de Taciano no refleja fielmente el texto de los evangelios. Por otra parte, al mostrar un evangelio «único», no permite ver el mensaje propio que ofrece cada uno de los evangelistas. Por esa razón, se ordenó en el siglo V que se volvieran a leer los evangelios por separado.
El «concordismo» fue otro recurso que se utilizó cuando ciertos textos bíblicos en general, que reflejan conceptos científicos de épocas en las que las ciencias estaban mucho menos desarrolladas, son presentados de manera forzada para que expresen lo mismo que dice la ciencia en la actualidad.
Estos recursos, utilizados en otros tiempos con cierta frecuencia hasta llegar a ser populares, han sido dejados totalmente de lado en la actualidad. Los evangelios recogen las predicaciones apostólicas que se desarrollaron a partir de la persona de Jesús de Nazaret, y su finalidad se vincula al anuncio de la salvación, no a la proclamación de verdades científicas en general. Esto no impide que los evangelios puedan ser analizados además como cualquier material antiguo (crítica histórico-literaria, crítica textual, etc.), pero el objetivo de su redacción se sitúa en otro plano.

Evangelios apócrifos

Textos fragmentarios

Apócrifos de la Natividad

Apócrifos de la infancia

Apócrifos de la Pasión y Resurrección

Apócrifos gnósticos de Nag Hammadi

Véase también

Referencias

  1. Ir a cf. Hechos 13:32
  2. Ir a cf. Génesis 22:2; Salmos 130:8; Salmos 2:7
  3. Ir a cf. Isaías 53:10
  4. Ir a cf. Salmos 16:10
  5. Ir a cf. Lucas 24:47
  6. Ir a cf. Salmos 16:10
  7. Ir a cf. 1Reyes 2:10
  8. Ir a cf. Marcos 16:1-6
  9. Ir a cf. 1-12 15
  10. Ir a John P. Meier,A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus, v. 1, p. 128.
  11. Ir a Theissen, Gerd, Annette Merz (1998). El Jesús Histórico: Una guía completa. Minneapolis: Fortress Press. pp 38-39. ISBN 0-8006-3122-6.
  12. Ir a Stevan L. Davies, Análisis de correlación
  13. Ir a 1Corintios 15:1; cf. texto griego Πρὸς Κορινθίους Α΄ 15:1
  14. Ir a Mateo 4:23; Mateo 9:35
  15. Ir a Marcos 1:15
  16. Ir a Rivas, L.H. El Evangelio de Juan
  17. Ir a Constitución Dei Verbum. 18.
  18. Ir a Raymond Edward Brown (El Evangelio según Juan, vol. I, p. 104) señala: «ha sido ampliamente aceptada la datación de este papiro en 135-150». Kurt Aland y Barbara Aland (The text of the New Testament: an introduction to the critical editions and to the theory and practice of modern textual criticism, pp. 84 y 99) señalan «ca. 125». Antonio Piñero (Guía para entender el Nuevo Testamento, p. 328) indica: «se fecha entre el 125/130». Theissen y Mertz (El Jesús histórico, p. 33) sugieren una datación de «la primera mitad del siglo II». Eduardo Arens (Los evangelios ayer y hoy, p. 362.) propone como fecha ante quem el año 130.

Bibliografía

  • Cantera, F. & Iglesias, M. (2003 [1975]). Sagrada Biblia. Versión crítica sobre textos hebreo, arameo y griego. 3ª edición 2000, 2ª impresión 2003. Madrid: Biblioteca de Autores Católicos. ISBN 978-84-7914-490-6.
  • Rivas, Luis H. (2001). ¿Qué es un Evangelio?. Buenos Aires: Claretiana. ISBN 978-950-512-401-5.
  • Santos Otero, Aurelio de (2009 [2003]). Los evangelios apócrifos. 1ª edición, 12ª impresión. Edición bilingüe. También en colección BAC Selecciones. Madrid: Biblioteca de Autores Católicos. ISBN 978-84-7914-044-1 / ISBN 978-84-220-1409-6.
  • Piñero, Antonio (2009). Todos los evangelios. Madrid: Editorial Edaf. ISBN 978-84-414-2116-5.
  • Rivas, Luis H. (2008 [2005]). El Evangelio de Juan. Introducción, Teología, Comentario. Buenos Aires: San Benito. ISBN 987-1177-18-6.

Enlaces externos

Parábola del buen samaritano.


Ilustración de la parábola del Buen Samaritano.
 
La Parábola del Buen Samaritano es una de las más conocidas de las parábolas de Jesús, relatada en el Evangelio de Lucas, capítulo 10, versículos del 25 al 37. La parábola es narrada por Jesús a fin de ilustrar que la caridad y la misericordia son las virtudes que guiarán a los hombres a la piedad y la santidad. Enseña también que cumplir el espíritu de la ley, el amor, es mucho más importante que cumplir la letra de la ley. En esta parábola, Jesús amplía la definición de prójimo. La elección de la figura de un samaritano, considerado un herético para los sectores más ortodoxos de la religión hebrea, sirve para redefinir el concepto de prójimo que se manejaba entonces. Jesús, mediante esta parábola muestra que la fe debe manifestarse a través de las obras, revolucionando el concepto de fe en la vida religiosa judía, entre los cuales resaltaban grupos como el de los fariseos a quienes Jesús en numerosas ocasiones llama hipócritas por su excesivo apego a la letra de la ley y su olvido por cumplir el espíritu de la ley. El contraste establecido entre los prominentes líderes religiosos inmisericordes y el samaritano misericordioso, es un recordatorio a los maestros de la ley (como es el caso del interlocutor de Jesús) de que estaban olvidando el principio de la verdadera religión y Jesús emplea un personaje despreciado por ellos para mostrarles su error.

La historia

Mapa de Palestina en la época de Jesús. Jericó se encuentra al norte del Mar Muerto, Jerusalén hacia el oeste.
La narración comienza cuando un doctor de la ley le pregunta a Jesús qué se necesita para obtener la vida eterna, con la intención de meterlo en dificultades. Jesús, en respuesta, le pregunta al doctor qué es lo que dice la ley de Moisés al respecto. Cuando el doctor cita la Biblia, y precisamente: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Deuteronomio 6:5) y la ley paralela «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18), Jesús dice que ha respondido correctamente y lo invita a comportarse en consecuencia. En ese punto, el doctor le pide a Jesús que explique a qué se refiere el prójimo. Jesús le responde con la párabola.
Un hombre, mientras viajaba de Jerusalén hacia Jericó, fue asaltado, robado y abandonado medio muerto al lado del camino. Un sacerdote lo evita, pasando por el otro lado de la acera. De modo similar, un levita lo ignora. Solamente un samaritano lo socorre inmediatamente y lo conduce a una posada cercana para que pudiera restablecerse completamente. Al dueño de la posada le da dos denarios por el servicio y le promete pagar con creces todo otro gasto que cueste su estadía. Al término de la parábola, Jesús le pregunta al doctor de la ley cuál de los tres se había comportado como prójimo del hombre robado. Él no responde directamente «el samaritano», pero indirectamente le dice «el que tuvo compasión de él».

Personajes de la Parábola

El sacerdote y el levita

El sacerdote y el levita son los dos personajes que primero pasan por delante del judío apaleado y lo ignoran, siguiendo su camino a Jerusalén. Normalmente pensaríamos que esa actitud se debía a una pobre compasión y a una indiferencia al dolor, pero el significado va más allá: es muy probable que ambos clérigos fueran rumbo a Jerusalén a oficiar en el Templo; por su parte, la ley establecía que quien tocara un cadáver ensangrentado quedaría impuro hasta la noche, y obviamente alguien impuro no podía participar de los rituales religiosos. Es por ello que el simbolismo del sacerdote y el levita no es de impiedad ni de crueldad, sino de anteponer formalismos rituales a la misericordia y el perdón. Esta imagen de la balanza entre el espíritu de la ley y la letra de la ley es uno de los pilares de la enseñanza de Jesús, y también del Antiguo Testamento: «misericordia quiero y no sacrificios» (Os 6:6).

El samaritano

La imagen del samaritano como el piadoso salvador del judío apaleado constituye toda una fragua al concepto de «prójimo». Los samaritanos y los judíos constituían rivales irreconciliables; unos a otros se consideraban herejes. Los judíos fundamentaban sus razones en que los samaritanos hacían su culto en el monte Garizim (o Gerizim) en lugar del Templo de Jerusalén. Además, solamente aceptaban a Moisés como único profeta, y no reconocían la tradición oral del Talmud, el libro de los Profetas ni el de los Escritos. Por su parte, los samaritanos odiaban a los judíos por las veces que estos habían destruido y profanado el santuario de Garizim. Es por eso que la carga emocional de la parábola es mucho mayor. El samaritano olvida su odio e incluso sus prácticas religiosas, por la piedad que le inspira ese hombre apaleado.

Enseñanza fundamental

Jesús no hace distinciones entre los hombres en este aspecto: todos son «prójimos», sin importar nacionalidad, religión, ni ideas políticas; porque prójimo es sinónimo de próximo, cercano.

Importancia

Esta parábola es una de las más famosas del Nuevo Testamento, y su influencia es tal que el significado actual de samaritano en la cultura occidental es el de una persona generosa y dispuesta a ofrecer ayuda a quien sea que lo requiera.

Enlaces externos

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TEXTO BÍBLICO: (Texto utilizado, la Nueva Biblia Española).
 
29 Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
- Y ¿quién es mi prójimo?
30 Tomando pie de la pregunta, dijo Jesús:
- Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto.
31 Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
32 Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
33 Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo, se conmovió,
34 se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.
35 Al día siguiente sacó dos denarios de plata y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta".
36 ¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
37 El jurista contestó:
- El que tuvo compasión de él.
Jesús le dijo.
- Pues anda, haz tú lo mismo.


EXPLICACIÓN.

Ante la facilidad de la solución, no quiere quedar mal; dificultad: quién es el prójimo (29). Relato de Jesús: la religión judía (sacerdote, el clérigo/levita) disocia el culto a Dios del amor al prójimo; el heterodoxo es sensible a la necesidad del desconocido y le presta ayuda sin escatimar (30-35).

Pregunta final de Jesús: no "quién era", sino quién se hizo prójimo (36); la relación no existe como cosa estática; hay que crearla por iniciativa propia, con cualquier hombre, sin distinción de raza o credo. El jurista responde con una perífrasis, evitando pronunciar el nombre maldito "samaritano" (37). Haz tú lo mismo, respuesta de Jesús a la pregunta inicial del jurista ("Qué tengo que hacer"). cf. vv. 28.36.

El Buen Pastor.

Representación del «buen pastor» en las catacumbas de san Calixto.
Moscóforo del siglo V a. C., perteneciente al periodo de la Grecia Antigua, con una imagen del «buen pastor». Los cristianos seguirán estos modelos para sus representaciones.


El buen pastor es una alegoría bíblica, referida originalmente al dios Yahvéh y más tarde a Jesucristo. Se interpreta que el buen pastor es Dios, que salva a la «oveja descarriada» (el pecador).

En el «Antiguo testamento»

El tema aparece en la Biblia, referido siempre a Yahvéh:
En el Salmo 23:
El Señor es mi pastor.
En el Libro de Ezequiel (34, 12):
Como un pastor vela por su rebaño […] así velaré yo por mis ovejas […] la oveja perdida, la buscaré.
En el Libro de Isaías (40,11)
Como pastor pastorea su rebaño.

En el «Nuevo testamento»

Según los autores de los Evangelios, Jesucristo se apropia de la alegoría bíblica, para aplicársela a sí mismo como Hijo de Dios:
Entonces Jesús les dijo esta parábola: «Si alguno de vosotros pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le perdió, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra se la carga muy feliz sobre los hombros, y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido”. Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse».
Aparece también en el Evangelio de san Juan:
Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pastor. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa,porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.
Evangelio de Juan, 10, 11-16

Iconografía

Ícono ruso del siglo XIX.
Desde el comienzo del cristianismo, el «buen pastor» es la imagen de Jesús de Nazaret que, en su calidad de pastor, cuida y salva a su rebaño.
El tema es el más representado en la iconografía paleocristiana (más de 900)1 y pueden encontrarse testimonios a partir del siglo II. La inspiración de las primeras representaciones se toma de la imagen de Orfeo —al que se le atribuía el don de encantar a los animales mientras tocaba la lira—, y de las representación de las obras romanas en las que el cordero entre los brazos era un símbolo de filantropía. En el primer tema el «buen pastor» guarda su rebaño, de pie o sentado. La otra representación con el cordero extraviado en los brazos o sobre los hombros está mucho más extendida y procede directamente de los modelos paganos del moscóforo o el Hermes (Crióforo) que lleva la oveja del sacrificio.
A partir del siglo VI decae la representación del «buen pastor» hasta desaparecer completamente en la Edad Media, hasta que se recupera entre los siglos XV y XVI, para volver a quedar relegada en el siglo XIX. En los siglos XVII y XVIII reaparece a veces con la versión de la «divina pastora».
La variedad de representaciones es numerosa. Las características comunes de las obras suelen presentar a un niño que porta un báculo, cayado o flauta, con túnica, y que tiene en su regazo o lleva sobre los hombros un cordero. También se ha representado con Jesucristo adulto.
En pintura se encontraba ya en la catacumbas de San Calixto o de Domitila. Una de las representaciones del «buen pastor» más conocidas es la de Bartolomé Esteban Murillo. En la escultura ha sido también una imagen común, que empezó siendo esculpida en los flancos de los sarcófagos y recurrente en la música religiosa, como la pieza para órgano, El tríptico del buen pastor, de Jesús Guridi.

Notas

  1. Ir a Cf. M. Dulaey: I símboli cristiani (pág. 54). Cinisello Balsamo: Edizioni San Paolo, 2004.

Referencias

Bosque del Líbano.

Uadi Qadisha o Valle Santo y bosque de los cedros de Dios (Horsh Arz el-Rab)
UNESCO logo.svg Welterbe.svg
Nombre descrito en la Lista del Patrimonio de la Humanidad.
Forest of The cedars of God.jpg
Cedros de Dios
Bosque de los cedros de Dios
Bosque de los cedros de Dios

Coordenadas 34°13′60″N 36°01′60″E
País Flag of Lebanon.svg Líbano
Tipo Cultural
Criterios iii, iv
N.° identificación 850
Región Asia
Oceanía
Año de inscripción 1998 (XXII sesión)


Los Cedros de Dios (en árabe أرز الربّ) son los supervivientes de los inmensos bosques de cedros que cubrían antiguamente las laderas del monte Líbano. Su madera fue explotada por los asirios, los babilónicos y los persas así como los fenicios. La madera era especialmente estimada por los egipcios para la construcción naval. Salomón los utilizó en la construcción del primer templo de Jerusalén y el Imperio otomano también los utilizó los cedros para construir su sistema de ferrocarril.1

Historia

En la Antigüedad, Líbano contenía grandes bosques de cedro por lo que su imagen es el símbolo del país entero. Hoy tras siglos de persistente tala el tamaño de los bosques se ha reducido y tan sólo en las áreas montañosas del país perduran grandes bosques. Este es el caso del monte Makemel que domina el paisaje del valle de Qadisha en donde a una altitud de más de 2000 metros se encuentran los cedros de Dios. Cuatro de ellos han alcanzado una altura de 35 metros con troncos que van desde los 12 hasta los 14 metros de circunferencia.1 La preocupación por los cedros bíblicos de Dios llevó a que en 1876 se construyera un muro de piedra, financiado por la reina Victoria de Gran Bretaña. Este muro protege a los brotes jóvenes de las cabras que se alimentan de ellos1

Estado actual

Cedro del Líbano.
El bosque está rigurosamente protegido. Es posible su visita acompañado de un guía autorizado. Tras una fase preliminar en la cual se despejó la tierra de detrito, las plantas enfermas fueron tratadas y la tierra fertilizada, se inició un programa masivo de repoblación forestal por el comité de los amigos del bosque del cedro en 1985. Los frutos de este trabajo sólo se podrán apreciar en las próximas décadas debido al lento crecimiento del cedro.

Referencias

Véase también

Enlaces externos

Booz.

Booz
RembrandtBoasRuth.jpg
Hijos Obed
Padres Salmón


Booz es un personaje bíblico que aparece en el libro de Rut. Booz es quien se casa con Rut, que engendra un hijo suyo, Obed, padre de Jesé y por tanto, es bisabuelo de David y ascendiente de Jesucristo. Es un hombre muy rico y poseedor de tierras, que permitió que Rut recogiera las gavillas de trigo que dejaban sus trabajadores; posteriormente aceptó tomarla como esposa y serían bisabuelos del rey David.
Su padre fue Salmón y su madre Raab, su tía materna Elisabet se casó con Aarón y fue madre de Eleazar.
Este personaje inspiró uno de los poemas más célebres que aparece en La leyenda de los siglos, de Víctor Hugo: Booz dormido.
Barnes, W. Emery (1904). «Jachin and Boaz». Journal of Theological Studies V:  pp. 447–451.

Las Bodas Reales.

                  Esta parábola se encuentra en Mateo [., ] y en Lucas[] , pero la presentación es tan diferente que a veces se ha cuestionado que se trate de la misma. De tales diferencias redaccionales, sin embrago, no tienen por qué sorprenderse quienes están familiarizados con la Escritura.


                 Se notará que la expresión "comida festiva" es corriente en el Antiguo Testamento para designar la alegría que se experimenta en presencia del Señor (Dt 12,7.18; 14,22-23; etc.); el profeta ha podido imaginarse a Dios mismo danzando en medio de su pueblo con gritos de alegría (So 3,17). En una perspectiva escatologica, la gran dama Sabiduría, a semjanza del rey de Mateo y Lucas, envía a sus criados para invitar a un convite (Pr 9,1-5, cf. Mt 22,3-4 y Lc 14,17). Por medio de un convite de bodas en Caná es como Jesús revela su gloria a sus discípulos (Jn 2,1-11). El "banquete de bodas" es también el marco de la parábola de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias (Mt 25,1-13).


                El contexto es el mismo en los dos evangelistas: aunque el entorno literario difiere, ambos relatos sitúan en Jerusalén; poco después de la llegada de Jesús, según Mateo (cf. Mt 21,10). El punto central de la parábola -lo que es esencial en la interpretación- es el mismo en Mateo y en Lucas, y resulta polémico. Los primeros a quienes se llaman, o sea, los judíos, rehúsan la invitación; cualquiere que llegue, los no judíos, ocuparán su lugar en el banquete nupcial. Lucas ofrece detalles pintorescos sobre los motivos alegados para rehusar. Mateo, por su parte, añade un pasaje sobre "el traje de bodas": los segundos invitados se han revestido de trajes que hacen honor a la autoridad que invita; uno de ellos, sin embargo, ha considerado inútil meterse en estos gastos. El rey le dirige un cruel reproche y ordena arrojarlo, atado de pies y manos, a las tinieblas exteriores (Mt 22,11-13). Es una lección que pone en guardia a los primeros cristianos y a los invitados para que no tomen a la lilgera su participación en la comida del Señor.


            Varios buenos manuscritos juntan la conclusión sobre el pequeño número de los elegidos con la parábola de los obreros de la undécima hora (Mt 22,14, cf. 20,16); pero tal conclusión sigue siendo enigmática. Es bien sabido hasta qué punto los jansenistas, relacionando este versículo  con la parábola de la puerta estrecha (Mt 7,13-14; Lc 13,24), han insistido sobre el reducido número de los elegidos. Ésta no es, ciertamente, la conclusiónd e la parábola de las bodas reales.

HISTORIA DE LA GUARDIA SUIZA.

La Guardia Suiza es la  responsable de  velar por la seguridad del Papa desde hace cinco siglos. El Cuerpo de la Guardia Suiza Pontificia tiene tras de sí una interesante historia que se remonta a la época en la que los Estados Vaticanos no tenían un carácter distinto al del resto de territorios soberanos y, por lo tanto, necesitaba defenderse de amenazas exteriores y participaba en guerras. El origen de este cuerpo de protección de la Ciudad de El Vaticano se remonta a comienzos del siglo XVI.

historia de la guardia suiza el vaticano

El Papa Julio II pidió al cardenal Mateo Schinner que solicitara a los cantones suizos de Lucerna y Zurich el envío de soldados para su protección. En aquellos tiempos, los soldados helvéticos tenían fama de valor y experiencia en las batallas. El 21 de enero de 1506 llegó el destacamento y un día después se creó oficialmente el cuerpo de la Guardia Pontificia. Lo componían 150 soldados al mando del capitán Gaspar von Silenen.

La primera gran batalla en la que intervino este cuerpo, y además el momento más recordado de su historia, se dio en el año 1527. El emperador Carlos V de Alemania mantenía un enfrentamiento político con Francisco I de Francia. El Papa de entonces, Clemente VII mantenía una política más próxima a los intereses del rey galo. Como represalia, Carlos V intentó saquear Roma. El 6 de mayo de 1527, el ejército del emperador, formado por unos 2.000 soldados, invadió Roma. La Guardia Suiza protegió al Papa con su vida. De los 189 soldados suizos que protegían al Pontífice sólo se salvaron 42, que acompañaron a Clemente VII a refugiarse en el Palacio de Sant´Angelo a través del corredor secreto que lo comunica con el Vaticano.

Sitio del castillo de Sant'Angelo, en donde se hallaba refugiado el Papa Clemente VII (Grabado de Heemsberk. Biblioteca Nacional. Madrid.)

Ocho días duró el saqueo de las tropas de Carlos V, lo que obligó finalmente al Papa a aceptar las condiciones del emperador. Una de ellas consistía, precisamente, en sustituir la guardia de protección del Papa por cuatro compañías de alemanes y españoles. Clemente VII aceptó a cambio de que los soldados suizos supervivientes que así lo quisieran permanecieran a su servicio. El Papa Pablo II volvió a formar la Guardia Pontificia en 1548 con 225 hombres. Años después, un destacamento de estas tropas combatió contra los turcos en Lepanto bajo el pontificado de Pío V (1566-1572).

Después de dos siglos sin entrar en combate, Napoleón Bonaparte ordenó al Papa Pío VI a exiliarse y a disolver la Guardia Suiza en el año 1798. Tan sólo tres años después, Pío VII volvió a formarla. Cuando la Iglesia dejó de tener un poder equiparable al de otros Estados soberanos, la Guardia Suiza pasó a desempeñar en exclusiva la misión que todavía hoy realiza: garantizar la seguridad del Papa, de los edificios de El Vaticano y de la villa pontificia de Castell Gandolfo. Es el ejército más pequeño del mundo con unos 100 soldados. Como curiosidad, las condiciones para entrar a formar parte de la Guardia Suiza son: varones solteros, con un mínimo de 1,74 cm de altura, de entre 19 y 30 años, poseedores de la ciudadanía suiza y de fe católica.