miércoles, 1 de junio de 2016

¿Cuántas veces ha sido conquistada Jerusalén?

Además de ser una de las ciudades más antiguas del mundo, habitada por los jebuseos ya en 1900 a. C., Jerusalén también es una de las que más ha cambiado de manos: 26 veces fue conquistada, además de sitiada en varias ocasiones.
 ¿Cuántas veces ha sido conquistada Jerusalén?
Desde que David, rey de Judá, la hizo su capital, Jerusalén ha estado bajo dominio de los egipcios, asirios, babilonios, persas, macedonios, asmoneos, romanos, bizantinos, árabes, cruzados, mamelucos, otomanos y británicos.

Desde 1950, es la capital del Estado de Israel, aunque su sector oriental está en disputa. Hoy alberga a más de 900.000 habitantes judíos y palestinos.

¿Dónde está la lanza de Longinos?

Así se denomina la lanza con la que, según la leyenda, el soldado romano Longinos atravesó el costado de Cristo para cerciorarse de que había muerto. En el siglo VI, un peregrino de Piacenza (Italia) afirmó haberla visto en la Basílica del Monte Sión, en Jerusalén. Cuando los persas tomaron la ciudad en 615,parte de la punta fue llevada a Constantinopla y de allí a la corte papal, en Roma, donde supuestamente aún se guarda en la Basílica de San Pedro. Eso sí, como suele ocurrir con las reliquias, la del Vaticano no es la única lanza que se conoce. Echmiadzin, en Armenia, y Viena atesoran sus propias versiones.

El nacimiento de Jesús, el día más importante de la Historia

dia-cambio-historiaEl día que nació Jesús de Nazaret es la fecha más importante de toda la Historia de la Humanidad. Así lo han decidido las más de 2.000 personas que han participado en la encuesta on line "¿Qué día cambió por completo la Historia?", realizada por Muyhistoria.es, donde un 34,5% de los internautas han otorgado el primer puesto al 25 de diciembre del año 1 (en realidad una fecha aproximada elegida como convención por la Iglesia Cristiana).

El segundo lugar en la encuesta lo ocupa una fecha de tintes muy españoles: el 12 de octubre de 1492, el día en que Cristóbal Colón llegó a la isla de Guanahani. Era el Descubrimiento de América, una jornada a la que han otorgado su voto el 15,5% de los internautas. Una fecha mucho más reciente ocupa el tercer lugar en la lista: el 21 de noviembre de 1969. Se trata del día en que se transmitió el primer mensaje a través de la red ARPANET, entre las universidades norteamericanas de UCLA y Standford, que fue el germen deInternet. 

Un 9% de los internautas han votado al 11 de septiembre de 2001 como la fecha más importante de la Historia, otorgando así el cuarto lugar al día en que los terroristas de Al-Qaeda atentaron contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, asesinando a más de 2.000 personas. El quinto lugar, con un 8,8%, es para otra jornada sangrienta: el 6 de agosto de 1945, día en que se lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. 

Completan la lista de las diez fechas fundamentales que cambiaron la Historia el 10 de marzo de 1876 (Alexander Graham Bell establece con éxito la primera comunicación telefónica del mundo), el 14 de julio de 1789 (Toma de la Bastilla, que supone el triunfo de la Revolución Francesa), el 20 de julio de 1969 (Viaje a la Luna), el 8 de noviembre de 1989 (se destruye el Muro de Berlín) y el 15 de marzo de 44 a.C.(asesinato de Julio César).

Antonio Escohotado: "Los griegos no tenían problemas con el sexo pero temían al alcohol"

Puede conversar de drogas psicoactivas con la misma naturalidad que lo hace de Aristóteles, de Newton o de economía. Antonio Escohotado nos recibe en su domicilio madrileño donde nos cuenta cómo evolucionaron los vicios y placeres carnales a lo largo de la Historia.

escohotado
-La búsqueda del placer y el vicio han marcado la historia de la humanidad. Sin embargo, nuestra valoración moral sobre esos disfrutes ha ido cambiando con el paso del tiempo. ¿Por qué ha variado tanto en cada época?

-Ningún grupo humano ha prescindido de reglas morales, que apoyan esto y rechazan lo otro, si bien algunos de los grupos más duraderos han ido modificando esas pautas con el despliegue de su historia. La ebriedad y lacópula siempre se han tratado con singular preocupación, aunque Occidente fue acumulando experiencia -y tolerancia- en ambas esferas.

-Por lo que cuentan los clásicos, los antiguos atenienses no parecían tener ningún complejo en practicar libremente el sexo...
-Ciertamente, los griegos no tenían ningún problema con el sexo, porque no fueron ascéticos, pero les aterrorizaba el alcohol. Los jóvenes tenían prohibido beber, lo mismo que las mujeres, salvo que fueran cortesanas. Platón afirma que los viejos debemos hacer libaciones a Dioniso (entiéndase beber) cada vez más frecuentes, pues nada alivia en mayor medida las miserias de la senectud. Grecia fue un importante exportador de vino, y Dioniso (el Baco de los romanos) era un dios terrible, símbolo de lo irracional y salvaje. El mejor testimonio lo encontramos en Las Bacantes, la tragedia de Eurípides, donde Dioniso inspira canibalismo y parricidio.

-¿Los romanos tenían el mismo problema con el vino?
-Lo heredaron de los griegos. Durante la República, cuenta Tito Livio la triste historia de una mujer que fue sorprendida con las llaves de la bodega y condenada a no salir de allí hasta haber muerto de hambre. La costumbre se relajó al progresar el Imperio y el vino borró su estigma ancestral al identificarse con la sangre de Cristo en el rito de la misa. Como ocurre con otros vicios y placeres, nos fuimos acostumbrando y hacia el siglo XIII aparecieron los aguardientes, que multiplicaron las enfermedades venéreas no sólo en Europa sino en la China de Gengis Kan. Desde entonces, el alcohol ha sido un fiel compañero para buena parte de la humanidad.

-Volviendo a los griegos, ¿fueron ellos los que refinaron el arte de alcanzar una existencia plenamente placentera?
-Aquella cultura fue admirable. Grecia brilló dos siglos y luego acabó devorada por su propio éxito, que la llevó a entregar todo el trabajo a esclavos y entrar en una decadencia por recesión. Por lo que se refiere al sexo, los grandes problemas llegaron con el cristianismo, aunque los romanos ya habían prohibido con anterioridad los ritos báquicos. Livio cuenta que miles de personas fueron ajusticiadas por participar en ellos.

-¿En las bacanales se ingerían todo tipo de drogas?
-Por supuesto. Eurípides cuenta que Ulises dio de beber a Polifemo un vino tan fuerte que debía ser aguado en cuatro quintas partes, so pena de enloquecer. Quizá los cargaron con extractos de belladona, beleño, hachís, opio, cáñamo e incluso hongos. Lo mismo ocurría en las celebraciones de la gran institución religiosa griega, los Misterios de Eleusis, que persistió hasta la caída del Imperio Romano. La inefable impresión que el ritual causaba en sus peregrinos sólo puede explicarse por magia o por química. Entre sus iniciados se encontraban Platón, Aristóteles, Cicerón, Adriano o Marco Aurelio, todos ellos prototipos de sobriedad intelectual. Fueron los obispos cristianos de Alarico quienes destruyeron el santuario eleusino.

-¿Se conoce qué tipo de sustancia psicotrópica utilizaban en los Misterios de Eleusis?
-Investigaciones de Albert Hof- mann y otros demostraron que los iniciados en Eleusis pudieron consumir un brebaje preparado a partir del cornezuelo del centeno, que sigue creciendo allí en una variedad especialmente poco tóxica. Los sacerdotes eleusinos se llamaban hierofantes ("reveladores de lo sagrado") ypsicopompos ("los que ponen de manifiesto lo anímico") e imponían a sus iniciados la llamada "reserva mistérica". Todos juraban por su vida no revelar nada sobre el rito de iniciación. Pero no ya en Eleusis y en otros cultos mistéricos del Mediterráneo, sino en Asia, África y América es evidente que las comuniones religiosas previas al monoteísmo se hacían con hostias psicoactivas.

-Epicuro abogaba por una vida de continuo placer como clave para la felicidad. ¿Fue tanta su influencia en la Antigüedad?
-Epicuro alertó contra quienes viven de vender la vida eterna, y asustan con infiernos. "Sólo cabe temer -dijo- el dolor que acompaña al acto de estar vivo". Por lo demás, el placer epicúreo, la hedoné, tiene mucho de severidad y matemática; el camino de una vida sensata consiste en evitar que placeres menores nos desvíen de placeres mayores. Evitar los excesos, incluso los copulativos. Imagínese un profesional del porno, que tras horas de trabajo acaba sintiendo incomodidad en las zonas evocadoras del supremo goce carnal.

-Los primeros cristianos debieron aborrecer el pensamiento de Epicuro.
-¿Qué hacer con alguien que tildaba de dementes y manipuladores a quienes metiesen miedo con el más allá? Durante el breve retorno al paganismo que representa Juliano el Apóstata sabemos por el propio Juliano que las obras de Epicuro ya eran difíciles de encontrar. Pero de los centenares de escritos de Demócrito, otro gran moralista ateo, tampoco ha quedado prácticamente nada. Gran parte de la memoria antigua desapareció con el incendio de Alejandría y de las demás bibliotecas públicas romanas.

-¿La irrupción de Roma como potencia mundial produjo grandes cambios en la moral y en la conducta sexual de los ciudadanos?
-Roma mantuvo vigente una norma -si no recuerdo mal, la Lex Escantinia- que preveía enterrar vivo al invertido sexual. Sin embargo, en Vidas de los Doce Césares, Suetonio menciona a emperadores pederastas como Tiberio en su vejez, emperatrices disolutas y orgías como las organizadas por Calígula y Nerón. Historiadores posteriores cuentan otro tanto de Cómodo y alguno más. Por ejemplo, Adriano fue sin duda homosexual. Las clases privilegiadas se permitían ciertas veleidades prohibidas al resto. A pesar de las abundantes historias libertinas de conocidos personajes históricos, como Mesalina, los romanos fueron sinceramente autoritarios en estas cuestiones, y quizá el pueblo más puritano de la cuenca mediterránea.

-Tras leer Yo Claudio, la famosa novela de Robert Graves, resulta difícil creer que los romanos eran unos redomados puritanos.
-La acusación de lujurioso -aplicada a césares, senadores, generales y aristócratas- aparece con alta frecuencia en los textos de los grandes cronistas romanos, como Livio, Salustio o Tácito. Lucrecia se suicida, recuérdese, porque Tarquino la amenaza con decir que ha sido descubierta fornicando con un esclavo. Por lo demás, todos los ciudadanos que tenían esclavas de buen ver dormían con ellas cuando querían. El peligro de que sus esposas hiciesen lo mismo era que el pater familias cargase con bastardos. Nerón se hacía traer rodaballos del Atlántico, sirviéndose de un carísimo sistema de transporte que destripaba caballos durante el día y conservaba por las noches el pescado en hornos de cal rellenos de nieve. Pero el viaje duraba al menos una semana. Sin duda, Nerón digería un género que para nosotros sería infecto. En aquel tiempo, la plebe romana vivía de vales de economato, como ahora en Cuba, y esos dispendios resultaban tanto más odiosos para el moralizante historiador romano.

-Sorprende que la modernidad y el desarrollo tecnológico no hayan impedido la existencia de sociedades intransigentes y autoritarias.
-Me parece que sí han reducido notablemente la intransigencia. Obsérvese, con todo, que entre las dulzuras del sexo está la amargura de verse influido por factores como la belleza física, la elocuencia y otras variantes de la gracia humana. Hay por eso mujeres y hombres que jugaron y juegan con ventaja. Las sociedades poco permisivas y las muy represivas complacen a un sector de población que por una u otra razón se siente menos favorecido o en desventaja.

-¿Cómo afronta el mundo islámico ese deseo humano de sublimar los placeres carnales?
-Mahoma promete a sus fieles que si son justos tendrán todas las huríes que puedan pagarse en la vida, y más aún en el paraíso. Su religión se cuida de ofrecer placer carnal eterno y muchos islámicos tienen todavía harenes. Con el paso del tiempo se han ido haciendo más estrictos, sobre todo por la presión del resto del mundo que les afea la poligamia y el situar a la mujer en un plano inferior al del hombre.
Pero ellos no tienen grandes problemas con el sexo, al menos mientras tengan medios de vida para comprarse sus esposas.

libro-escohotado-Sin embargo, son muy rígidos con el alcohol.
-Mahoma murió de una forma imprevista y no dejó claro qué hacer con el alcohol. Sus sucesores llegaron a la conclusión de que quizá no era en sí malo, pero pensaron que sus consecuencias resultaban muy negativas porque inducía a los consumidores a hacer tonterías y a mentir para justificarlas o negarlas. Mentir sí es contrario a la ley divina y para prevenirlo parece que se decidió castigar al ebrio con algunos bastonazos.

-¿Y cuál es la actitud del mundo islámico con otras drogas?
-Hay cierta permisividad con unas y severidad absoluta con otras. Por ejemplo, elopio, cuyas tabletas llevaban estampado tradicionalmente el lema "regalo de dios" ("mash Allah"), circuló intensamente por el mundo islámico hasta mediados del siglo XX, y hasta los años sesenta el Parlamento iraní tenía un fumadero, de la misma forma que el nuestro tiene un bar. Por el contrario, el hachís, tan arraigado en la zona del Rif, se consideró una droga de truhanes en otros países árabes. Me parece que la ley islámica ha llegado a la conclusión de que cualquier agente embriagante puede ser igual de nocivo que el alcohol, pues su consumo podría incitar a las personas a un descontrol que provocaría conductas "inadecuadas".

-Resulta curioso que en Persia surgiera un personaje como Omar Khayyam, que no tuvo reparos en escribir el siguiente poema: "Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizás la luna te busque en vano".
-Omar Khayyam era un epicúreo, aunque también se le puede interpretar como un místico al estilo de San Juan de la Cruz o Santa Teresa. En ese sentido, el vino sería un símbolo para estar divinamente poseído. Roumi, quizá el lírico islámico más destacado de todos los tiempos, habla también de la ebriedad de lo absoluto. Siendo persa y sufí como Khayyam, es un poeta báquico pasmado ante la belleza del mundo y la generosidad de su creador.

-En su opinión, ¿qué papel ha jugado el cristianismo en la represión de los placeres carnales?
-Para comprender el papel de la Iglesia en esa particular historia hay que tener en cuenta el Sermón de la Montaña, donde antes de bendecir a los pobres materiales, a los afligidos y perseguidos, Jesús dirige su primera bienaventuranza a los "pobres de espíritu". El dios protocristiano ama precisamente la desposesión física y quiere vengar los dones naturales. Toda forma de riqueza -empezando por la de espíritu o sabiduría- le sugiere soberbia e impiedad. Sus elegidos son los crédulos o ?niños?, y Tertuliano -el más elocuente apologeta inicial- se regocija imaginando que Homero, Aristóteles, Virgilio y Horacio se tuestan eternamente en el infierno, purgando lo que san Agustín llamará poco después ?malsana curiosidad científica?. Amar a dios es odiar la realidad física.

-Ese odio a la realidad física choca frontalmente con la conducta sexual de algunos pontífices del Renacimiento. El Papa Alejandro VI, un Borgia de origen hispano, hizo las delicias de los anticlericales de la época por sus continuos líos de faldas.
-¿Y qué me dice de la papisa Juana, que quedó embarazada y parió durante una ceremonia? Pero estas cosas no merecen en realidad mención. Ocurrieron igual en el Imperio Romano y en todos los reinos ulteriores, y me parece mucho menos espantosa una doble vara de medir que cierta conformidad impuesta a todos sin excepción. Allí donde la excentricidad no se admite, la salud social resulta imposible.

-En su último libro, Los enemigos del comercio, usted dice que los comunistas no inventaron nada, que en el fondo se inspiraron en los cristianos.
-Los comunistas ateos nunca lo han reconocido. Marx dice en su Manifiesto (1848) que la clase obrera está condenada a una miseria creciente si no acaba con la "anarquía" productiva, aunque la industrialización produjo lo contrario de una miseria en aumento y la economía planificada ha creado siempre miseria. No me diga que ambos pronósticos carecen de un nexo con la justicia social apostólica, a cuyo juicio la propiedad privada es un robo y el comercio su instrumento perfecto.

-¿El comunismo era puritano?
-Una dictadura -incluyendo la proletaria- aspira por principio a la omnipotencia. Tal como debe abolir la anarquía el intercambio económico libre debe hacerlo con cualquier otro reducto de privacidad. Todo el mundo debe estar bajo la supervisión del Comité Central, delegado a su vez en el Gran Hermano. Por lo demás, a finales del siglo XIX los comunistas del SPD alemán eran muy progresistas en materia de conducta sexual, e incluso alguno sugirió una comunidad de cuerpos y no sólo de bienes. De ellos viene suprimir el adulterio y el aborto como delitos, pero la gran mayoría de esos comunistas se negó a apoyar el leninismo, y allí donde el leninismo logró imponerse cundió la sumisión de todos a alguna normalidad arbitraria.

-¿Se siente usted una persona epicúrea?
-El ignorante sigue ligando epicureísmo con orgías y ebriedad incontrolada, aunque sea una ética de sencillez casi puritana. No reniego de Epicuro, pero es un moralista bastante más limitado que su maestro, Aristóteles, a quien por cierto venero. La matemática epicúrea del placer -en última instancia, no dejar que el corto plazo nos vele el largo- es, por otra parte, un buen compañero para experimentar con toda suerte de cosas capaces de convertirse en dolores, como los afectos, las ideologías y las sustancias psicoactivas, donde ser incauto y tener baja la propia estima lo paga uno convirtiéndose en una piltrafa o un fanático. Siempre existe un justo término medio.

-¿Por qué decidió probar cerca de 140 sustancias psicoactivas?
-Niego haber probado más de diez o doce matrices químicas, con sus correspondientes mezclas. Mi interés original fue abrirle una ventana al conocimiento, influido ante todo por Aldous Huxley. El primer ácido lo tomé en 1964, cuando era un fármaco de psiquiatras.

-Casi a la vez que lo descubrieron los hippies...
-Siempre digo que Sánchez Dragó y yo somos los únicos hippies supervivientes del país. Pero cuando hablo de esa cuerda excluyo a macrobióticos y buscadores de gurús, por más que recuerdo con cierto rubor algunos de nuestros disfraces de entonces. Viví trece años en Ibiza, cuando dio la casualidad de que aterrizaba en la isla mucha gente atractiva, y todo era barato para quien se aviniese a la incomodidad de vivir sin luz eléctrica ni otra agua que la del pozo. Hubo mucha autodestrucción dentro de los trajes floreados, pero las épocas de entusiasmo no abundan, y de aquel experimento vive todavía la isla.

-Usted es un filósofo experto en Aristóteles, que lleva años estudiando la Teoría del Caos y ha escrito multitud de textos sobre pensamiento humano, economía y drogas. ¿Por qué cree que este último aspecto de su bagaje académico es el que ha logrado más resonancia social?
-Seguramente porque es el que más morbo despierta. Me siguen rayando a veces el coche, como si de mí dependiese que otro sea adicto o muera de sobredosis, y alguna vez me lo han dicho desde el coche o la moto contigua, mientras esperábamos que un semáforo se abriese. También me han aplaudido por ofrecer información al respecto.
La discreción es una virtud que lamentablemente descubrí tarde, y si pudiera volver al pasado no le quepa duda de que sería más cauto, por no decir en realidad menos arrogante. Sin embargo, no he mentido, que yo sepa. Y como tampoco puedo cambiar lo que ya fue, oigo con paciencia a quien me grita: "¡Debería haberse muerto hace unos cuarenta años!" (Grandes carcajadas). 

Fernando Cohnen

¿Existió el Arca de la Alianza?

arca-alianza¿Existió realmente el Arca de la Alianza, popularizada en la gran pantalla por el intrépido Indiana Jones? Es la pregunta que se ha hecho el historiador Baruch Halpern, de la Universidad de Pennsylvania. "El Arca es un elemento habitual en el Viejo Testamento, que hace varias apariciones en los primeros cinco libros de la Biblia", explica Halpern, que sostiene que analizando los textos se diría que aluden a un objeto real. Según las Escrituras, el Arca era una caja hecha de madera de acacia, cubierta de oro y usada para transportar las piedras que contenían los Diez Mandamientos. La parte superior estaría decorada con dos querubines o ángeles, mirándose el uno a otro con las alas desplegadas de manera que sus cuerpos formaban un asiento. Los creyentes dicen que el propio Dios se sentó en él. Y eso podría explicar el poder milagroso que se le atribuye.

La "pista" de este objeto sagrado desaparece después de que los babilonios destruyeran Jerusalén y saquearan el templo donde el Arca estaba siendo restaurada. Tras este episodio, el destino del Arca ha sido sujeto de múltiples especulaciones. Una teoría sostiene que fue capturada por un faraón egipcio. Otra posibilidad es que los sacerdotes la escondieran para ocultarla antes de la invasión de Jerusalén. También es posible que la robara un príncipe de Etiopía, o que sencillamente se destruyera durante la batalla. "Son todo fantasías, y nunca sabremos lo que realmente pasó", dice Halpern. Sin embargo, como Indiana Jones, algunos "aventureros de la vida real" continúan buscándola. Incluso hay un investigador que asegura haber encontrado algunos restos del Arca en una librería en Zimbabue.

La Comunidad de los creyentes

Así fue el inicio de la religión musulmana.

En el año 610, un mercader camellero anunció las revelaciones que había recibido del arcángel Gabriel. Mahoma encendía así la chispa de una carismática y controvertida religión, que se extendió con pasmosa rapidez y hoy profesa casi un tercio de la Humanidad.

La Comunidad de los creyentesCuenta el tradicionista Al-Bujari (Tradiciones, III, 247) que, cuando murió en 632, el Profeta tenía empeñada su cota de malla a un judío como garantía de treinta medidas de cebada. Esta noticia es un buen indicio de la precariedad y el relativo poder de la nueva estructura política que el Enviado había conseguido establecer en Arabia, mediante la persuasión de la fe, la confederación de tribus o la mera imposición violenta. A su fallecimiento, la frágil unidad estuvo a punto de quebrarse por la disidencia de algunos grupos tribales, que habían asumido la nueva creencia de modo muy superficial y oportunista y que, una vez desaparecido el cabeza de la alianza, consideraban roto el juramento de fidelidad. Estos intentos fueron pronto reprimidos por quienes, en las campañas venideras, se revelarían como excelentes generales: Jaled ibn Yazid, Amr ibn al-As y Abu Ubayd. 

El Islam, proclamado religión verdadera e indiscutible de Arabia, actuaría como argamasa y trabazón de los árabes en las prodigiosas conquistas que de inmediato vendrían: en sólo doce años, del 633 al 645, Mesopotamia, Palestina, Siria y Egipto cayeron en manos de los invasores. Entre las causas de un éxito tan sorprendente como inesperado, los musulmanes destacan la fuerza imbatible de enarbolar la única religión digna de fe, aunque visiones menos partidarias consideran el decisivo factor de la imperiosa necesidad de Arabia de proyectar fuera sus excedentes de población (como ya había sucedido en oleadas de siglos anteriores), por la imposibilidad económica de mantenerla. Y, sobre todo, es de señalar la extrema debilidad de los imperios bizantino y sasánida, a quienes se enfrentaron y derrotaron en batallas decisivas como Yarmuk y Qadisiyya respectivamente. La búsqueda -y fácil obtención- de botín (ganima) sirvió de acicate para cohesionar a las tribus y convencerlas de la bondad de una causa que tanta prosperidad traía. 

¿Pero de dónde había surgido el islam? Un oscuro camellero de La Meca,Mahoma (Muhammad ibn Abd Allah), había iniciado, tras unas visiones sobrenaturales hacia 610, el áspero camino de proclamarse Enviado de Dios (Allah), negando el carácter sagrado y divino a los ídolos que contenía el santuario de la Kaaba en su misma ciudad, estableciendo un reducido número de seguidores entre sus allegados y recibiendo ?aseguraba? revelaciones del Altísimo a través del arcángel Gabriel. 

La tensión con sus paisanos, sobre todo por las implicaciones económicas que arrastraba la negación de los dioses del santuario, acabó forzando al grupo de creyentes (unos doscientos) a emigrar (la Hiyra o Hégira) a Yathrib (Medina) en 622, fecha que se toma como punto de partida para el comienzo del calendario musulmán, en realidad un calendario lunar ya en uso en la Arabia preislámica. 

Los fundamentos dogmáticos y doctrinales difieren poco entre las ramas del islam, siendo los chiíes (un siete por ciento del total) quienes presentan una diferencia mayor, en algunos aspectos rituales y en especial en los derechos de su yerno Alí a suceder al Enviado al frente de la comunidad. La base de la creencia es muy elemental y por ello efectiva. En primer término está lasumisión (islam) al mandato de Alá -en realidad, acatamiento al poder islámico constituido- y expresada en "las dos profesiones de fe"o xahadatani ("no hay más dios que Alá y Mahoma es Su Enviado") y en la estricta observancia de algunos preceptos (oración, ayuno, limosna y peregrinación). Todos ellos constituyen los "pilares del islam" (arkan al-islam), aunque se les hayan ido añadiendo desde muy pronto otros, no indispensables pero sí convenientes, como la circuncisión (la vía jurídica hanafí admite la posibilidad de ser musulmán sin estar circuncidado), la llamada Guerra Santa (yihad) o, en líneas generales, la práctica del bien y la corrección del mal, principio genérico que, como puede colegirse, se rige por criterios subjetivos. 

Desde el momento en que la comunidad musulmana se refugia en Medina, su jefe comprende la necesidad de diseñar y promulgar un conjunto de normas políticas y de comportamiento que sean el núcleo de un Estado, al tiempo que se expulsa de la ciudad a los reticentes y se termina exterminando a los judíos Banu Qurayza, por su renuencia al vasallaje. Todo el corpus legal y doctrinal que el Corán contiene, con sus oportunas revelaciones según las circunstancias, ha sido clasificado por los estudiosos en tres períodos mequíes y uno mediní. Este último es el más extenso y el que presenta un desarrollo prosístico más claro. Junto con el Corán, los fundamentos jurídicos del islam, invocados en nuestros días y en su conjunto como sharia, se hallan en la Sunnat an-nabi (relatos de la vida del Profeta recogidos en los llamados hadices), que vendría así a completar, o complementar, determinados puntos de las normas legales. Y no siempre para bien: el adulterio, castigado en el Corán (IV-24; XXIV-4 ) con cien latigazos, es contemplado de modo relativamente más benigno que en otros códigos anteriores, que lo sancionaban con la muerte (Antiguo Egipto; Código de Hammurabi, art. 129; Levítico, 20-10; Deuteronomio, 22-22). Aunque la sharia, basándose en las tradiciones orales de Mahoma, lo castiga con la muerte por lapidación, pena aplicable a cualquier relación sexual extramatrimonial. 

Coincide el islam con el cristianismo en algunos aspectos cruciales como laadoración a un solo dios (si bien abominan de la Encarnación y la Trinidad) o la vocación de ser religión universal y, por consiguiente, expansiva. Nunca sabremos si Mahoma -ya guía religioso y jefe político y militar-, de haber vivido más tiempo, habría lanzado las incursiones bélicas que tan rentables resultaron, o si se habría conformado con lo ya conseguido. No obstante, lo que sí está a nuestro alcance es comprender que el islam como sociedad, conducta y fenómeno cultural de primer orden -basándose en ese embrión inicial- se desarrolló en los siglos siguientes, generando sus propias pautas y eliminando heterodoxias, hasta llegar a la esclerotización y fosilización del pensamiento (la bida, innovación, está expresamente condenada), que desde la defenestración y persecución de los racionalistas mutazilíes por el califa Al-Mutawakkil (mediados del siglo IX) no hizo sino endurecerse, persiguiendo a filósofos como Averroes y Maimónides (ya en Al-Ándalus) y aplicando con todo rigor las leyes, empezando por el castigo de la apostasía. 

De hecho, el islam es un sincretismo que no sólo adoptó y adaptó elementos sueltos, aunque importantes, de otras religiones, sino que debió convivir con ellas, en sus inicios en situación precaria y posteriormente en posición de fuerza, en la medida que la evolución de los acontecimientos militares y políticos iba permitiéndole incrementar sus medios de presión sobre los demás. Obligados a prestarles atención por competir con ellas en el ejercicio del dominio y el poder, desde muy pronto los musulmanes, ya en vida de Mahoma, asimilaron rituales y creencias ajenas, al tiempo que distinguían con una aversión profunda a las otras comunidades religiosas cuya fe simplemente traslucía "ignorancia" (yahiliyya). 

islamSin embargo, esta actitud hubo de conjugarse con la contradicción de hacer suyas figuras anteriores pertenecientes a otros credos (Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús) por añadidura a Mahoma, autoproclamado en el Corán "sello de los profetas". El islam no sólo es la mejor religión, sino la única e inmutable (Corán, XXX, 30), por lo cual las otras podrán ser más o menos toleradas en función de circunstancias cambiantes pero nunca aceptadas como una vía para la salvación del ser humano. En la Arabia de Mahoma había tribus judías y cristianas (sobre todo en el norte), pero especialmente existían cultos a ídolos tribales, a fenómenos de la naturaleza (árboles, aguas, rocas...) o a creencias importadas de Persia. Contra todos ellos reacciona Mahoma, si bien asume parcialmente sus formas de culto: de los "asociadores" (idólatras) se queda con el culto al templo de la Kaaba y a la Piedra Negra, así como con la peregrinación, la sacralización de tiempos y espacios o el calendario lunar; de judíos y cristianos hereda el ayuno, la veneración por Jerusalén (que perderá su primacía al producirse el choque con los judíos Banu Qurayza) y la afirmación de los profetas (incluido Jesús como "profeta"), a los cuales unos y otros habrían traicionado falsificando sus escrituras y mensaje, por ejemplo mediante la omisión de la misión profética del mismo Mahoma. 

Las relaciones de la comunidad musulmana con las otras confesiones siempre han sido conflictivas, por la naturaleza misma de una religión que se estima universal y por tanto con veleidades de imponerse a cuantos grupos coincidan con ella en el espacio. En esto -como ya apuntábamos- no difiere del cristianismo de otros tiempos, si bien éste nunca se autodefinió como umma duna an-nas (una comunidad aparte de las otras gentes), ni consiguientemente dividió el mundo en algo parecido a "casa del islam" (dar al-islam) y "casa de la guerra" (dar al-harb). 

Mucho se ha hablado y escrito sobre la tolerancia del islam de cara a otras creencias en el pasado, pero las situaciones exigen una visión matizada, pues depende de a qué momento hagamos alusión, a qué lugar y, sobre todo, cuál sea el término de comparación. Como bien señala Bernard Lewis, si comparamos con el sistema de castas de la India o con la Alta Edad Media europea algunas etapas breves de la historia del islam, podríamos hallar mayor permisividad muy matizable, por ejemplo por el peso impositivo; pero si contemplamos -como parece razonable- la totalidad global en el tiempo y el espacio, es difícil mantener el optimismo. 

No obstante, hay que reconocer que la unificación -o al menos la firme hegemonía- religiosa, impuesta ya en el siglo IX desde el Atlántico al corazón de Asia, había de ser -como de hecho fue- sumamente beneficiosa para la eclosión de la vida urbana, el transporte y el comercio. Surge una pujante civilización con gran profusión de centros de irradiación cultural, bien asimilando técnicas y conocimientos de los países y pueblos conquistados (persas, nabateos, sirios helenísticos, egipcios, bereberes, hispanogodos...), bien desarrollando sus propias fuentes de estudio y experiencia durante los siglos VIII al XI. Se forja un sólido entramado que tiene por piedra angular la religión (estudios coránicos y hadices de Mahoma) y del que derivan los trabajos jurídicos, sosteniéndose éstos sobre las ineludibles investigaciones lingüísticas y lexicográficas que, a su vez, dan paso a una formidable actividad literaria en poesía, literatura miscelánea, brotes de narrativa y excelentes traducciones al árabe del griego, el pahlevi y el copto, entre otras lenguas. Geografía, botánica, zoología, astronomía y medicina florecerán en Rayy, Nisapur, Bujara, Bagdad, Basora, Kufa, El Cairo, Damasco, Alepo, Cairuán o Córdoba. 

Pero no nos confundamos: se trata de un movimiento progresivo, un enriquecimiento y ampliación lentos y sostenidos del imaginario y del bagaje general de los musulmanes, de suerte que se yerra gravemente al ver, por ejemplo, a los conquistadores de Hispania en el siglo VIII (tribus árabes o bereberes a medio islamizar y bárbaras hasta el tuétano) como equiparables a los refinados poetas sevillanos del siglo XI o a los constructores de la Alhambra en el XIV. O si perdemos de vista que, en el momento de la invasión musulmana (711), la primera gramática de la lengua árabe todavía estaba en ciernes, pues sus elaboradores, Al-Jalil y Sibawayhi (escuela de Basora), no la alumbrarían hasta casi las postrimerías de la centuria. 

Estas mismas transposiciones superficiales, que resultan de aplicar criterios de unas épocas a otras, también son peligrosas cuando introducimos en nuestra contemporaneidad como argumento el carácter benéfico del islam pasado. 

Pero hay otros aspectos no menos notables de diferenciación entre el islam y nuestra civilización de base religiosa judeo-cristiana y raíz cultural grecolatina. Nos referimos a dos puntos concretos relacionados con el Corán, obra única, inimitable y eterna, palabra de Alá en sentido estricto y palabra en lengua árabe. Por tanto, huelgan las interpretaciones alegóricas y suavizadas, como se hace con algunos pasajes del Antiguo Testamento científicamente insostenibles; y se rechaza la idea del cambio lingüístico y de la evolución de la lengua árabe. En el cristianismo -quizá por fortuna- no había una lengua sacra atribuida a Dios, sino varias (hebreo, arameo, griego) que fueron vehículo de la Revelación, por añadidura al idioma de la estructura política romana, el latín. Por el contrario, el árabe clásico se beneficia del prestigio adicional de tan alta consideración, aunque eso haya coartado sus cambios. Por otro lado, la legitimidad del Derecho se basa en el establecimiento de un orden social por entero acor-de con la ley de Dios. El concepto romano, en gran medida asumido por el cristianismo, que da legitimi-dad al Estado por sí mismo y por tanto con capacidad para legislar sin hacer constantes apelaciones al mandato divino, no tiene lugar en el derecho islámico, con lo cual pecado y delito se confunden peligrosamente. 

Y para aplicar la ley de Alá está el califa, aunque las mismas interpretaciones de este vicario, o sus necesidades políticas coyunturales, hayan dejado siempre espacios abiertos en los que las sociedades islámicas han podido respirar o desarrollar sus aptitudes artísticas o de religiosidad popular, en principio vedadas o ferozmente reprimidas por los sectores más pietistas del islam oficial. Se trata de la música, la danza, la poesía, el teatro (aceptado en tiempos muy tardíos), o cualquier manifestación lúdica. Hasta el funcionamiento y actividades de las cofradías populares y sus cultos a santos locales han debido buscar resquicios que los poderes temporales han agrandado o achicado, según conveniencias y presiones varias. 

Los intentos actuales de ciertas organizaciones políticas -violentas o no-ultraislámicas anhelan la resurrección del califato primigenio y la restauración de la -según ellos- perfecta sociedad implantada por Mahoma en los primeros tiempos del islam. Que lo consigan o no es asunto que se sale de estas líneas.

Serafín Fanjul

¿A qué olían los laboratorios musulmanes?

A los más penetrantes perfumes. Aunque fueron los egipcios los primeros en utilizar las esencias, los pueblos musulmanes aportaron un ingrediente fundamental: el alcohol. Éste era un propulsor volátil de los olores, que los alquimistas mezclaban con esmero. En el siglo VIII, un sabio nos legó la receta para elaborar el perfume perfecto: ?Una mezcla delicada y armoniosa de rosa Real, rosa de Persia, basilisco de Samarcanda, nenúfar de Albania, aloe indio y musgo del Tíbet".