viernes, 30 de agosto de 2013

Arquidiócesis de Udine.

(UTINENSIS)
La ciudad de Udine, capital de una provincia y arquidiócesis en Friuli, al norte de Italia, está situada en una región agrícola. Su catedral, construida en 1236 por el Patriarca Bertoldo, ha sido modificada muchas veces, una de las últimas en 1706, a través de la generosidad de la familia Manin, cuyas tumbas adornan el coro. Contiene pinturas de Pordenone, Tiepolo (capilla del Santísimo Sacramento), Matteo da Verona, etc.; estatuas de Torretto (S. Bertrando), Linardi (Pío IX), Minisini (Arzobispo Bricato). En el baptisterio hay una fuente hecha por Giovanni da Zuglio (1480) y pinturas de Tiépolo. La iglesia más antigua de Udine es la de Santa María di Castello, transformada en el siglo XVI. S. Antonio Abbate contiene las tumbas de los patriarcas Francesco y Ermolao Barbaro; las estatuas de los Santos Filippo y Giacomo, hechas por Contieri; S. Peitro Martire y la Zitelle y S. Chiara contienen pinturas hermosísimas; la Madonna delle Grazie preserva una muy venerada Madonna Bizantina y es rica en esculturas y pinturas. Entre los edificios profanos, el Castelo, que adquirió su forma presente en 1517, fue la residencia de los patriarcas de Aquileia, luego del gobernador veneciano, y a principios del siglo XX fue un cuartel; contiene una gran cámara de parlamento pintada por Amalteo, Tiépolo, y otros. El cabildo (1457), obra de Nicolo Lionello, en un sobrio y gracioso estilo gótico, es rico en pinturas hechas por los más célebres maestros venecianos, así como su palacio arquiepiscopal, construido por el Patriarca Francesco Barbaro, destacado especialmente por el salon de Giovanni da Udine. El hospital de la ciudad fue construido en 1782 por el Arzobispo Gradenigo. Muchas de las residencias privadas también tienen abundantes obras de arte.
Donde actualmente se ubica la ciudad de Udine existió, en el período romano, una fortaleza, probablemente para la defensa de la Via Julia Augusta que lideraba desde Aguileia hasta los Alpes Cárnicos. Narses también hizo uso de este fuerte luego de la Guerra Gótica. Sin embargo Utino no es mencionado hasta el 983, cuando Otho II concedió su custodia a Radoalso, Patriarca de Aquileia, Príncipe de Friuli e Istria. Se empezó a formar un centro de población en aquella época, y los siguientes patriarcas, le brindaron suministros de agua y otros beneficios. La población aumentó notablemente con la llegada de exiliados de Tuscania en los siglos XIII y XIV. En el siglo XIII el patriarca estaba representado por un gastaldo, mientras doce nobles y doce plebeyos representaban al pueblo en el gobierno. Los privilegios de los ciudadanos fueron incrementados por los Patriarcas Ramondo della Torre (1291) y Bertrando di Saint Genais (1340) en consideración a la lealtad mostrada por los udineses en las guerras en contra del Vizconde de Milán y los pequeños feudatarios. Ya en el siglo XIII Udine llegó a ser el lugar de residencia de los patriarcas, y en 1348, cuando Aquileia fue destruida por un terremoto, la sede fue transferida a Udine. En 1381 la ciudad se opuso al Cardenal Philip de Alecon, a quien se le había concedido la Sede de Aquileia in commendam; deseaban tener un príncipe y patriarca, y en consecuencia, aquella disputo terminó con la renuncia del cardenal (1387). También hubo un levantamiento popular en contra de Giovanni, Margrave de Moravia, quien deseaba revisar la Constitución. En 1420 Udine, luego de un prolongado asedio, se rindió ante los venecianos, y de ahí en adelante le perteneció a la república, siendo la capital de Friuli. Sin embargo, mantuvo en efecto su antigua forma de gobierno. Udine es el lugar donde nacieron los líderes militares, Savorgnano y Colloredo y los pintores Giovanni da Udine, Pellegrino da S. Daniele, Giovanni di Martino, y Odorico Politi.
En 1752 el Patriarcado de Aquileia fue suprimido, y se formaron los dos Arzobispados de Udina y Gorizia, ésta última abarcaba la parte del patriarcado que estaba sujeta a la República de Venecia. El primer arzobispo fue Daniele Dorfin (1752-62), quien retuvo el título de patriarca. En 1818 Udine se convirtió en obispado, sujeto a la Sede metropolitana de Venecia; sin embargo, Pío IX, en 1846, reestableció el Arzobispado de Udine, aunque sin sufraganias. La arquidiócesis contenía, a principios del siglo XX, 201 parroquias, con 438,000 fieles; 703 sacerdotes, 3 casas de religiosos y 6 casas de religiosas; 2 centros educativos para niños, y 6 para niñas. Actualmente cuenta con una población de 488,245; 478,245 católicos; 373 parroquias; 419 sacerdotes seculares; 2 sacerdotes diocesanos; 94 sacerdotes regulares; 13 seminaristas; 121 miembros de institutos religiosos masculinos; 793, de institutos religiosos femeninos; 81 institutos de educación. El Arzobispo es Mons. Alfredo Battisti, consagrado el 23 de febrero de 1973.
Para cualquier actualización escribir a ec@aciprensa.com
CAPPELLETTI, Le chiese d'Italia, VIII; CICONI, Udine e sua provincia (Udine, 1862).
U. BENIGNI
Transcrito por Michael T. Barrett
Dedicado a los Católicos de la Arquidiócesis de Udine
Traducido por Armando Llaza Corrales

Arquidiócesis de México.

(MEXICANA)
Erigida por Bula Sacri apostolatus ministerio del papa Clemente VII, del 2 de Septiembre de 1530. Cuenta con seminario mayor. Su titular es la Asunción de María; su sede, la Ciudad de México y su territorio 1479 kms cuadrados del Distrito Federal. Tiene seminario mayor y menor. Es sede metropolitana y primada del país (México).
Dentro de su territorio se encuentra la Basílica de Guadalupe, donde se venera la imagen de la Sma. Vírgen María de Guadalupe, aparecida al Beato Juan Diego. Se han celebrado 2 Congresos Eucarísticos Nacionales en la Arquidiócesis de México. El primero en 1924 y el segundo en el año 2000. En su territorio se encuentran las sedes de las Eparquías Maronita y Greco-Melquita de México y la Nunciatura Apostólica en México.
Actualmente hay en la Arquidiócesis de México alrededor de quince universidades de corte católico, casi todas administradas por órdenes religiosas, una por la prelatura del Opus Dei y una por la Arquidiócesis (La Universidad Pontificia de México); e innumerables escuelas, colegios e institutos de estudio de todos los niveles manejados por varias órdenes religiosas, tanto de varones como de mujeres. Entre las principales congregaciones que se dedican a la enseñanza en la Arquidiócesis se encuentran los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Lasallistas), la Sociedad de María (Maristas), la Legión de Cristo, diversas ramas de los y las franciscanos y varias más. Asimismo, la Arquidiócesis tiene el "Instituto de Liturgia, Música y Arte Sacro, Cardenal Miranda".
Existe una gran cantidad de conventos y casas de religiosas y religiosos. Varias de las congregaciones son de derecho diocesano. Existen varias agrupaciones laicas como el Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana y la Acción Católica Méxicana, ésta última tuvo una importante participación en la resistencia en la época de la persecución religiosa de Calles.
La Catedral
La Catedral de México ocupa un espacio rectangular y mide interiormente ciento nueve metros, noventa y seis centímetros de largo, por cincuenta y cuatro metros, cincuenta centímetros de ancho. Consta de cinco naves atravesadas por el crucero. La nave central, más alta, está techada con bóvedas de cañón con lunetos; las naves procesionales las presentan vaidas cuyos ornatos las hacen parecer de platillo. Las naves más exteriores forman siete capillas hornacinas de cada lado y a los lados del ábside se abren, del lado de la Epístola, la sacristía, y del Evangelio, la sala capitular. Las capillas están techadas, las más antiguas, con bóvedas de crucería, así como la sala capitular, la sacristía y los vestíbulos del lado del norte. El ábside ocupado por la capilla real, ofrece la forma de un rectángulo terminado por un trapecio. La nave central presenta una puerta al sur y otras dos las procesionales; éstas ofrecen también puertas del lado del norte con vestíbulos, como se ha dicho. Los brazos del crucero, que también están cubiertos con bóvedas de cañón con lunetos, tienen en sus extremidades sendas puertas, al oriente y al poniente; en el centro del crucero se forman cuatro pechinas que sostienen la airosa cúpula con su tambor.
Presenta, pues, nuestro edificio una forma piramidal, ascendiendo desde las partes más bajas, o sean las capillas, a las bóvedas de las naves procesionales; enseguida a las de las bóvedas de la nave central y del crucero y luego al cimborrio. En el esquema constructivo que publicamos puede verse la lógica de la construcción, que comenzó por las partes inferiores para llegar a poder edificar el cimborrio y después lo que resta del edificio hacia el sur para concluir con su fachada. La estructura viene a complementarse por los botareles que trasmiten los empujes de las bóvedas más altas sobre las más bajas, para ser nulificados por los sólidos muros que rematan el edificio. Las naves se encuentran separadas por gruesos machones que presentan cuatro medias muestras en sus caras y la misma disposición se ve en las separaciones de las capillas; en la parte alta los arcos formeros y torales están formados por la prolongación del fuste de cada media muestra hasta encontrar su correspondiente, sistema original que no se encuentra en otros edificios. La disposición de las naves permite iluminar perfectamente el templo con ciento setenta y cuatro ventanas. Ocupando dos espacios de la nave central se ve el coro, que se halla rodeado de muros en tres de sus lados. El trascoro está ocupado por el altar del Perdón, frente al cual quedan dos tramos de la nave central y corresponde a la puerta principal que también se llama del Perdón. Cierra el coro una hermosísima reja que da salida a una crujía que conduce al presbiterio, donde se alza un altar que ha sido llamado ciprés. En la parte exterior del coro se ve una riquísima tribuna, volada en que unos hermosos ángeles sostienen el ambulatorio y su balaustrada. Sobre los dos primeros espacios que ocupa el coro, se levantan órganos monumentales, de madera tallada y dorada.
La advocación de la santa iglesia Catedral debía ser la de la Asunción de la Virgen María, y agrega: "Asignamos por parroquianos de la dicha iglesia las casas, habitantes y moradores y vecinos, tanto los que dentro de la ciudad, como los que en los suburbios de ella habitan y moran de presente, y en lo futuro habitasen y morasen, hasta que en dicha ciudad se haga por Nos y por nuestros sucesores cómoda división de parroquias, a la cual también tengan obligación de pagar derechos de iglesia parroquial, diezmos, primicias y hacer oblaciones..."
El último apartado de la erección prescribe para el obispo y sus sucesores la facultad de establecer en lo sucesivo aquellas cosas que convinieron y termina con los párrafos necesarios para ratificar en todas sus partes la erección. La fecha dice: "Dada en Toledo en el año de la Natividad del Señor de 1534. "Regresó fray Juan a México a continuar su misión apostólica ayudado, ahora sí, por los funcionarios de la segunda Audiencia. La vida colonial seguía su marcha, sin más contratiempos que discusiones ociosas en aquellos tiempos en que la necesidad imponía prácticas que tenían por fuerza que apartarse de las costumbres aceptadas. Tal aconteció con la discusión acerca del bautismo de los indios, que, claramente se comprende, no podía constar de todas las ceremonias prescritas por la iglesia, puesto que muchas veces tenía que hacerse en forma colectiva. La discusión llegó a tal punto que hubo que acudir a una autoridad superior, y así se organizó una junta con la Audiencia, obispos y prelados de las Ordenes, que tampoco llegó a ningún acuerdo. Turnado el asunto a España, el Consejo de Indias y el arzobispo de Sevilla determinaron que se continuase en la forma que se había hecho, hasta consultar con Su Santidad. El Papa Paulo III expidió el primero de junio de 1537 la bula Altitudo divini consilii, que resolvía claramente este problema y otros muchos que se habían suscitado.
Con el transcurso del tiempo se fundaron nuevas diócesis en la Nueva España, de manera que la situación eclesiástica de México requería otra organización: era necesario que existiese una Metropolitana de la cual dependieran todas estas diócesis en calidad de sufragáneas, en vez de tener que depender de la catedral de Sevilla, mucho más lejana. "Por eso, en consistorio secreto de 11 de febrero de 1546, y a instancias del emperador, separó el señor Paulo III la iglesia de México erigiéndola en Metropolitana, y dándole por sufragáneas las de Oaxaca, Michoacán, Tlaxcala, Guatemala y Ciudad Real de Chiapas. Nombró por primer arzobispo al mismo señor Zumárraga y el 8 de julio de 1547 le envió la bula del Palio, que no llegó a recibir."
El Seminario
El 28 de noviembre de 1689 se funda el Seminario de acuerdo con las orientaciones del Concilio de Trento (de ahí el nombre de Conciliar), y el 18 de octubre de 1697 se erige e inaugura solemnemente sus actividades. Desde su fundación ha ocupado diferentes edificios. El Seminario Conciliar de México, ahora ubicado en dos casas una en Tlalpan y la otra en Huipulco, para mayor y menor respectivamente, cuenta con más de doscientos alumnos y más de 20 sacerdotes.
Límites
Los límites de la Diócesis de México al principio no se encontraban bien definidos. Cuando Cuba fue descubierta, se erigieron tres sedes, pero cuando los prelados llegaron, sus sedes episcopales habían sido destruidas y los habitantes habían huido. Para evitar tales problemas, la Santa Sede permitió a los reyes de España fijar los límites de las nuevas diócesis que se erigieran en el continente americano, aún considerado como parte de Asia. Desde 1500 hasta 1863, la Arquidiócesis de México se extendía del Atlántico al Pacífico, específicamente de Tampico a Acapulco. Actualmente su territorio ocupa únicamente el territorio del Distrito Federal o Ciudad de México.
Obispos
El primer obispo, fray Juan de Zumárraga O.F.M, llegó a México cuando Clemente VII apenas había sido liberado de la prisión en Castel Sant' Angelo, donde había sido recluido por Carlos V por varios meses después del saqueo de Roma por el ejército de los Borbón. Le fue permitido e incluso se le obligó ir a México únicamente con la nominación del emperador; gobernó la diócesis sin ningún nombramiento papal, y usaba título "Omnimoda potestate Antistes". Regresó a España, recibió sus Bulas y fue consagrado seis años después de la primera vez que llegó al continente americano. En su época, La Virgen María de Guadalupe se le apareció a Juan Diego y se convirtió en Patrona de América. Introdujo la primera imprenta en el Nuevo Mundo, publicó muchos libros, fundó muchas escuelas y colegios, y fue un hombre justo, fiel seguidor de San Francisco de Asís, a cuya orden pertenecía. Gobernó la diócesis, elevada al rango de arquidiócesis de 1528 a 1548.
Han habido cinco concilios provinciales en la ciudad de México. Los primeros dos bajo el segundo arzobispo, Alonso de Montúfar. El tercero fue presidido por el tercer arzobispo, Pedro Moya de Contreras. El vigésimo cuarto arzobispo, Francisco Antonio de Lorenzana organizó y presidió el cuarto concilio provincial en 1770. Próspero Alarcón, trigésimo segundo arzobispo presidió el quinto concilio provincial en 1896.
Los arzobispos Moya de Contreras, García Guerra, Palafox, Osorio, Ortega, Haro y Peralta, y Lizana y Beaumont fueron al mismo tiempo virreyes y capitanes generales de la Nueva España y fueron hábiles tanto para empuñar la espada, como para llevar el báculo. El arzobispo Labastida fue regente durante el efímero imperio de Maximiliano. Fue el último prelado investido con alguna autoridad política.
Francisco Antonio de Lorenzana, fue creado cardenal por Clemente XIV cuando fue transferido a Toledo.
Pocos años después de la conquista, a principios del siglo dieciséis, la Arquidiócesis de México ya tenía mas de cincuenta conventos de religiosas, la primera universidad en América, igual a aquella en Salamanca, varios colegios e infinidad de escuelas. El número continuó incrementándose, hasta que cualquier progreso religioso fue detenido por la Guerra de Independencia y las guerras de Reforma. Muchos bienes de la Iglesia fueron destruidos o arrebatados durante la época del Presidente Juárez. Con Porfirio Días la Iglesia recibió un mejor trato; pero durante la Revolución hubo mas retroceso y con el gobierno de Plutarco Elías Calles se inició una represión a la Iglesia y fueron martirizados muchos sacerdotes y laicos comprometidos, algunos de los cuales fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II el 21 de Mayo del 2000. Durante el gobierno del Presidente Salinas de Gortari, se creó la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, dándole reconocimiento legal a la Iglesia y restableciendo relaciones diplomáticas con la Santa Sede después de mas de 100 años.
Los Arzobispos de México en el siglo XX fueron: Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera (17 de diciembre de 1891 al 29 de marzo de 1908), José Mora y del Río (2 de diciembre de 1908 a 22 de abril de 1928), Pascual Díaz Barroso (25 de junio de 1929 a 29 de mayo de 1936), Luis María Martínez (20 de febrero de 1937 a 9 de febrero de 1956), Miguel Darío Miranda Gómez (28 de mayo de 1956 a 19 de julio de 1977), Ernesto Corripio Ahumada (del 19 de julio de 1977 al 29 de septiembre de 1994) y Norberto Rivera Carrera (desde el 13 de julio de 1995).
Tanto Mons. Miranda Gómez, como sus dos sucesores han sido elevados a la dignidad de cardenal.
El actual Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, nació en La Purísima, Tepehuanes, Durango en 1942, estudió la Licenciatura en Teología Dogmática en la Universidad Gregoriana en Roma y fue ordenado por S.S. Paulo VI el 3 de julio de 1966 en la Basílica de San Pero en Roma; ocupó los cargos de Vicario Cooperador en Río Grande, Zacatecas; Catedrático de Teología Dogmática y de Sagrada Escritura en el Seminario y luego Prefecto de Disciplina; Canónigo Lectoral de la Catedral de Durango; Profesor de Eclesiología en la Universidad Pontificia de México; Fundador y Asistente del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana; Asistente Diocesano de la A.C.J.M.(Acción Católica Juvenil Mexicana) y del M.F.C(Movimiento Familiar Cristiano); Capellán del Templo de San Martín de Porres; Secretario Diocesano de la Comisión de Pastoral; Miembro del Consejo Diocesano de Gobierno y Consultor Diocesano; Director de Comunicaciones Sociales de la Arquidiócesis de Durango; en 1985 fue nombrado segundo obispo de Tehuacan; Presidente de la Comisión Episcopal para la Familia (por dos períodos); Miembro del Consejo Superior de la Universidad Pontificia de México; Presidente de la Sección Familia de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano; Perito Consultor en la Sagrada Congregación para el Clero. El 13 de junio de 1995 fue nombrado Arzobispo Primado de México por S.S. Juan Pablo II en sustitución del Cardenal Arnesto Corripio Ahumada y tomó posesión el 26 de julio de 1995, la Imposición del Palio Arzobispal fue el 29 de junio del mismo año. Participó en el Sínodo de Obispos para América que se realizó en la Ciudad del Vaticano del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997. Fue creado y publicado Cardenal de la Santa Iglesia el 16 de enero de 1998 y le imponen el birrete cardenalicio en el Consistorio del 21 de febrero de 1998 por Su Santidad Juan Pablo II, dándole como Titulo en Roma la Parroquia de San Francisco de Asís.
Actualmente, en la Arquidiócesis de México existen el Arzobispo titular, Cardenal Norberto Rivera Carrera, 6 Obispos Auxiliares: Monseñor Abelardo Alvarado Alcántara, Monseñor Marcelino Hernández Rodríguez, Monseñor José de Jesús Martínez Zepeda, Monseñor Luis Fletes Santana,Monseñor Rodrigo Guillermo Ortiz Mondragón, Monseñor Felipe Tejeda García, M. Sp. S.; un Arzobispo Emérito, Cardenal Ernesto Corripio Ahumada y 2 Obispos Auxiliarez Eméritos: Monseñor Francisco María Aguilera González y Monseñor Luis Mena Arroyo.
Las vicarías episcopales
El Arzobispo, Cardenal Miranda Gómez, creó 8 zonas pastorales o vicarías episcopales: de Santa María de Guadalupe, cuyo vicario actual es Mons. Daniel Velasco Roa; de Cristo Rey, cuyo vicario es el R. P. Nicolás Gómez Sánchez, O.S.A; de San Felipe de Jesús, cuyo vicario es el obispo auxiliar S.E. Mons. Felipe Tejeda García, M. Sp. S.; de San Miguel Arcángel, cuyo vicario es el obispo auxiliar S.E. Mons. Luis Fletes Santana; de San Pedro Apóstol cuyo vicario es el Pbro. Diego Monroy Ponce; de San José, cuyo vicario es el Pbro. Dr. Enrique Glennie Graue; de San Pablo, cuyo vicario es el obispo auxiliar S. E. Mons. Marcelino Hernández Rodríguez ; y de San Juan Bautista, cuyo vicario es el Pbro. Lic. Pedro Tapia Rossete. A partir de la renuncia del Abad de la Basílica de Guadalupe, Mons. Guillermo Schulemburg, la administración de la I. y N. Basílica de Guadalupe está a cargo de la Arquidiócesis y se creó una vicaría especial cuyo titular es Mons. Antonio Macedo Tenllado. Fue vicario de la vicaría de San Felipe de Jesús y obispo auxiliar de México, el actual presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, el Arzobispo-Obispo Emérito de Zacatecas, Mons. Javier Lozano Barragán.
Con motivo del Gran Jubileo de la Encarnación del año 2000, se lleva a cabo en la Arquidiócesis de México, la Misión 2000, para acercar mas al pueblo al conocimiento de la verdad y para continuar con la nueva evangelización.
Enciclopedia de México, Tomo 9; Sitio web de la Arquidiócesis Primada de México, www.arzobispadomexico.org.mx ; Sitio web de la Conferencia del Episcopado Mexicano, www.iglesia.org.mx ; J. Montes de Oca y Obregón; M. Anne McCay.
Traducido y actualizado por Antonio Hernández Baca

Arquidiócesis de Calcuta.

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Arquidiócesis de Calcuta

La provincia eclesiástica de Calcuta comprende prácticamente la antigua provincia india de Bengala, en la que fue introducida la fe católica en épocas remotas. A mediados del siglo XVI los mercaderes portugueses comerciaban en los puertos de Bengala. Pero no permanecían en el país. Sus naves llegaban a bengala en el monzón a fines de mayo, y retornaban a Cochin en octubre. Alrededor de 1571, ellos recibieron importantes concesiones de Akbar, el gran mogul residente en Agra. Se les permitió construir una ciudad en Hugli, erigir templos, llevar sacerdotes y bautizar a los nativos que quisieran convertirse en cristianos. Los mercaderes portugueses pronto fueron seguidos por colonizadores del mismo país, que se asentaron en Hugli. Muchos nativos se hicieron cristianos, de tal modo que para 1598 ya había 5,000 católicos, entre portugueses, nativos y mestizos.
Muy distinto fue el origen y el carácter de otras comunidades católicas que surgieron en varias partes de Bengala hacia el fin del siglo XVI e inicios del XVII. Los gobernantes nativos cuyos territorios estaban siempre amenazados por sus enemigos, acudieron en busca de protección a los aventureros portugueses, numerosos en ese momento y famosos por su valor. Estos se asentaron en villorrios a las orillas de los ríos, y como paga recibían una mensada y parte del botín. Su número aumentó inmediatamente, pues, además, se desposaron con mujeres nativas, y muchos conversos se llegaron a ellos en busca de protección y seguridad. A esos conversos se les conocía como "topassees", porque llevaban sombreros como los portugueses (topa significa sombrero). En 1598 en la costa de Chittagong y Arracan había 2500 católicos de origen portugués o mestizo, además de los cristianos nativos. Todas las comunidades católicas de Bengala estaban bajo la jurisdicción de la diócesis de Cochin, la cual fue erigida en 1557. Mas no se había pensado aún abastecerlas de sacerdotes ni en construir templos. Solamente Hugli tenía un templo y un párroco. En las otras partes los católicos dependían para sus cuidados espirituales de la presencia ocasional de algún sacerdote de viaje al sur. El 9 de enero de 1606 fue erigida la diócesis de San Tomé de Meliapur, y Bengala quedo bajo su jurisdicción.
En 1579 dos jesuitas habían estado temporalmente en Bengala, y otros dos habían sido enviados allí desde Cochin en 1598 para recabar información sobre las esperanzas y perspectivas de una misión católica. Erigieron una escuela y un hospital en Hugli, dos templos y residencias en Chittagong. Además se planeó la construcción de dos templos en Siripur y Bacala. Los gobernantes nativos se mostraron favorables, e incluso hicieron generosos donativos ara las nuevas misiones. Pero los disturbios políticos arruinaron esos inicios esperanzadores. Residencias y templos fueron arrasados en 1603, y los cuatro jesuitas que entonces trabajaban en Bengala fueron llamados por sus superiores. Mientras tanto, el obispo de Cochin, Don Fray André, había determinado enviar un misionero franciscano a Bengala para atender a los cristianos de ese lugar. El mismo obispo había confiado Bengala a los agustinos de Goa, y se dice que les dio derechos exclusivos para todas las parroquias de la región. Cinco agustinos desembarcaron en Hugli en 1599, edificaron el convento de san Nicolás Tolentino y tomaron posesión de las iglesias que existían ahí en ese momento. Pocos años después los encontramos establecidos en Angelim (Hidgelee), Tambolim (Tumlook), Pipli. Alrededor del 1612 están en Dacca; en Noricul, Siripur y Katrabo en 1621; en Balasore, Ossumpoor y Rangamati en 1640.
Chittagong merece una mención aparte. Los mogules de Bengala luchaban continuamente por arrebatar a Chittagong del dominio del Emperador de Arracan. Casi lo lograron en dos ocasiones, aprovechando el factor sorpresa, pero desde entonces el gobernante mantuvo un fuerte grupo de portugueses a su servicio en Dianga, cerca de Chittagong. En vez de esperar los ataques de los mogules, los portugueses creyeron que era más fácil y efectivo invadir al enemigo, de modo que empezaron a hacer incursiones en la costa de Bengala, llevando consigo a poblados enteros de hindúes y musulmanes. De ese modo entre 1621 y 1634 regresaron a Chittagong 42,000 esclavos, de los cuales los agustinos bautizaron a 28,000. Convirtieron, además, 5,000 nativos de la región, llamados Mugs o Mogos.
Esta bárbara belicosidad de los portugueses en Chittagong acarreó, entre otras cosas, la ruina de Hugli en 1632. El emperador mogul, Shah Jehan, ordenó a Khasim Khan, Nawab de Bengala, que destruyera esa población. Luego de un sitio de tres meses, el pueblo fue atacado. Cuatro sacerdotes y muchos cristianos fueron enviados presos a Agra. No obstante, los portugueses fueron reinstalados en el poder al año siguiente (1633). Ya sea por agencias de los jesuitas de Agra y Lahore, por la intervención del príncipe mogul llamado Assofokhan, o por las negociaciones del virrey de Goa, los cristianos fueron autorizados a asentarse, no en Hugli, propiamente dicho, sino en un poblado a las afueras de éste, llamado hasta hoy Bandel. En 1660 se erigió allí una iglesia y un convento agustino, que existen hasta el día de hoy. El prior de ese convento era el capitán de la banda, con poder para tratar crímenes menores, no capitales. También se erigió un convento de monjas agustinas, que se convirtió en ocasión para ciertas acusaciones de los viajeros en contra de la moral de Bandel. La situación canónica de ese convento nunca se definió. En 1666, Aurangzeb tuvo éxito al conquistar Chittagong, y la colonia portuguesa fue desplazada a Felinghee Bazar, cerca de Dacca.
Los jesuitas regresaron a Bengala hasta 1612. Su ministerio fue entorpecido por la rivalidad de los agustinos quienes deseaban mantener su privilegio exclusivo. Aquellos pronto limitaron sus trabajos a su iglesia y al colegio de san Pablo en Hugli. Estas instituciones fueron erigidas en 1621, destruidas o dañadas en 1632, y reconstruidas en 1655. Por muchos años un solo jesuita trabajaba allí, hasta que en 1746, se cedieron tanto el templo como la escuela. En 1688 los franceses iniciaron una fábrica en Chandernagore, a unos kilómetros de ahí. Los agustinos de Bandel reclamaron el derecho de convertirse en párrocos del nuevo poblado, pero, cediendo a las autoridades francesas, el obispo de Meliapur creó allí, el 10 de abril de 1696 una parroquia especial confiada a los jesuitas franceses. Para 1753 había en Chandernagore102,000 habitantes y únicamente 4,000 católicos. Los capuchinos se habían asentado y construido una iglesia en la localidad en 1726.
En 1690 Charnock fundó Calcuta. Portugueses de Hugli poblaron la nueva ciudad. Construyeron una capilla y fueron atendidos por padres agustinos. En 1799 la capilla fue substituida por una hermosa iglesia dedicada a Nuestra Señora del Rosario, convertida luego en catedral. Los agustinos de Bengala habían sido criticados duramente por los viajeros protestantes, y hay que reconocer que había razón para ello. No es sorprendente que en algunos casos sacerdotes mal formados, enviados a las capellanías foráneas, lejos de cualquier control o ayuda, hayan sido causa de escándalo. Sin olvidar que vivían en medio de la corrupción pagana, musulmana y hasta cristiana. El problema radicaba en la forma como se llevaba a cabo su reclutamiento. Los agustinos de Goa rechazaban a los candidatos nativos o mestizos y se vieron obligados a aceptar a los candidatos europeos, aún sin reunir éstos las cualidades necesarias. Dado que la demanda superaba a la oferta, se hizo necesario reducir el tiempo de formación. Y aún así, muchas comunidades católicas estuvieron sin sacerdote durante muchos años. Los superiores agustinos en Lisboa no estaban de acuerdo con esa decisión. Afirmaron que era mejor seleccionar a los mejores nativos que aceptar indiscriminadamente a jóvenes aventureros europeos, a quienes sus familias habían enviado a India para deshacerse de ellos. Los superiores, y el Rey de Portugal en persona, por su derecho de patronazgo, amenazaron a los agustinos con retirarlos de Bengala. Los obispos de Meliapur insistieron en una mejor organización y disciplina. Todo fue inútil. Era imposible llevar a cabo órdenes dictadas a miles de kilómetros, y menos en territorio mogul. Francis Laynez. S.J., Obispo de Meliapur, visitó todas las misiones de Bengala en 1712, pero sus esfuerzos resultaron infructuosos. El clero y la gente siempre se opusieron a cualquier intento de reforma. Incluso llegaron a solicitar ayuda de las autoridades mogules para que cesara la intervención episcopal.
Para fines del siglo XVIII solamente había agustinos en Calcuta y Bandel. En otras partes los católicos eran atendidos por clérigos de Goa. La condición en la que vivían los 25,000 católicos que conformaban las once parroquias de Bengala puede ser descrita en dos palabras: ignorancia y corrupción. Fueron fácil presa para Kiernander, llamado el "primer misionero protestante en Bengala", quien llegó a Calcuta en 1758. Pero lo que realmente constituyó la mayor causa de la dispersión de los católicos fue la erección, a fines del siglo XVIII y principios del XIX, de varias escuelas protestantes muy bien equipadas. No hubo ninguna escuela católica en Bengala antes de 1830. Alrededor del 1829, surgió una división muy seria entre los católicos de Calcuta. De un lado, encabezados por el párroco de la iglesia principal, unos fieles escribieron a Roma para obtener un vicario apostólico y sacerdotes británicos. El 18 de abril de 1834 el Papa creó el vicariato apostólico de Bengala, y lo encomendó a los jesuitas ingleses. Roberto San Leger, jesuita irlandés, fue nombrado primer vicario apostólico de Bengala, y desembarcó en Calcuta con cinco compañeros en octubre de 1834. El párroco de la iglesia principal lo acogió en ella. Los compañeros de San Leger iniciaron una escuela pequeña, San Francisco Xavier, que creció poco a poco. La mayor parte de los católicos aceptó la autoridad del Vicario Apostólico. Sólo algunos se solidarizaron con los sacerdotes de Goa, de la parroquia de Boytakhana, la cual quedó en entredicho. San Leger fue llamado a Europa en 1838, y Mons. Taberd, Obispo Titular de Isauropolis y Vicario Apostólico de Cochin China, quien entonces vivía en Bengala, fue nombrado su sucesor ad interim. Él se dedicó con entusiasmo a la educación católica y se hizo querer de todos, pero murió de repente el 31 de julio de 1840. Entonces surgió una nueva división entre los católicos de Calcuta. El Dr. Carew acababa de suceder al Dr. O'Connor como Vicario Apostólico de Madras, y fue designado para ese mismo puesto en Bengala, el 20 de noviembre de 1840. En Calcuta construyó la iglesia de Santo Tomás, fundó escuelas, orfanatos, asilos y la pequeña escuela de San Juan. Pero surgieron dificultades entre él y los jesuitas. Éstos fueron retirados por su superior, y su floreciente colegio de San Francisco Xavier fue clausurado en 1846.
En 1850 Bengala y Arracan fueron constituidas como un vicariato aparte, que en 1886 se convirtió en la diócesis de Dacca. El Dr. Oliffe, coadjutor del Dr. Carew, consagrado en octubre de 1843, fue designado Vicario Apostólico de Bengala Oriental. En 1852, los distritos de Bengala al sur del Río Mahanadi fueron confiados por el Dr. Carew al obispo Neyret, Vicario Apostólico de Vizigapatam. En 1853 las Misiones Extranjeras de Paris accedieron a hacerse cargo de Assam, que desde entonces se convirtió en una prefectura apostólica. En 1855 el Dr. Carew cedió a las Misiones Extranjeras de Milán los distritos de Bengala Central, que en 1870 se convirtieron en prefectura apostólica en 1870, y en la diócesis de Khrishmagur. El Dr. Carew quedó como vicario apostólico de Bengala Occidental y murió el 2 de noviembre, 1855.

La arquidiócesis de Calcuta

La arquidiócesis de Calcuta se extiende a lo largo de la costa desde el Río Khabadak hasta el Río Mahanundi. Luego de la muerte del Dr. Carew, el Dr. Oliffe, Vicario Apostólico de Bengala Oriental, tomó posesión del vicariato de Bengala Occidental. Este vicariato aumentó por la adición de los distritos de Hazaribagh en 1871 y de Kurseong en 1881. Purneah, Santhal Pargannahs, Darjeeling en 1887, es actualmente la arquidiócesis de Calcuta, con dos diócesis sufragáneas, Dacca y Krishnagur, y la prefectura apostólica de Assam. Basado en la experiencia anterior, el Dr. Oliffe encomendó inmediatamente su antiguo vicariato a los padres de la Santa Cruz, previa autorización de Propaganda Fide. Tres años después también obtuvo autorización para encargar a los jesuitas el vicariato de Bengala Occidental. Como los jesuitas ingleses no podían tomar esa responsabilidad debido a su número escaso, el Papa la encomendó a los jesuitas belgas. El Dr. Oliffe murió en Nápoles, en 1858. El 28 de noviembre de 1859, cuatro jesuitas belgas y dos ingleses, acompañados de un hermano lego, desembarcaron en Calcuta e inmediatamente se pusieron a edificar, en el antiguo colegio de San Juan, el nuevo colegio de San Francisco Xavier. Para 1842 sus predecesores habían calculado que la población católica de Calcuta era de 8,000. Carew calculó unos 15,000, lo que parece muy elevado, pues los jesuitas belgas encontraron 6,000 en 1859. Unos pocos se dispersaron por Bengala Occidental. Mientras que la nueva misión estaba aún en etapa de experimentación no hubo nombramiento de vicario apostólico. El 9 de septiembre de 1864 fue nombrado el Padre Augusto Van Heule, S.J., como vicario apostólico de Bengala Occidental. Desafortunadamente, apenas a cuatro meses de su arribo a Calcuta murió repentinamente, el de junio de 1865.
El 11 de enero de 1867, el Reverendo Walter Steins, S.J., Vicario Apostólico de Bombay, fue transferido al vicariato apostólico de Bengala Occidental Él había acompañado a los primeros jesuitas belgas, para auxiliarlos con su experiencia, y había sido designado vicario apostólico de Bombay en 1861. Salió de Calcuta en 1877 hacia Australia, donde fue consagrado obispo de Auckland. Ahí murió el 1 de septiembre de 1881. El 31 de diciembre de 1877, el Padre Paul Goethals, S.J. fue nombrado arzobispo titular de Hierápolis y vicario apostólico de Bengala Occidental. El 23 de junio de 1886 el Papa León XIII firmó un concordato con el rey de Portugal. Ya antes, en 1857, Pío IX había firmado un concordato, pero las dificultades originadas por la doble jurisdicción habían subsistido en Bengala, aunque en menor grado que en otras partes. El nuevo concordato estableció una paz permanente. El 1 de septiembre de 1886, la bula "Humanae Salutis Auctor" erigió la jerarquía católica en India. León XIII envió a India a Mons. Agliardi como delegado apostólico, para que pusiera en práctica las determinaciones de la bula, y resolver algunos puntos finos relacionados con el "padroado", o patronazgo portugués. El 25 de noviembre de 1886, el Dr. Goethals fue nombrado arzobispo de Calcuta, y la provincia eclesiástica de Calcuta quedó establecida como ya se dijo. Dos iglesias quedaron bajo jurisdicción portuguesa en el territorio: la de Boytakhana en Calcuta. y la de Bandel, con su capilla anexa de Chinsurah. A la salida de los agustinos de Bengala, las iglesias quedaron bajo el cuidado del clero secular de la diócesis de Meliapur. Su jurisdicción es personal respecto a quienes se adhirieran a los sacerdotes portugueses en el momento del concordato de 1857, y respecto a quienes se fueran a Calcuta, Bandel o Chinsurah desde algún territorio que perteneciese a la diócesis de Mailpur.
El 9 de enero de 1894 se inauguró el I Concilio de la provincia de Calcuta. Presidió Su Excelencia Mons. Ladislas Zaleski, arzobispo titular Tebas y delegado apostólico. Estaban presentes el Arzobispo Goethals de Calcuta, el Obispo Francis Pozzi de Khrishnagur, el Obispo Augustine Louage de Dacca, y el reverendo Angelus Wuenzloher, S.D.S., Prefecto Apostólico de Assam. Las constituciones de ese sínodo, aprobadas por Roma, fueron promulgadas el 25 de julio de 1905. La salud del Arzobispo Goethals había estado resintiéndose por un tiempo, y murió en julio de 1901, a los sesenta años. El Padre Brice Meuleman, S.J, superior de la misión en Bengala, fue nombrado arzobispo de Calcuta el 21 de marzo de 1902, y consagrado en la catedral de la misma ciudad el 25 de junio del mismo año.
El área de la diócesis de Calcuta es de aproximadamente 100,000 millas cuadradas, y está poblado por cerca de 72 millones de habitantes. De ese número, según las estadísticas de 1906, 126,529 eran católicos: 81,000 bautizados y 44,759 catecúmenos. Ese número aumentó en el período 1906-1907 en casi 25,000 nuevos catecúmenos. En Calcuta se encuentran, además, cerca de 1,200 nativos que pertenecen a la diócesis de Meliapur.
Hay 193 jesuitas trabajando en la misión, en su mayoría belgas, de los cuales 107 son sacerdotes. Hay además dos sacerdotes seculares. En Calcuta hay cerca de 13,000 católicos bajo la jurisdicción del arzobispo. De ellos la mayor parte son eurasiáticos, mestizos, y entre ellos hay muchos pobres. La ciudad está dividida en ocho parroquias anexas a los siguientes templos: la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, San Juan, San Xavier, Santo Tomás, Santa Teresa, San Patricio (Fort-William), San José (para los católicos de Madrás), y la iglesia del Sagrado Corazón.

Educación y labor caritativa

Para darnos una idea exacta de la misión de Calcuta será mejor tener presente las obras de caridad y de educación realizadas exclusivamente por las comunidades religiosas, los capellanes militares y ferroviarios, y las misiones nativas. Los jesuitas construyeron en Kurseong una casa de estudios teológicos, Santa María, para sus miembros en preparación y un noviciado (Manresa House) en Ranchi. Han también construido dos escuelas para niños, San Xavier, en Calcuta, con un alumnado cercano a los 800, y San José, en Darjeeling, con cerca de 200 muchachos. En 1847 el Dr. Carew había dado inicio a una pequeña congregación de hermanos, que luego Goethals logró afiliar a los Hermanos Cristianos ingleses en 1890. Ellos están encargados de un orfanato para varones en Calcuta, con 300 niños, y de la escuela intermedia San José, con 800. En Howrah, se hacen cargo del colegio San Luis, con 70, y en Assansol, de la escuela secundaria San Patricio, con 240; en Kurseong, del orfanato en memoria de Goethals, con 150. En la diócesis trabajan 35 hermanos. Las hermanas de Loreto, de Rathfarnam, en Irlanda, llegaron a Calcuta en 1842. En esa ciudad están al frente de las escuelas Chowringhee, Bowbazar, Dhurrumtollah, y Sealdah, en las que estudia un total de 1,500 alumnos. En Assansol tienen una escuela con 140 niñas; en Darjeeling, un internado con 160, y en Morapai, 160 niñas bengalíes. La orden tiene 90 religiosas. Las Hijas de la Cruz de Liege, en Bélgica, arribaron a Calcuta el 22 de diciembre de 1868. Están a cargo en Calcuta de la casa hogar San Vicente con 252 internas; de una escuela para niñas en Howrah, con 120 niñas; en Chaybassa, de una escuela nativa y un orfanato con 70 niñas; en Kurseollg, dirigen la escuela secundaria Santa Helena, con 220 alumnos. Son 40 religiosas. Las Ursulinas de Thildonck, Bélgica, llegaron a Bengala en enero de 1903. Son doce religiosas para dirigir las escuelas para niñas de la misión de Chotanagpore, y los conventos de Ranchi, Khunti, Tongo, Rengarih. Las Hermanas de San José de Cluny se han hecho cargo desde 1903 del orfanato para niñas nativas en Balasore, en el que cinco monjas atienden a 80 internas. Las Hijas de Santa Ana son una congregación autóctona que inició hace seis años. La casa de Bengala está bajo la dirección de las Ursulinas de Morapai; la casa de Chotanagpore bajo el cuidado de las Ursulinas en Ranchi.

Capellanes militares y ferroviarios

Hay cuatro capellanes militares al servicio de los soldados ingleses católicos en Bengala. Radican en Darjeeling, Dumdum, Calcuta (Fort-Willarn). Están pagados por el gobierno. El sacerdote de Serampore atiende a los soldados que están estacionados en Barrackpore. Los empleados ferroviarios están atendidos por siete capellanes que radican en Sealdah, Assansol, Khargpur, Purneah, Kurseong. Todos esos capellanes también atienden a los católicos que no están en el ejército ni en la empresa de ferrocarril.

Misiones indígenas

Una de las mayores dificultades con que topa la evangelización de los indígenas son los treinta y cinco lenguajes que se hablan en la región. Los musulmanes no parecen querer convertirse, y menos los hindúes. No obstante, la fe católica ha avanzado entre los aborígenes en los últimos 25 años. Hay algunas misiones del clero nativo en Kurseong, Darjeeling, Purneah, Jhargram. Cada una cuenta con unos pocos centenares de católicos. Durante la hambruna de 1866 el Padre Spart recogió en Basore un grupo de huérfanos indígenas. Más tarde fue fundada la misión de Khrishnochondropur en la provincia de Morbhunj. El número de conversos Ouryia es de aproximadamente 1800. En Balasore hay dos sacerdotes, 6 capillas, una escuela con 220 niños. Las misiones Sunderbunds se iniciaron en 1868 entre los bengalíes que laboran en los pantanos del delta del Ganges, al sur de Calcuta. Ellas cuentan con dos puntos centrales, Morapai y Raghabpury, y en cada uno de ellos trabajan dos sacerdotes. Los 3,200 conversos bengalíes viven desperdigados en muchos poblados. Hay dos templos, 22 capillas, 7 escuelas con 450 niños. En la misión Chotanagpore, al oeste de Calcuta, la población es mayoritariamente de origen dravídico (ouarons) o mogul (mundas), con otras tribus menores. Ellos creen en un dios supremo el cual, no obstante –dicen- es tan bueno que nada lo molesta. Adoran al demonio que los puede dañar y le ofrecen sacrificios. Para fines de 1868 un sacerdote empezó una misión en Chaybassa sin gran éxito. En febrero de 1876 fue enviado otro sacerdote a Ranchi para atender a los 200 soldados madrasee que estaban acantonados ahí y se abrió una misión en Buruma, cerca de Chaybassa. El sacerdote de Chaybassa comenzó un trabajo apostólico en Burudi, cerca de Ranchi.
Fue en 1885, cuando apareció en escena el Padre Lievens, el auténtico fundador de la misión de Chotanagpore, que la misión empezó a recoger frutos. Su política, seguida por sus sucesores, era la de ayudar a los indígenas en todas las formas posibles, protegerlos de la tiranía de los terratenientes y de la policía, y alimentarlos en tiempos de escasez. A cambio de eso, él esperaba de ellos que mandasen a sus hijos a las escuelas católicas, en las que se les formaba como cristianos. Los luteranos de Gossner habían estado trabajando por más de cincuenta años en Chotanagpore y habían tenido bastante éxito. Trataron de oponerse inútilmente a los generosos esfuerzos del Padre Lieven. Él nunca ahorró sacrificios, de modo que en seis años su salud se debilitó. Volvió a Bélgica en septiembre de 1892, y murió en Lovaina en noviembre de 1893. Pero había iniciado un trabajo que tenía bases permanentes, y que no acabó con su muerte. Hoy día hay más de 100,000 conversos en Chatanagpore, catecúmenos o bautizados. En 1906-1907 más de 25,000 bautizados se unieron a la Iglesia. Lo difícil es atender a esa gran población católica cuando ésta se haya dispersa en un territorio inmenso. Hay 15 capellanías con 30 sacerdotes. En todas ellas hay escuelas. En los poblados más importantes hay catequistas y escuelas. Los cuatro conventos construidos por las ursulinas en Ranchi, Khunti, Tongo y Rengarrih ejercen una buena influencia en las familias de los neófitos. Ranchi es la base de operaciones de la misión, con una escuela para varones seleccionados de entre los jóvenes de todos los distritos, una escuela apostólica para formar catequistas y fomentar vocaciones al sacerdocio, y una escuela para niñas, donde se forma a las novicias de la orden indígena de Santa Ana bajo la dirección de las ursulinas. Las necesidades de la misión pueden ser resumidas en dos palabras: personal y dinero. Más personal y más dinero permitirían a la misión extenderse hacia el oeste, y crear una región católica desde Calcuta hasta Bombay. Esta misión tiene 8 templos, 281 capillas, 85 escuelas con más de 3,000 alumnos.
Delaunoit, Leopold.
Transcripción: Joseph P. Thomas. Dedicado a la Madre Teresa de Calcuta.
Traducción: Javier Algara Cossío

Arquidiócesis.

(Archidioikesis, archidioecesis)
Este término no designa una provincia eclesiástica, sino sólo la diócesis de la provincia, que es la propia del arzobispo y sobre la cual ejerce inmediata y exclusiva jurisdicción.

Bibliografía: FERRARIS, Bibliotheca Canonica, etc; WERNZ, Jus Decretalium, II. tit. 34; SMITH, Elements of Ecclesiastical Law, I; PHILLIPS, Kirchenrecht, VI; SILBERNAGL Verfassung und Beshtand sämtlichber Kirchen des Orients (1904); Concilii Plenarii Balt. II Acta et Decreta, tit. III; SANTI, Prælectiones Juris Canonici, t. I; Gerarchia Cattolica (Roma, 1906).
Fuente: "Archdiocese." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/01694b.htm>.
Traducido por Armando Llaza Corrales. rc

Arqueología cristiana.

Contenido

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Introducción

Es la rama de la ciencia arqueológica cuyo objeto es el estudio de los antiguos monumentos cristianos. La historia moderna, que se empeña en la reconstrucción de la vida primitiva de los cristianos, tiene dos fuentes de información de donde echar mano, denominadas: fuentes literarias y monumentales. Por fuentes literarias comúnmente se entiende los restos aún existentes de la literatura cristiana primitiva. Las fuentes monumentales están conformadas por los objetos de diversas clases que sobreviven de la antigüedad, que fueron producidos por los cristianos o bajo la influencia de los mismos: inscripciones sepulcrales, pinturas, esculturas, iglesias, además de los objetos de las artes menores. El objetivo de la arqueología cristiana, tal como se dijo, es investigar todo lo que sea posible, relativo a las maneras y costumbres de los primitivos cristianos, a partir de los monumentos de dicha antigüedad. Cualquier intento de determinar las fechas que abarca el período denominado en forma libre “Antigüedad Cristiana”, que luego dio lugar al período medieval, es por necesidad más o menos arbitrario. Como una consecuencia de esta dificultad, existen diferencias de opiniones entre los arqueólogos, acerca de la forma como deben asignarse los límites de ella. Sin embargo, autoridades como De Rossi y Le Blant, miran el principio del siglo séptimo (600 D.C.), o la muerte de Gregorio el Grande (604), como una fecha que marca suficientemente bien el final de la antigüedad, y el principio del período medieval. En la Galia y en Alemania, los monumentos retuvieron mucho de su carácter antiguo hasta un siglo después.


Sumario Histórico

El honor de inaugurar el estudio científico de la antigüedad cristiana pertenece al monje agustiniano Onofrio Panvinio, quien en 1554 y 1568, publicó dos importantes trabajos sobre las basílicas de Roma (DE PRÆCIPUIS URBIS ROMÆ SANCTIORIBUS BASILICIS), y uno sobre los cementerios y ritos fúnebres de los primeros cristianos (DE RITU SEPELIENDI MORTUOS APUD VETERES CHRISTIANOS ET DE EORUM CŒMETERIIS). Diez años después de la publicación del último trabajo, algunos trabajadores descubrieron (31 de Mayo de 1578), un antiguo cementerio subterráneo en la Vía Salaria, que contenía inscripciones y frescos de carácter cristiano indiscutiblemente. Entre los primeros en visitar el cementerio recientemente descubierto, fue el historiador eclesiástico Baronius, quien, aunque reconoció la importancia de lo encontrado, no tomó parte en las exploraciones de sus contemporáneos; había éste iniciado su gran trabajo histórico, “ANNALES ECCLESIASTICI”, cuya composición copó toda su atención. En los quince años siguientes, las únicas personas que intentaron algunas exploraciones en las catacumbas fueron, un dominico español, Alfonso Ciacconio y dos laicos flamencos, Felipe de Winghe y Juan l’Heureux. Ciacconio no terminó nada de importancia. Las investigaciones de los dos exploradores flamencos prometían mejores resultados, pero sus escritos permanecieron sin publicar, y como consecuencia, no influenciaron a sus contemporáneos.
El primero en iniciar la exploración sistemática de los antiguos cementerios romanos o catacumbas, fue el “Padre de la Arqueología Cristiana” Antonio Bosio, nacido en Malta en 1575; fue colocado a temprana edad al cuidado de un tío que habitaba en Roma como procurador de los Caballeros de Malta; a los dieciocho años su interés fue atraído por los estudios de los primitivos monumentos sepulcrales romanos, y desde esa fecha hasta su muerte en 1629, un período de 36 años, dedicó su vida a la exploración de las catacumbas. Tres años después de su muerte, 1632, los resultados de sus exploraciones y estudios se hicieron conocer a todo el mundo mediante una publicación italiana, “TOMA SOTTERRANEA” , editada por el Oratoriano Severano, y publicada bajo el patrocinio de la Orden de Malta. El gran mérito de este trabajo fue reconocido de inmediato, y llevó a su publicación en latín, por Aringhi en 1651, para beneficio de todos los sabios de Europa. El carácter científico de las exploraciones de Bosio ha sido recientemente confirmado por un descubrimiento interesante: De Rossi afirmaba, a pesar de su admiración por Bosio, que los cementerios de San Marcos y Marcelino, en el que el Papa Dámaso estaba enterrado, quedaba a la derecha de la Vía Ardeatina y no a la izquierda como Bosio decía; en 1902 se descubrieron por Wilpert las criptas del Papa Dámaso y la de Marcos y Marcelino en el lugar indicado por Bosio. A pesar de la importancia del trabajo de Bosio, éste es defectuoso al menos en un aspecto; las copias de las pinturas de las catacumbas hechas para el trabajo “ROMA SOTTERRANEA” son muy imprecisas, de acuerdo a Wilpert; este fallo debe adjudicarse a los copistas de Bosio. Por más de doscientos años luego de la muerte de este último, se hizo muy pocos avances en las exploraciones de dichas catacumbas, el mayor tesoro de monumentos de la primitiva cristiandad. Los escritores protestantes en su conjunto, ignoraron los descubrimientos de Bosio o los refutaron, para su satisfacción, sin siquiera haber visto los monumentos; aún Bingham, cuyo trabajo sobre las antigüedades cristianas fue publicado cerca de un siglo después de la primera edición del de Bosio, no hizo uso de los resultados de este último; tampoco los autores católicos mostraron aprecio por los monumentos, en forma similar a sus coetáneos protestantes. A diferencia de Rossi, Bosio no fundó una escuela de arqueólogos entrenados para continuar los trabajos felizmente inaugurados; como consecuencia cesaron todas las investigaciones a su muerte. Fabretti dedicó sólo un capítulo (VIII) a las inscripciones de los cristianos en su colección publicada en 1699; veintiún años después, Boldetti, que cuidaba de las catacumbas, publicó un trabajo apologético de poco valor, “Cementerios de los Santos Mártires y Antiguos Cristianos de Roma”. De gran mérito es un trabajo de Buonarotti acerca de los vidrios fúnebres (Florencia, 1716); pero este siglo dieciocho será más recordado por la destrucción de los cementerios que por el trabajo de los arqueólogos. Bajo la dirección de Boldetti, numerosas inscripciones se movieron de los lugares donde originalmente estaban colocadas, y se dispersaron en las diversas iglesias de Roma, sin indicaciones claras de los lugares donde se tomaron. Estas inscripciones fueron posteriormente recogidas por Benedicto XIV (1740-1758) en el Museo de los Cristianos del Vaticano, del cual fue su fundador. Muchos invaluables frescos fueron destruidos o dañados durante el siglo dieciocho. Debería haber sido natural esperar que el establecimiento de un departamento, en conexión con la Biblioteca del Vaticano, destinado a la reunión de las inscripciones cristianas y otras reliquias de la primitiva Iglesia, elevase la curiosidad de los anticuarios romanos; pero este no fue el hecho. Por varios años luego de la muerte de Benedicto XIV nadie tuvo interés por las catacumbas; cerca de 1780, Seroux d’Agincourt visitó varios de los cementerios antiguos y copió varios frescos para su publicación en “HISTOIRE DE PART PAR LES MONUMENTS” (París 1823); pero no se satisfizo únicamente con las copias; siguiendo el ejemplo de otros exploradores en el mismo campo, a menudo estaba deseoso de tener las pinturas originales, originando una destrucción mucho más sistemática que sus predecesores.
Con el advenimiento de la primera mitad del siglo diecinueve empezó una nueva era en los estudios arqueológicos; el trabajo de M. Raoul Rochete “DISCOURS SUR L’ORIGINE ETC. DES TYPES QUI CONSTITUENT L’ART DU CHRISTIANISME” (París, 1834), y su “TABLEAU DES CATACOMBES DE ROME” (París, 1837), tuvo el mérito de elevar el interés sobre los monumentos cristianos en Roma, aunque sus conclusiones no fueron del todo convincentes. En Italia, Sarti, Settele, Pasquini, De Minicis, Valentín, Manara, Cordero y otros, produjeron trabajos de menor importancia sobre los cementerios subterráneos, los sarcófagos cristianos, y las primitivas basílicas de su país. El honor de inaugurar trabajos realmente importantes pertenece al Padre Jesuita Marchi, quien fue el primero en demostrar la diferencia esencial entre las areneras, o fosos de arena de los alrededores de Roma y las galerías de las catacumbas; en 1841 publicó el primer volumen de lo que pretendió ser un trabajo exhaustivo sobre el arte de los primitivos cristianos, pero por varias razones fue incapaz de completar lo iniciado. Pero Marchi había tomado con él, en el momento de empezar a consagrar una atención especial a los monumentos cristianos en Roma (1841), a un hombre joven de menos de 20 años, que estaba destinado a tomar el trabajo de Bosio y elevar la arqueología cristiana a la dignidad de una ciencia; este fue Giovanni Battista de Rossi (1822-1894); este importante trabajo iniciado por él, junto con sus resultados, fueron de gran importancia para la historia de la Iglesia primitiva, que pudieron obtenerse por investigaciones sistemáticas, efectuadas con principios científicos; ninguno más calificado que él mismo para ejecutar sus planes; hecho reconocido por el Papa Pío IX, quien le comisionó para iniciar el trabajo destinado a ser muy fructífero.
El trabajo de De Rossi que mejor revela su inmenso aprendizaje y el método científico con que llevó a cabo sus investigaciones se muestra en su “ROMA SOTTERANEA” (Roma, 1864-77, en 3 volúmenes) El tiempo transcurrido entre la publicación de su último volumen de su obra, verdaderamente magna, ha confirmado esencialmente las teorías de su autor sobre las condiciones civiles y religiosas de los primeros cristianos, lo mismo que el carácter simbólico de su arte. En 1863 empezó la publicación de su “BULLETINO D’ARCHEOLOGIA CRISTIANA”, una revista casi tan indispensable para el estudioso de la arqueología cristiana como la “ROMA SOTTERANEA”; De Rossi dejó a su muerte una escuela de arqueólogos, entrenados en sus métodos científicos, capaces de continuar con su labor. Los tres primeros discípulos, Armellini, Stevenson y Marucchi, han publicado numerosos trabajos con los resultados de sus propias investigaciones, o popularizando los resultados generales de los descubrimientos arqueológicos cristianos, además de continuar la publicación de la revista bajo el título “NUOVO BULLETTINO D’ARCHEOLOGIA CRISTIANA”. Un publicista que ha cumplido un trabajo considerable, de valor permanente, dentro del dominio de la arqueología cristiana, es el jesuita Garrucci; su publicación más importante fue la “Historia del Arte Cristiano” en 6 volúmenes, que contiene 500 ilustraciones; muchas de ellas se han encontrado imprecisas y deben usarse con cuidado; su texto también ha sido superado, en gran medida, por el de los escritores más recientes. Los mejores resultados, desde la muerte de De Rossi, son atribuibles a un sacerdote alemán, cuyo amor por los estudios arqueológicos lo llevó a Roma hace dos décadas: Monseñor Joseph Wilpert. Él mismo se dedicó, de manera especial, al estudio de la pintura primitiva cristiana, un departamento de la arqueología, al cual, De Rossi fue incapaz de darle la atención requerida para esta materia; en 1889, Wilpert publicó su “PRINCIPIENFRAGEN DER CHRISTLICHEN ARCHAOLOGIE”, un folleto defendiendo los principios de interpretación de la escuela de arqueología romana, en contra de los ataques de autores alemanes no católicos; en 1892 apareció su estudio sobre “DIE GOTTGEWEIHTEN JUNGFRAUEN”, una valiosa contribución sobre los orígenes de la vida religiosa; en 1895 publicó su “FRACTIO PANIS”, donde describe el ciclo de las representaciones sagradas en la cripta de Santa Priscila, conocida como la Capilla Griega, y muestra su relación con la escena principal pintada en esa capilla, la Eucaristía, o banquete sagrado, escena del ábside, que apropiadamente llama la fracción del pan. El significado de las figuras orantes, que tan frecuentemente se bosquejan en las primitivas tumbas, fue el primero en explicarlo satisfactoriamente en su “CYCLUS CHRISTOLOGISCHER GEMALDE” (1891). Su trabajo mayor es “MALEREIGN DER KATAKOMBEN ROMS” (Friburgo, 1903), que consiste en dos volúmenes de tamaño folio, uno de fotografías que reproducen más de 600 frescos de las catacumbas la mitad de ellas en colores; el otro contiene el texto, en donde el autor, después de explicar sus principios de interpretación, clasifica y describe los diversos ciclos de pintura fúnebre, e interpreta su significado simbólico. Otro sacerdote alemán residente en Roma, Monseñor de Waal, fundador y editor de “ROMISCHE QUARTALSCHRIFT”, ha escrito extensamente sobre materias arqueológicas; uno de los artículos más conocidos es una inscripción, con ilustraciones, del sarcófago de Junios Bassus (Rodney, 1900)
El ímpetu dado al estudio de los monumentos de los primitivos cristianos, por los descubrimientos de De Rossi, se sintió, inmediatamente, en cada país europeo. Dos sacerdotes ingleses, Northcote y Brownlow, estuvieron entre los primeros que apreciaron la importancia de su trabajo, que popularizaron en su excelente “ROMA SOTTERRANEA” (Londres, 1869). Northcote publicó también un útil trabajo sobre las inscripciones de los primeros cristianos bajo el título “EPITAPHS OF THE CATACOMBS” (Londres, 1878). El primero de estos trabajos fue traducido al francés por Allard; el libro de Kraus “ROMA SOTTERRANEA” fue parcialmente una traducción por Northcote y Brownlow, y parcialmente un trabajo original. El diccionario de Smith y Cheetham “DICTIONARY OF CHRISTIAN ANTIQUITIES” (Londres, 1875*1881), es una evidencia del influjo de las exploraciones romanas sobre los protestantes ingleses; el manual de Lowrie “MONUMENTS OF THE EARLY CHURCH” (Nueva York, 1901), da testimonio del interés de los protestantes norteamericanos sobre los resultados de los estudios arqueológicos. En Francia, entre los primeros en ser influenciados por el reavivamiento de De Rossi, fueron el Abate Martigny, quien en 1865 publicó su “DICTIONAIRE DES ANTIQUITÉS CHRÉTIENNES”, Perret con “CATACOMBES DE ROME”, trabajo pretencioso y de poco valor, con ilustraciones imprecisas y un texto poco confiable, Deshassayn de Richemont con “CATACOMBES DE ROME” aparecido en 1870, y al año siguiente la traducción mencionada con anterioridad. Estos trabajos prestaron un buen servicio como manuales populares; empero otras investigaciones de gran importancia fueron desarrolladas por otro arqueólogo francés, Edmont Le Blant; su primer volumen, “INSCRIPTIONS CHRÉTIENNES DE LA GAULE” apareció en 1856, el segundo en 1865 y el tercero en 1892; posteriormente llegaron dos volúmenes sobre los sarcófagos cristianos de Arles y de Francia (París,1878-86), y varios estudios sobre epigrafía cristiana. En 1906 inició su aparición un trabajo excelente y muy útil, “DICTIONNAIRE D’ARCHÉOLOGIE ET DE LITURGIE” de Cabrol y Leclercq; los descubrimientos del Conde Vogüé en la parte central de Siria y en Tierra Santa fueron de gran importancia para la historia de la arquitectura del cristianismo primitivo. Los escritos del Padre Delattre y de Stephen Gsell son indispensables para el estudio de los monumentos cristianos del norte de África. En Alemania, el profesor Franz Xaver Kraus hizo más, probablemente, que cualquier otro escritos para popularizar los resultados de los estudios arqueológicos cristianos. Además de su “ROMA SOTTERRANEA”, Kraus editó su excelente “REAL ENCYKLOPADIE DER CHRISTLICHEN ALTERHUMER”, y publicó en tres volúmenes una historia del arte cristiano, del cual sólo el primero trata de la arqueología cristiana; siendo la obra más completa que haya aparecido sobre esas materias; también este autor publicó en dos volúmenes una colección de inscripciones cristianas de las tierras del Rin, además de un gran número de monografías de carácter arqueológico. Entre los arqueólogos protestantes puede mencionarse a Víctor Schultze, cuyos estudios sobre las catacumbas de Nápoles y Siracusa y su “ARCHAOLOGIE DER ALTCHRISTLICHEN KUNST” son de importancia. Sólo pueden darse algunos nombres de alemanes que han contribuido dentro del último siglo con estos estudios: Muller, Ficker, Krumbacher, Strzygowski, Kirsch, Kaufmann, y Baumstark.


Fuentes literarias

El conocimiento de la primitiva sociedad cristiana, derivado de los estudios sobre los monumentos cristianos más antiguos, ha arrojado luz sobre muchos aspectos obscuros de la historia de la Iglesia primitiva, que eran conocidos a través de la literatura que ha llegado hasta nosotros desde los primeros tiempos del cristianismo. Es igualmente cierto que el estudio de los monumentos cristianos es imposible hacerlo sin el estudio de las diversas fuentes literarias de la antigüedad cristiana. La literatura y los monumentos se suplementan los unos a los otros. Entre las primeras fuentes iniciales, indispensables para el estudio de los monumentos, es el arte cristiano del primer siglo, inspirado por las Sagradas Escrituras; después de éste siguen, el Martirologio, las liturgias cristianas, ciertas oraciones litúrgicas, en particular aquellas relacionadas con la muerte, los calendarios de la Iglesia, los llamados Libros Pontificales, especialmente el “LIBER PONTIFICALIS”, los antiguos misales y ritos sacramentales, en general toda la literatura cristiana hasta bien entrados los tiempos medievales; especialmente útiles fueron los itinerarios de los peregrinos a causa de las indicaciones que contenían referentes a la topografía de los antiguos cementerios subterráneos de la Roma cristiana.


Carácter de los monumentos primitivos y resultados principales de las investigaciones arqueológicas cristianas

Los principales monumentos de los primitivos cristianos se han encontrado en las catacumbas de Roma; las partes más antiguas datan del primer siglo de la era cristiana, así que, cualquier información que proporcionen nos dan una estampa del período apostólico; debe tenerse presente que todos esos monumentos son de carácter fúnebre; nadie puede esperar encontrar en las inscripciones de los modernos cementerios católicos una exposición completa de teología católica, ni tampoco pueden verse exposiciones de dogmas en los frescos e inscripciones de las catacumbas. Cualquier información que razonablemente pueda esperarse de dichos monumentos, debe tener relación con las ideas sobre la muerte que estaban en las mentes de quienes los erigían; dentro de ese alcance y un poco mas allá, los monumentos son perfectamente claros. Las inscripciones y pinturas de las catacumbas, lo mismo que los sarcófagos tallados del siglo cuarto y posteriores, exhiben, de manera inequívoca, las creencias de sus autores acerca de la existencia más allá de la tumba.


Inscripciones

Las inscripciones cristianas son en extremo simples, apenas si mencionan el nombre del difunto, acompañado de una breve oración por su alma: “Reina, puedes vivir en el Señor Jesús”, “La paz esté contigo”, “En paz”, “En Dios”; hacia el siglo tercero, estas fórmulas se habían ampliado hasta incluir la Trinidad y la Comunión de los Santos; el sacramento del Bautismo es aludido implícitamente en la mención de los neófitos, con inscripciones como: “FIDEM ACCEPIT - Recibió la fe”, “POST SUSCEPTIONEM SUAM – Después su bienvenida”, o la Eucaristía como en los dos famosos epitafios de Abercius de Hierópolis y Pectorius de Autun. También se mencionan los tres grados más elevados de la jerarquía y algunas de las órdenes menores, lo mismo que las viudas y vírgenes consagradas; frecuentemente se hace referencia a miembros de la comunidad. Aún más interesante, tal vez, son las deducciones que legítimamente se pueden extraer de ciertas peculiaridades de estos primitivos monumentos cristianos; la igualdad de todos ante Dios, por ejemplo, es enseñada a través del silencio elocuente de los epitafios, sobre los rangos o títulos mundanos de los difuntos; las alusiones a esclavos y hombres libres, tan comunes en las inscripciones contemporáneas paganas, se encuentran en unos pocos epitafios cristianos, y eso, de manera muy bondadosa. Aún más notable, es el silencio de las inscripciones cristianas sobre las persecuciones, en un momento donde eran inminentes; ningún pensamiento sobre sus perseguidores fue dado, ya que el pensamiento de los seguidores de Cristo estaba absorbido por el mundo más allá de la tumba; y con referencia a este mundo mejor, habían recreado una confianza perfecta; el nombre dado a su último lugar de descanso, “cementerio” (KOIMETERIUM, DORMITORIUM, lugar de descanso), revela su confianza en las promesas del Salvador. Las inscripciones métricas, erigidas en la cuarta centuria por el Papa Dámaso (366-384), manifiestan la gran veneración en que se tenían los mártires, y al mismo tiempo, proporcionan datos invaluables su historia.


Pintura

Siguiendo la costumbre de decorar las tumbas de los amigos muertos, los cristianos de Roma, desde el primer siglo, empezaron a adornar con frescos las cámaras sepulcrales de las catacumbas; de esta forma ellas fueron la “cuna del arte cristiano”; aunque algunos de los escritores cristianos de los primeros siglos miraron esta producción artística con sospecha, la Iglesia de Roma nunca pareció tener dudas sobre esta materia: el arte es sí mismo es indiferente, ¿por qué no adoptarlo y purificarlo? Esto fue precisamente lo que se hizo; de esta forma el proceso de purificación se inició, aún en las pinturas más antiguas de las catacumbas, con fechas de finales del primer siglo. La ornamentación pictórica de las tumbas de las familias Afiliana y Flaviana, que pertenecen a este período, aunque principalmente decorativas con caracteres como las de las tumbas paganas, están libres de motivos indelicados o idolátricos. Los cimientos del arte específicamente cristiano yacen en el primer siglo, tal como se puede ver en unos pocos frescos que representan a Daniel en el foso de los leones, Noé en el arca, y el Buen Pastor; todos ellos fueron símbolos, y el simbolismo fue la característica especial del arte cristiano a lo largo del siglo cuarto; la fuente de inspiración para este simbolismo fue la Biblia; no se procedió al azar en la selección de las materias de las Sagradas Escrituras, o los temas que los motivaron, sino que se siguieron ciertas regulaciones definidas, que fueron sugeridas por el hecho que los frescos iban a ser parte de la ornamentación fúnebre; la idea dominante al hacer la selección de los temas fue que debían ser adaptables, como símbolos, a las condiciones después de la muerte de quienes yacían en las tumbas que erigían, de acuerdo a la visión que prevalecía entre los cristianos. Las liturgias fúnebres, consecuentemente, las oraciones por los muertos y las invocaciones de igual tenor, servían para la escogencia de los símbolos. Así por ejemplo, en las Letanías para la Partida del Alma, aún en uso, tenemos la invocación: “Salva, ¡Oh Señor!, el alma de tu siervo, como Tú salvaste a Daniel del foso de los leones”; la figura de Daniel, de pie entre los dos leones, tan frecuentemente representada en las catacumbas, fue, de esa manera seleccionada, por su idoneidad para representar las condiciones del alma del cristiano después de la muerte. Desde el punto de vista de la doctrina y la disciplina, muchas de ellas son de gran importancia; por ejemplo, respecto a los sacramentos, el ciclo de frescos relativos al bautismo, algunos de ellos de la segunda centuria, muestran claramente que el bautismo era administrado por inmersión, mientras que varios de los ciclos de la Eucaristía muestran la creencia del carácter de sacrificio de la misa. En numerosos frescos se manifiesta la creencia en la divinidad de Cristo, y la virgen María ocupa un lugar prominente en el pensamiento de los cristianos de los primeros tres siglos; lo que es aparente por las diversas representaciones de María (la más antigua de la primera mitad del siglo segundo), con el Niño Salvador en sus brazos. El desarrollo gradual de la idea de la importancia del lugar de María en el esquema de la redención, es deducido por comparación de los frescos más tempranos con los últimos de la Madre y el Niño; una pintura de la última mitad del siglo tercero, en la catacumba de Santa Priscila, la representa como modelo para una virgen que toma el velo; mientras que un fresco, hacia la mitad de la cuarta centuria, en el Cementerio Mayor, María es vista en actitud de oración, intercediendo, de acuerdo a la interpretación de Wilpert, con su Hijo Divino, por los amigos sobrevivientes de la persona difunta, en donde esta representación aparece. El dogma de la comunión de los santos se expresa claramente en estas pinturas, como en las inscripciones de las catacumbas. Las figuras de personas que oran, son símbolos de los difuntos en el cielo que interceden ante Dios por los amigos, aún miembros de la Iglesia Militante. Otros frescos representan el juicio particular, con los santos en actitud de abogados, suplicando al Juez su admisión a los Cielos. San Pedro y San Pablo también fueron temas favoritos de los artistas cristianos en Roma, especialmente durante el siglo cuarto; el fresco más antiguo de San Pedro, en el cementerio de Las Dos Puertas, representa al Príncipe de los Apóstoles leyendo de un rollo, en el carácter de “Legislador del Nuevo Pacto”. El lugar destacado en que se tenían a las autoridades eclesiásticas, está representado por el atuendo especial con el que eran representadas; los sacerdotes que administraban el Bautismo están ataviados con su túnica y palio, dos artículos de su atavío, que junto a las sandalias, constituían el vestido reservado a los personajes de carácter sagrado.


Escultura

Durante los primeros tiempos de la Iglesia la escultura cristiana fue casi desconocida; muchas razones se han dado para esta circunstancia, la principal de ellas, además de su costo, estriba en la dificultad práctica de producir trabajos, indistintamente cristianos, sin conocimiento de los gobernantes y de un público hostil. Sólo sobreviven algunas estatuas y sarcófagos con representaciones de las Sagradas Escrituras, pertenecientes a los tres primeros siglos; la escultura cristiana empezó su verdadero desarrollo en el siglo cuarto, durante el tiempo de paz decretado por Constantino. Las principales esculturas de este período se encuentran en los numerosos sarcófagos que se encuentran principalmente en Roma, Ravena y en varios lugares de Francia, donde fueron enterrados los cristianos de la época de Constantino y posteriormente. Siendo monumentos fúnebres, los temas simbólicos de los frescos fueron también apropiados para los sarcófagos. Pero los escultores cristianos rápidamente cayeron bajo la influencia del nuevo desarrollo del arte cristiano, visto por primera vez en las basílicas erigidas por Constantino; sus símbolos de triunfo, junto con las escenas históricas delineadas en sus paredes, también se encuentran en los sarcófagos cristianos, al lado de algunos de los símbolos más primitivos y sagrados de las catacumbas. La transición del arte simbólico al histórico es, consecuentemente, mejor representado en los sarcófagos tallados del siglo cuarto y posteriores.


Basílicas

De acuerdo a los Hechos de los Apóstoles, los primeros cristianos acostumbraban a reunirse en casas privadas para la celebración de la liturgia: “fraccionando el pan de casa en casa” (Hch 2.46). Los primeros locales independientes para el culto cristiano, fueron las casas de aquellos de entre ellos, que poseían edificios lo suficientemente grandes para acomodar un gran número de personas. Bajo el reinado de Constantino, la costumbre establecida en la Iglesia de Jerusalén de reunirse en residencias privadas para la celebración de la liturgia, parece que se siguió en forma general; parece muy probable, que fuesen iglesias del tipo basílica que se encuentra en Asia Menor antes de Constantino. La iglesia de Nicomedia, destruida en la persecución de Dioclesiano, se construyó en el siglo tercero; de acuerdo a una antigua tradición, la casa del Senador Pudens en Roma, también como la de Santa Cecilia, fueron usadas para tal propósito. El romance conocido como “El Reconocimiento de Clementina” tiene dos referencias interesantes sobre esta materia: el autor habla de un cierto Maro quien invitó a San Pedro a predicar en un salón de su mansión, capaz de albergar a quinientas personas; y en otra lugar, habla de un nombre llamado Teófilo, quién tenía un salón en su casa consagrado como iglesia. Las iglesias cristianas del siglo cuarto, conocidas como basílicas, derivan su nombre y algunas de sus principales características, ya de las basílicas públicas, como las del foro romano, o de las basílicas privadas de las grandes mansiones, tales como los salones de Maro y Teófilo. Estaban conformadas por un gran salón de forma oval, divididas por columnas entre una nave central y dos o cuatro pasillos; el ábside, en el extremo opuesto a la entrada al salón, hereda, de acuerdo con Kraus y otros, de las iglesias primitivas en los cementerios, estructuras con tres ábsides, dos de ellas pueden aún verse en el cementerio de San Calixto; el ábside, sin embargo, es una característica que se encuentra en las dos basílicas de Trajano y Majencio. El atrio en frente de la entrada, es una característica de la basílica cristiana, no vista en las basílicas civiles, y evidentemente es una reminiscencia de la iglesia doméstica de los primeros tres siglos
El baptisterio erigido en forma adyacente a las basílicas, fue, como regla general, de forma circular o poligonal. Los edificios circulares también se erigieron como mausoleos; dos de los mejores ejemplos son la iglesia de Santa Constanza en Roma y el mausoleo del Rey Teodorico en Ravena. Siguiendo los precedentes de la iglesia del Santa Sepulcro en Jerusalén, en algunas ocasiones se erigían iglesias circulares u octagonales; la iglesia de San Vital en Ravena es la estructura occidental de este tipo mejor conocida. La decoración inferior de las basílicas cristianas exhibió el nuevo desarrollo del arte cristiano; los símbolos bosquejados en las catacumbas eran perfectamente apropiados para el propósito para el cual se hicieron, pero un diferente estilo de adorno fue exigido en los edificios cuyo objeto no estaba asociado inmediatamente con la muerte. Sin embargo, la iglesia de Cristo había tenido un gran triunfo sobre el paganismo, lo que sugirió a los artistas cristianos del tiempo de Constantino la idea de conmemorar la victoria en las basílicas; de esta forma vino en existencia un nuevo simbolismo representando a Cristo triunfante en su trono; en los frescos y mosaicos de las basílicas fueron representadas frecuentemente escenas de la vida de Cristo o del Antiguo Testamento, que sirvieron no sólo como adornos, sino como excelentes ilustraciones de las Sagradas Escrituras


Las artes menores

Bajo este encabezado usualmente se clasifican lo que tiene que ver como telas, vestidos litúrgicos y otros elementos, objetos de devoción, artículos domésticos, monedas y medallas, e ilustraciones en miniatura. Los últimos objetos son especialmente importantes para la historia del arte en la Edad Media
Hassett, Maurice. "Christian Archaeology." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3. New York: Robert Appleton Company, 1908. <http://www.newadvent.org/cathen/03705a.htm>.
Traducido por Hugo Barona Becerra

San Arnulfo de Metz.



Hombre de Estado y obispo bajo la dinastía Merovingia, nacido c. 580, muere c. 640. Sus padres pertenecían a una distinguida familia franca y vivía en la sección este del reino fundado por Clodoveo I. En la escuela donde fue puesto durante su infancia sobresalió por su talento y su buen comportamiento. De acuerdo a las costumbres de la época fue enviado a su debido tiempo a la corte de Teodeberto II; rey de Austrasia (595-612) para ser iniciado en las diversas ramas del gobierno. Bajo la guía de Gondulfo, el Alcalde del Palacio, pronto se volvió tan hábil que fue colocado en la lista regular de oficiales reales y entre los primeros ministros del rey. El se distinguió como comandante militar y en la administración civil; al mismo tiempo el tuvo bajo su cuidado seis provincias diferentes.
A su debido tiempo, Arnulfo se casó con una mujer franca de linaje noble, de quien tuvo dos hijos, Ansegisel y Clodulfo. Mientras Arnulfo estaba disfrutando emolumentos y honores mundanos no se olvidó de cosas más elevadas y espirituales. Sus pensamientos daban vueltas frecuentemente en monasterios y con su amigo Romarico, oficial de la corte al igual que él, planeó hacer un retiro a la abadía de Lérins, evidentemente con el propósito de dedicar su vida a Dios. Pero, mientras tanto, la sede Episcopal de Metz quedó vacante. Arnulfo fue designado universalmente como un candidato valioso para el oficio y fue consagrado obispo de esa sede cerca del 611. En su nueva posición el estableció el ejemplo de una vida virtuosa para sus súbditos y atendía asuntos del gobierno eclesiástico. En el 625 tomó parte en un concilio llevado a cabo por los obispos francos en Reims. Con todo esto, Arnulfo retuvo su puesto en la corte del rey y tomó una destacada parte en la vida nacional de su gente. En el 613, después de la muerte de Teodoberto, él, con Pipino de Landen y otros nobles llamaron a Austrasia a Clotario II, Rey de Neustria. Cuando en el 625 el reino de Austrasia le fue confiado a Dagoberto el hijo del rey, Arnulfo se convirtió no sólo en el tutor, sino también en Ministro en Jefe del joven rey. En el momento del alejamiento entre los dos reyes en el 625, Arnulfo junto a otros obispos y nobles trató de efectuar una reconciliación. Pero Arnulfo temía las responsabilidades de la oficina episcopal y se cansó de la vida de la corte. Cerca del año 626 obtuvo la designación de un sucesor a la oficina Episcopal de Metz. Él y su amigo Romarico se retiraron a un lugar solitario en las montañas de los Vosgos. Allí vivió en comunión con Dios hasta su muerte. Sus restos, enterrados por Romarico, fueron transferidos cerca de un año más tarde por el obispo Goerico, a la basílica de los Santos Apóstoles en Metz.
De los dos hijos de Arnulfo, Clodulfo se convirtió en su tercer sucesor en la sede de Metz. Ansegisel permaneció al servicio del estado; de su unión con Begga, hija de Pipino de Landen, nació Pipino de Heristal, el fundador de la dinastía Carolingia. De esta forma Arnulfo fue el ancestro de los poderosos soberanos de esa casa. La vida de Arnulfo muestra hasta cierto punto la oficina episcopal y la carrera en el Estado Merovingio. Los obispos eran muy considerados en la corte; sus consejos eran escuchados, ellos tomaban parte en el reparto de justicia por los tribunales, tenían una voz en la designación de oficiales reales; fueron usados frecuentemente como embajadores del rey y sostenían altas posiciones administrativas. Para la gente bajo su cuidado, eran protectores de sus derechos, sus portavoces frente al rey y el vínculo uniendo a la realeza con sus súbditos. Las oportunidades para el bien eran por lo tanto ilimitadas; y Arnulfo las usó para buen provecho.
FRANCIS J. SCHAEFER Transcrito por Patrick Tobin Traducida por Deyanira Rodríguez

Arns, O.F.M., Paulo Evaristo, Cardenal

 

Nacimiento. 14 de septiembre de 1921, Forquilhinha, diócesis de Tubarão, Brasil.
Educación. Entró en la Orden de los Frailes Menores; profesó el 10 de diciembre de 1943. Casas franciscanas de estudios; Facultad de Filosofía, Curitiba; Instituto Teológico Franciscano, Petrópolis; Universidad de La Sorbonne, París.
Sacerdocio. Ordenado el 30 de noviembre de 1945. Sucesivamente, de 1945 a 1961, profesor del Seminario Menor de Agudos, São Paulo; de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras, Bauru; del Instituto Teológico Franciscano,

Petrópolis; de la Universidad Católica de Petrópolis; director de la revista mensual "Sponsa Christi" y del Centro Franciscano de Publicación "Vozes", Petrópolis. Elegido vice-provincial de la provincia franciscana de la Inmaculada Concepción, 12 de enero de 1961.
Episcopado. Elegido Obispo titular de Respetta y nombrado auxiliar de São Paulo, 2 de mayo de 1966. Consagrado el 3 de julio de 1966, Forquilhinha. Promovido a la sede metropolitana de São Paulo el 22 de octubre de 1970.
Cardenalato. Creado cardenal presbítero el 5 de marzo de 1973; recibió la birreta roja y el título de San Antonio da Padova a via Tuscolana, 5 de marzo de 1973. Asistió a la III Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano, 28 de setiembre a 26 de octubre de 1974. Participó en el Cónclave del 25 al 26 de agosto de 1978. Participó en el Cónclave del 14 al 16 de octubre de 1978. Asistió a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla, México, 27 de enero a 13 de febrero de 1979. Asistió a la VI Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano, 29 de setiembre a 28 de octubre de 1983; fue elegido miembro del secretariado general, 1983 a 1987. Asistió a la II Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano, 24 de noviembre a 8 de diciembre de 1985. Asistió a la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 12 a 28 de octubre de 1992. Asistió la Asamblea Especial para América del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano, 16 de noviembre a 12 de diciembre de 1997. Renunció al gobierno pastoral de la Arquidiócesis el 9 de abril de 1998; administrador apostólico, 9 de abril a 23 de mayo de 1998.
Vínculo. http://www.arquidiocese-sp.org.br/guia/bispos/dpaulo.htm