jueves, 28 de junio de 2018

Milagro de las rosas


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El milagro de las rosas por Karl von Blaas.
El milagro de las rosas es un milagro católico en el cual las rosas anuncian la presencia o actividad de Dios.1​ Es presentado como un milagro en varias hagiografías y leyendas de diversas maneras.2​Está relacionado con diferentes personajes tales como Santa Isabel de Hungría (1207-1231). Santa Isabel de Portugal (1271- 1336) o Nuestra Señora de Guadalupe (aparición de 1531).
Siendo ya un símbolo de amor en Grecia y en la literatura romana, en la edad media la rosa se convierte en parte de la simbología cristiana. En el siglo XX llega a ser parte de los placeres del Jardín del Edén, la rosa roja también simboliza el dolor de la Pasión de Cristo y el martirio en general.3​ Es en este periodo, de la Edad Media, es en el que el milagro de las rosas aparece en sus diferentes variantes, comúnmente como un símbolo de feminidad, ya sea por la presencia de la Virgen María o porque las rosas aparecen en las manos de una mujer.

Santa Isabel de Hungría[editar]

En Europa Occidental, la versión más conocida del milagro de las rosas se le atribuye a Santa Isabel de Hungría (conocida también como Santa Isabel de Thuringia), la hija del rey Andrés II de Hungría, quien vivió la mayor parte de su vida con sus suegros en Alemania, los Condes de Thuringia, quienes se encargaban del tribunal en el castillo Wartburg.

Orígenes[editar]

La leyenda quizás se originó en la descripción de Caesarius von Heisterbach en el cual reflexiona sobre el traslado de los restos de Santa Isabel, en 1236. Caesarius habla de un dulce aroma que emanó de la tumba en el momento de ser abierta (tema común en la hagiografía).4​ Este aroma, metafórico o físico, fue traducido como un evento físico, el milagro de las rosas.
El primer milagro real parecido al de las rosas es descrito por los Franciscanos a mediados del siglo XIII, pero en su versión las rosas son flores de primavera y el milagro ocurrió en Hungría, en el hogar de Isabel cuando ella tenía solo cinco años de edad.5​ El milagro como lo conocemos, con rosas y en Alemania, fue atestiguado por primera vez en 1332, en un libro de plegarias Franciscanas, aunque también existe la teoría de que este milagro fue trasladado de Santa Isabel de Portugal a Isabel de Thuringia en el siglo diecinueve.6​7​

La leyenda[editar]

En su versión más característica la leyenda lo cuenta así: un día la joven piadosa Santa Isabel, en compañía de una o más de sus sirvientas, descendió del Castillo Wartburg al poblado de Eisenach ubicado camino abajo del castillo. Cargaba carne, huevos y pan bajo su manto que lo había tomado del castillo para distribuirlos entre los pobres, aun en contra de los deseos de su familia, quienes no veían con buenos ojos ese comportamiento. A la mitad del camino e inesperadamente se encontró con su marido Ludwing IV de Thuringia quien le preguntó, viendo el bulto bajo su manto, qué estaba cargando. Ella apenada y sin palabras, acorde a su personalidad, no dijo nada. Ludwing abrió su manto y para su sorpresa (en algunas versiones esto ocurre en lo más crudo del invierno) sólo contenía un ramo de rosas.

Versiones similares[editar]

Santa Isabel de Portugal[editar]

Santa Isabel de Portugal.
Una historia casi idéntica se cuenta con Isabel de Portugal, también conocida como Isabel de Aragón (1271-4 de julio de 1336), quien fue la sobrina nieta de Santa Isabel de Thuringia. Casada con el libertino Rey Denis de Portugal. Ella, como su tía abuela, mostró gran devoción desde muy temprana edad y de igual manera era bondadosa y generosa con los pobres en contra de los deseos de su esposo. Sorprendida un día por su esposo llevando pan en su delantal este se convirtió en rosas. A partir de este incidente, ocurrido en el mes de enero, al cual su marido no encontró explicación alguna le permitió continuar con sus labores benéficas. Esta historia es un poco apócrifa; aunque se cuenta en las historias populares de los santos,8​9​10​

Santa Casilda de Toledo[editar]

Jose Nogales, The miracle of Saint Casilda
Otra leyenda similar es la de santa Casilda de Toledo (d. ca. 1050), hija de un rey musulmán de Toledo, España durante el gobierno del Califato, quien mostraba especial simpatía por los prisioneros cristianos.11​12​ Ella cargaba pan entre sus ropas para alimentar a los prisioneros; un día al ser sorprendida el pan se convirtió en rosas.13​ En la famosa pintura de Santa Casilda por el pintor del siglo diecisiete Francisco Zurbarán, las rosas son visible en el regazo de la Santa; el milagro también es representado por el pintor del siglo diecinueve José Nogales. Aun cuando Santa Casilda murió durante el siglo XI, mucho antes del nacimiento de Isabel de Hungría e Isabel de Portugal, su hagiografía no fue escrita sino hasta tres siglos después de su muerte, y está bastante influida por la de ambas.14​

San Diego de Alcalá.[editar]

Francisco de Zurbarán, Diego de Alcala.
En el siglo XV es contado el mismo milagro en el Franciscano San Didacus de Alcalá, también conocido como San Diego, quien regularmente tomaba el pan de la mesa del monasterio para dárselo a los pobres. Cierto día, partiendo del monasterio con su capa llena de alimento fue acusado y retado a desplegar su capa, milagrosamente los trozos de pan se habían convertido en rosas.15​16​

Nuestra Señora de Guadalupe[editar]

Miguel Cabrera, Juan Diego
La historia de Nuestra Señora de Guadalupe es completamente diferente de las anteriores aunque en esta de nuevo la milagrosa presencia de las rosa en medio del invierno es una señal divina. Esta historia habla de una aparición mariana, Nuestra Señora de Guadalupe, encontrada en un el cuadernillo Nican Mopohua de 1556, que supuestamente sucedió en 1531.17​ La historia habla de un indígena mexicano llamado Juan Diego, a quien la virgen eligió para llevar un mensaje a un obispo indispuesto. “Aquí oiré su llanto, su dolor y remediare y aliviare todos sus múltiples sufrimientos, necesidades e infortunios”. El obispo no creyó en la historia de Juan Diego. El regresó al campo donde la virgen apareció de nuevo dándole el mismo mensaje, Juan Diego volvió con el obispo obteniendo los mismos resultados y con la advertencia de que tenía que llevar pruebas si quería que le creyera. En su cuarta aparición, la virgen guía a Juan Diego a unas “flores de castilla”, las cuales él recoge y guarda en su manto.18​ (la idea de que eran rosas de castilla se agrega posteriormente) esta vez el obispo se convence, especialmente cuando una imagen de la Virgen aparece milagrosamente en el Manto de Juan Diego.19​

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Volver arriba↑ Lafaye, Jacques (1987). Quetzalcoatl and Guadalupe: The Formation of Mexican National Consciousness, 1531-1813. University of Chicago Press. p. 55. ISBN 0521420180. Consultado el 11 de diciembre de 2008.
  2. Volver arriba↑ Klaniczay, Gábor (2002). Holy Rulers and Blessed Princesses: Dynastic Cults in Medieval Central Europe. Cambridge University Press. p. 422. ISBN 0521420180. Consultado el 11 de diciembre de 2008.
  3. Volver arriba↑ Wilson, Jean C. (2004). «'Richement et pompeusement parée': the collier of Margaret of York and the politics of love in late medieval Burgundy». Excavating the Medieval Image: Manuscripts, Artists, Audiences : Essays in Honor of Sandra Hindman. Ashgate. pp. 109-134. ISBN 9780754631439.118.
  4. Volver arriba↑ Maresch, Maria (1931). Elisabeth von Thüringen: Schutzfrau des deutschen Volkes. Bonn: Verlag der Buchgemeinde. p. 220..
  5. Volver arriba↑ Hohberg, Rainer; Weigelt, Sylvia (2006). Brot und Rosen: Das Leben der heiligen Elisabeth in Sagen und Legenden. Wartburg Verlag. ISBN 9783861601838.
  6. Volver arriba↑ {{cita libro|apellidos=Pörnbacher|nombre=Hans|año=2003|título=Die hl. Elisabeth von Thüringen|página=20|editorial=Schnell und Steiner|lugar-publicación=Regensburg|isbn=3795480221|cita=Diese Episode wurde spät erst von Elizabeth von Portugal auf 'unsere' Elisabeth übertragen. . . . Im 19. Jahrhundert erst wurde die Legende durch die Nazarener aus Italien importiert (M. Hartig).
  7. Volver arriba↑ Hartig, Die christliche Kunst (1931). «Die hl. Elizabeth von Thüringen und die deutsche Kunst: Eine ikonographische Studie» 27. pp. 194-223.
  8. Volver arriba↑ «Saint Elizabeth of Portugal». The Portuguese in the United States. Library of Congress. 1998. Consultado el 13 de diciembre de 2008.
  9. Volver arriba↑ «St. Elizabeth of Portugal - July 8». Plinio Corrêa de Oliveira. Tradition in Action. 2008. Consultado el 13 de diciembre de 2008.
  10. Volver arriba↑ Butler, Alban; Michael J. Walsh (1991). Butler's Lives of the Saints. HarperCollins. p. 205. ISBN 9780060692995.
  11. Volver arriba↑ «Burgos». Catholic Encyclopedia. 1914. Consultado el 13 de diciembre de 2008.
  12. Volver arriba↑ «April 9: St. Casilda». Saint of the Day. American Catholic. 2008. Archivado desde el original el 24 de diciembre de 2008. Consultado el 13 de diciembre de 2008.
  13. Volver arriba↑ Husenbeth, Frederick Charles (1860). Emblems of Saints: By which They are Distinguished in Works of Art. Longman, Green, Longman, and Roberts. p. 33.
  14. Volver arriba↑ Weinstein, Donald; Rudolph M. Bell (1986). Saints and Society: The Two Worlds of Western Christendom, 1000-1700. Chicago: U of Chicago P. p. 256. ISBN 9780226890562.
  15. Volver arriba↑ Halavais, Mary H. (1999). «Rev. of La Historia de San Diego de Alcala. Su vida, su canonizacion y su legado by Thomas E. Case». The Journal of San Diego History 45 (4) (San Diego Historical Society). Consultado el 22 de diciembre de 2008.
  16. Volver arriba↑ Tabor, Margaret Emma (1908). The Saints in Arts: With Their Attributes and Symbols Alphabetically Arranged. Frederick A. Stokes. p. 59.
  17. Volver arriba↑ Rodriguez, Jeanette (1996). «Sangre llama a sangre: Cultural Memory as a Source of Theological Insight». Hispanic/Latino Theology: Challenge and Promise (Fortress). pp. 117-33. ISBN 9780800629212.
  18. Volver arriba↑ Cawley, Martinus (1984). Guadalupe: from the Aztec language. CARA Studies of Popular Devotion No. 2: Guadalupan Studies No. 6. Guadalupe Abbey.
  19. Volver arriba↑ «Shrine of Guadalupe». Catholic Encyclopedia. www.newadvent.org. 1914. Consultado el 6 de diciembre de 2008.

Menologio


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Martirio de Eusebio, Eutiquio, Basilio y Nicomedes, miniatura del Menologio de Basilio II, Biblioteca Vaticana
Menologio (del griego μηνολόγιον, de μη, «mes» y νολόγιον, «cuadro, reunión»; latín menologium), también escrito menologion y menologe, es un servicio de libros usados en la Iglesia ortodoxa y las Iglesias orientales católicas, que siguen el rito de Constantinopla.
Desde su origen, menologium significa «mes-conjunto», en otras palabras, es un libro organizado según los meses. Al igual que un buen número de otros términos litúrgicos (por ejemplo, leccionario), la palabra se ha utilizado en varios sentidos muy distintos.
En arte, un menologio es un libro con un catálogo de santos y mártires ordenado por meses, propio del cristianismo ortodoxo; es el equivalente del martirologio católico. Uno de los más importantes por la calidad de sus miniaturas es el Menologio de Basilio II, del siglo x u xi, actualmente en la Biblioteca Vaticana.1​

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • de la Plaza Escudero, Lorenzo; Morales Gómez, Adoración (2015). Diccionario visual de términos de arte. Madrid: Cátedra. ISBN 978-84-376-3441-8.
  • DELEHAYE, Hippolyte: Les ménologes grecs, dans Analecta Bollandiana, 1897.
  • QUENTIN, H.: Les martyrologes historiques, Paris, 1908.
  • NORET, Jacques: Ménologes, synaxaires, ménées. Essai de clarification d’une terminologie, in Analecta Bollandiana, vol.86, 1968, pp. 21-24.
  • BOTTEREAU, Georges: Article Ménologe, dans le Dictionnaire de spiritualité, vol.10, colonnes 1024-1027.

Martirologio romano


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Un martirologio es un catálogo de mártires y santos de la Iglesia católica ordenados según la fecha de celebración de sus fiestas. La palabra procede del griego martyr, «testigo», y logos, «discurso». Es el libro de los aniversarios de los mártires y por extensión de los santos en general, de los misterios y de los sucesos que pueden dar lugar a una conmemoración anual en la Iglesia católica. El orden que siguen los martirologios es el de los calendarios cristianos. La mayoría de los martirios se dio en las diez persecuciones que sufrieron los cristianos por parte del Imperio romano, en concreto, las de Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano. También hubo mártires en misiones a África, Asia o Hispanoamérica y en persecuciones de todas las épocas.

Origen de los martirologios[editar]

De ordinario los calendarios cristianos han precedido y contribuido a la formación de los martirologios. La mayor parte de elementos que intervienen en la formación de los primeros son directa o indirectamente comunes a los segundos, aunque los martirologios tendrán algunos elementos que desconoce el calendario. Esos elementos, comunes o no, son:
  1. Las fiestas de los mártires. La veneración de los mártires nace en torno de sus sepulturas; inicialmente corresponde al culto tributado a los muertos en la antigüedad; los cristianos aportan una novedad, puesto que celebran el dies natalisno como hacían los paganos en el aniversario del nacimiento del difunto sino en la fecha del martirio o del óbito, o en algunos casos de la inhumación (depositio). A mediados del s. II, el Martyrium Polycarpi ofrece un testimonio de la veneración tributada a los mártires: los cristianos de Esmirna manifiestan su intención de celebrar con gozo el primer aniversario del martirio de su obispo Policarpo de Esmirna. Asimismo en el año 250, Cipriano de Cartago ordena que se anote escrupulosamente la fecha de la muerte de los confesores de la fe «a fin de que podamos unir su memoria a la de los mártires».
  2. Las depositiones. En un primer momento se distinguió la Depositio Episcoporum de la Depositio Martyrum. La primera señala las fechas de la inhumación de los obispos y por consiguiente de la conmemoración correspondiente, la segunda las fiestas o aniversarios de los mártires.
  3. La dedicatio ecclesiae. A partir del s. IV se introduce en los calendarios y martirologios la fecha de la consagración de la iglesia. El testimonio más antiguo conocido es el indicado en la Peregrinatio Egeriae: cada año se celebraba el recuerdo de la consagración de la iglesia edificada sobre el Calvario. Esta efemérides se indica en el calendario a veces de forma explícita, otras designando simplemente el nombre del santo titular.
  4. Las traslaciones de las reliquias. El culto de las reliquias se sumó al de los mártires desde el momento en que fueron oficialmente abiertos sus sepulcros para sacar los restos de sus cuerpos o parte de ellos. Las traslaciones fueron muy frecuentes, sobre todo en África. Cuando no coincidían las fechas de la traslación y de la consagración de las iglesias (rito que exigió generalmente la traslación) había lugar a la introducción de una nueva memoria del santo.
  5. Los fundadores de títulos. Desde antiguo se designa el nombre del fundador de la iglesia en los calendarios y martirologios; a menudo el nombre va acompañado de la mención «tituli conditor», y frecuentemente aparece el nombre a solas, lo cual ha dado lugar a errores hagiográficos. El martirologio jeronimiano, por ejemplo, convierte los simples titulares Ciríaco y Eusebio en mártires, evidentemente inexistentes.
  6. Los confesores. Pasadas las épocas de persecución, la literatura cristiana ensalzó la heroicidad en la virtud de los ascetas y de las vírgenes -que sufrían un martirio espiritual incruento- y preparó los espíritus hasta que se llegó a una innovación: los santos no mártires penetraron en la liturgia, y con ello fueron introducidos en los calendarios y martirologios, a continuación de los obispos.

Martirologio Siriaco[editar]

No se trata ya de un simple calendario, sino que es reconocido unánimemente como el martirologo más antiguo que se conoce. El manuscrito Siriaco, está fechado en Edessa (Mesopotamia) en noviembre del 411. Representa la traducción y resumen de un martirologo griego perdido, elaborado entre 362 y 381. Lleva como título: «Nombres de nuestros señores mártires y victoriosos, con las fechas en que recibieron sus coronas». Presenta la lista de nombres de los mártires del Imperio romano y a continuación siguen nombres de santos de Babilonia y Persia.
El martirologio Siriaco guarda una estrecha relación con la obra histórica de Eusebio de Cesarea, a quien incluye entre los santos. El compilador se sirvió además de los calendarios de otras iglesias.

Martirologio Hieronymianum[editar]

Este gran catálogo de mártires y santos de los tiempos antiguos apareció en la primera mitad del s. VI. Fue llamado martirologio jeronimiano sin fundamento real en la tradición, para revestirle del peso de la autoridad de San Jerónimo. Es obra de un desconocido que tradujo del griego al latín el martirologio (perdido) que había dado lugar al martirologio Siriaco, y combinó con este texto las depositio romanas y el calendario de África. El martirologio jeronimiano presenta diversas fiestas que habrían ido introduciéndose en las iglesias locales y que ahora pasaban a engrosar el martirologio: la conmemoración de las dedicaciones de iglesias, los traslados de reliquias, los aniversarios de los titulares o fundadores de las iglesias, los benefactores insignes de las comunidades, los cuales, al igual que los ascetas prestigiosos, empezaron a ser venerados.

Martirologios históricos[editar]

Se acostumbra a llamar así a los martirologios recopilados por diversos autores, a partir del s. VIII, en los cuales los nombres de los santos van acompañados de datos hagiográficos sacados de las pasiones y de otras fuentes literarias. En la base de estos trabajos de compilación está ante todo el martirologio jeronimiano. La denominación con que son conocidos no implica en ninguna manera que su valor histórico sea superior al de los otros. Se distinguen tres grupos: el inglés representado por el martirologio de Beda (m. 735); el grupo lionés con el martirologio lionés (s. IX), el martirologio de Floro de Lyon (m. ca. 860) y el martirologio de san Adón de Viena (m. 875), este último evidentemente tendencioso en el uso de las fuentes en que se inspira; por último el martirologio de Usuardo (m. 877), muy influido precisamente por la obra de Adón.

Martirologio romano[editar]

El papa Gregorio XIII (1572-85), una vez consiguió implantar la reforma del calendario que lleva su nombre, se propuso ya en 1580 la publicación de un martirologio Romano oficial: una edición del martirologio susceptible de recibir su aprobación oficial. Nombró para ello una comisión especial, de la cual César Baronio fue de hecho el miembro más preclaro por su erudición y por su eficacia. Después de haber publicado algunos ensayos parciales, salió a la luz pública en Roma, en 1583, el Martyrologium Romanum ad novam Kalendarii rationem et ecclesiasticae histórice veritatem restitutum, Gregorii XIII Pont. Max. iussu editum. Al año siguiente apareció la primera edición oficial, «para la lectura en el coro», autentificada por la constitución apostólica Emendato del 14 de enero de 1584. El papa impone su uso exclusivo. En 1586 se publicó el Martyrologium Romanum cum notationibus Baronii que contiene las fuentes literarias de que se sirvió Baronio para la realización de su trabajo.
El Martirologio Romano tuvo una acogida calurosa. Las reimpresiones cundieron por todas partes, lo cual acarreó la multiplicación de errores. Las ediciones de Urbano VIII en 1630 y de Inocencio XI en 1681 presentan correcciones críticas más o menos felices e incluyen los nuevos santos. En 1748 aparece una nueva edición que lleva el sello de la autoridad de Benedicto XIV, quien se propuso únicamente corregir la obra de Gregorio XIII; interviene él mismo en persona en el trabajo de corrección; con su autoridad de pontífice, de erudito y de jurista toma decisiones respecto de algunos puntos problemáticos; así, suprime algunos nombres (los de Clemente de Alejandría y Sulpicio Severo, entre otros) y retiene otros que algunos discutían (el papa Siricio, p. ej.), En el siglo pasado, Pío X declara «típica» la edición de 1913; en 1922 se publicó otra edición «corregida» pero muy mal recibida por los eruditos modernos. Bajo Pío XII se reedita el martirologio en 1948 y en 1956.

Reformas del Concilio Vaticano II[editar]

El 29 de junio de 2001 tiene lugar la publicación de una primera edición típica del Martyrologium romanum ex Decreto Sacrosancti Æcumenici Concilii Vaticani II Instauratum auctoritate Ioannis Pauli PP. II promulgatum, promulgado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos mediante el Decreto Victoriam Paschalem Christi y aprobada por Juan Pablo II. Tres años después, se promulgaría una segunda edición típica, mediante el Decreto A Progenie in Progenies, donde se hicieron correcciones y actualizaciones a la primera. Esta segunda edición es la que permanece vigente.

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]