Corinto (
griego Κόρινθος,
Kórinthos) es una ciudad del
Peloponeso en
Grecia, capital de la
unidad periférica de
Corintia.
Tuvo una gran prosperidad desde la época clásica, y allí se encuentra uno de los templos más importantes dedicado al dios
Apolo, con columnas forjadas en una sola pieza y basamentadas en la roca, cosa poco habitual en las construcciones dóricas.
Situación
Está ubicada en el
istmo de Corinto, de unos 6 km de ancho, que une el
Peloponeso con la
Grecia continental, a unos 78 km al oeste de
Atenas y sobre las faldas del monte
Acrocorinto. Según el censo de
2001 es la segunda ciudad más poblada del Peloponeso. Tiene unos 300 000 habitantes.
Sobre este Istmo se construyó el
canal de Corinto (1881-1893), un estrecho pasadizo que sirve de comunicación entre el norte del
Mediterráneo y el
Mar Egeo.
Este estrecho ya había sido ideado por los romanos para ahorrarse unos
600 km de navegación rodeando el Peloponeso, pero no fue sino hasta el
siglo XIX que pudo llevarse a cabo. Su puerto principal es el Lequeo, en el
golfo de Corinto, que da salida al
Mar Jónico y a través de él al
Mar Adriático.
Historia
Periandro Περίανδρος (circa 627-585 a. C.).
Según la
mitología griega, la
Antigua Corinto fue fundada con el nombre de
Éfira por
Sísifo,
quien fue su primer rey, y con sus sucesores (inicialmente sus hijos
Glauco y Ornitión) se hizo una ciudad especialmente próspera y poderosa.
Ornitión continuó la dinastía hasta su derrocamiento por los dorios.
Es allí donde
Medea y
Jasón se refugiaron, después de que Medea hubo organizado la muerte de
Pelias.
En el
siglo VIII a. C.
se hizo independiente. La ciudad se llamaba Efira, y más tarde su
nombre cambió a Corinto, en una época desconocida, probablemente durante
la conquista doria. El nombre se hace derivar de Corinto, hijo de
Zeus.
El
heráclida
Aletes, hijo de Hipotes es el legendario primer rey dórico de la ciudad
donde los dorios estaban al comienzo una minoría dirigente; los no
dorios fueron admitidos más tarde a la
ciudadanía. Aletes y sus descendientes fueron reyes durante doce generaciones y 327 años, desde el
1074 a. C., según la fecha tradicional (treinta años después de la conquista doria):
- Aletes, reinó 38 años
- Ixión reinó 38 años
- Ageles I reinó 37 años
- Prumnis reinó 35 años
- Baquis reinó 35 años
- Ageles II reinó 30 años
- Eudemos reinó 25 años
- Aristodemo reinó 35 años
- Agemón reinó 16 años
- Alejandro reinó 25 años
- Telestes reinó 12 años
- Autómenes reinó 1 año
Según Pausanias, Primnis fue el último descendiente de Aletes, y Baquis inició una nueva dinastía también heráclida, pero
Diodoro Sículo dice que todos fueron descendientes de Aletes, pero que Baquis fue tan célebre que su nombre se dio a la dinastía Baquíada.
Autómenes decidió abolir la
monarquía de acuerdo con las doscientas familias principales y elegir un
pritano anual. Los
Baquíadas siguieron gobernando de esta manera durante 90 años más, hasta que fueron derrocados por
Cípselo con la ayuda de las clases bajas, en
657 a. C. Estrabón alarga el período unos doscientos años, probablemente incluyendo el período monárquico.
La fecha tradicional lo sitúa entre el
747 a. C. y el
657 a. C. Los corintios fundaron durante el período Baquíada muchas ciudades: Molicria en el istmo,
Siracusa (hacia el 734 a. C.),
Córcira (hacia el
733 a. C.) y otras. Fue una gran potencia marítima ya que según
Tucídides los corintios, en el siglo VII a. C, fueron los primeros en ocuparse de las
construcciones navales con técnicas muy semejantes a las de la época en que él escribió. Según él, el armador corintio
Aminocles habría inventado el
trirreme, construyendo cuatro para los
samios,
1 hacia el año 704 a. C.
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Corinto, ya en la antigüedad, fue una importante ciudad comercial, donde llegaron a establecerse los
fenicios para dedicarse a lo que mejor hacían: el comercio.
Fue una de las primeras ciudades griegas en utilizar la moneda. Éstas
eran muy importantes debido a la actividad principal de la ciudad. Las
primeras de ellas fueron acuñadas en el
siglo VII a. C. Tenían diversos motivos, figuras mitológicas, animales y otras acompañadas de pequeños símbolos que las distinguían.
En esta ciudad se celebraban los
juegos Ístmicos, de similares características a los celebrados en
Olimpia aunque menos famosos que éstos.
Cipselo (
657-
627 a. C.) fue sustituido por su hijo
Periandro (
627-
583 a. C.), que fue protector del comercio y las artes. Siguió fundando colonias:
Ambracia,
Anactorio,
Léucade,
Apolonia de Iliria y otras.
En el 635 a. C. la colonia de Corcira derrotó a su metrópoli en una
batalla naval, pero después fue nuevamente sometida. La única colonia al
este del golfo Sarónico fue
Potidea en la
Calcídica. A Periandro le sucedió su nieto
Psamético que reinó sólo tres años y fue derrocado por los
espartanos que instituyeron un gobierno aristocrático y Corinto fue un aliado permanente de la
confederación lacedemonia.
En un período posterior los corintios rechazaron ayudar a
Cleómenes I, rey de Esparta a restaurar a
Hipias de
Atenas, y enviaron 20
trirremes a Atenas para ayudarla en la guerra contra
Egina.
Pero después de la
Guerras Médicas,
Megara
se alió con Atenas y los corintios entraron en guerra con Megara,
territoro que invadieron, pero fueron derrotados por el estratego
ateniense
Mirónides (
457 a. C.).
Después se firmó la paz, pero la enemistad con Atenas siguió, sobre
todo por la ayuda de ésta a la ex colonia de Corcira, que fue una de las
causas de la
Guerra del Peloponeso. (Véase
Guerra civil de Corcira).
Durante esta guerra la flota peloponesia fue básicamente corintia. Con la
Paz de Nicias del
421 a. C., los corintios no se quisieron sumar e intentaron configurar otra liga con
Argos,
Mantinea y
Élide,
pero pronto volvió a formar alianza con Esparta, que se mantuvo hasta
el final de la guerra. Cuando Atenas se rindió después de la
Batalla de Egospótamos, los corintios y beocios pidieron arrasar la ciudad derrotada, pero el
espartiata Lisandro no lo consintió.
La hegemonía espartana pronto se mostró más opresiva que la
ateniense, de modo que los corintios, junto a los argivos, atenienses y
beocios configuraron una coalición que, sustentada en las profundas
arcas persas, hizo frente al imperialismo espartano en la llamada
Guerra de Corinto
(395-386 a. C.), buena parte de la cual fue dirimida en su territorio.
En el verano de 394 tuvieron lugar dos de las mayores batallas
hoplíticas del mundo griego antiguo, en
Nemea y
Coronea, ambas vencidas «técnicamente» por los
lacedemonios,
que no obtuvieron ventajas estratégicas. En los siguientes años la
Corintia fue sometida a una guerra de depredación y de pillaje que
provocó el estallido de una
stásis o conflicto civil en el seno de la ciudadanía, alentada por los intereses de los estados hegemónicos. Según
Jenofonte,
los argivos aprovecharon esta situación para anexionarse Corinto, pero
más probablemente el filolaconio Jenofonte convirtió en
sinecismo o unión política la presencia de una guarnición militar
argiva en el Acrocorinto, la ciudadela o
acrópolis corintia. De cualquier forma la Paz del Rey o
Paz de Antálcidas,
alcanzada en la primavera de 386 a. C., acabó con cualquier proyecto
argivo de anexión sobre Corinto al evacuar la guarnición del
Acrocorinto; además de permitir el retorno de los exiliados corintios,
obviamente filoespartanos, que procuraron la fidelidad de Corinto hacia
Esparta en los años sucesivos.
En la guerra que siguió entre
Tebas y Esparta, los corintios fueron leales a Esparta, pero el territorio hubo de firmar una paz separada.
La ciudad permaneció independiente bajo gobierno
oligárquico. Timófanes intentó conseguir la tiranía, pero fue muerto por su propio hermano
Timoleón (
344 a. C.). En el año
338 a. C. la ciudad fue conquistada por
Filipo II de Macedonia, que la hizo el centro de la
Liga de Corinto, controlada por él mismo.
Después de la
Batalla de Queronea los
macedonios establecieron una guarnición en el Acrocorinto. Esta guarnición fue sorprendida por el líder de la
Liga Aquea,
Arato, que incorporó Corinto a dicha liga (
243 a. C.).
En
223 a. C., la ciudad fue ocupada por
Antígono III Dosón que la quería como base contra la
Liga Etolia y
Cleómenes. Filipo, hijo adoptivo de Antígono la conservó hasta que fue derrotado en la
batalla de Cinoscéfalas (
197 a. C.) y Corinto fue declarada ciudad libre por los
romanos
y unida a la Liga Aquea otra vez. Una guarnición romana se estableció
en el Acrocorinto. Corinto fue después capital de la Liga y fue allí
donde los embajadores romanos fueron maltratados lo que provocó el
ultimátum del
Senado Romano a la Liga. Derrotada ésta, el
cónsul romano,
Lucio Mummius Achaicus entró en Corinto sin oposición y se vengó de la
ciudad y sus habitantes: los hombres fueron ejecutados y las mujeres y
los niños fueron vendidos como
esclavos; las obras de arte fueron llevadas a
Roma y la ciudad fue saqueada y destruida (
146 a. C.). Continuó despoblada y destruida unos cien años y su territorio fue entregado a
Sición o fue hecho
ager público. El comercio se trasladó a
Delos.
En el año
46 a. C.,
Julio César, decidió reconstruir la ciudad y envió una
colonia
de veteranos y hombres libres (Colonia Julia Corintia o Colonia Juli
Corint o Colonia Julia Corintia Augusta, según las diferentes
inscripciones). La ciudad se recuperó (
44 a. C.) y cuando
Pablo de Tarso la visitó en el
siglo I, era una ciudad importante, capital de la provincia de
Acaya, y residencia del
procónsul de
Acaya Junius Gallio. Pablo de Tarso fundó un grupo cristiano el año
50, al cual dirigió sus epístolas. En el
siglo II, fue visitada por
Pausanias y tenía numerosos edificios. Continuó siendo la capital de la
provincia romana de
Acaya durante todo el
Imperio romano. En
395 fue saqueada por
Alarico I y en
521 fue destruida por un terremoto.
Corinto se caracterizó por la difusión del arte. Pinturas, esculturas de mármol y bronce, y las famosas jarras de
terracota
estuvieron entre las obras que se producían. También fue una ciudad
donde se desarrolló la poesía, pero en cambio no hay noticias sobre sus
oradores.
Los corintios tenían predicamento de ser sexualmente liberales, a los
que contribuía el hecho de tener un puerto con un gran tránsito de
mercancías, y por lo tanto, con gran afluencia de marineros de muchos
lugares. En el santuario de
Afrodita, sito en el Acrocorinto, se practicaba la
prostitución sagrada, y tenía más de un millar de
heteras esclavas.
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El
emperador romano Adriano la embelleció alcanzando gran prosperidad.
Pero tanta opulencia atrajo a otros pueblos para saquear sus riquezas. Estos pueblos fueron los
hérulos en el siglo III, los
visigodos en el
siglo IV y en el
VIII los
eslavos.
Por lo demás, siguió la suerte del resto de Grecia y por tanto perteneció sucesivamente a los
emperadores bizantinos de
Constantinopla. Fue conquistada por los
francos en
1205, luego por los
venecianos y en
1459 por los
otomanos.
Ciudad antigua
La ciudad actual está al noreste de la antigua que estaba situada en el
istmo de Corinto en la prolongación hacia éste de las montañas de Geranea, procedentes del norte y que llegaban de lado a lado. Estaba en el
golfo Sarónico y estaba unida por una vía a
Megara.
Tenía al sur las montañas Oneia y la ciudadela estaba en una roca llamada
Acrocorinto; la parte plana estaba protegida por murallas (
Muros Largos) que protegían la zona hasta el puerto de la ciudad, que estaba en Lecaón y la zona de
Céncreas. La ciudad protegía los tres pasos del istmo. Después del terremoto del
siglo VI que la destruyó se convirtió en un lugar conocido como Gorto, hasta el
siglo XIX cuando recuperó su nombre.
Población
Clitón le da una población, incluyendo la de su territorio, de unos
cien mil habitantes, de los que el 70% habitaban en la ciudad. Había
sesenta mil
esclavos, que probablemente estaban incluidos en el número mencionado de ciudadanos.
Monumentos y edificios
- Acrocorinto
- Suburbio de Craneion (barrio aristocrático).
- Puerto de Lekeion conectado con murallas a la ciudad:
- Puerto de Cenkrea (el puerto del golf Sarónico) que tenía:
- Estatua de Poseidón con tridente y delfín
- Baños de Helena
- Ágora con los templos y estatuas siguientes:
- Artemisa Efesia
- templo de Tiqué (Fortuna).
- Poseidón de bronce
- Estatuas de Apolo Clàrios, Afrodita, Hermes y Zeus
- Estatua de Atenea y las musas
- Templo de Octavia (dedicado a la hermana de Augusto).
- Templo de Atenea Calinitis
- Templo de Apolo (todavía subsisten unas columnas).
- Puerta de Cenkrea
- Puerta de Lekeion
- Puerta de Sició
- Puerta de Tenca
- Fuente de Peirene
- Sisifeion
- Acueducto romano (del tiempo de Adriano, del que quedan unas ruinas).
Restos arqueológicos
Templo griego de Corinto.
De la época griega prácticamente no se conserva nada y los pocos
restos que aún se pueden ver son todos romanos, como las columnas del
templo de Apolo. Entre los restos romanos hay que mencionar algunas
tumbas, los restos de unos baños y un anfiteatro.
Templo de Apolo
Hasta el último decenio del siglo XIX, el único e importante
monumento que se levantaba en la plaza, a los pies del Acrocorinto, era
en realidad un monumento arcaico: un templo
dórico de grandes
columnas monolíticas, actualmente identificado con el templo de
Apolo.
El primero en recordarlo es
Ciriaco de'Pizzicolli di Ancona, famoso navegante, anticuario y humanista que visitó Corinto en
1436.
«Entre muchas ruinas dispersas -escribe en latín- tan sólo permanecen
intactas diez enormes columnas del templo de Juno Corintia con sus
grandes arquitrabes: las columnas tienen un diámetro de siete palmos (1,55 m), los arquitrabes, una longitud de dieciseis palmos (3,54 m)»
En realidad el número de las columnas entonces en pie era mayor de
diez, probablemente trece, como resulta de un añadido del mismo tiempo
de Ciriaco.
En la descripción de una jornada de viaje contenida en el
Codice Ambrosiano C 61, atribuida a un tal Domenicus Brixianus y fechada en torno al 1470, se dice además:
«En Corinto, hacia el golfo de Patrás,
había edificios antiguos, muros gruesos de piedras cuadradas. Quedan
ahora en pie unas doce o catorce columnas de mármol y bastante grandes,
colocadas a escuadra»
.
Un monumento tan grande, el templo griego más grande del Peloponeso,
no podía escapar a la atención de los diversos viajeros que visitaron
Grecia en los siglos siguientes. Le Sieur Du Loir, que estuvo en Corinto
antes de
1654, e incluso
Jacques Spon y
George Wheler, que la visitaron en
1676, encontraron un templo con doce columnas en pie (once del
peristilo más una columna aislada en la zona del
opistodomos.
Templo de Apolo de Corinto.
Julien David Le Roy, que la vio poco después, probablemente exagera
cuando dibuja el templo con catorce columnas (trece más una). Cuando J.
Stuart visitó el edificio en
1776, se habían añadido pequeñas habitaciones turcas, pero todavía permanecían en pie once columnas del peristilo y una más aislada.
A. Blouet, sin embargo, que visitó Corinto en
1828 con la expedición científica francesa a
Morea,
sólo vio en pie siete columnas del peristilo, las que permanecen hoy.
Aquella aislada o había sido demolida o se había desplomado antes de
1875. Las otras cuatro habían sido reducidas a fragmentos por el gobernador turco antes de
1818 para construir una casa.
El coronel inglés W.M. Leake, a quien se deben importantes
publicaciones sobre monumentos de Grecia, es el primero que lo ubica
temporalmente en la mitad del siglo VII a. C. y que lo identifica,
aunque erróneamente, con el templo recordado por Pausanias, de Atenea
Calinitis, la diosa del freno porque había proporcionado a
Belerofonte un freno para domar a
Pegaso.
El primer estudio científico del monumento se debe al célebre arquitecto y arqueólogo alemán W. Dörpfeld en
1886.
Clarificó parcialmente la planimetría y la forma del templo, examinó
las restauraciones de la época romana, y lo atribuyó, dado que la
cella estaba dividida en dos, a dos divinidades, con la exclusión de Atenea Calinitis.
Diez años después, la Escuela Americana de estudios clásicos de
Atenas inició la excavación del templo, dirigida por R. B. Richardson.
El área fue completamente explorada entre 1896 y 1901, y tras la primera
campaña Richardson podía ya proponer la identificación del templo como
el de Apolo, identificación que actualmente se considera cierta, tomando
como base la descripción de Pausanias y a los monumentos vecinos, como
la fuente de Glauce y el teatro romano.
Su datación ya está confirmada en torno al
540 a. C., por algunos fragmentos de cerámica encontrada entre los desperdicios acumulados al hacer los bloques.
El templo de Apolo, erguido sobre una altura que dominaba el ágora, era de grandes dimensiones, 21,5 por 53,8 m, y
períptero, es decir, rodeado de una fila de columnas (28), seis en los lados cortos, 15 en los largos.
Cada columna era de un solo bloque y tenía 7,2 m de altura. En el interior de la columnata se abría la
naos, precedida de una
pronao y seguida del
opistodomos, con dos columnas cada uno, entre las antas, y una doble cella, cuya cubierta venía sostenida por dos filas de columnas.
El refinamiento y lo imponente de la construcción vienen evidenciados
por el uso de las correcciones ópticas, que aparecen por primera vez en
un
templo griego, curvando hacia arriba el
estilóbato, tanto en los flancos como en el frente.
La exploración de la zona ha demostrado igualmente que en el mismo
lugar se había levantado antes un templo todavía más arcaico, del siglo
VII a. C.
Santuario de Hera
Termas romanas de Corinto.
Remontando el Golfo de Corinto hacia el norte se llega a la península de
Perachora, que diversas fuentes antiguas recuerdan como sede del santuario de
Hera Akraia (
ákron significa promontorio).
Algunos restos antiguos sobre una pequeña bahía en el extremo de la península fueron examinados ya en
1844 por el arqueólogo francés
Philippe Le Bas.
Más tarde, entre
1930 y
1933, la Escuela Británica de Atenas puso al descubierto los restos más importantes del santuario, con una publicación de
Humfry Payne y
Thomas Dunbabin.
En la zona de la reducida bahía se han identificado restos inciertos
de un primer templo, tal vez con ábside (en el depósito votivo se han
hallado algunos modelos de terracota que presentan edificios absidiales)
de edad gemétrica (siglos
XI-VIII a. C.), probablemente destruido cuando Corinto ocupó la región, anteriormente dependiente de
Megara. Resulta incierta, en cambio, la existencia de un segundo y vecino templo arcaico dedicado a Hera Akraia.
Los restos de un recinto o de un templo rectangular del siglo
VII a. C., con un hogar para el fuego sagrado aparecieron en una colina
cercana, pero posiblemente se tratase de un edificio destinado a
ceremonias religiosas o a guardar ofrendas, la inscripción sobre un vaso
votivo parece probar que este lugar estaba dedicado a Hera Limenia (
limen, puerto).
El santuario de Hera Akraia consiguió importancia hacia finales del
siglo VI a. C. De esta época son los restos de un nuevo templo (10 x 31
m) y de un gran altar con triglifos. Más tardío, de finales del siglo
IV a. C., resulta un pórtico en L, con columnas dóricas en la planta
baja y jónicas en la superior.
El santuario perdió toda importancia, si es que no resultó destruido, con la conquista romana de Corinto, el
146 a. C., y Pausanias no lo recuerda.
Los numerosos hallazgos votivos encontrados, sobre todo de
época arcaica,
incluyen pequeñas esculturas de bronce, estatuillas de terracota,
marfiles, vasos con dibujos de las diversas partes de Grecia, Corinto
incluido.
De una antigua laguna proceden unos 200 platos de bronce y abundante
cerámica. Dunbabin supone que allí tenía su sede un antiguo
oráculo de Hera, ya mencionado por
Estrabón.
Templo de Poseidón
Algunas columnas dóricas aparecidas en la fortaleza bizantina ya habían hecho sospechar al francés Monceaux (
1883) que bajo la fortaleza se debía hallar el templo del dios
Poseidón; pero sus excavaciones y otros trabajos posteriores no dieron resultado.
Como se dedujo posteriormente, la fortaleza había sido construida con
material del santuario, no lejos de allí y que, por tanto había sido
destruido hasta los mismos cimientos.
Sólo en
1952 la
universidad de Chicago, siguiendo las excavaciones en la zona al oeste de la fortaleza, de acuerdo con la
Escuela Americana de Atenas, tuvo la suerte de encontrar, ya en la primera trinchera, los cortes en la roca correspondientes a los cimientos del templo.
Contemporáneamente, el servicio arqueológico griego iniciaba, un poco
más al sur, la excavación de un largo muro de técnica ciclópea, que
posteriormente se reveló de fragmentos cerámicos, correspondiente a la
época micénica (
siglo XIII a. C.) y que demostraba la antigüedad de la zona.
Del primer templo de Poseidón, uno de los más antiguos templos dóricos, erigido probablemente hacia el
700 a. C. y posiblemente destruido durante las
guerras médicas,
quedan pocos restos seguros entre los pertenecientes a la posterior
construcción del siglo V a. C.: pequeños fragmentos de piedra del lugar y
tejas de cobertura, aparte de los cortes de los cimientos.
La precisión del trabajo arqueológico ha permitido conocer la forma y tamaño e, incluso, intentar una reconstrucción gráfica.
El templo tenía forma de rectángulo muy alargado (unos 40 por 14 m),
los muros de la cella eran de piedra estucada y pintada con dibujos y un
peristilo
de siete columnas de madera sobre los lados menores y 19 sobre los
mayores. Una fila de columnas recorría también el interior de la cella y
de la pronaos antiestante.
Durante las excavaciones aparecieron muchos objetos votivos
pertenecientes al templo, figuras de bronce, y fragmentos de un centenar
de cascos. Un gran
perirranterios, es decir, una copa de agua para
libaciones, sostenida por figuras femeninas y cuyo estilo nos remite al
650 a. C., constituye un excelente ejemplo de la
escultura griega arcaica, todavía relacionada con el
arte dedálico.
Arte corintio
La tradición literaria asigna a Corinto un lugar preeminente en el campo artístico.
Por lo que se refiere a la arquitectura, un pasaje de
Píndaro le atribuye la invención del
frontón triangular y se supone, aunque con discrepancias, que en Corinto nacieron el
friso dórico y las
metopas ornamentadas.
Ciertamente, en
Corfú, que fue
colonia de Corinto, ha aparecido el más antiguo frontón hasta ahora conocido, el de la
gorgona ricamente decorado en
altorrelieve; y las primeras metopas aparecidas en
Etolia, con temas de
Termón y
Calidón, parecen presentar estrechas analogías con las pinturas corintias.
Existe bastante menos información sobre la escultura en mármol y
piedra. Las excavaciones de Corinto no han supuesto ninguna aportación
particularmente significativa.
La colosal estatua de Zeus bañada en oro y que, según Pausanias, fue obsequio de los
Cipsélidas a
Olimpia, evidenica la habilidad de los artesanos locales en el trabajo de los metales, aunque el famoso
bronce corintio, tan ensalzado por los romanos, parece pertenecer a una época muy posterior.
También se consideran corintios muchos de los vasos, cuencos y
trípodes de bronce hallados en los santuarios de Olimpia y
Dodona, incluso en lugares lejanos como Trebeniste, en
Iliria.
La tradición habla sobre todo, en el campo de la cerámica, de tres
alfareos: Eucheir ("el de las manos hábiles"), Diopos ("el que dirige")
o, según otros ("tubo para nivelar") y Eugrammos ("el del bello
dibujo").
Plinio el Viejo les atribuye la introducción en Italia del arte de modelar.
En el mismo Corinto se han hallado algunos fragmentos de una
Ammazzonomachia y el mismo origen se atribuye al
Zeus con Ganímedes y al grupo de Olimpia que representa a Atenea con los guerreros.
También en Olimpia se encuentra el
Arca de Cipselo, que evidencia la excepcional habilidad de los cinceladores y tallistas de la escuela corintia.
Mayor, sin embargo, parece la importancia conseguida por Corinto en
la pintura. Según Plinio, ésta, o más exactamente el dibujo coloreado,
habría nacido en la localidad griega de
Sición y en la ciudad del istmo.
Entre los pintores arcaicos recordamos a Cleante (autor de un cuadro sobre la
conquista de Troya y de otro sobre el nacimiento de
Atenea de la cabeza de
Zeus, mientras Poseidón ofrece un atún al dios por el parto); a Aregón (autor de una Artemisa sobre un
grifo, a Ecfantos, que habría sido el primero en rellenar de color las figuras, sirviéndose de arcilla machacada.
Cerámica corintia
Vasos protocorintios
Vaso corintio geométrico.
Pintura y
coroplastia van ligadas a la que, en
época arcaica, se había convertido en la mayor industria de Corinto: la fabricación de vasos de arcilla pintados.
A partir de la mitad del
siglo VIII a. C.,
vasos y jarrones fabricados en Corinto, de tamaño, forma y decoración
diversas, pero todos caracterizados por la fina arcilla y por su
esmerada realización, se difunden por doquier, por la costa
mediterránea, desde
España a
Siria y son profusamente imitados en los diversos centros antiguos.
La atribución corintia de todas estas vasijas constituye uno de los
importantes resultados de las excavaciones americanas en el barrio de
los ceramistas y en las necrópolis arcaicas de Corinto.
La más antigua
cerámica geométrica corintia del siglo VIII a. C. (protocorintio geométrico) prefiere, a diferencia de la cerámica geométrica
ática, vasijas de pequeñas dimensiones, en primer lugar la característica
kotyle o
cotila (taza pequeña y profunda de dos
asas) y a la que se añaden otras formas diversas, sobre todo los
oinochoai (
enócoes) de boca trilobulada y el panzudo
aryballos (
aríbalo) para guardar perfumes.
La decoración es muy simple, con múltiples y sutiles líneas paralelas en el cuerpo de la
vasija y adornadas en
zigzag,
con trazos verticales u otros motivos geométricos (a veces figuras
esquemáticas de pájaros) en el reverso. Rarísima vez aparece la figura
humana, como en una famosa
crátera del museo de
Toronto.
Los vasos del protocorintio geométrico siguen a los del protocorintio
orientalizante. Son vasijas más conocidas por el simple nombre de
protocorintias (quien primero les dio esta denominación fue Loescheke,
en
1881), en algún momento también llamadas asiáticas, babilonias, dóricas, egipcias, etc., con arreglo al supuesto lugar de origen.
La cronología relativa a estas vasijas protocorintias, es decir, su
desarrollo estilístico, resulta hoy segura, tras los estudios de H.
Payne y otros, que parten del protocorintio antiguo, siguen con el medio
y el tardío.
Más incierta resulta la cronología absoluta, a menudo basada en la fecha de fundación de las
colonias griegas de Occidente, como
Siracusa o
Selinunte. Los más antiguos vasos protocorintios de aquellas
necrópolis
deberían ser contemporáneos o poco posteriores a la fundación de éstas,
pero, a la hora de decidir las fechas, divergen mucho los autores.
Podemos suponer que la producción se iniciara alrededor del
730 a. C., si no antes tal vez.
Los vasos protocorintios son en general muy pequeños. La forma más frecuente es el minúsculo aríbalo, primeramente panzudo,
ovoide después, luego en forma de pera. También son frecuentes los
kotilai (
cotilas), ocasionalmente transformados en
píxides, añadiéndoles una
tapadera.
No faltan vasos más grandes como los enócoes y los
olpai (
olpes), así como otros pequeños
zoomorfos, o aríbalos, cuyo cuello era una cabeza de mujer o de león.
La decoración en estos vasos pequeños es esencialmente miniaturista y sí se ha hablado de
miniaturismo
protocorintio. Junto a motivos geométricos y decorativos (palmas,
capullos de loto, pequeñas rosas en torno a un punto central) resulta
normal el friso con animales (gallos, peces, pájaros, ciervos y, en una
segunda etapa, leones, panteras, toros) y con seres fantásticos (
esfinges,
quimeras, caballos alados).
Minúsculas figuras humanas aparecen también en escenas de caza o de
lucha, en todo caso, con claro significado mitológico. Incluso en más
amplias escenas narrativas, como en el minúsculo
Aryballos Macmillan, del
Museo Británico de
Londres o en el gran
Olpe Chigi, del
Museo de vía Giulia, de
Roma, entre los grandes ejemplos de la cerámica protocorintia, atribuidos al mismo pintor que Payne proponía identificar con
Ecfantos (actualmente se prefiere llamarlo Pintor del Olpe Chigi).
Las figuras en general son
negras,
con línea de contorno y detalles grabados, sobre el fondo claro del
vaso, pero se añaden retoques purpúreos, después blancos, que en este
estilo
polícromo
recoge una vasta y finísima pluritonalidad, en evidente relación con la
pintura corintia contemporánea; al menos tal como ha llegado a través
de escasos testimonios concretos.
Vasos corintios propiamente dichos
La denominación
vasos corintios ha sido normalmente reservada
por los arqueólogos para designar la cerámica que aparece en los últimos
decenios del siglo VII a. C. y cuyo origen corintio, hace tiempo
supuesto con base en el alfabeto corintio que aparece en sus
inscripciones, resulta hoy confirmado por las excavaciones de la
necrópolis local.
También se acepta, aunque con discusiones, la división propuesta por
Payne (Corinto antiguo, medio y tardío) y resultan abundantes aunque a
veces inciertas, las identificaciones de pintores (de la Esfinge, de los
Leones Heráldicos, de la Quimera, de Dodwell, de Anfiarao, etc.), de
productos del mismo estilo (estilo pesado, delicado, de los puntos
blancos).
Algunas vasijas reciben, excepcionalmente, el nombre del
ceramógrafo. Uno de éstos, Timónidas, es, posiblemente, el mismo que firma una
pinax (pinace) de Penteskouphia.
En el paso del protocorintio al corintio aumenta rápidamente la forma
de los vasos y, por tanto, el tamaño de los frisos de animales, a veces
dispuestos en grupo heráldico, mientras pequeñas rosas (manchas negras
con detalles grabados) rellenan los espacios entre figuras. Esta
voluntad de no dejar vacíos recuerda fatalmente el
horror vacui que de tanto en tanto emerge en el arte, incluso más próximo a nosotros (caso del
Barroco).
Un testimonio más de la paradójica vecindad existente entre estos
ceramógrafos y los temas que posteriormente ejercerían influjo sobre la
producción artística.
El corintio arcaico, en los decenios inmediatos al
600 a. C., es un periodo de gran ornamentación con
alabastra (
alabastrón) de cuerpo esférico sin base y otras formas parcialmente nuevas, como la taza de dos
asas, el
trípode, el plato, el
enócoe de boca redonda (inicialmente trilobulada), la
crátera de columnitas, importada posiblemente de Atenas.
En la decoración, al generalizado friso de animales (a veces
alternados con demonios, guerreros, carros, caballeros si el tema es
épico) se añaden las características figuras de panzudos bailarines vestidos con corta
túnica.
La producción de este género continúa con variantes de forma en el
corintio medio y tardío. Los mejores vasos aparecen adornados con
escenas narrativas, cuyos temas preferidos son la caza, batallas,
banquetes, la partida para la guerra, las hazañas de
Heracles.
En los vasos más grandes e importantes la clara
arcilla corintia aparece ocasionalmente recubierta por un relieve rojo-naranja, a imitación de la
cerámica ateniense y en las figuras se adopta una
policromía particularmente vistosa (negro, rojo,
cárdeno, blanco, incluso amarillo).
La producción de vasos corintios cesa hacia el
550 a. C. y, consiguientemente, su exportación por la costa mediterránea, sustituida por la ateniense.
Las excavaciones han demostrado que continuó la producción cerámica
para el consumo interno, con una producción llamada corintia
convencional, al menos hasta mediados del siglo VI a. C.
En el periodo arcaico el elemento característico es el fondo claro (se ha hablado de
estilo blanco) y el friso de animales viene sustituido por una simple decoración geométrica (meandro, puntos,
zigzag, segmentos de líneas negras o rojas) o vegetal y floreada (
yedra, palmas,
flores de loto, etc.).
También los vasos corintios, al igual que los protocorintios, fueron
objeto de múltiples imitaciones, no siempre fácilmente reconocibles. El
grupo más numerosos está constituido por vasos llamados italocorintios o
etruscocorintios muy frecuentes en las tumbas
etruscas.
Arquitectura civil
Si de la arquitectura religiosa pasamos a considerar la civil del
período arcaico corintio, llama la atención una obra de importancia
fundamental para las comunicaciones interciudadanas del mundo griego: se
trata del
Diolkos, la calzada por la que era transportadas las naves a lo largo del
istmo, parea evitar el largo periplo del Peloponeso.
Véase también
Referencias
Bibliografía
- C. Fornis, Estabilidad y conflicto civil en la guerra del
Peloponeso. Las sociedades corintia y argiva, British Archaeological
Reports I.S. 762,Oxford, Archaeopress, 1999.
- C. Fornis, La guerra de Corinto. Fuentes antiguas e historiografía
moderna, British Archaeological Reports Int. Ser. 1652, Oxford,
Archaeopress, 2007.
- C. Fornis y J.M. Casillas, «Corinto: prestigio y riqueza I (de los
orígenes al s. VIII a. C.)», Revista de Arqueología 159, julio de 1994,
36-43.
- C. Fornis y J.M. Casillas, «Corinto: prestigio y riqueza II (épocas
arcaica, clásica y helenística)», Revista de Arqueología 160, agosto de
1994, 32-43.
Enlaces externos