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viernes, 2 de agosto de 2013

Juan Andrés, Juan.

Canonista español nacido en Xativa, o San Felipe, en Valencia. Tuvo ascendencia mahometana, y llegó a ser cristiano en 1587, ingresando al sacerdocio. A la caída de Granada, Fernando el Católico, le invitó a trabajar en la ciudad en la conversión de los musulmanes. Nuestro personaje escribió una traducción al castellano del Corán y un trabajo titulado “Confusión de la Secta Mahometana” (Sevilla, 1537). Se trata de un trabajo que frecuentemente es citado contra la religión musulmana. La versión inglesa es de Joshua Notstock (Londres, 1652). De conformidad con Fuster, Andrés también fue autor de un raro trabajo titulado “Práctica de Aritmética” (Valencia, 1515; Sevilla, 1537). Fuentes: ANTONIO, Biblioth. Hispana, II, 325; XIMENO, Escritores del regno de Valencia, I, 75.
Thomas Walsh Transcripción de John Orr Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes

miércoles, 17 de julio de 2013

WYCLIFFE, JUAN.

John Wyclif
Jwycliffejmk.jpg
Nombre John Wyclif
Nacimiento 1320
Bandera de Inglaterra Inglaterra, Ipreswell, Hipswell
Fallecimiento 31 de diciembre de 1384
Bandera de Inglaterra Inglaterra, Lutterworth
Ocupación Teólogo, traductor


John Wyclif (AFI:[ˈwɪklɪf], apellidos alternativos: Wiclef, Wycliff o Wickliffe) (Hipswell, Yorkshire, cerca 1320 - Lutterworth, Leicestershire, 31 de diciembre de 1384) fue un traductor, teólogo y reformista inglés que fundó el movimiento que se conoce como Lolardos o Wycliffismo y es considerado por muchos autores como el padre espiritual de los husitas y, en última instancia, de los protestantes. También fue una de las primeras personas en realizar una traducción de la Biblia en latín, conocida como la Vulgata, directamente a una lengua vernácula, en este caso, el inglés, en 1382.1

Índice

Biografía

Su vida se sitúa en la Inglaterra del siglo XIV, donde, tras su formación personal, accederá a la cátedra de Teología en la universidad de Oxford. Al acabar sus estudios, usó sus contactos personales para acceder en 1378 a la Corte Inglesa, siendo el protegido personal del duque de Lancaster Juan de Gante y tutor personal del rey Ricardo II de Inglaterra de 1367 hasta su muerte.
Es en esa época donde inicia sus críticas radicales y polémicas hacia la institución eclesiástica, evitando, en varias ocasiones, y gracias a sus contactos, ser procesado personalmente, por su catalogación de "anticristo" por el propio pontífice romano.
El 19 de febrero de 1377, Wyclif fue llamado por el obispo de Londres, Guillaume Courtenay, para que expusiera su doctrina. El interrogatorio se terminó cuando Juan de Gante, que había acompañado a Wyclif, se encontró en medio de una refriega con el obispo y su entorno. El 22 de mayo de 1377, el papa Gregorio XI publicó numerosas bulas acusando a Wyclif de herejía. En el otoño de ese mismo año, el Parlamento le pidió explicaciones sobre el carácter legal de la prohibición hecha a la Iglesia de Inglaterra acerca de transferir sus bienes al extranjero por orden del Papa. Wyclif confirmó la legalidad de dicha prohibición, y a principios del 1378 fue convocado de nuevo por el arzobispo de Canterbury, Simon de Sudbury. Wyclif recibió sólo una pequeña sanción gracias a sus relaciones privilegiadas con la Corte.
En lugar de retractarse, en 1378 niega la transubstanciación en la eucaristía, lo cual crea un profundo escándalo en la sociedad inglesa, que le supuso su expulsión definitiva de la Corte y de su cátedra universitaria.
Durante el año 1378, Wyclif y sus amigos de Oxford empezaron la traducción al inglés de la Vulgata, desafiando la prohibición de la Iglesia. En 1379, Wyclif repudió la doctrina de la transubstanciación (cambio de la sustancia del pan y del vino en la sustancia del cuerpo y la sangre de Jesucristo). Esta toma de posición tan atrevida suscitó tal reprobación que Juan de Gante le retiró su apoyo. Wyclif envió, a partir de 1380, a sus discípulos, a los que llamaban los pobres predicadores, a las ciudades para que dieran a conocer sus tesis religiosas igualitarias. Los predicadores se encontraron, en todas partes, con una gran audiencia, y Wyclif fue acusado de sembrar el desorden social. Sin embargo, no se implicó directamente en la sublevación de los campesinos en 1381, aunque es probable que sus doctrinas influyeran en ellos. En mayo de 1382, Couternay, nombrado arzobispo de Canterbury, llevó a Wyclif ante un tribunal eclesiástico que le condenó por hereje y determinó su expulsión de Oxford. Wyclif se retiró a su parroquia de Lutterworth.
En 1382 el entonces arzobispo de Canterbury, Courtenay, reúne un sínodo para analizar detenidamente las teorías de Wyclif, que son definitivamente condenadas como heréticas, y nuevamente, gracias a sus contactos, se salva de la cárcel en un momento en que sus seguidores, los lolardos, empiezan a surgir.
El duque de Lancaster, el pueblo londinense y, durante un tiempo, las órdenes mendicantes sostuvieron sus ideas que fueron propagadas por Inglaterra por los predicadores itinerantes. Sus ataques contra el papado le costaron la condena de Roma y, en 1384, Wyclif murió totalmente solo.
El Concilio de Constanza declaró a John Wyclif culpable de herejía en 1414 y se ordenó la quema de sus libros, así como la exhumación de su cuerpo y la quema de sus huesos, cuyas cenizas serían tiradas al río Swift a su paso por Lutterworth.

Sus últimos años

El que Wyclif todavía siguiera viviendo en libertad tiene que atribuirse al apoyo continuo de algunos de sus poderosos amigos y a la actitud del parlamento, que todavía no se había convertido en lacayo del nuevo arzobispo. Wyclif centralizó sus actividades en Lutterworth y continuó escribiendo e inspirando a sus seguidores. Fijó su atención particularmente en las acciones del obispo de Norwich, Henry le Despenser, quien se había distinguido durante la revuelta de los campesinos por su valor y dirección en el logro de la derrota inicial de los rebeldes en Norfolk.
Este obispo, orgulloso de su reputación recién ganada, decidió participar en el Cisma papal. En 1383 obtuvo de Urbano VI una bula que le autorizaba a organizar una cruzada en contra de Clemente VII. Rápidamente reunió un ejército por medio de prometer absolución y dar cartas de indulgencia a los que sirvieran bajo su mando. Wyclif ya se había expresado claramente sobre el cisma, y su próximo paso fue escribir un tratado intitulado Against the War of the Clerg (Contra la guerra del clero). Comparó el cisma a dos perros que estuvieran peleando por un hueso. Sostuvo que toda la disputa era contraria al espíritu de Cristo, pues tenía que ver con ganar poderío y una alta posición en el mundo. Dijo Wyclif que el prometer a alguien el perdón de pecados por participar en tal guerra se basaba en una mentira. Más bien, éstos morirían como incrédulos si caían en un combate que de ningún modo era cristiano. La cruzada fue un terrible fracaso, y el obispo anteriormente orgulloso regresó a Inglaterra avergonzado.
Antes, en 1382, Wyclif había sufrido un ataque apoplético que lo había dejado parcialmente incapacitado. Dos años más tarde un segundo ataque lo dejó paralizado y sin habla. Murió unos cuantos días después, el 31 de diciembre de 1384, y fue enterrado en el patio de la iglesia de Lutterworth, donde sus restos permanecieron sin ser tocados por más de 40 años.
Entonces, en 1428, hubo un acontecimiento raro y asombroso y al mismo tiempo vergonzoso. En conformidad con el decreto del Concilio de Constanza emitido 14 años antes, la tumba de John Wyclif fue abierta. Sus restos fueron exhumados y quemados, y las cenizas fueron llevadas al pequeño río Swift, que fluía cerca. Allí las cenizas fueron esparcidas sobre las aguas para que flotaran corriente abajo al río Avon, luego al Severnn y, finalmente, al mar. Los que ejecutaron este acto no le atribuyeron ningún significado simbólico. Sin embargo, los que quisieron consolarse por esta acción de venganza la interpretaron de manera simbólica.

Legado

Exhumación y cremación del cuerpo de John Wyclif en 1428.
Tras su muerte, sus enseñanzas se expandieron con rapidez. Su Biblia, que apareció en 1388, se repartió profusamente por medio de sus discípulos. Sus obras influyeron de manera inequívoca en el reformador checo Jan Hus y en los anabaptistas, así como en la sublevación que él promovió contra la Iglesia. Martín Lutero reconoció, asimismo, la influencia que Wyclif ejerció en sus ideas.
En mayo de 1415, el Concilio de Constanza condenó las herejías de Wyclif y ordenó que su cuerpo fuera exhumado y quemado. Este decreto se llevó a cabo en 1428.
El pensamiento de Wyclif representó una ruptura total con la Iglesia, en la medida en que él afirmaba que existía una relación directa entre los hombres y Dios, sin la intromisión de la iglesia de Roma. Ateniéndose a las escrituras, Wyclif pensaba que los cristianos tenían derecho a dirigir sus vidas sin la intervención del Papa o de sus prelados. Wyclif puso en cuestión las numerosas creencias y prácticas de la Iglesia de Roma, juzgándolas contrarias a las Escrituras. Condenó la esclavitud y la guerra, defendiendo la idea de que la clerecía cristiana tenía que seguir el ideal de la pobreza evangélica, predicada por Cristo y sus apóstoles.

Teorías

Teoría del Dominio

Establece que Dios es el único que posee el dominio y está en todas partes, lo cual es fomentado por la debilidad y el pecado del hombre, cosa que no ocurre en la sociedad perfecta e ideal. En ella, no se necesita de curas ni sacerdotes, pues según él, Dios no precisa de delegados ni intermediarios, una teoría similar a la que después usará Martín Lutero en el siglo XVI en la Reforma protestante.
Así, solamente en Dios está la salvación, pero para él, el dominio no es propiedad, ya que Dios domina y es perfecto, en tanto que la propiedad privada es imperfecta y pecaminosa, y se debe tender a suprimirla. Para Wyclif, la servidumbre y la propiedad privada son imperfectas y fruto del pecado del hombre.

Teoría de la Eclesiología

En 1376 Wyclif defendió la doctrina de "la autoridad fundada en la gracia", según la cual toda autoridad viene otorgada, directamente, por la gracia de Dios y pierde su valor cuando su detentador es culpable de pecado mortal. Para él, la verdadera Iglesia es la iglesia invisible de los cristianos en estado en gracia: Wyclif negaba el principio de la autoridad jerárquica en la Iglesia y preconizaba la designación del Papa por sorteo. Negaba a los curas que habían cometido un pecado mortal la posibilidad de perdonar los pecados. Wyclif declaró, abiertamente, que la Iglesia de Inglaterra era pecadora y culpable de corrupción.
Establece que hay dos iglesias, la visible y la invisible, esta última formada por los predestinados, y que es la auténtica, como afirmará tiempo después Jan Hus. Así, Dios es la causa de esta predestinación y él dispone de todo, según el plan divino, y este predestinado no pierde sus derechos aunque peque, pues ha sido elegido por Dios.
Por otra parte, toda la estructura de la iglesia visible o terrenal es duramente criticada por Wyclif, donde el Papa, la curia, el cardenal, los obispos, los archidiáconos, el oficial, el decano, el rector, el sacerdote, el monje o el clérigo son quienes hunden realmente la iglesia. Afirma que si existe el papel del predestinado por Dios, entonces el papa, que es electo y no eterno, no tiene ningún sentido, y no reconoce su autoridad, por lo que debe desaparecer. Por tanto, expresa una crítica radical contra la autoridad eclesiástica.

Teoría de las Escrituras

Wyclif se inclinó, resueltamente, por el realismo contra el nominalismo, en un debate muy acalorado en el que defendía la vuelta a la Biblia y al agustinismo. Dice que el verdadero y auténtico poder está en las Sagradas Escrituras (la Biblia), y no en la Iglesia. Esta es la teoría del "biblicismo", donde está la salvación, la revelación y la autoridad, de forma que la salvación viene directamente de Dios, sin intermediarios, y solamente resaltando el valor único de la Biblia, como fuente única de poder. No juzga a la iglesia, sino que, novedosamente, antepone directamente la autoridad suprema de la Biblia a la eclesiástica, como revelación divina.
Son de su autoría:
  • De domino divino (1375),
  • De officio regis,
  • De veritate scripturae (1378) y
  • De potestate papae (1379).

Referencias

  1. Steinmetz, Sol (2008). Semantic Antics. New York: Random House Reference. ISBN 0375426124.

Enlaces externos

jueves, 30 de mayo de 2013

CASIANO, JUAN.

 File:Cassianus portret.gif
Juan Casiano (Johannes Cassianus)
Padre de la Iglesia
Nacimiento Entre 360 y 365
Escitia Menor
Fallecimiento ca. 435
Marsella (Francia)
Venerado en Iglesia Católica
Iglesia Ortodoxa
Festividad 23 de julio en diócesis de Marsella y 29 de febrero en la Iglesia griega ortodoxa

Juan Casiano o Cassiano (Entre 360 y 365 - ca. 435). Sacerdote, asceta y Padre de la Iglesia. Nació en la actual Dobruja en Rumanía, en la desembocadura del Danubio, aunque es seguro que se formó en Belén y vivió durante siete años como eremita en el desierto de Egipto. Posteriormente recibió el diaconado en Constantinopla de manos de san Juan Crisóstomo, y fue ordenado sacerdote en Roma por el papa Inocencio I.
Hacia 415 fundó la Abadía de San Víctor de Marsella, formada por dos monasterios, uno masculino y otro femenino, para los que escribió sus escritos más importantes: las Institutiones, en las que expone las obligaciones del monje y examina los vicios contra los que ha de estar prevenido; y sus veinticuatro Collationes o Conferencias, en los que, en forma de diálogos con monjes famosos de la antigüedad —como un complemento a las Institutiones— trata diversos aspectos de la vida monacal, alaba la vida eremítica e indica que la vida ascética es la mejor vía para luchar contra el pecado.
Predicó mucho sobre la sexualidad. En la V Conferencia, divide el pecado de la fornicación en tres tipos: el primero consiste en la «conjunción de los dos sexos» (commixtio sexus utriusque); el segundo se comete «sin contacto con la mujer» (absque femineo tactu), lo que llevó a Onán a la condenación; el tercero es «concebido por el pensamiento y el espíritu». 
Por ser el origen de todos los demás pecados, la pareja que forman la gula y la fornicación debe ser arrancada, como si fuese «un árbol gigante que extiende su sombra a lo lejos». En el sistema filosófico de Casiano aquí radica la importancia ascética del ayuno como medio para vencer la gula y atajar la fornicación. Esa es la base del ejercicio ascético.
La fornicación es entre los ocho pecados fundamentales el único que, por ser a la vez innato, natural y corporal en su origen, hay que destruirlo totalmente, como es necesario hacerlo con los vicios del alma, que son la avaricia y el orgullo. Se impone, pues, la mortificación radical que nos permita vivir en nuestro cuerpo previniéndonos de las inclinaciones de la carne. «Salir de la carne permaneciendo en el cuerpo». La castidad era el centro del sistema de Casiano, que obligaba al monje a una represión constante en un estado de agotadora vigilia permanente en cuanto a las más mínimas inclinaciones que se pudieran producir en su cuerpo y en su alma. Velar día y noche; durante la noche para prevenirse del día y de día pensando en la próxima noche. Decía Casiano: «Así como la pureza y la vigilia durante el día predisponen a permanecer casto durante la noche, del mismo modo la vigilia nocturna fortalece el corazón y lo pertrecha de fuerzas que ayudarán a mantener la castidad durante el día.» Tal estado de vigilia suponía la puesta en práctica del proceso de «discriminación», que ocupaba el centro de la técnica casiana de autocontrol de la castidad en seis etapas sucesivas, que sigue usando la Iglesia. Casiano consideraba que se había llegado al culmen del progreso de la castidad cuando no se producían poluciones nocturnas involuntarias.
Sus escritos teológicos influyeron en las doctrinas semipelagianas.

Posteridad

San Benito de Nursia recomendó a sus monjes la lectura de los escritos de Juan Casiano, y los utilizó como fundamento para su regla, donde en ciertos pasajes se repiten casi palabra por palabra pasajes de Casiano y la misma regla afirma que debe ser prolongada por las Conferencias de los Padres y sus Instituciones de Casiano.
Hasta ahora, los monjes de Occidente le han apreciado como uno de los principales maestros de la vida monástica y consideran que les ha permitido beneficiarse de la rica experiencia de los primeros monjes de Oriente.
Después de su muerte, el segundo Concilio de Orange, en 529, condenó el semipelagianismo y dio una formulación teológica de la gracia tal como preconizaba san Agustín. El concilio se pronunció contra los que, como Juan Casiano de Marsella, Vicente de Lerins y Fausto de Riez, daban un papel más importante al libre albedrío.
Esto probablemente explica porqué Juan Casiano no haya sido un santo de la Iglesia católica romana, aunque sí se le venera localmente. Algunas localidades cerca de Lérins llevan su nombre y se le guarda a veces la memoria de su fiesta el 23 de julio en estas villas o en Marsella. Sus escritos, sin embargo, han sido leídos ampliamente en los monasterios de Occidente.
Por el contrario, sí figura en el calendario de santos de la Iglesia ortodoxa donde es muy estimado por sus escritos y por sus opiniones sobre la gracia, en las que los ortodoxos se reconocen, mejor que en las de san Agustín, en las posiciones tradicionalmente enseñadas por los Padres ortodoxos. Así es como monjes (y obispos) ortodoxos a menudo llevan su nombre. Su fiesta se celebra el 29 de febrero (o 28 de febrero en años no bisiestos).

Bibliografía

  • San Juan Casiano: Instituciones. Traducción española por L. y P. Sansegundo, Ed. Rialp, col. Neblí n. 15, Madrid, 1957.
  • San Juan Casiano: Colaciones. Traducción española por L. y P. Sansegundo, Ed. Rialp, col. Neblí nn. 19 y 20, Madrid, 1958 y 1962.
  • Michel Foucault: La lucha por la castidad. En Ph. Ariés, A. Béjin, M. Foucault y otros : Sexualidades occidentales. Paidós. Buenos Aires. 1987.

jueves, 12 de julio de 2012

JUAN.

Forma castellanizada del griego Ioannes, trasncripción del nombre hebreo Yohanán o Yehohanán ("Yah[vé] ha concedido favor") que llevan muchos personajes mencionados en los textos hebreos del Antiguo Testamento. Los libros de los Macabeos, el primero de los cuales tan sólo es conocido en su versión griega y el segundo fue escrito directamente en esta lengua, citan a varios Juanes en papeles secundarios de la historia. Entre ellos se puede distinguir:

1. El padre de Matatías que es el origen de la familia de los "Macabeos (1M 2,1)"; se dice de este Juan que era hijo de Simeón y sacerdote de la clase sacerdotal de Yoarib o Yehoyarib (cf. 1 Cró 24,7).

2. El mayor de los cinco hijos del mencionado Matatías. Este Juan, apodado Gadí ("el Afortunado -1M 2,2-)", es llamado por error José en el relato de una campaña de Judas Macabeo contra Nicanor, enl a que recibe al igual que sus hermanos Simón y Jonatán el mando de un cuerpo del ejército (2M 8,22); es posible que él sea, con el Absalón de su época, uno de los dos mensajeros enviados por Judas a Lisias, tutor de Antíoco V, para proponer las condiciones de paz (164 a.C) después de la victoria obtenida en Bet-Sur o Betsur (cf. 2M 11,17). Morirá bajo las órdenes de Jonatán, en un golpe de mano preparado por saqueadores, cuando conducía un convoy al país de los nabateos (1M 9,35-36 -160 a.C-).

3. El padre de Eupólemo, uno de los embajadores enviados por Judas Macabeo a los romanos (1M 8,17); él mismo había obtenido de Antíoco III el Grande, para los judíos, privilegios que fueron abolidos por el sumo sacerdote Jasón (2M 4,11).
Pero el más glorioso entre los Juanes de esta época es el que se convertirá en Juan Hircano.

El Nuevo Testamento tiene también Juanes de segundo plano. Tal es el padre del apóstol Pedro (Jn 1,42; 21,15), y por tanto de Andrés su hermano; se le llama también Iona (Mt 16,17 -Jonás-)". Hay otro que pertenece a la "familia pontifical" reunida en torno a sus jefes, Anás y Caifás, en el seno del Sanedrín ante el cual comparecen los apóstoles Pedro y Juan (Hch 4,6); puede que se trate del que Flavio Josefo designa con el nombre de Jonatás como sucesor de Caifás en el cargo de sumo sacerdote.

Además de "Juan, llamado Marcos (Hch 12,12 y 25; 13; 15,37)", quedan los más emienentes, universalmente conocidos: Juan Bautista y Juan el apóstol.