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lunes, 29 de diciembre de 2014

LA MEDIDA DE HOMBRE.

Y habrá que pensar que la medida de HOMBRE se da cuando una persona posee el espíritu de Dios, un espíritu que le lleva a salvar al hombre, su hermano, en todos los aspectos de su vida.
UN RESUMEN
 
Jesús trae a la realidad de las relaciones entre los hombres lo que él vive en sea propio corazón con Dios: unas relaciones de justicia, de respeto, de fraternidad, de salvación continua. Hay un pasaje en el que Jesús mismo encuentra bien expresada su forma ,de ver, de ser y de actuar. Es éste:
 Lc. 4,16: Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para tener la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde está escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres.
Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor» (Is. 61,1).
Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él empezó a hablarles: «Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje.»
 Habrá que traducir tal vez al mundo actual ese lenguaje de liberación a nuestras necesidades, a las tremendas necesidades de nuestro momento, de nuestros próximos. Y habrá que pensar que la medida de HOMBRE se da cuando una persona posee el espíritu de Dios, un espíritu que le lleva a salvar al hombre, su hermano, en todos los aspectos de su vida.
 Lc. 7,22: Les contestó: « Id a contarle a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia. Y dichoso el que no se escandalice de mí.»