
Felipe II no fue el único monarca relacionado con el Ocultismo: María Tudor e Isabel I financiaron numerosas publicaciones de alquimia y astrología; Nostradamus fue admirado y protegido en Francia y sus premoniciones admitidas por los reyes; María de Médicis se dejaba aconsejar por la hechicera esposa de Concino Concini; Rodolfo II de Praga se rodeó de cabalistas, astrólogos y alquimistas; y el mismo Carlos V tuvo a su servicio a Cornelio Agrippa, quien fue encarcelado en los Países Bajos por la publicación de su obra De Occulta Philosophia en 1530.