Mostrando entradas con la etiqueta Sandro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sandro. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de abril de 2016

BOTTICELLI, SANDRO


Vida. Excelso pintor italiano, cuyo verdadero nombre era el de Alessandro Filipepi del Botticelli, n. en Florencia el 1 mar. 1445. Su padre, Mariano di Vanni Filipepi, era propietario en dicha ciudad de una fábrica de curtidos, y Sandro era el menor de cuatro hermanos, con una diferencia de 25 años respecto a Juan, el mayor de ellos, que adoptó al pequeño y le transmitió su sobrenombre de B. Por declaración del padre consta que a los 13 años estaba en la escuela aprendiendo a leer y que su salud era endeble. Hay un periodo confuso tras esta su primera enseñanza, y es el referente al maestro o taller en que realizó su adiestramiento como pintor. Si se ha pensado que su profesor más probable fuera Fra Filippo Lippi - aún sin evidencias documentales-, también se han propuesto los nombres de Pietro del Pollaiuolo y de Andrea del Castagno. Sea como fuere, ya en 1470 debía contar con el suficiente prestigio local como para que se le encargara, en el Tribunal de la Mercantazia, una de las figuras de Virtudes (la de La Fortaleza) completando las pintadas antes por Pollaiuolo. Dos años más tarde es admitido en la Hermandad de Pintores de S. Lucas y en 1473 se sabe que trabajaba para la iglesia de S. María Maggiore. En 1474-75 entra en negociaciones para la decoración del Camposanto de Pisa. Ya mucho antes de esta fecha había entrado al servicio de la familia Médici, datando de años poco posteriores sus mejores y más estelarmente bellas producciones, quizá de 1478, La primavera, y de hacia 1480 El nacimiento de Venus. En 1478 había retratado a los protagonistas de la conjuración de los Pazzi. En septiembre de 1481 es llamado a Roma por Sixto IV para, en unión de Ghirlandaio, Perugino y Cosimo Rosselli, trabajar en la Capilla Sixtina, del Vaticano. Regresó pronto a Florencia, cumplido el encargo, para no volver a salir de su ciudad. En 1486 realizó los frescos de la Villa Lemmi, hoy en el Louvre, y en 1488 el retablo de la Coronación para s. Marcos y la Anunciación de S. María Magdalena dei Pazzi.
      Luego de la muerte de Lorenzo el Magnífico, en 1492, parece operarse en el ánimo de. B. una gran crisis espiritual de configuración y alcance escasamente delimitables. Sí parece cierto que fue profundamente conmovido por el suplicio de Jerónimo Savonarola - del que sería más o menos abiertamente partidario- y desde 1498 en que tiene lugar la ejecución hasta el final de la vida del artista, pasó éste por una indudable depresión nerviosa. Fue enterrado en la iglesia de Ognisanti el 17 mayo 1510, lo que parece indicar que fallecería el día anterior. Con él moría el artista más exactamente lírico, más naturalmente dulce, más conmovedoramente seductor que pueda recordar la historia de la pintura. Sus discípulos y seguidores, como Botticini y Filippino Lippi, pese a sus dotes, se distancian inmensamente de la ternura y de la belleza de B.
      Obra. Él fue la gran luz del quattrocento. Por lo demás, sabemos que nunca quiso contraer matrimonio, que llevaba fama de neurasténico, a veces irritable en grado sumo, con lo que alternaba su normal talante pacífico, y que murió pobre. Se recordará que en 1480 carecía de estudio y que trabajaba «en casa y cuando quería», detalle prebohemio que no encaja precisamente en el talante que, según su obra, gustaríamos de atribuir al egregio artista. Pero abandonemos la casi imposible introspección de este talante y tratemos de buscarlo mediante la maravillosa obra botticelliana. De lo primero que ello nos persuade es de que B. era un pintor literario, y este dictamen (que siglos posteriores y lamentables orientaciones se han encargado de convertir en odioso) es purísimo y glorioso en el caso de B. No en vano aparecía en 1481 el Comentario de Cristóforo Landino, Florentino, a la Commedia de Dante Alighieri, ilustrada la parte dedicada al Infierno con grabados de los dibujos realizados por B. No en vano, tampoco, esa preciosa Primavera, referible al torneo de la misma estación de 1474 del que fuera campeón Giuliano de Médici, es un paralelo al poema de Angelo Poliziano que celebraba dicho torneo o giostra. Del mismo modo, el cuadro de Venus y Marte (Londres, National Gallery), para el que los modelos elegidos fueron Simonetta Vespucci y Giuliano de Médici, parece inspirarse en el mismo poema de Poliziano.
      Naturalmente, había algo más corpóreo que la poesía, y era la sutil belleza de Simonetta, una venus rubia y erguida, exangüe y delicada, una especie de flor nacida en 1453 y muerta, tuberculosa, a los 23 años, en 1476. Su entierro fue una manifestación de duelo en Florencia. Efectivamente, había muerto algo así como un monumento nacional, un monumento vivo, y el que más fiel siguió a la difunta era B. Aparte de su espléndido retrato en el Mus. de Berlín, Simonetta continuaba viva en el prodigioso Nacimiento de Venus, de los Uffizi, la pintura más encantadora y hadeña que es posible imaginar. Sin duda, B. ha leído a Ovidio, como leyó a Dante, pero el sencillo hecho de erguir a una Venus rubia e inocente sobre una concha marina - a este lado, los Céfiros, al otro la ninfa que se apresta a cubrir sus pálidas carnes- no necesitaba de texto impreso en el que inspirarse, sino en el recuerdo vivo de aquella criatura encantadora. Y muchas más reminiscencias de los rasgos de Simonetta continúan apareciendo en ulteriores momentos de la obra botticelliana.
      En fin, y aun sin propósito de agotar en este breve artículo las fuentes literarias del artista, no hay más remedio que referirse a Boccaccio. La novela octava de la jornada quinta del Decamerone, esto es, la historia de Nastagio degli Onesti, fue trasladada por B. a las cuatro preciosas tablas del casone de boda (de boda entre miembros de las familias Pucci y Bini) parece que en 1487. Tres de dichas tablas se encuentran en el Mus. del Prado (la tercera de ellas con alguna colaboración de Bartolommeo di Giovanni) y la cuarta, en que se ve la mano de Jacopo del Sellaio, en la Col. Watney, de Londres; y en todas, la fidelidad al texto boccacciano se olvida ante el primor narrativo y el amor con que el artista lo adereza. De nuevo, en él, lo pintado vence a lo escrito.
      Si el lector entiende que se está tardando en presentar la obra de acento y contenido cristianos de B., ello es justo, ya que su máxima altura de fantasía, lirismo y belleza queda detentada por el suavísimo paganismo de La Primavera y El nacimiento de Venus, pero tampoco hay que olvidar que en los frescos de la Capilla Sixtina, de Roma, las composiciones alusivas a la Purificación del leproso, Tentaciones de Jesús, Escenas de la vida de Moisés y Castigo de Coré, Dathan y Abiron, pese a haber sido pintadas en lugar tan centralmente cristiano como es el Vaticano, quedan lejos de mostrar acendradamente este sentimiento. Estas composiciones carecen de cohesión y, a menudo, el espectador se pierde al tratar de desentrañar el significado de las excesivamente amontonadas escenas. Y lo curioso es que hace bien en perderse, porque lo óptimo de ellas no radica en los temas enunciados, sino en la profusión de grupos de figurantes, en los que aparecen extraordinarios y firmísimos retratos masculinos, gráciles muchachas rubias más o menos parecidas a Simonetta, algún gracioso muchachillo. En suma, B. se ha perdido en la decoración de la capilla vaticana, pero Sixto IV, buen amador del arte, aprueba lo hecho, pese a que muchas de las bonitas muchachas representadas hubieran tenido un marco más adecuado en una escena mitológica o mixta, como en la decoración de la Casa Lemmi, en que esas mismas criaturas, en el cometido de virtudes cardinales o de artes liberales, se acompañaban de Lorenzo Tornabuoni y de Giovanna degli Albizzi.
      Antes de estas composiciones al fresco, B. se había dado abundantemente a la pintura religiosa, ciertamente. Pero la Virgen de la Eucaristía, de hacia 1472 (Boston, Isabella Stewart Gardner Museum), como obra de juventud, aún no representa en su plenitud la característica dulzura del maestro. El S. Sebastián, de 1473 (Mus. de Berlín), ofrece una tiesura, una rigidez, una excesiva tranquilidad, un vasto dibujo de pies que sorprenden. La Epifanía de la National Gallery de Londres, anterior a 1475, procede curiosamente a agrupar un poco precipitadamente muchos personajes, dejando vacía de ellos más de la mitad de la composición circular. Otra Epifanía, la de los Uffizi, de por 1475, y con el valor de presentamos el autorretrato de B., está mejor compuesta, pero siguen interesando más los personajes aislados que el conjunto, mientras que otra versión del mismo tema, de por 1481-82, en la Nacional Gallery de Washington, reparte mejor los grupos y escenifica mucho mejor la acción, con importante colaboración de paisaje. Así llegamos más o menos a 1483, data atribuida a la imponderable Madonna del Magnificaf, en los Uffizi. Sin posible discusión, ésta es la obra maestra en la especialidad religiosa de B. El título exacto debería ser el de Coronación de la Virgen, pues ello están haciendo dos ángeles; pero ha prosperado el más popular ya indicado y que deriva de la primera palabra latina que puede leerse en la página impar del códice que la Virgen oculta parcialmente con su mano. Siendo cuadro todo él de incomparable belleza, proporcionada por el rostro de María y por las cinco juveniles cabezas de muchachos-ángeles (pero ángeles ápteros) en su torno, lo aquí excepcional es la considerable sabiduría compositiva con que el artista ha logrado acomodar el tema a la redondez del fondo, aprovechando a maravilla los ritmos de las cabezas y las manos que sostienen la corona.
      Obsérvese que hasta ahora no hemos elogiado el arte de componer de B., y que una de las versiones atrás citadas de La Epifanía (la de la National Gallery de Londres) también en fondo, tanto hubiera podido ser de enmarque cuadrado o rectangular, ya que no se compenetra con el círculo. Pero no en vano han transcurrido cerca de ocho años, y B. se encuentra en lo mejor de su vida y de su obra. Casi también, en su final, si no contásemos algunas piezas tan característicamente suyas como los frescos de la casa Lemmi o el retrato de Giuliano de Medici, en el Mus. de Berlín. El resto de su labor será demasiado desigual. De por 1494 data un extraño cuadro, La calumnia de Apeles (Uffizi, de Florencia), pieza de convicción humanística, dramática, rica en descompasa- das actitudes,' copiosa también (y creemos que demasiado) en fondos arquitectónicos y estatuarios de pretendida antigüedad clásica, de los que tanto placían a Mantegna. Algo anterior, La desolada (Dereliffa), en la col. Pallavicini, de Roma, es cuadro extraño y singular; parece que no procuraba ser sino símbolo ilustrativo de una novelita toscana muy popular, y, acaso llevado por ese popularismo, B. ha trazado una composición audaz de una sola figura, con mucho fondo, con no menor suspense de drama y soledad, en grado tal que, de no constamos su irrefutable autenticidad, la creeríamos pieza del posromanticismo. Todo ello porque se va acentuando el drama interno de B. Las dos versiones del Santo Entierro, ambas de 1500, una en el Mus. Poldi Pezzoli, de Milán, otra en la Pinacoteca de Munich, tienen poco que ver con la sabida producción de criaturas humanas angelicales, rubias y gráciles a que el artista nos tenía acostumbrados; en lugar de ellas, rostros transidos de dolor, se aseguraría que exagerado, dolor de la conversión de B., ya a mil leguas de Poliziano y de Simonetta Vespucci. Ni siquiera son de mencionar obras de por 1500, las escenas de la vida de Lucrecia y de la vida de S. Zenobio, porque no muestran sino una evidente decadencia conceptiva y ejecutiva.
      Pero no podrían ser olvidadas dos obras sustantivas de la vejez de B. Una, El Nacimiento, de 1500 (Londres, National Gallery), es la pintura más devota de su mano, como también una de las más arcaizantes. No se contenta con llevar una larga rotulación en griego, sino que está plagada de alusiones al martirio de Savonarola y de sus compañeros, el gran trance que motivara la crisis espiritual de B. Y, poco después, ca.1504, La oración del Huerto, en la Capilla Real de Granada, pintura que perspicazmente había sabido comprar Isabel la Católica, consciente de la valía del artista. Esta tabla, las tres mencionadas del Mus. del Prado, y el S. Juan Bautista y el Retrato de Michael Marullo Tarkaniota, uno en el Mus. de Barcelona, otro en la colección de Da Elena Cambó de Guardans, de Barcelona, seis piezas en total, constituyen el tesoro de obras del artista guardadas en España.
      En fin, al acabar esta escueta ficha, no posible de ser redactada sin emoción y sin la veneración debida a uno de los artistas de todo tiempo o siglo que más aladamente han figurado la purísima belleza, parece inútil insistir sobre sus dotes de excepcional colorista o de consumadísimo dibujante, ni tampoco sobre determinados defectos de composición, ya que, sobre aciertos y errores, presidía su genio, como su sentido dulcísimo y tierno de toda imagen. Y B. no es acreedor a más elogios, ya que todos serían vanos. El que merece, el que se labró entre gozos y angustias, entre fiestas y contriciones, es dudoso que encuentre en el vocabulario palabra que lo pueda ensalzar de acuerdo con su hermosura.
     
BIBL. : W. BODE, Sandro Botticelli, Berlín 1921; Y. y ASHIRO, Sandro Botticelli, Londres-Boston 1925; C. GAMBA, Botticelli, Milán 1936; S. BETRINI, Botticelli, Bérgamo 1942; G. C. ARGAN, Botticelli, Ginebra 1957; E. TORMO, Estudio de los Botticelli de España, «Bol. de la Sociedad Española de ExcursionesD XLVI (1942) 1-53; L. VENTURI, Botticelli, Barcelona 1966; C. BO y G. MANDEL, L'opera completa del Botticelli, Milán 1967.

J. A. GAYA NUÑO.

Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

lunes, 10 de marzo de 2014

Sandro Botticelli, Sandro

Fue un famoso pintor florentino. Nació en Florencia alrededor de 1447; murió en la misma ciudad, en 1510. Su nombre en realidad era Allesandro di Mariano Filipepi, siendo su padre Mariano Filipepi, pero se le llama así debido a que fue aprendiz del pintor y artesano del oro, Botticelli. Más tarde fue pupilo de Fray Filippo Lippi y aprendió de su maestro a pintar en la forma ideal de Fray Angélico. A través de la influencia de Verocchio y los hermanos Pollajuoli este idealismo se sumó a la naturalidad de Masaccio. Estas cualidades explican la gran influencia de Botticelli sobre pintores que le siguen. La vida de Botticelli fue muy privada y en su mayor parte bajo circunstancias muy modestas. Sin embargo, sabemos que fue empleado por los Médicis y otras familias florentinas prominentes aproximadamente entre 1483 a 1500. Aunque nunca se inclinó por la frivolidad recibió influencia del espíritu mundano de la era hasta que el poderoso llamado de Savoranola al arrepentimiento hizo surgir su naturaleza moral y guió su energía hacia, lo que parece ahora, caminos totalmente nuevos. Nunca supo cómo cuidar el dinero y murió finalmente en la pobreza. Botticelli era demasiado modesto para firmar y fechar sus trabajos en la mayoría de los casos, por lo que el orden cronológico de sus pinturas debe juzgarse por los lienzos mismos.
1. Madonnas
Botticelli goza por encima de todo, una reputación ganada a pulso como pintor de la Madonna. En estas imágenes la fascinación descansa más en la expresión de la Madre y el Hijo y en la mirada de los rostros de los querubines varones a medio crecer que en la natural sencillez de la pose y composición. Dos de estas pinturas, de forma circular (llamadas tondo, que quiere decir redondas) se han hecho muy famosas. Ambas están en Florencia; una es el "Magnificat", y en el otro el Niño sostiene una granada. Un lienzo circular en Berlín que muestra a la Madonna en el trono y rodeada por ángeles que llevan velas, es caracterizado por un profundo sentimiento religioso. Un número de pinturas pequeñas de la Madonna recuerda a Fray Filippo; otras de tono más severo parecen mostrar la influencia de Verocchio. La expresión del Niño es siempre dulce y encantadora, sin embargo también pensativa, y en ocasiones es una de intensa seriedad. La Madre refrena con santa reverencia su ternura y parece tener un presentimiento de futura pena. Este sentimiento de melancolía pronosticada también se expresa en los ángeles y santos que le sirven. Una pintura de esta Madonna entronizada, con los dos Juanes está en Berlín; dos lienzos en Florencia muestran a la misma Madonna rodeada por numerosos santos. Es obvio que la mirada de melancolía en el rostro de la Madre de Dios tenía una extraña atracción para el pintor. Su autorretrato en la "Destrucción de Core, Dathan y Abiron" muestra su inclinación natural a la intensa seriedad, y en los "Desterrados" ha reflejado la más profunda pena.

2. Sujetos Bíblicos
En 1481 el Papa Sixto IV llamó a comparecer a Roma a Botticelli, junto con otros pintores, para que redecoraran la nueva Capilla Sixtina. Según el biógrafo Visari, hasta debía supervisar toda la obra. Botticelli pintó en la capilla tres frescos que representaban hechos en las vidas de Moisés y de Cristo. Se unen por lo menos siete escenas en la "Vida del Joven Moisés" por lo que la composición carece de unidad. Indudablemente el artista trabajó bajo un sentimiento de limitación. La composición está animada en algunas partes y tiene la intención de provocar sentimientos. La "Destrucción de Core, Dathan y Abiron" está representada en tres escenas. La figura de Moisés aparece aquí con toda la majestad concedida por Dios para el castigo de los rebeldes. Aquí hay una interesante relación entre esta pintura y el "Otorgamiento de las Llaves a Pedro" en el muro opuesto. Moisés en todo su poder es la contraparte de Pedro, a quien se le han confiado las llaves del cielo. Por arriba del fresco sobre la prueba del joven Moisés, Botticelli pintó del Nuevo Testamento la "Tentación de Cristo". El Papa tiene frente a sí esta pintura mientras está sentado en la celebración de la Misa. Extrañamente, el plano frontal de la pintura representa la purificación de un leproso ante una compañía de eclesiásticos y dignatarios seculares y asimismo contiene una alusión al Papa. La explicación de la escena es como sigue: Moisés tuvo que pasar pruebas antes de llegar a ser el líder de su pueblo, al igual que el Salvador tuvo que sufrir con el fin de sanar a la humanidad de la lepra del pecado, al igual que el Papa con el fin de llevar a cabo las misiones de Cristo. Como una alegoría indicadora de esto, la pintura muestra un hospital construido por Sixto IV. Debe reconocerse que el pintor ejecutó la difícil tarea que le fue asignada en la capilla con asombrosa habilidad. Sintiendo la importancia de esta obra, Botticelli llevó a cabo sus diseños casi enteramente por sí mismo; los más pequeños detalles muestran las infinitas dificultades que se tomó. Es estos frescos dio gran espacio a la arquitectura romana, estableciendo así un buen ejemplo de trabajo a los pintores que venían después de él. Pueden hacerse otras menciones acerca de las pinturas bíblicas de Botticelli mencionando el "Nacimiento de Cristo", cuya intención era que fuese una obra en memoria de Savonarola. En esta pintura, mientras que un coro de ángeles alaba a Dios arriba del pesebre, tres ángeles guían abajo a monjes dominicos hacia el Salvador, Cristo, quien había sido proclamado por Savonarola como rey de la ciudad de Florencia. Tenemos también una "Adoración de los Magos" en cuatro ejemplos (Florencia, Londres y San Petersburgo.) Este lienzo está lleno de figuras y tiene un fondo compuesto por arquitectura y paisajes soberbios. La copia en Florencia es famosa por los retratos de los Médicis que contiene, que fueron incluidos según la costumbre de la época. Botticelli produjo dos ejemplos de la "Lamentación de Cristo" en alrededor del año 1500, que están ahora en Munich y Milán. En esta composición la expresión de pena es profunda pero suavizada.

3. Retratos
Entre los veinticuatro retratos de Papas en la Capilla Sixtina, cinco son de Botticelli. En la Iglesia de Ognissanti (N. Del T.: Todos los Santos) en Florencia existe una pintura célebre de San Agustín por Botticelli que está frente a San Agustín, por Ghirlandajo. Existen dos retratos de Giuliano de Médicis y un excelente retrato de una mujer en Francfort.
4. Otros Temas
En la "Celebración de una boda" Botticelli pintó en la villa de Tornabuoni cerca de Fiesole, una escena alegórica representando las Siete Artes y Virtudes rindiendo homenaje a la pareja recién casada. Entre sus pinturas mitológicas se puede mencionar la "Venus", que navega en una concha hacia una isla que ha elegido como hogar.
Otro tema mitológico es "Venus y Marte". Botticelli contribuyó en "Fortaleza" y "Primavera" al estilo alegórico de pintura tan popular en sus días. La "Columna de Apelles", que es de ejecución realista, es esencialmente alegórica.
Muy relacionadas con estas obras están más de noventa ilustraciones para la "Divina Comedia" de Dante, que ha estimulado la imaginación de tantos pintores, desde Giotto hasta Miguel Ángel. Cuatro lienzos en color parecen indicar la intención de llevar a cabo toda la obra en la misma forma después de haber trazado con pluma y lápiz los diseños. La mayoría de las pinturas son apenas delineados o bosquejados. Sin embargo, son de admirarse y formaron una de las principales ocupaciones de los últimos años del pintor. La fidelidad a la naturaleza en el trazado de la figura humana, la expresión contemplativa de los rostros, la dramática animación de la acción y la habilidosa colocación de la perspectiva hace que estos diseños sean un último triunfo de Botticelli.
G. GIETMANN Transcrito por Suzanne Plaisted Traducido por Lucía Lessan