Enoc (a veces transcrito como
Enoch) es, en el libro del
Génesis, del
Antiguo Testamento de la
Biblia, el nombre de varios personajes Bíblicos mencionados en dos
genealogías, y posteriormente por muchos autores
judíos,
cristianos y
musulmanes:
- El primero aparece como primogénito de Caín (quien construyó una ciudad a la que le puso el nombre de Henoc para celebrar su nacimiento). Henoc fue padre de Irad, éste de Mehujael, éste de Matusalén, éste de Lamec quien aparece como el primer polígamo, y éste de Jabal y Jubal.[1]
- El segundo aparece como hijo de Jared, descendiente de Set, hijo de Adán, padre de Matusalén, abuelo de Lamec y bisabuelo de Noé (Génesis 5:18-30). Este «Henoc anduvo con Elohim, y desapareció porque Elohim se lo llevó»;[2] «Por la fe Enoc fue trasladado para no ver la muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó Dios»[3]
- Henoc, hijo de Madián y nieto de Abraham, que habría vivido en el 1700 a. C. aproximadamente.
[editar] Relatos sobre Henoc
Según el
Libro de los Jubileos (texto
apócrifo escrito en tono
midrásico probablemente en el
siglo II a. C. por un
judío fariseo; de la versión
hebrea sólo se conservan los fragmentos encontrados entre los
manuscritos del Mar Muerto; la versión mejor conservada es la
etíope):
Durante trescientos años, Henoc aprendió todos los secretos (del Cielo y de la Tierra) de los bene Elohím (‘los hijos de los Dioses’).[4]
El es el nombre de uno o varios dioses
ugaríticos que fueron importados a Palestina e introducidos en los textos sagrados hebreos.
Por ejemplo, en
Génesis 1:26 se dice: «Entonces Elohím dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza”» y en
Génesis 3:22: «Miren, el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo lo bueno y lo malo». Durante la descripción de la
Torre de Babel (
Génesis
11:7), los Elohím dicen: «Ahora pues, descendamos y confundamos sus
lenguas». Algunos historiadores bíblicos opinan que el judaísmo fue en
un tiempo una religión
politeísta,
hasta que los sacerdotes del dios Yahvéh ganaron el suficiente poder
político y religioso como para declarar un Dios único. Sin embargo,
otros opinan que este término sería usado como un
plural mayestático de un solo Dios.
Los « eran gigantes que habían bajado a la Tierra porque carecían de compañía femenina. Los dioses
El les enviaron para enseñar a la humanidad la verdad y la justicia. En el
Libro de Enoc los hijos de los Elohím son llamados
«Vigilantes» y se les menciona como un grupo de ángeles.
Igualmente, según los
midrashim de
Yalqut Shimoni[5] (la más importante de varias colecciones de
midrashim, realizada en la primera mitad del siglo XIII por
rabí Shimeon Hadarshan de
Fráncfort</ref> y el
Bereshit Rabbati[6] (midrás sobre el
Génesis,
abreviado a partir de un midrás perdido, más extenso, recopilado por
rabí Moshe Hadarshan durante la primera mitad del siglo XI en
Narbona):
Shemhazai y Azael (originalmente Azazel,
‘le fortalece un El’), dos ángeles que gozaban de la confianza de los
Elohím (‘Señores’), preguntaron: «Señores del Universo, ¿no les
advertimos el día de la Creación que el hombre demostraría ser indigno
de Vuestro mundo?». Los Elohím replicaron: «Pero si destruimos al
hombre, ¿qué será de Nuestro mundo?». Los ángeles contestaron: «Nosotros
lo habitaremos». Los Elohím preguntaron: «Pero si descendéis a la
Tierra, ¿no pecaréis incluso más que el hombre?». Ellos suplicaron:
«¡Déjennos vivir allí durante un tiempo y santificaremos Vuestro
nombre!».
Elohím le permitió descender, pero enseguida a los ángeles les venció la lujuria
por las hijas de Adán y se corrompieron mediante el trato sexual. Henoc
dejó constancia no sólo de las instrucciones que recibieron de Elohím,
sino también de su posterior caída en desgracia: antes del fin
disfrutaban indistintamente con vírgenes, matronas, hombres y bestias.
Shemhazai engendró dos hijos monstruosos llamados Hiwa e Hiya,
cada uno de los cuales comía diariamente mil camellos, mil caballos y
mil bueyes. Y Azael inventó los adornos y cosméticos empleados por las
mujeres para pervertir a los hombres. En consecuencia, los Elohím les
advirtieron que liberarían las Aguas de Arriba y así destruirían a todos
los hombres y todas las bestias. Shemhazai lloró amargamente, pues
temía que sus hijos, aunque bastante altos para no ahogarse, murieran de
hambre.
En aquellos días sólo la virgen Ishtahar permaneció casta.
Cuando Shemhazai le hizo proposiciones lascivas, ella se dirigió a los
hijos de los Elohím: «¡Préstenme sus alas!». Ellos accedieron y ella
voló hasta el Cielo, donde se acogió en el Trono de los Elohím, quienes
la transformó en la constelación Virgo (o según otros, las Pléyades).
Al perder sus alas, los ángeles caídos quedaron abandonados en la
Tierra durante muchas generaciones hasta que ascendieron por la escalera
de Jacob y así regresaron a su lugar de origen.
Shemhazai se arrepintió y se situó en el firmamento meridional,
entre el Cielo y la Tierra —cabeza abajo y con los pies hacia arriba—,
donde permanece colgado hasta nuestros días, formando la constelación llamada Orión por los griegos.
Se cree que el escritor griego
Arato (de comienzos del
siglo III a. C.)
también escribió sobre este relato, o su relato aunque diferente
presenta una gran similitud con éste. Cuenta que la Justicia (siempre
virgen, ya que no yacía con nadie), hija de la Aurora, gobernó con
virtud la humanidad en la
Edad de Oro, pero cuando llegaron las Edades de
Plata y de
Bronce
acarreando codicia y masacre, ella exclamó: «¡Ay de esta raza
perversa!» y ascendió al Cielo, donde se convirtió en la constelación
Virgo.
El resto de la narración está tomada del relato de
Apolodoro sobre la persecución de las siete
Pléyades vírgenes, hijas de
Atlante y
Pléyone, que lograron escapar de los abrazos del cazador
Orión transformadas en estrellas.
No obstante, la mayoría de los estudiosos creen que
Ishtahar parece referir a la
diosa babilónica Ishtar, identificada a veces con la constelación Virgo. La creencia popular
egipcia identificaba a Orión, la constelación en la que se convirtió Shemhazai, con el alma de
Osiris.
[editar] Explicación del mito
La explicación de este mito de los gigantes «hijos de El», que ha constituido un obstáculo para los
teólogos, puede estar en la llegada a
Canaán de pastores
hebreos, altos y
bárbaros, aproximadamente en el 1900 a. C. y en su contacto, mediante el matrimonio, con la civilización asiática.
En este sentido, los «hijos de El» se referiría a los propietarios de ganado que veneraban al dios-
toro semita El; «hijas de Adán» querría decir ‘mujeres de la tierra’ (en
hebreo adama), esto es, las agricultoras
cananeas adoradoras de la
Diosa, famosas por sus
orgías y su
prostitución premarital.
Si es así, este acontecimiento histórico se ha mezclado con el mito
ugarítico según el cual el dios
El sedujo a dos mujeres mortales y engendró dos hijos divinos con ellas, a saber
Shahar (‘Aurora’) y
Shalem (‘Perfecto’). Shahar aparece como divinidad alada en el
Salmo 139,9; y su hijo (según
Isaías 14:12) era el ángel caído
Helel.
Las uniones entre dioses y mortales (que generalmente en la mitología provienen de las uniones de reyes o reinas con
plebeyos), ocurren con frecuencia en los mitos del
Mediterráneo y el
Cercano Oriente.
Como el judaísmo posterior rechazó todas las deidades menos su propio
Dios trascendental, y como éste nunca se casó ni asoció con mujer
alguna, Rabbí Shimon ben Yohai se sintió obligado a maldecir, en
Génesis Rabba, a todos los que interpretaban «hijos de El» en el sentido
ugarítico.
De manera evidente, tal interpretación todavía era habitual en el siglo II, y sólo desapareció cuando los
bene Elohím
fueron interpretados como ‘hijos de los jueces’. Elohím podía
significar ‘dioses’ pero también ‘jueces’. Se generó incluso la teoría
de que cuando un magistrado debidamente designado juzgaba una causa, el
espíritu de Él lo poseía: «Yo había dicho: ¡Ustedes son dioses, todos
ustedes, hijos del Altísimo!».
[7]
[editar] Los ángeles acusadores
Según las
Homilías clementinas (
opúsculo cristiano de principios del
siglo III, escrito probablemente en
Siria):
Ciertos ángeles acusadores pidieron permiso al dios Yahvéh Elohím
para reunir pruebas fidedignas de la iniquidad humana, perlas, tinte
purpúreo, oro y otros tesoros, que fueron robados inmediatamente por los
codiciosos hombres. Entonces los ángeles-joyas adoptaron forma humana
con la esperanza de enseñar rectitud a la humanidad. Pero esa asunción
de carne humana les hizo someterse a los apetitos humanos: seducidos por
las hijas de los hombres, se encontraron encadenados a la Tierra y
fueron incapaces de recuperar sus formas espirituales.
Los Caídos tenían unos apetitos tan grandes que Yahvéh Elohím hizo llover sobre ellos maná de muchos sabores diferentes para que no sintieran la tentación de comer carne, alimento prohibido, y excusaran su flaqueza alegando escasez de cereal y hortalizas.
No obstante, los Caídos rechazaron el maná de Yahvéh Elohím, mataron animales para comerlos y hasta probaron carne humana,
contaminando así el aire con vapores nauseabundos. Con las mujeres y
las bestias del campo y el agua, procrearon hijos monstruosos y titanes.
Fue entonces cuando Yahvéh Elohím empezó a pergeñar la destrucción de
Su mundo por medio del Diluvio.[8]
[editar] El ángel Metatrón
Más tarde, el mito hebreo convierte a Henoc en el ángel ayudante y consejero de Jehová Elohím y también en
patrono de todos los niños que estudian la
Torá.
Según el
Sefer Hejalot (midrás sobre los secretos del Cielo, estrechamente relacionado con el
Libro de Henoc):
El sabio y virtuoso Henoc ascendió al Cielo, donde se convirtió en el
principal consejero de Yahvéh Elohím y desde entonces fue llamado Metatron.
Yahvéh Elohím puso su propia corona sobre la cabeza de Henoc y le dio
setenta y dos alas y numerosos ojos. La carne de Henoc se transformó en
llama, los tendones en fuego, los huesos en ascuas, los ojos en
antorchas, el cabello en rayos de luz, y lo envolvió la tormenta, el
torbellino, el trueno y el rayo.[9]
Metatrón sería una corrupción
hebrea del
griego meta-dromos, ‘el que persigue con venganza’, o de
meta ton zronon, ‘cercano al trono’.
Los
setitas (descendientes de
Set) hacían voto de
celibato y llevaban vida de
anacoretas, según el ejemplo de Henoc.
Según el
Génesis 5.22-24, Henoc era un hombre justo, «caminó
con Yahvéh», vivió 365 años, y desapareció, porque Yahvéh se lo llevó
sin que muriera.
El escritor midrásico judío
Bar-Hebraeus escribió:
Henoc fue el primero que inventó los libros y las diversas formas de escritura. Los antiguos griegos declaran que Henoc es equivalente a Hermes Trimegisto, y enseñó a los hijos de los hombres el arte de construir ciudades, y promulgó algunas leyes admirables [...]
Descubrió el conocimiento del zodiaco, y el curso de los planetas; y enseñó a los hijos de los hombres que debían adorar a los Elohim, que debían ayunar, que debían rezar, que debían dar limosnas, ofrendas votivas y diezmos. Reprobó los alimentos abominables y la ebriedad, e instituyó festivales para sacrificios al Sol, en cada uno de los signos zodiacales.
En el
Corán, el
profeta Henoc es conocido como
Idris, y se le describe como sigue:
¡Verdaderamente! Es un hombre de verdad y un profeta. Le elevamos a un alto puesto.[10]
Según el
2 Henoc, texto
apócrifo y
pseudoepigráfico, el dios Yahvé se llevó a Henoc y le transformó en el
ángel Metatrón.
Se dice que el rey
Salomón adquirió gran parte de su sabiduría en el
Libro de Raziel, colección de secretos
astrológicos tallados en
zafiro, que guardaba el
ángel Raziel.
En el capítulo 23 del
2 Henoc, el
Henoc eslavo dice que el dios
El dictó a Henoc su conocimiento cósmico, después designó a los ángeles
Samuil y
Raguil o
Semil y
Rasuil
para que acompañaran a Henoc en su regreso a la Tierra y ordenó a éste
que legara esos libros a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Tal sería
el origen del
Libro de Raziel, que fue entregado, según la tradición judía, por el ángel Raziel a
Adán, del cual pasó a
Noé,
Abraham,
Jacob,
Leví,
Moisés y
Josué antes de llegar al rey Salomón.
Según el
Tárgum sobre el Eclesiastés:
Cada día el ángel Raziel, erguido sobre el monte Horeb, proclama los secretos de los hombres a toda la humanidad y su voz resuena alrededor del mundo.[11]
Un denominado
Libro de Raziel, que data aproximadamente del siglo XII, fue escrito con toda probabilidad por el
cabalista Eleazar ben Judah de
Worms, pero contiene creencias
místicas mucho más antiguas.
[editar] Enoc en el Mormonismo
Para los miembros de
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (conocidos popularmente como "
mormones"), Enoc fundó la ciudad justa de
Sion
en un mundo pecaminoso. Él y los habitantes de toda la ciudad fueron
«trasladados» por Jehová y se esfumaron de la superficie de la Tierra
[12] antes del Gran
Diluvio. Dejaron a
Matusalén y su familia (incluido
Noé) para que gente justa siguiera poblando la Tierra.
[editar] Véase también
[editar] Referencias