domingo, 1 de septiembre de 2013

LA CAPILLA ROTHKO.

Una de las pinturas de la capilla Rothko. Houston, Texas. Una de las pinturas de la capilla Rothko. Houston, Texas.

La capilla Rothko

La capilla Rothko de Houston (Texas, Estados Unidos) es un espacio presidido por catorce pinturas de Mark Rothko (1903- 1970) en las que el autor quiso simbolizar lo sagrado, más allá de toda influencia cultural y de cualquier religión concreta.

Es una capilla pensada para que puedan desarrollarse ceremonias religiosas de todo tipo; por eso no tiene símbolos de ninguna religión. Es un espacio multirreligioso y multiconfesional, un lugar excepcional por su carácter abierto a cualquier forma de culto, a cualquier religión. Fue inaugurada en 1971, un año después de la muerte de Rothko, y se le dio su nombre.

LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES.

 

Este es el nombre del programa adoptado por Naciones Unidas en abril de 2007, con sede en Nueva York, a propuesta del presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero en su intervención ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2004. Surgió como una herramienta para facilitar una alianza entre Occidente y el mundo árabe y musulmán principalmente. Se basa en el diálogo cultural e interreligioso, la cooperación en ámbitos antiterroristas, y la activación de programas que ayuden a corregir las desigualdades sociales y económicas, entre otros aspectos. El plan fue apoyado desde sus comienzos por numerosos gobernantes y jefes de estado de Europa, Asia, América y África. El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se incorporó a esta iniciativa en 2010.
La Alianza de Civilizaciones ha servido como herramienta de trabajo y de gestión para numerosos proyectos cuyo fin último es conseguir la plena convivencia pacífica entre las diferentes maneras de entender el mundo. Para ello se han realizado distintos foros internacionales con la participación de casi un centenar de países y organismos internacionales en torno a una mesa de trabajo y discusión en la que plasmar acuerdos y acciones concretas. El primero se realizó en Madrid en el año 2008.

HACIA UNA VERDADERA IGUALDAD ENTRE RELIGIONES.



La Constitución española recoge la libertad religiosa de modo que no hay ningún obstáculo para que un creyente de cualquier credo cumpla con sus obligaciones religiosas. Pero es cierto que un judío o un musulmán encuentra más dificultades para seguir con sus tradiciones que un católico; por ejemplo, a la hora de preparar el entierro de un ser querido, o en el momento de encontrar un colegio que le asegure la enseñanza de su religión. En la actualidad, gracias a la población inmigrante, quizá sea más fácil que la sociedad y las instituciones españolas favorezcan una mayor libertad y tolerancia con respecto a cualquier credo. En nuestra propia historia contamos con un buen modelo de convivencia que podríamos imitar, el que se dio en Al-Ándalus.

LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS.

Los cantantes Tracy Chapman, Bruce Springsteen, Peter Gabriel y Youssou N'dour durante un concierto promovido por Amnistía Internacional en favor de los derechos humanos. París, diciembre de 1998. Los cantantes Tracy Chapman, Bruce Springsteen, Peter Gabriel y Youssou N'dour durante un concierto promovido por Amnistía Internacional en favor de los derechos humanos. París, diciembre de 1998.
 
El 10 de diciembre de 1948, las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la que se reconocía una serie de derechos a todos los seres humanos, entre los que se encuentra la libertad religiosa.
Las constituciones de los países que pertenecen a la ONU deben proteger estos derechos, y los gobiernos, las instituciones y los particulares deben respetarlos.
Artículo 2

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Artículo 18

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

LA RELIGIÓN, DERECHO FUNDAMENTAL.


Todas las constituciones democráticas declaran este derecho y deben promover el respeto por las diferencias, ya sean culturales o religiosas. En nuestra vida diaria esto significa que nadie podrá ser perseguido por sus creencias religiosas ni tampoco podrá ser obligado a cambiarlas por otras.
Este derecho fundamental también afecta a aquellos que se declaran no religiosos o ateos porque protege el derecho que tiene toda persona a no tener religión.
Pero la libertad de creencia tiene que tener unos límites, ya que ninguna constitución democrática puede permitir que una religión, cualquiera que sea, realice prácticas o defienda puntos de vista que no respeten los derechos humanos y las leyes del país.
Por tanto, por encima de la libertad de religión están los derechos individuales y colectivos de las personas. Deben condenarse y perseguirse las actitudes sexistas, racistas o, en general, delictivas, que sean impulsadas por algunos grupos o personas amparándose en el derecho a la libertad religiosa. Lo que no quiere decir que se condene o persiga a nadie por lo que cree sino por cómo actúa.

EL TIBET, UN CONFLICTO LATENTE.

 

A partir de 1950, la República Popular de China ocupó militarmente el Tíbet. Progresivamente se produjo una fuerte emigración de población desde China a esta zona, a la vez que muchos tibetanos, como el Dalai Lama, optaron por salir del país debido a la persecución a la que fueron sometidos.
Esta situación ha provocado que la identidad tibetana, que estaba basada en el budismo, vaya transformándose tanto por la política antirreligiosa de las autoridades chinas como por la inmigración de población no tibetana desde China al Tíbet.
Frente a esto, muchos budistas tibetanos han sostenido una resistencia no violenta que ha sido reconocida internacionalmente, con la concesión del Premio Nobel de la Paz al Dalai Lama en 1989.
 

EL NACIONALISMO RELIGIOSO SIJ.

 

Los sijs son un buen ejemplo de nacionalismo religioso y, a pesar de ser una minoría en la India, su fuerte implantación en el Punjab les ha llevado a exigir por la fuerza un estado independiente, como el que tuvieron en el siglo XIX hasta que los ingleses los conquistaron tras largas y sangrientas guerras.
En 1984 las autoridades indias mandaron al ejército para que exterminara a los radicales sijs, hecho que determinó unos meses después el asesinato de Indira Gandhi, como venganza de su guardia personal, formada por sijs. La religión es en el caso de los sijs una seña de identidad para una población localizada en los márgenes del mundo indio, un territorio extremadamente conflictivo, que se debate entre mayorías musulmanas e hinduistas.