(heb. Mikmâsh, Mikmâs y MikmâÑ, "oculto [escondido]" o "lugar de almacenaje"). 354. El desfiladero de Micmas. Pueblo cerca de Bet-el (1 S. 13:2), al "oriente de Bet-avén" (v 5) y al norte de Geba (Gabaa; Is. 10:28, 29; 1 S. 14:5). La información detallada ofrecida en estos versículos ha permitido que se identifique el lugar definidamente con la aldea actual de Mukhmâs, a unos 616 m s.n.m. en un monte al norte del 782 angosto y profundo Wâd§ ets-Tsuweinît, a unos 7 km al sudeste de Betel. Este valle, generalmente es reconocido como "el paso de Micmas" (1 S. 13:23), que conduce desde la meseta de Efraín bajando hacia Jericó. Cuando la dominaron los filisteos, en tiempos del rey Saúl, Micmas fue el escenario de un inusual acto de valor de parte de Jonatán: junto con su escudero descendió desde Geba, subió la abrupta pendiente sur deMicmas y tomó a los filisteos por sorpresa, Siguió un momento de confusión que terminó con la huida de ellos (13:5-7, 15, 16; 14:1-31). Cuando Isaías describió el futuro ataque de los asirios a Jerusalén, mencionó a Micmas como una de las ciudades que ocuparían en su marcha (ls. 10:28). Los descendientes de los antiguos habitantes de Micmas regresaron del exilio babilónico con Zorobabel (Esd. 2:27; Neh. 7:31). Se lo menciona como un pueblo habitado por benjamitas en el período postexílico (Neh. 11:31). Jonatán macabeo residió en él durante el s II a.C. (1 Mac. 9:73; fig 354). Mapa VI, E-3. Bib.: FJ-AJ xiii.1.6.
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sábado, 28 de julio de 2012
MICAL o MICOL.
(heb. Mîkâl, "arroyo"). Generalmente se interpreta este nombre como una forma abreviada de Mîkâêl, "Miguel", que significa "¿Quién como Dios?"; pero también es posible que sea el nombre del dios Mekal, documentado por una inscripción encontrada en las excavaciones de Bet-sán. 1. Hija menor del rey Saúl (1 S. 14:49). Cuando su padre descubrió que ella estaba enamorada de David, hizo planes para que ese afecto destruyera al joven. Por lo tanto, la ofreció a David como esposa con la condición de que matara a 100 filisteos, esperando que perdiera su vida en la empresa. Sin embargo, David volvió con éxito de su tarea y en consecuencia le fue entregada como esposa (18:20-28), Cuando David se vio forzado a huir de la ira del rey, Mical le ayudó a escapar (19:11-17). Más tarde, fue dada a otro hombre (25:44). Cuando Abner se acercó a David y le ofreció entregarle las tribus del norte gobernadas por Is-boset, David rehusó negociar con él hasta que se le devolviera a Mical (2 S. 3:12-16). Mical se menciona por última vez cuando despreció a David en su corazón al verlo danzar en público delante del arca cuando era trasladada a Jerusalén (6:15, 16). Sintiendo que él se había degradado, ella lo reprendió (vs 20-22); murió sin tener hijos (v 23). 2. Acerca de laMical de 2 S. 21:8, véase Merab.
MICÁ, MICAYA, MICAYEHU.
En su forma abreviada o completa, este nombre significa "¿Quién es como Dios?". Contando el de los doce "Profetas Menores" clasificados entre los "escritores" sagrados, que es tradicionalmente llamado Miqueas en nuestra lengua, se menciona una quincena de Mica, Micaya o Micayehu en la historia bíblica. Dos de entre ellos tienen en ella un papel más marcado:
El primero, Mica o Micayehu, es un efraimita del tiempo de los Jueces. Tras haber robado 1.100 siclos de plata a su madre (Es decir 12,5 kg aproximadamente. Pero 1.100 significa simplemente mucho: "¡más de mil!"), reconoce su latrocinio y restituye lo robado a la buena mujer, que, tan contenta ante este conmovedor arrepentimiento, sacrifica 200 siclos en un exvoto: un fundidor hace de ellos "una estatua y un ídolo de metal fundido". A pesar de las prescripciones de la Ley (Éx 20,4 y 34,17; Lv 26,1; Dt 4,16 y 23; 27,15; etc) mosaica (cf. Jc 17,6 y 21,25) que parecen poco conocidas en esta época "en que cada uno hacía lo que quería", este exvoto será beatamente honrado en un pequeño santuario familiar (Jc 17,1-5a), sin embargo dedicado a todas luces al culto del verdadero Dios (cf. Jc 17,2b y 3b). Este buen Micá no es muy ortodoxo, pero sí voluntarioso. Su capilla tendrá un efod, (lo que es en rigor aceptable en aquel tiempo), y su sacerdote un hijo de la casa se ocupará del asunto, en espera de mejor cosa (Jc 17,5-6). Lo mejor llega: un levita salido de Belén pasa por allí y Micá lo retiene como servidor de un santuario doméstico (Jc 17,7-13). Pero lo peor también llega. Precediendo una migración hacia el norte, cinco danitas, a la búsqueda de un territorio que convenga a su tribu, hacen etapa en casa de ese mismo Micá. Allí ruegan al levita que interrogue a Dios sobre el éxito de su empresa (Jc 18,1-5), puesto que tiene une efod (cf. Jc 17,5 -conteniendo las "suertes sagradas" utilizadas para la adivinación") (ej.: 1S 23,9-12), y la respuesta es favorable (Jc 18,6). Los cinco tunantes están tan contentos con esta consulta que cuando pasan por el mismo camino, llevando consigo hacia Lais a seiscientos hombres de su tribu, desposeen a Micá no solamente de su efod, sino de su ídolo con su terafín e incluso de su levita; el cual está por otra parte tan contento de un ascenso que hace de él "el sacerdote" de toda una tribu de Israel (Jc 18,11-21) (o casi). Micá intentó recuperar su bien, pero tuvo que renunciar a la persecución (Jc 18,22-26). Y la famosa estatua fue instalada y honrada en el santuario de Lais convertida en Dan (Jc 18,30-31).
Otro Micayehu, llamado también Miqueas, pero que no hay que confundir con el "Profeta Menor" contemporáneo de Isaías, es, sin embargo, él también profeta de renombre pero que no ha dejado ningún escrito, y que vivió un poco antes en el s. IX a.C., bajo Ajab rey de Israel. Éste, aliado con Josafat rey de Judá, proyectaba entonces quitar Ramot de Galaad al rey de Aram. Los cuatrocientos profetas complacientes reunidos en la corte de Samaría le predijeron naturalmente la victoria. Pero Josafat insistió que fuera solicitado un verdadero "profeta de Yahvé".
Seguramente Ajab conocía por lo menos uno, pero le odiaba "porque no profetizaba bien sobre él". Es este Micayehu hijo de Ymla, al que acabó no obstante por consultar. Requerido entre todos los aduladores "que no tienen más que una boca para decir bondades al rey", el buen Micayehu comenzó por ironizar: ¡Adelante! Ramot es vuestra, puesto que todas estas falsas barbas lo anuncian. Es demasiado bello. Ajab desconfía, quiere la verdad: La tendrá: sus profetas cortesanos mienten; Yahvé ha decidido su pérdida (1R 22,3-25). El epílogo no tiene sorpresa; Micayehu es arrojado a un calabozo; Ajab va al combate... en el que muere el mismo día (1R 22,26-37).
Queda una docena aún de personajes bíblicos conocidos bajo ese nombre que evoca al Dios "inigualable"; son de muy desigual interés. No se sabe gran cosa de Micá, que David había recogido muy niño con su padre Meribaal (cf. 2S 9,12), salvo que tuvo cuatro hijos (1Cró 8,34-35; 9.40-41) y fue por ellos antepasado de valientes guerreros (1Cró 8,40). Uno de sus homónimos, descendientes de Uziel (cf. Éx 6,18), sirvió como levita de la clase de los quehatitas en el santuario del mismo rey David (1Cró 23,20; 24,24-25). Otro está citado en las genealogías de Crónicas como antepasado de Beera, notable de la tribu de Rubén, que fue deportado por Teglat-Falasar III (En 732 a.C.; cf. 1Cró 5,5-6). Otro también, llamado Micayahu, es uno de los "jefes de Judá" que el rey Josafat envió con sacerdotes y levitas por las ciudades de su reino para enseñar "el libro de la Ley (2Cró 17,7-9)". Probablemente, no es el propio Deuteronomio el que es así designado en este pasaje: se sabe que su texto, aparentemente perdido hacía siglos, no fue encontrado en el Templo hasta la época de Josías (2Cró 34,14-30); un cierto Abdón o Acbor, hijo precisamente de un Micá o Micaya (2Cró 34,20 y 2R 22,12), figurará en la delegación entonces dirigida a la profetisa Juldá. Y he aquí, hacia el 604 a.C, un Micayahu en la corte del triste Joaquín: es el hijo de Guemarías, que disponía en las dependencias del Templo de la habitación donde Baruc leyó públicamente el rollo de los oráculos de Jeremías; habiendo oído esta lectura, el buen Micayahu corrió a informar de ello a su padre y al conjunto de los consejeros del rey que se encontraban en el palacio (Jr 36,11-13).
Se encuentran de nuevo varios Micá o Micaya entre los ascendientes de levitas o sacerdotes en servicio en la comunidad del Retorno: primeramente un antepasado de Uzi, "el jefe de los levitas de Jerusalén", que pertenecía a la clase de chantres tenidos por "hijos de Asaf (Ne 11,22)"; el mismo podría ser el Micaya antepasado del sacerdote Zacarías, trompetista en la procesión que inauguró los baluartes restaurados de la Ciudad Santa (Ne 12,35 o 34 según vers); y quizás también el Micá, padre del levita Matanías "que dirigía la alabanza (Ne 11,17. Llamado "hijo de Zabdi" en el libro de Nehemías, este Micá es probablemente el "hijo de Zicri" y padre de Matanías, que es mencionado por el Cronista; 1Cró 9,15)" en el Templo reconstruido por los repatriados. Quedan un Micá que, en tiempos de Nehemías, cuenta entre los levitas signatarios del compromiso solemne de la comunidad para la observancia de la Ley (Ne3 10,12 u 11 según vers), y un Micaya nombrado como Zacarías entre los sacerdotes provistos de trompetas para la dedicación de las murallas (Ne 12,41).
El libro de Judit, en fin, tiene su "Micá", considerado hjo de Ozías de la tribu de Simeón, uno de los ancianos de la ciudad mítica de Betulia, a quien es presentado Ajior (Jdt 6,15 u 11 según vers).
El primero, Mica o Micayehu, es un efraimita del tiempo de los Jueces. Tras haber robado 1.100 siclos de plata a su madre (Es decir 12,5 kg aproximadamente. Pero 1.100 significa simplemente mucho: "¡más de mil!"), reconoce su latrocinio y restituye lo robado a la buena mujer, que, tan contenta ante este conmovedor arrepentimiento, sacrifica 200 siclos en un exvoto: un fundidor hace de ellos "una estatua y un ídolo de metal fundido". A pesar de las prescripciones de la Ley (Éx 20,4 y 34,17; Lv 26,1; Dt 4,16 y 23; 27,15; etc) mosaica (cf. Jc 17,6 y 21,25) que parecen poco conocidas en esta época "en que cada uno hacía lo que quería", este exvoto será beatamente honrado en un pequeño santuario familiar (Jc 17,1-5a), sin embargo dedicado a todas luces al culto del verdadero Dios (cf. Jc 17,2b y 3b). Este buen Micá no es muy ortodoxo, pero sí voluntarioso. Su capilla tendrá un efod, (lo que es en rigor aceptable en aquel tiempo), y su sacerdote un hijo de la casa se ocupará del asunto, en espera de mejor cosa (Jc 17,5-6). Lo mejor llega: un levita salido de Belén pasa por allí y Micá lo retiene como servidor de un santuario doméstico (Jc 17,7-13). Pero lo peor también llega. Precediendo una migración hacia el norte, cinco danitas, a la búsqueda de un territorio que convenga a su tribu, hacen etapa en casa de ese mismo Micá. Allí ruegan al levita que interrogue a Dios sobre el éxito de su empresa (Jc 18,1-5), puesto que tiene une efod (cf. Jc 17,5 -conteniendo las "suertes sagradas" utilizadas para la adivinación") (ej.: 1S 23,9-12), y la respuesta es favorable (Jc 18,6). Los cinco tunantes están tan contentos con esta consulta que cuando pasan por el mismo camino, llevando consigo hacia Lais a seiscientos hombres de su tribu, desposeen a Micá no solamente de su efod, sino de su ídolo con su terafín e incluso de su levita; el cual está por otra parte tan contento de un ascenso que hace de él "el sacerdote" de toda una tribu de Israel (Jc 18,11-21) (o casi). Micá intentó recuperar su bien, pero tuvo que renunciar a la persecución (Jc 18,22-26). Y la famosa estatua fue instalada y honrada en el santuario de Lais convertida en Dan (Jc 18,30-31).
Otro Micayehu, llamado también Miqueas, pero que no hay que confundir con el "Profeta Menor" contemporáneo de Isaías, es, sin embargo, él también profeta de renombre pero que no ha dejado ningún escrito, y que vivió un poco antes en el s. IX a.C., bajo Ajab rey de Israel. Éste, aliado con Josafat rey de Judá, proyectaba entonces quitar Ramot de Galaad al rey de Aram. Los cuatrocientos profetas complacientes reunidos en la corte de Samaría le predijeron naturalmente la victoria. Pero Josafat insistió que fuera solicitado un verdadero "profeta de Yahvé".
Seguramente Ajab conocía por lo menos uno, pero le odiaba "porque no profetizaba bien sobre él". Es este Micayehu hijo de Ymla, al que acabó no obstante por consultar. Requerido entre todos los aduladores "que no tienen más que una boca para decir bondades al rey", el buen Micayehu comenzó por ironizar: ¡Adelante! Ramot es vuestra, puesto que todas estas falsas barbas lo anuncian. Es demasiado bello. Ajab desconfía, quiere la verdad: La tendrá: sus profetas cortesanos mienten; Yahvé ha decidido su pérdida (1R 22,3-25). El epílogo no tiene sorpresa; Micayehu es arrojado a un calabozo; Ajab va al combate... en el que muere el mismo día (1R 22,26-37).
Queda una docena aún de personajes bíblicos conocidos bajo ese nombre que evoca al Dios "inigualable"; son de muy desigual interés. No se sabe gran cosa de Micá, que David había recogido muy niño con su padre Meribaal (cf. 2S 9,12), salvo que tuvo cuatro hijos (1Cró 8,34-35; 9.40-41) y fue por ellos antepasado de valientes guerreros (1Cró 8,40). Uno de sus homónimos, descendientes de Uziel (cf. Éx 6,18), sirvió como levita de la clase de los quehatitas en el santuario del mismo rey David (1Cró 23,20; 24,24-25). Otro está citado en las genealogías de Crónicas como antepasado de Beera, notable de la tribu de Rubén, que fue deportado por Teglat-Falasar III (En 732 a.C.; cf. 1Cró 5,5-6). Otro también, llamado Micayahu, es uno de los "jefes de Judá" que el rey Josafat envió con sacerdotes y levitas por las ciudades de su reino para enseñar "el libro de la Ley (2Cró 17,7-9)". Probablemente, no es el propio Deuteronomio el que es así designado en este pasaje: se sabe que su texto, aparentemente perdido hacía siglos, no fue encontrado en el Templo hasta la época de Josías (2Cró 34,14-30); un cierto Abdón o Acbor, hijo precisamente de un Micá o Micaya (2Cró 34,20 y 2R 22,12), figurará en la delegación entonces dirigida a la profetisa Juldá. Y he aquí, hacia el 604 a.C, un Micayahu en la corte del triste Joaquín: es el hijo de Guemarías, que disponía en las dependencias del Templo de la habitación donde Baruc leyó públicamente el rollo de los oráculos de Jeremías; habiendo oído esta lectura, el buen Micayahu corrió a informar de ello a su padre y al conjunto de los consejeros del rey que se encontraban en el palacio (Jr 36,11-13).
Se encuentran de nuevo varios Micá o Micaya entre los ascendientes de levitas o sacerdotes en servicio en la comunidad del Retorno: primeramente un antepasado de Uzi, "el jefe de los levitas de Jerusalén", que pertenecía a la clase de chantres tenidos por "hijos de Asaf (Ne 11,22)"; el mismo podría ser el Micaya antepasado del sacerdote Zacarías, trompetista en la procesión que inauguró los baluartes restaurados de la Ciudad Santa (Ne 12,35 o 34 según vers); y quizás también el Micá, padre del levita Matanías "que dirigía la alabanza (Ne 11,17. Llamado "hijo de Zabdi" en el libro de Nehemías, este Micá es probablemente el "hijo de Zicri" y padre de Matanías, que es mencionado por el Cronista; 1Cró 9,15)" en el Templo reconstruido por los repatriados. Quedan un Micá que, en tiempos de Nehemías, cuenta entre los levitas signatarios del compromiso solemne de la comunidad para la observancia de la Ley (Ne3 10,12 u 11 según vers), y un Micaya nombrado como Zacarías entre los sacerdotes provistos de trompetas para la dedicación de las murallas (Ne 12,41).
El libro de Judit, en fin, tiene su "Micá", considerado hjo de Ozías de la tribu de Simeón, uno de los ancianos de la ciudad mítica de Betulia, a quien es presentado Ajior (Jdt 6,15 u 11 según vers).
viernes, 27 de julio de 2012
MEUNITAS, MAONITAS.
Verosímilmente edomitas que ocupaban una u otra vertiente de la Arabá. Se les ve aliados con los moabitas combatidos por el rey Josafat (2Cró 20,1 y 22-23), después sometidos por Azarías-Ozías (2Cró 26,7-8). En tiempos aún de Ezequías, clanes de la tribu israelita de Simeón habrían desposeído a los meunitas de sus pastos (1Cró 4,41). Quizás se trata más precisamente de aquellos que estaban establecidos en la región de Maán o Maón, al este de la futura Petra de los nabateos. Esdras y Nehemías incluyen "hijos de meunitas" entre los netinim que volvieron del Exilio en los primeros convoyes de repatriados; con Zorobbel (Esd 2,50; Ne 7,52). Aquéllos serían descendientes de prisioneros de guerra, o de mercenarios reclutados entre las poblaciones sometidas (cf. Nm 31,30; Esd 8,20), y dados como servidores a los levitas del Templo.
MESULÉMET.
Nombre femenino que tiene la misma significación que Mesulán. Es el de la madre del rey Amón de Judá (hacia el 642-640 a.C). Se dice que es hija de un cierto Harus, y originaria de Yorba (2R 21,19):hoy khirbet Djebar, en Galilea, situado a una veintena de kilómetros al norte de Nazaret.
MESULÁN.
Este nombre, cuyo sentido puede ser "recompensado" o "reemplazado", es el de una veintena de israelitas que no hacen más que una aparición furtiva en el texto bíblico.
Se encuentran dos en las genealogías tribales consignadas por el Cronista: un gadita, instalado entonces en Transjordania (1Cró 5,13), y un benjaminita (1Cró 8,17). En tiempos del rey Josías (hacia 640-609 a.C) existe un Mesulán, levita de la gran familia de los quehatitas (véase Quehat): es uno de los cuatro capataces de los trabajos entonces emprendidos para la restauración del Templo (2Cró 34,12). Sin duda es también el padre del sacerdote Jilquías contado entre los deportados venidos de Babilonia a Jerusalén (1Cró 9,11 y Ne 11,11. El Jilquías presentado como hijo de este Mesulán es verosímilmente el sumo sacerdote en el "año dieciocho de Josías"; cf. 2R 22,3-10); otro sacerdote del mismo nombre, antepasado de un Maasai, repatriado también, parece pertenecer a una generación anterior (1Cró 9,12. Nehemías no menciona este segundo sacerdote llamado Mesulán); más próximo seguramente de la de Mesulán, que era el bisabuelo de Safán, el secretario de Josías (2R 22,3). Del tiempo de los últimos reyes de Judá podría ser también el Mesulán padre de un Salú, benjaminita afincado en Jerusalén al retorno del Exilio (1Cró 9,7); como además un Mesulán de la misma generación que éste según parece, y de la misma tribu (1Cró 9,8).
A esta comunidad del Retorno es a la que pertenecen todos los otros personajes del mismo nombre. Notables: como los hijos de Zorobabel (1Cró 3,19); uno de los compañeros de Esdras, enviado por éste hacia Ido en Casifía para reclutar levitas y netinim voluntarios para la repatriación y ulterior servicio en el Templo reconstruido (Esd 8,16), y que es el mismo sin duda que se vuelve a encontrar al lado de Esdras durante la lectura de la Ley (Ne 8,4); aquel cuya hija se convirtió en nuera de Tobías (Ne 6,18), enemigo jurado de Nehemías, pero que participó en la restauración de las murallas de la Ciudad Santa bajo la dirección del mismo Nehemías (Ne 3,4 y 30), como lo hizo también otro Mesulán de menor notoriedad (Ne 3,6); ni el uno ni el otro probablemente es el que se cuenta en el número de los "jefes del pueblo" llamados a firmar con Nehemías el compromiso solemne de la comunidad sobre la observancia de la Ley (Ne 12,13 y 16); de estos "jefes del pueblo" es también Mesulán el que se opone al repudio por los israelitas de sus esposas extranjeras (Esd 10,15), como pide Esdras, mientras uno de sus homónimos acepta repudiar a la suya (Esd 10,29).
Sacerdotes y levitas, en fin: en tiempos del gran sacerdote Joaquín dos Mesulán son sacerdotes: uno en la familia de Esdras, el otro en la familia de Guinerón (Ne 12,13 y 16); y un Mesulán figura en la lista de los levitas de la misma época responsables de los almacenes del Templo (Ne 12,25). Un tercer sacerdote es de los que firman con Nehemías y los jefes del pueblo el compromiso solemne de la comunidad sobre la observancia de la Ley (Ne 10,7 u 8 según vers); y es quizás el mismo que se encuentra clasificado con los "hijos de sacerdotes" (por tanto, sacerdotes también) provistos de trompetas en uno de los cortejos organizados para la dedicación de la muralla de Jerusalén (Ne 12,33, cf.35).
Se encuentran dos en las genealogías tribales consignadas por el Cronista: un gadita, instalado entonces en Transjordania (1Cró 5,13), y un benjaminita (1Cró 8,17). En tiempos del rey Josías (hacia 640-609 a.C) existe un Mesulán, levita de la gran familia de los quehatitas (véase Quehat): es uno de los cuatro capataces de los trabajos entonces emprendidos para la restauración del Templo (2Cró 34,12). Sin duda es también el padre del sacerdote Jilquías contado entre los deportados venidos de Babilonia a Jerusalén (1Cró 9,11 y Ne 11,11. El Jilquías presentado como hijo de este Mesulán es verosímilmente el sumo sacerdote en el "año dieciocho de Josías"; cf. 2R 22,3-10); otro sacerdote del mismo nombre, antepasado de un Maasai, repatriado también, parece pertenecer a una generación anterior (1Cró 9,12. Nehemías no menciona este segundo sacerdote llamado Mesulán); más próximo seguramente de la de Mesulán, que era el bisabuelo de Safán, el secretario de Josías (2R 22,3). Del tiempo de los últimos reyes de Judá podría ser también el Mesulán padre de un Salú, benjaminita afincado en Jerusalén al retorno del Exilio (1Cró 9,7); como además un Mesulán de la misma generación que éste según parece, y de la misma tribu (1Cró 9,8).
A esta comunidad del Retorno es a la que pertenecen todos los otros personajes del mismo nombre. Notables: como los hijos de Zorobabel (1Cró 3,19); uno de los compañeros de Esdras, enviado por éste hacia Ido en Casifía para reclutar levitas y netinim voluntarios para la repatriación y ulterior servicio en el Templo reconstruido (Esd 8,16), y que es el mismo sin duda que se vuelve a encontrar al lado de Esdras durante la lectura de la Ley (Ne 8,4); aquel cuya hija se convirtió en nuera de Tobías (Ne 6,18), enemigo jurado de Nehemías, pero que participó en la restauración de las murallas de la Ciudad Santa bajo la dirección del mismo Nehemías (Ne 3,4 y 30), como lo hizo también otro Mesulán de menor notoriedad (Ne 3,6); ni el uno ni el otro probablemente es el que se cuenta en el número de los "jefes del pueblo" llamados a firmar con Nehemías el compromiso solemne de la comunidad sobre la observancia de la Ley (Ne 12,13 y 16); de estos "jefes del pueblo" es también Mesulán el que se opone al repudio por los israelitas de sus esposas extranjeras (Esd 10,15), como pide Esdras, mientras uno de sus homónimos acepta repudiar a la suya (Esd 10,29).
Sacerdotes y levitas, en fin: en tiempos del gran sacerdote Joaquín dos Mesulán son sacerdotes: uno en la familia de Esdras, el otro en la familia de Guinerón (Ne 12,13 y 16); y un Mesulán figura en la lista de los levitas de la misma época responsables de los almacenes del Templo (Ne 12,25). Un tercer sacerdote es de los que firman con Nehemías y los jefes del pueblo el compromiso solemne de la comunidad sobre la observancia de la Ley (Ne 10,7 u 8 según vers); y es quizás el mismo que se encuentra clasificado con los "hijos de sacerdotes" (por tanto, sacerdotes también) provistos de trompetas en uno de los cortejos organizados para la dedicación de la muralla de Jerusalén (Ne 12,33, cf.35).
MESÁ.
(heb. Mêshâ [1, 4], de significado incierto; heb. Mêsha [2, 3], "liberación", "seguridad" o "rincón"). 1. Lugar en Arabia que señalaba el límite de las tribus árabes de Joctán (Gn. 10:30); no identificado con certeza. Algunos piensan que es Mesene en el extremo noroeste del Golfo Pérsico, otros lo ubican provisoriamente en otras partes de Arabia. 2. Rey de Moab, que aparece escrito Msh en la Piedra Moabita.* Su padre y predecesor, 777 Quemos-melek, fue vasalio de Israel cuando Omri, rey de Israel (c 885-c 874 a.C.), conquistó Moab y él mismo, rico en ganados, pagaba un tributo anual de 100.000 corderos y la lana de 100.000 carneros (2 R. 3:4). Después de la muerte de Acab (853 a.C.), Mesa negó su lealtad a Israel (1:1; 3:5). Joram, hijo de Acab, después de ascender al trono, intentó someter de nuevo a Moab. Consiguió que Josafat de Judá y un rey no especificado de Edom fueran sus aliados en esta campaña (3:6-9). En lugar de tomar la ruta ordinaria de invasión vía Galaad, los reyes aliados hicieron planes de atacar a Moab desde el sur, marchando a través de Edom, al sur del Mar Muerto. En esta área desértico sus ejércitos sufrieron de falta de agua y casi perecieron. Consultaron a Eliseo, que habría estado con el ejército, y él ordenó que cavaran zanjas y predijo que se les proveería de agua; a la mañana siguiente, ésta bajó al valle y llenó las zanjas. El Señor pudo haberles provisto agua, tal vez por milagro directo o mediante una lluvia imprevista en las montañas, hecho que a veces ocurre en forma tan repentina que los beduinos acampados en los valles han muerto ahogados. A los moabitas que los esperaban, las aguas le parecieron color sangre al sol matutino. Llegaron a la conclusión de que los aliados habían discutido entre sí y que se habían atacado mutuamente. En consecuencia avanzaron en forma descuidada sólo para ser derrotados por los confederados. Los ejércitos victoriosos entraron en la tierra de Moab, destruyeron sus ciudades y sitiaron Kir-hareset (ahora el-Kerak), adonde Mesa se había retirado con el resto de su ejército. Mesa intentó romper la línea de los sitiadores, pero fracasó. En su desesperación, sacrificó a su hijo mayor como un holocausto sobre el muro de Kir-hareset a la vista de amigos y enemigos. Los sitiadores, al ver esto, abandonaron su intento de tomar la ciudad y se volvieron a su tierra (vs 8-27). No es clara la razón por la que levantaron el sitio. Las palabras "hubo grande enojo contra Israel" (v 27) se han interpretado de diversas maneras. Una sugerencia es que el gran sacrificio hecho por Mesa habría despertado a los moabitas a tal extremo de ira que les dio fuerzas sobrehumanas para derrotar a los israelitas. Otra es que las fuerzas de los aliados habrían experimentado alguna calamidad, como una epidemia repentina, que ellos interpretaron como una señal del desagrado de Dios por su campaña. Una tercera es que fue sencillamente el miedo lo que llevó a los sitiadores a abandonar sus esfuerzos por tomar la ciudad. El registro de Mesa sobre la Piedra Moabita no se refiere a esta campaña, sino que su narración se limita a su rebelión y su éxito en ocupar territorios que habían estado en posesión de Israel. MESES DEL CALENDARIO HEBREO Poco después, parece que los moabitas, los amonitas y los edomitas invadieron Judá. 778 En respuesta a un clamor por ayuda el Señor intervino, haciendo que las naciones enemigas se destruyeran unas a otras dando la oportunidad al rey Josafat de obtener una fácil victoria (2 Cr. 20:22-25). 3. De acuerdo con la RVR, un descendiente de Judá por medio de Caleb y antepasado de los habitantes de Zif (1 Cr. 2:42). 4. Benjamita, hijo de Saharaim y de su esposa Hodes (1 Cr. 8:8, 9).
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