Manteniendo
un silencio apofático sobre Dios, el camino de salvación en el budismo apunta
hacia la profunda experiencia mística y guía al hombre desde la conciencia de
la vanidad del mundo hacia una serenidad trascendente. Lejos del puro interés
especulativo Buda proclama su doctrina como "balsa útil para atravesar el
río, pero no para ser conservada". Ofreciendo, con la "recta
visión" del mundo fenoménico, una clave hermenéutica más que un sistema
dogmático, el budismo se presenta como un complemento de las culturas y de las
religiones por medio de la sabiduría intuitiva y otorga la redención, no por
gracia, de una forma pasiva, sino como fruta del esfuerzo indispensable de un
despertar espiritual. El misterio fundamental es la iluminación como apertura
del pequeño ego, prisionero dentro del doloroso ciclo del nacimiento y
de la muerte, a una existencia arraigada en el nirvana. Habiendo recorrido el
primero este camino de liberación, Buda se convierte en modelo y amigo
espiritual (kalyanamitra) de la humanidad.
Todo
lo que fue pronunciado por Buda desde la noche de la iluminación hasta la noche
de su extinción es considerado como palabra sagrada. Las fuentes canónicas se
dividen en tres cestos (Tripitaka), recogidos por la comunidad monástica
después de la muerte de Buda, según la calidad de los textos: el Vinayapitaka
contiene las reglas monásticas; el Sutrapitaka, los discursos
doctrinales, y el Abhidharmapitaka, los textos escolásticos de la
incipiente reflexión filosófica. De las diversas colecciones canónicas sólo
se ha conservado integralmente el Tripitaka de los Theravadin de Sri Lanka
(codificado por el año 80 a.C.)- en lengua pali, un idioma antiguo de la India
del norte. A pesar de la costumbre de Buda de utilizar la lengua corriente,
otros muchos textos se compusieron en sánscrito. El problema del canon original
se estudia actualmente con la aplicación del método histórico-crítico. Al
comienzo del Mahayana se añadieron al canon otras obras compuestas lógicamente
a partir del siglo i a.C., pero que fueron consideradas como revelaciones
posteriores de doctrinas secretas de Buda; entre ellas están los textos de la Prajnaparamita
("suprema sabiduría"), del Avatamsaka Sutra y de Sutra del
Loto, que desarrollan nuevas doctrinas y forman un canon autónomo (vaipulya).
Las grandes colecciones se encuentran en chino y en tibetano y comprenden
hasta 2.184 obras en la edición última y más autorizada del Taisho
Tripitaka, impresa en Japón en 55 volúmenes (1924-1929). Los tibetanos
distinguen en su canon, codificado por Buston (1290-1364), entre la
"palabra del Buda" (bKa kyur, 1.055 textos) y las obras
escolásticas (bsTan kyur, , 3.962 textos).
De
la simple fórmula "yo me refugio en Buda, yo me refugio en Dharma, yo me
refugio en el Sangha", que desde los tiempos antiguos constituye el
símbolo de fe, brotan los valores principales (triratna, tres joyas) de
la salvación, es decir: la persona del "guía de los hombres y de los
dioses" (Buda), el cuerpo de las doctrinas (Dharma) y la comunidad
(Sangha), dividida en monjes y laicos.
2.
La biografía de Buda constituye, en el conjunto de los datos legendarios y de
los datos históricos, un relato salvífico. Según la mitología, Shakyamuni se
inserta en una gigantesca serie de salvadores, uno para cada una de las edades
del mundo (kalpa, ciclo de generación-existencia-destrucción del
cosmos). Precedido por otros innumerables Budas y seguido de su sucesor Maitreya
en el próximo ciclo cósmico, Shakyamuni se preparó como bodhisattva (ser
destinado a la budidad o iluminación) en muchas existencias precedentes
mediante la acumulación de inmensos méritos para salvar a la humanidad actual
y predestinó todas las condiciones de su vida histórica. Con esta absoluta
soberanía se hace hombre para cumplir su firme decisión de guiar a los hombres
fuera de la esclavitud de la muerte y de los renacimientos.
Shakyamuni
Gautama (el sabio de la tribu de los Sakya, de la familia Gautama) nació por el
566 a.C. en Lumbini, cerca de Kapilavastu, en el actual Nepal, de la familia del
príncipe Suddhodana y de la madre Maya. Recibe el nombre de Siddharta. Según
una profecía, habría sido destinado a convertirse en un emperador del mundo o
en un importante personaje religioso. Creció en la vida serena de la corte y a
los dieciséis años se casó con Yasodhara, de la que tuvo un hijo, Rahula (el
"vínculo"). Al no poder sentir satisfacción en la disipada vida de
lujo, Shakyamuni se vio turbado por los problemas existenciales, como la vejez,
la enfermedad y la muerte, y buscó la inmortalidad más allá del ciclo
doloroso del nacimiento y de la descomposición del mundo (samsara). A
los veintinueve años (537 a.C.) dejó a ocultas el palacio para comenzar la
vida de asceta itinerante (sramana) y trató durante seis años, como
muchos de sus contemporáneos, con varios maestros del yoga. Finalmente
comprendió que los esfuerzos sobrehumanos no llevan a un progreso espiritual, y
decidió seguir la "vía media", evitando los extremos del laxismo y
del ascetismo exagerado. Meditando él solo bajo un árbol en BodhGaya, recibió
la iluminación y se convirtió en Buda (el "despertado"). Este
título honorífico indica su nirvana, esto es, la extinción de los aspectos
subyugadores en la absoluta tranquilidad espiritual. Durante aquella noche
sagrada (531 a.C.), Shakyamuni llegó al conocimiento de sus existencias
precedentes, a la certeza sobre el eterno ciclo de nacimiento y muerte de los
seres y a la eliminación de la ignorancia y de la pasión. Finalmente
consiguió la intuición de la ley fundamental del origen condicionado de todos
los fenómenos de la vida (pratityasamutpada). Siguiendo una cadena de
doce causas, analizó la interdependencia de los elementos psicofísicos en el
ciclo de la formación y descomposición de todos los objetos, realizando
personalmente la ruptura de esta concatenación, es decir, la liberación del
nirvana. El gozo inefable de esta experiencia lo llevó, por compasión a los
hombres ignorantes, a la predicación. Comenzando en el parque de los Gamos, en
Benarés, delante de cinco ascetas, compañeros suyos de otros tiempos, su
"Sutra sobre la puesta en movimiento de la ley" (Dharmacakrapravartanasutra),
Buda recorrió durante cuarenta y cinco años las zonas de la India del
norte, predicando y recibiendo discípulos en su orden (Sangha), lo mismo
que otros muchos maestros. A la edad de ochenta años (486 a.C.) murió en
Kusinagara, alcanzando con la disolución de los elementos psicofísicos (skandha)
el nirvana completo "como una llama que se apaga sin residuo".
Tras realizar su mediación salvífica con la indicación del "camino
medio", remite a los discípulos a la suprema autoridad del dharma como
guía futura.
3.
El núcleo de su doctrina (dharma) es un minucioso análisis de la condición
del mundo, que se enuncia en el primer discurso del maestro en Benarés,
mediante las "cuatro nobles verdades": 1) en el mundo todo es dukha;
2) el dukha está causado por el afán (trishna); 3) esta
causa puede ser eliminada en el nirvana; 4) el remedio se encuentra en el "óctuple
sendero". El significado de dukha suele interpretarse de ordinario
como "sufrimiento" en sus diversas formas psico-físicas; en realidad
expresa, más generalmente, la dimensión existencial del hombre en el sentido
de "pasividad" (cf latín pati). El dukha se experimenta
como privación de la actividad incondicionada del hombre y expresa su
contingencia. El término opuesto sería sukha, felicidad absoluta, que
no se realiza nunca en la condición humana, a no ser en la iluminación.
Todo
ser está compuesto de cinco "agregados" (skandha): corporeidad,
sensación, percepción, volición y conocimiento; éstos forman fenómenos
efímeros, en continuo cambio (samsara), impermanentes (anitya) y privados
de todo núcleo de individualidad (anatta, "no-yo'~. En contraste
con el brahmanismo, Buda basa su doctrina en esta teoría de la no-sustancialidad,
comparando el concepto convencional de la personalidad humana con la etiqueta
puesta de modo puramente funcional sobre las diversas partes que forman todas
juntas un carro. En el momento de la muerte no queda un alma personal que
pudiera transmigrar, sino sólo una serie de agregados que renacen continuamente
en nuevas constelaciones. "El mundo está vacío (sunya) de un ello
y de todo lo que pertenece a un ello".
De
todas formas, el origen de los fenómenos se debe al deseo, a la sed de vida que
causa la acción pasional. La cadena de las existencias sigue la ley eterna de
la producción condicionada (pratityasamutpada), según la cual un
conjunto de factores da origen a un ser, fenómeno que se ilustra a menudo con
la analogía de la simultaneidad del fuego y el humo. De la pasión, compuesta
de ignorancia, de afán y de egoísmo, se deriva de forma cíclica la acción (karma),
que lleva a la producción de agregados constitutivos de futura generación.
Puesto que el hombre hereda el fruto de sus acciones sin ser nunca dueño de sus
actividades, todo el interés de Buda apunta a un alto comportamiento ético y,
finalmente, a acabar con el ciclo del samsara, con la eliminación de
toda acción. Si el dukha constituye el horizonte existencial de la
realidad, su abolición (nirvana = extinción de toda producción) induce
a un estado de inefable tranquilidad más allá de las categorías de este
mundo. La interpretación negativa del nirvana se limita al nivel
epistemológico, mientras que de algunos textos se deriva más bien una
concepción positiva del carácter de la última realidad incausada. Más que un
lugar, el nirvana es un estado espiritual que surge con el cese del afán y del
dolor, dando origen a una superación de lo ilusorio y de lo contingente. La
cuarta "noble verdad" presenta el "óctuple sendero
espiritual" para la supresión del dukha en la práctica de la recta
moralidad, de la concentración y de la sabiduría. Mientras que la moralidad
mira a la educación de la conducta social, la concentración meditativa induce
la serenidad de la mente y pone al hombre en disposición de derramar
benevolencia, compasión, alegría simpatética y ecuanimidad con todos los
seres. La sabiduría es la profunda penetración intuitiva de la esencia de los
fenómenos, es decir, la conciencia de su no-sustancialidad y de la ley de la
producción condicionada. Esta última actuación evoca la iluminación
liberadora.
En
círculos concéntricos formados por monjes, monjas y laicos, el Sangha
une a la comunidad mediante la actitud
de entrega mutua de los bienes materiales y espirituales. Puesto que el budismo
no está organizado de forma jerárquica, la tradición doctrinal y social queda
asegurada por el Sangha. La orden monástica conserva desde su misma
fundación una estructura democrática, con una confesión pública regular y un
retiro anual. Con la ayuda de cinco preceptos, los laicos están obligados a
liberarse espiritualmente del mundo y a acumular méritos salvíficos. Su ética
especial y su forma peculiar de culto prepararon la aparición del Mahayana.
4.
La innovación del Mahayana es más bien una reelaboración de ideas germinales
del Theravada que un desarrollo independiente de él. La necesidad popular de un
objeto de culto queda colmada con una progresiva divinización de Buda, y hasta
con nuevos sutras. Shakyamuni es considerado como la manifestación
histórica de los Budas trascendentes, como Amithaba (Amida), los cuales,
refulgentes y misericordiosos, guían a los hombres al paraíso con la energía
divina. La doctrina de los "tres cuerpos" (Trikaya) explica la
absoluta trascendencia de la última realidad como budidad inengendrada e
impersonal (Dharmakaya), perceptible solamente por un Buda; de ella
irradia el "cuerpo de la recompensa" (Sambhogakaya), manifestada
a los bodhisattva mediante la visión mística. El último aspecto del único
Buda es el Shakyamuni histórico, que apareció en el "cuerpo de la
transformación" (Nirmanakaya) para salvar a todos los seres. El
ideal de la dinámica redentiva queda representado en los bodhisattva como
Manjusri y Avalokitesvara ("el señor con la mirada benigna"; en
japonés, Kwannon), cuya asunción en el nirvana se retrasó para que pudiera
ejercer mejor su "gran compación simpatética" (mahakaruna). En
la veneración e imitación de estas figuras altruistas se expresó en Japón el
"budismo de la fe" (Jodo Shin-shu) a partir del siglo XII.
Semejante
a la luna, cuya imagen se refleja en el inmenso océano como en una gota de
agua, el Dharmakaya está presente de forma germinal en el "seno de
budidad" (Tathagatagarbha) de los individuos, lo mismo que en el
principio del cosmos. Su naturaleza es la shunyata ("vacuidad': todo
existe solamente en cuanto que comunica con todo. La interdependencia
existencial de todo fenómeno presupone la vacuidad de existencia inherente y se
deriva de la "ley de la producción continuada". La absoluta identidad
de vacuidad y forma, que se intuye en la meditación, cambia radicalmente la
conciencia del hombre y lo impulsa a la solidaridad universal mediante la
práctica de la compasión (karuna). La no-sustancialidad óntica y el
altruismo ético se complementan en la unidad dinámica de la última Vacuidad;
el bodhisattva en su pro-existencia es su más alto símbolo.
5.
El concilio Vaticano II abre nuevas perspectivas de diálogo con el
reconocimiento de una presencia de valores salvíficos en el budismo (NA 2).
Esta valoración sobre las diversas corrientes budistas no es más que la cumbre
de una larga historia de diversos encuentros, que se iniciaron ya en los tiempos
de Clemente de Alejandría (Strom. 1,15) y que se intensificaron
esporádicamente en tiempo de los nestorianos (cf las estelas de Xi'an Fu del
781), de los misioneros franciscanos en China (siglos XIII-XIV) y de Francisco
Javier. Mientras que estos primeros encuentros tienen un rico testimonio
literario en los paralelismos de los evangelios apócrifos y en el hecho curioso
de la leyenda de Buda, cristianizada en los
santos Barlaam y Josafat (PG 96,857, en el Martirologio romano, el 27 de
noviembre), los encuentros actuales apuntan más bien hacia el compromiso por la
paz y la justicia en el mundo (WCRP: Conferencia Mundial de las Religiones por
la Paz, fundada en 1970, con una decidida participación de budistas y de
cristianos), hacia la experiencia mística y la práctica de la meditación y
hacia los intercambios en la vida monástica. El diálogo doctrinal aprecia en
el budismo la profundidad existencial del camino salvífico. Buda y Cristo han
sido comparados, por ser los dos fundadores de movimientos revolucionarios en el
contexto de su tradición religiosa. Mientras que Cristo anuncia la salvación
como gracia del Padre en el reino universal de Dios, Buda parece enviar al
hombre a la conquista de la liberación apoyándose en sus propios esfuerzos.
Pero considerando la doctrina del no-yo (anatta), también la salvación
se lleva a cabo a través de la renuncia radical al yo. La meditación y la
práctica de la compasión acompañan al hombre, con enormes esfuerzos de
ennoblecimiento personal, en el umbral de la concesión espontánea de la
liberación. La kénosis extrema del abandono, tanto en la fe cristiana (Lc
1,38) como en la santidad budista (arhant; bodhisattva), constituye un
punto de contacto fundamental. La cumbre de la experiencia mística, escondida
en el silencio budista o bien proclamada en la teología cristiana, se convierte
en un reto mutuo para el diálogo. La atención se desplaza actualmente a la
analogía entre María y Buda, teniendo en cuenta su común naturaleza humana,
frente a la unicidad de la naturaleza divino-humana de Cristo. La cercanía y la
diversidad de las dos religiones se expresan en estas figuras, en cuanto que las
dos, en su disponibilidad más humilde, conciben al Verbo: el Logos se
encarna definitivamente en María, mientras que se convierte en Dharma en
la sagrada palabra de Buda. La divina veneración de Buda se refiere a su
mediación salvífica, pero nunca a su naturaleza, en contraste con la de
Cristo. De todas formas, el diálogo debe partir siempre de la cualificación
fundamental de las Sagradas Escrituras y no puede prescindir de la dimensión
mística y mistagógica.
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M.
Fuss
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