lunes, 13 de junio de 2016

Firmamento

(Set. stereoma; Vulg. firmamentum).
La noción de que el cielo era una vasta y sólida cúpula parece haber sido común entre los pueblos de la antigüedad cuyas ideas de cosmología nos ha llegado. Así los egipcios concebían los cielos como un techo abovedado de hierro del cual estaban suspendidas las estrellas por medio de cables (Chabas, L’Antiquite historique, París, 183, págs. 64-67). Asimismo en la mente de los babilonios el cielo era una inmensa cúpula, forjada del metal más duro por la mano de Merodach (Marduk) y que descansaba sobre una pared que rodeaba la tierra (Jensen, Die Kosmologie der Babylonier, Estrasburgo, 1890, págs. 253-260). Según la noción prevaleciente entre griegos y romanos, el cielo era una gran bóveda de cristal con las estrellas adheridas, aunque algunos afirmaban que era de hierro o latón.
De numerosos pasajes bíblicos se desprende que los hebreos abrigaban ideas similares. En el primer relato de la creación (Génesis 1) leemos que Dios creó un firmamento para dividir las aguas de arriba o celestiales de las inferiores o terrenales. El hebreo significa algo golpeado o martillado, y extendido de ese modo; la traducción de la Vulgata, firmamentum, corresponde más cercanamente al griego stereoma (Setenta, Aquila y Símaco), algo hecho firme o sólido. La noción de la solidez del firmamento se expresa además en pasajes tales como Job 37,18, donde incidentalmente se hace referencia a los cielos, “¿puedes extender con él la bóveda del cielo, sólida como espejo de metal fundido?”. Lo mismo se denota en el propósito atribuido a Dios al crear el firmamento, es decir, servir como un muro de separación entre las aguas superiores y las inferiores, siendo concebido como que apoya una vasta reserva celestial. También en el relato del Diluvio (Gén. 7), donde leemos que “saltaron todas las fuentes del gran abismo y las compuertas del cielo se abrieron” (7,11) (Cf. también 2 Reyes 7,19; Isaías 24,18; Mal. 3,10; Prov. 8,28 ss.). Otros pasajes, por ejemplo, Is. 42,5, enfatizan más bien más bien la idea de algo extenso: "Así dice el Dios Yahveh, el que crea los cielos y los extiende” (cf. Is. 44,24 y 40,22).
De conformidad con estas ideas, el escritor de Génesis 1,14-17.20, representa a Dios como estableciendo las estrellas en el firmamento de los cielos, y las aves se encuentran debajo de ella, es decir, en el aire, a diferencia del firmamento. En este punto, como en muchos otros, la Biblia simplemente refleja las ideas cosmológicas actuales y el lenguaje de la época.

Bibliografía: Leseætre en Vig., Dict. de la Bible, s.v.: Whitehouse in Hastings, Dict. of the Bible. s.v. Cosmogony, I, 502.
Fuente: Driscoll, James F. "Firmament." The Catholic Encyclopedia. Vol. 6. New York: Robert Appleton Company, 1909. <http://www.newadvent.org/cathen/06079b.htm>.
Traducido por Luz María Hernández Medina.

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