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lunes, 29 de diciembre de 2014

LA PRIMERA CONVERSIÓN

Por lo tanto, cuando un hombre accede a la conversión, es que comprende que es Dios quien está tomando la iniciativa de ofrecérsele, y que su sí está siendo tan propio y personal como, a la vez, íntimamente alentado por el mismo Dios.
ESTAMOS TRATANDO DE LA PRIMERA CONVERSIÓN
          
La segunda conversión, de la que hablaremos después, es en realidad volver a tomar la orientación perdida; tiene un aspecto moral o de vuelta. Lo que importa es que se restablezca la entrega del corazón a la verdad y al amor. La diferencia entre ambas conversiones no es demasiada, y no hay por qué insistir en ello; a Dios lo que le interesa es que el hombre por fin amanezca a la comprensión de dónde está su felicidad. Jesús, en el último instante, acoge al buen ladrón, y es lo que importa. Pero indicamos la diferencia porque algunos ponen toda su esperanza en la penitencia, en que Dios perdona..:, y no hacen el esfuerzo firme de establecer unas relaciones nuevas, de vivir una actitud positiva con Dios: aplazan, inconsecuentemente, la conversión.
Pero no pensemos que convertirse es simple mérito del hombre. La verdad más honda es que la conversión es un don de Dios:
 Jer. 31,33: Pondré mí ley en su interior y la escribiré en su corazón, seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
 Ez.  11,19-20: Pondré en ellos un espíritu nuevo y quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, a fin de que caminen siguiendo mis preceptos, observen mas leyes, las pongan en práctica y sean para mí un pueblo y yo sea para ellos un Dios.
 Ez. 36,27: Pondré en vuestro interior mi espíritu y haré que sigáis mis preceptos..., seréis para mí un pueblo y yo seré para vosotros un Dios.
          
 Por lo tanto, cuando un hombre accede a la conversión, es que comprende que es Dios quien está tomando la iniciativa de ofrecérsele, y que su sí está siendo tan propio y personal como, a la vez, íntimamente alentado por el mismo Dios.