domingo, 1 de septiembre de 2013

PARLAMENTO DE LAS RELIGIONES DEL MUNDO.


En septiembre de 1893, en Chicago, tuvo lugar la primera reunión del Parlamento de las Religiones del Mundo. No resulta extraño que una iniciativa de este tipo se desarrollase en la patria de la libertad y la diversidad religiosa, en Estados Unidos.
En 1893 en la sesión de clausura, el sabio hinduista Vivekananda puso de manifiesto en Chicago los puntos de vista que presiden estas reuniones, basados en la fructífera e igualitaria puesta en común de ideas para mejorar el mundo:
«Si algo ha podido enseñar el Parlamento de las Religiones es que la santidad, la pureza y la caridad no son posesiones exclusivas de ninguna religión. [...] si alguien sueña con que su religión será la única que sobreviva y que las demás serán destruidas, le compadezco desde lo más hondo de mi corazón y le digo que en la bandera de toda religión hay que escribir a partir de ahora "ayuda y no lucha", "asimilación y no destrucción", "armonía y paz, y no enfrentamiento".»
Entonces parecía que se inauguraba una nueva época de paz, concordia, apertura y aceptación de las diferencias religiosas y culturales a nivel global. Pero tras 1893, el mundo se desgarró sufriendo terribles conflictos durante un siglo: el colonialismo, las guerras mundiales, el choque entre países comunistas y capitalistas.
Una vez terminada la guerra fría, ya en 1993, también en Chicago, se celebró una segunda reunión del Parlamento de las Religiones del Mundo en la que se enfatizó en la búsqueda de un modelo ético para el mundo actual, que alejase la violencia, la pobreza, los conflictos y se basase en la solidaridad entre todos los seres humanos.
En 1999 se organizó la tercera reunión en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y la cuarta, en julio de 2004, en Barcelona. Fue la primera vez que se celebraba fuera del ámbito de habla inglesa y propuso un lema muy significativo: «Senderos de paz: el arte de saber escuchar, el poder del compromiso».

EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO.

Símbolos de diferentes religiones y creencias. De izquierda a derecha: en la primera fila, cristianismo, judaísmo, hinduismo; en la segunda fila, islam, religiones naturales, yin y yang; en la tercera fila, sijismo, ayyavazhi, jainismo.
Templo de todas las Religiones. No se trata de un templo activo de una religión, sino de un complejo arquitectónico y centro cultural construido por el artista Ildar Xanov, como símbolo de convivencia pacífica entre diferentes culturas religiosas.


El diálogo interreligioso es la interacción positiva, cooperativa y constructiva entre personas de diferentes tradiciones o creencias religiosas o espirituales, tanto a nivel individual como institucional. Se diferencia del sincretismo en que el diálogo interreligioso no busca una fusión o asimilación de doctrinas distintas sin coherencia sustancial, sino más bien la promoción del entendimiento entre las diferentes religiones para aumentar la aceptación de los demás. A diferencia del ecumenismo, que fomenta la unidad entre los cristianos, el diálogo interreligioso busca el trato recíproco constructivo entre las religiones o movimientos espirituales que no tienen una raíz cristiana común.
Existen iniciativas interreligiosas locales, regionales, nacionales e internacionales, ya sea informal o formalmente establecidas a través de grandes redes o federaciones. Se acredita a Hans Küng, profesor de Teología ecuménica y presidente de la Fundación por una Ética Global, la formulación de un pensamiento citado con frecuencia como lema del diálogo interreligioso:
No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones.1
Hans Küng

En los tiempos modernos

Si bien siempre existió diálogo entre hombres de distintas creencias religiosas, el establecimiento de foros de diálogo formal entre los líderes de las religiones que presentan adhesión de fieles en mayor número es un hecho propio del siglo XX. Entre los factores que se estima influyeron en la formulación efectiva de ese diálogo se cuentan la creación del Parlamento Mundial de Religiones (1893), un informe titulado Reconsiderando las misiones (1932) redactado por laicos protestantes norteamericanos, el resurgimiento del budismo, y la migración creciente de fieles no cristianos ni judíos hacia naciones de Occidente. Entre los cristianos protestantes, el diálogo se desarrolló principalmente a través del Consejo Mundial de Iglesias.2
Por su parte, los cristianos católicos tuvieron en la declaración del Concilio Vaticano II titulada Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, uno de los hitos más destacados en la propiciación del diálogo interreligioso, que se extendió a través del Secretariado para los no Cristianos, instituido por Pablo VI en 1964, y continuado con el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso,3 creado por Juan Pablo II en 1988 con la constitución apostólica Pastor Bonus.4

DERECHO A LA LIBERTAD RELIGIOSA.


A lo largo de la historia han existido religiones mayoritarias y poderosas que, dependiendo del momento, han tolerado la existencia de otras religiones minoritarias. Pero cuando estos momentos de tolerancia desaparecían, los seguidores de las religiones minoritarias eran perseguidos, expulsados u obligados a abandonar su religión. Entonces llegaban períodos de intolerancia religiosa en los que la religión mayoritaria imponía sus creencias a las demás.
El caso de las cruzadas o de las persecuciones religiosas ilustra los efectos negativos de la intolerancia. Pero la tolerancia nace también de la desigualdad, en la que una religión mayoritaria y con poder tolera a otra que considera inferior.
En el mundo actual la relación entre las religiones debe estar basada en la igualdad ante la ley y en el respeto a la diversidad de culto y opciones ideológicas. No se trata, pues, de tolerancia, sino de la necesaria aceptación del derecho a creer algo distinto.

PUNTOS BÁSICOS DE TODAS LAS RELIGIONES.

Encuentro interreligioso del Parlamento de las Religiones del MundoEncuentro interreligioso del Parlamento de las Religiones del Mundo.

El Parlamento de las Religiones del Mundo, en su reunión de Chicago de 1993, elaboró el texto titulado Principios de una ética mundial. En él se plantea una serie de puntos básicos comunes a todas las religiones.
«Nuestro mundo está pasando por una crisis de alcance radical; crisis en la economía mundial, en la ecología mundial, en la política mundial.

Con especial preocupación observamos cómo en no pocos lugares de este mundo, tanto dirigentes como seguidores de religiones incitan una y otra vez a la agresión, al fanatismo, al odio y a la xenofobia, y más aún, inspiran y justifican enfrentamientos violentos y sangrientos. Con especial repugnancia observamos que la religión se ve no pocas veces utilizada con fines meramente políticos, sin descartar la guerra.

Somos hombres y mujeres que profesamos los preceptos y prácticas de las diversas religiones del mundo. Queremos dar fe de que ya existe un consenso entre esas religiones capaz de aportar el principio de una ética mundial.

Es un consenso básico, de mínimos, relativo a los valores vinculantes, a pautas inalterables y a actitudes morales fundamentales.

Por eso nosotros, hombres y mujeres de distintas religiones y regiones del planeta, nos dirigimos a todos los hombres, religiosos y no religiosos.

Queremos poner de manifiesto una convicción común, a saber:
  • que todos nosotros somos responsables de un orden mundial mejor;
  • que es absolutamente necesario comprometerse por los derechos humanos, la libertad, la justicia, la paz y la conservación de la Tierra;
  • que nuestras distintas tradiciones religiosas y culturales no deben ser obstáculo para que todos juntos trabajemos activamente contra todo tipo de inhumanidad y a favor de una mayor humanización;
  • que los principios expuestos en esta declaración pueden ser compartidos por todo ser humano con convicciones éticas, estén o no fundamentadas religiosamente;
  • que nosotros, como humanos religiosos que fundamentan su vivir en una realidad última y de ella extraen, en actitud de confianza, en la oración o la meditación, en la palabra o el silencio, su fuerza espiritual y su esperanza, nos sentimos en la especialísima obligación de procurar el bien de la humanidad entera y de cuidar el planeta Tierra. No nos consideramos mejores que los demás, pero confiamos en que la secular sabiduría de nuestras religiones es capaz de abrir nuevos horizontes para el futuro.»

EL CARDENAL TARANCÓN.

El cardenal Tarancón

Vicente Enrique y Tarancón (1907-1994) fue un personaje capital en la transición española hacia la democracia. A partir de 1972, como presidente de la Conferencia Episcopal Española, fue la cabeza de la iglesia católica en España.

Muy favorable a las ideas del concilio Vaticano II, era contrario a la relación estrecha entre política y religión que había caracterizado al franquismo. Promovió la aplicación de la libertad religiosa en el país y la adaptación del catolicismo a la nueva sociedad que comenzaba a vivir en democracia. Consiguió que la religión no fuese un asunto que crease enfrentamiento, como había ocurrido en muchos momentos del pasado.

LA RELIGIÓN EN LA PRIMERA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA.


La constitución española de 1812 decía lo siguiente sobre la religión en su artículo 12:

«La religión de la nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra.»
Esta es una muestra de las diferencias que existían, a comienzos del siglo XIX, entre los modelos de sociedad francés o estadounidense y el español, donde la constitución permanecía claramente anclada en formas preliberales en las que se postulaba una sociedad vertebrada por el catolicismo, ya que este servía, al igual que durante toda la Edad Moderna, como forma de identificación social y ahora nacional.

En cambio, las constituciones de Estados Unidos y Francia se decantaron por desarrollar las libertades individuales y colectivas así como las obligaciones sociales del individuo.

LA SEPARACIÓN DE ESTADO Y RELIGIÓN EN LAS CONSTITUCIONES ESPAÑOLAS.

 

Mientras que en la primera constitución francesa de 1791 se declaraba el derecho a la libertad religiosa, en la constitución española promulgada en Cádiz en 1812 se prohibía el culto de cualquier otra religión que no fuera la católica. Lo mismo había hecho ya previamente el estatuto dado en Bayona en 1808 por José Bonaparte durante la dominación francesa, que determinaba los asuntos referidos a la religión en su artículo primero, subrayando así su importancia.
En 1837, la nueva constitución, pese a que mantenía la obligación por parte del estado del mantenimiento del culto y de los sacerdotes católicos, evitaba ya la prohibición de otras religiones. En todo caso, no señalaba que la religión católica era la de la nación, algo que volvió a hacer la constitución de 1845. La situación de exclusividad de la religión católica en España, se mantuvo hasta que la constitución de 1856 toleró la existencia de no católicos en el país, siempre y cuando no expresasen sus opiniones religiosas en público. Sin embargo, la agitación política del momento evitó que esta constitución llegase a entrar en vigor.
La constitución de 1869 fue la que por primera vez reconoció en España la libertad religiosa, y luego, durante la Primera República (1873-1874), se reforzó este derecho. De hecho, la constitución republicana de 1873 daba un enorme paso considerando a la nación un estado laico, sin dar ningún trato de favor a la iglesia católica. De nuevo, el proyecto constitucional se vio truncado por el golpismo militar. La vuelta de la dinastía borbón al trono conllevó un nuevo giro conservador, que en lo tocante a la religión volvía a considerar a la católica como la del estado, al tiempo que limitaba los cultos de otras religiones al ámbito de lo privado.
Por otro lado, durante la Segunda República (1931-1936), aunque se permitió el culto público de cualquier religión, no existió el pleno derecho a la libertad religiosa, ya que el estado intervenía en los asuntos religiosos para imponer sus propias condiciones, con la finalidad de contrarrestar los privilegios de la iglesia católica.