domingo, 1 de septiembre de 2013

LOS CONFLICTOS EN EL SUBCONTINENTE INDIO.

 Entrenamiento de soldados bengalíes en el conflicto por la independencia de Bangladesh de Pakistán, abril de 1971.
Entrenamiento de soldados bengalíes en el conflicto por  la independencia de Bangladesh de Pakistán, abril de 1971.

Al finalizar el dominio británico, el territorio del subcontinente indio fue dividido en dos: una parte se llamó Pakistán y contaba con mayoría musulmana; la otra era la India, con mayoría hinduista, pero con una notable minoría islámica.
Pakistán constaba de dos territorios sin conexión terrestre y muy separados entre sí. Esta situación provocó que, con el tiempo, la zona del este se separase y se convirtiera, en 1971, en Bangladesh.
En la actualidad, esta zona es la más poblada del planeta. Si sumamos los habitantes de India, Pakistán y Bangladesh, superan a los de China. Inmediatamente después de la independencia de los británicos, India y Pakistán iniciaron un conflicto que perdura hasta hoy. El centro de esta lucha está en Jammu y Cachemira, una región de la India de mayoría musulmana que Pakistán reclama como suya y que está situada entre los dos países.

LOS CONFLICTOS EN ORIENTE MEDIO.

 

En Líbano, hasta la guerra civil de 1975, no existía ningún conflicto y convivían musulmanes sunitas y chiitas, católicos maronitas, cristianos ortodoxos y otras minorías religiosas.
Durante la guerra civil, se crearon alianzas más o menos duraderas entre grupos de distinta religión. Esto ilustra sobre cómo la religión era solo un ingrediente más en este conflicto, y no fue el motivo en sí ni del comienzo de la guerra ni de lo que pareció su resolución.
Tras el alto el fuego de 1990, el balance del enfrentamiento fue que una parte importante de la población del país había emigrado. Líbano es una nación que no ha normalizado aún la convivencia aunque haya abandonado la violencia.
Por otra parte, hoy en día algunos pretenden plantear como una guerra de religión las hostilidades que enfrentan a palestinos e israelíes.
Tras varias guerras, en 1948, 1967 y 1973, y a pesar de acuerdos puntuales, la situación todavía es muy grave. Además hay que añadir el fenómeno del integrismo, tanto de judíos radicales como de grupos terroristas musulmanes como Yihad Islámica, Hamas o Hezbolá. En 1995, un joven fanático judío asesinó al primer ministro de Israel, Isaac Rabin. Este estaba dispuesto a pactar con los palestinos y entregarles unas tierras que, según los judíos más radicales, Yahvé les prometió hace miles de años.
También se producen atentados terroristas, de forma sistemática y muchos de ellos suicidas, por parte de grupos islámicos que matan indiscriminadamente tanto a militares israelíes como a la población civil.
El ejército israelí responde a estas acciones realizando ataques selectivos contra miembros de estos grupos y sellando los territorios palestinos ocupados. Con esto se causa un grave perjuicio, tanto personal como social y económico.

LOS BALCANES.

Cascos azules españoles en Mostar, Bosnia, en 1995. Cascos azules españoles en Mostar, Bosnia, en 1995.
 
Desde principios del siglo XIX, el califato otomano fue perdiendo poder y territorios. Era un imperio caracterizado por la diversidad religiosa que se mezclaba con las diferencias étnicas y culturales. Esta diversidad la heredaron los países que surgieron de sus cenizas, pero solo en algunos casos y en ocasiones ha derivado en conflicto.
La guerra de los Balcanes dividió a Yugoslavia. Las comunidades étnicas y culturales que habían convivido en paz hasta 1990 se enfrentaron violentamente y la religión sirvió para identificar a los distintos grupos.
Los eslovenos y los croatas, ambos mayoritariamente católicos, se escindieron de los serbios ortodoxos, crearon estados propios y expulsaron de su territorio a la mayoría de los que eran diferentes a ellos. Las familias se separaron y mucha gente perdió sus hogares.
Pero los conflictos más terribles se produjeron en Kosovo y en Bosnia. En Bosnia convivían bosnio-croatas católicos, bosnios musulmanes y serbo-bosnios ortodoxos. En Kosovo compartían territorio musulmanes de origen albanés y serbios ortodoxos.
La violencia, los asesinatos y la llamada «limpieza étnica» fueron tan terribles en estas zonas que fue necesaria la intervención armada de las Naciones Unidas y de la OTAN para detener el conflicto. Todavía hay soldados de diferentes nacionalidades en la zona y el odio entre aquellas comunidades perdura.

EL ULSTER. UN CONFLICTO QUE PERDURA.

Manifestantes de la «marcha naranja», celebrada el 12 de julio de 1996 en Londonderry (Irlanda del Norte) para conmemorar la victoria de los protestantes sobre los católicos en la batalla de Boyne en 1690. Manifestantes de la «marcha naranja», celebrada el 12 de julio de 1996 en Londonderry (Irlanda del Norte) para conmemorar la victoria de los protestantes sobre los católicos en la batalla de Boyne en 1690.
 
A pesar de los foros ecuménicos, que promocionan el diálogo entre los cristianos, en plena Europa perdura en la actualidad un conflicto con muchos aspectos religiosos. En el Ulster se enfrentan dos grupos: los católicos, que quieren la unión con Irlanda y son un 40% de la población, y los protestantes, que quieren seguir formando parte del Reino Unido y son el 60 %.
Las dos comunidades viven en barrios distintos y no suelen mezclarse. Hay partidos políticos confesionales de ambos bandos, en los que participan sacerdotes católicos y pastores protestantes, y se dedican a la política manteniendo el ambiente de enfrentamientos y violencia.
Los protestantes son descendientes de inmigrantes que llegaron tras el dominio inglés de Irlanda a partir de 1609.
El problema del Ulster tiene muchas causas, pero el conflicto territorial es clave. Los irlandeses consideran que se produce una ocupación ilegal de una zona de Irlanda por parte de los británicos, y la opción de unos y otros por formas diferentes de cristianismo ha sido un modo de diferenciación muy eficaz, que ha ayudado a que las posturas sean más enconadas y las señas de identidad se radicalicen.
A pesar del tiempo transcurrido, ambas comunidades suelen tratarse como extrañas. La religión les sirve para identificarse como diferentes unos de otros, aunque en los últimos años parece que el conflicto ha entrado en vías de solución.

DISTRIBUCIÓN DE LAS RELIGIONES EN LA EUROPA ACTUAL.

Distribución de las religiones en la Europa actual

LA PERVIVENCIA DE LOS CONFLICTOS RELIGIOSOS.

Un soldado israelí consuela a un civil palestino cuyo hijo ha sido detenido. Gaza, 1988. Un soldado israelí consuela a un civil palestino cuyo hijo ha sido detenido. Gaza, 1988.
 
En ocasiones se defiende la idea de que los grandes conflictos actuales son choques entre civilizaciones, caracterizadas por las opciones religiosas. Hay especialistas en política internacional que creen que las guerras del futuro tendrán como causa principal la religión y, sobre todo, destacará el enfrentamiento entre el islam y el cristianismo.
Esta información no concuerda con la importancia del diálogo interreligioso en el mundo actual, ni con el carácter de pretexto que la religión tiene en los enfrentamientos.
Hoy en día se producen aún conflictos que en un primer análisis parecen tener una causa religiosa. Pero hay que tener en cuenta que la religión sigue siendo un medio muy poderoso de distinguirse de otros, y que puede servir para marcar una frontera, para expulsar al diferente o para matar sin remordimientos.

EL EJEMPLO DE LAS GUERRAS DE RELIGIÓN EN EUROPA EN LA EDAD MODERNA.

 Felipe II como defensor de la fe, grabado perteneciente al libro Felipe II, Rey de España, de Luis Cabrera de Córdoba, publicado en 1619.
Felipe II como defensor de la fe, grabado perteneciente al libro Felipe II, Rey de España, de Luis Cabrera de Córdoba, publicado en 1619.

Las sangrientas guerras de religión, que emprendieron cristianos de diversas confesiones entre los siglos XVI y XVII, asolaron Europa y son un ejemplo de cómo la religión puede servir de excusa para otros intereses.
Las causas de los enfrentamientos eran las ambiciones políticas y económicas de los diferentes estados europeos, pero el trasfondo religioso permitía justificar las agresiones y hacer más violenta y despiadada la guerra.
Por ejemplo, muchos príncipes y reyes alemanes y del norte de Europa vieron en el luteranismo el medio perfecto para librarse del control político del papa y sus aliados, y del pago de impuestos a la iglesia católica, así como un modo de acrecentar sus propiedades y riquezas al confiscar los bienes y las tierras eclesiásticos.
Por su parte, los reyes de países católicos consideraban que luchar contra los protestantes era un medio de mantener sometidos estos territorios.
Hubo muchos reformadores religiosos a lo largo de la Edad Media, pero no tuvieron los seguidores que muy pronto consiguió Lutero. En ese momento la religión sirvió como pretexto para marcar las diferencias, establecer nuevas identidades y justificar el conflicto.
A la vez que se producían estas guerras por toda Europa, durante la Edad Moderna intentó eliminarse cualquier tipo de diferencia religiosa dentro de cada reino.
En España, la Inquisición persiguió violentamente a todos los no católicos. Pero también los calvinistas fueron intolerantes y emplearon la violencia en Ginebra, los anglicanos en Inglaterra y los luteranos en los principados de Alemania. Polonia se mantuvo como nación católica precisamente para conservar su identidad frente a los pueblos que la rodeaban por el este y el oeste, y que a lo largo de la historia habían ocupado su territorio: en occidente, los alemanes luteranos y en oriente, los rusos ortodoxos.
La Edad Moderna en Europa fue un período intolerante y sangriento, en el que se buscó la uniformidad religiosa a costa de perseguir y eliminar todo tipo de diferencia.