
El 6 de junio de 1819,
Juan María Robert de la Mennais, vicario capitular de Saint Brieuc, y
Gabriel Deshayes, cura párroco de Auray y vicario general de Vannes, firman en Saint Brieuc el
tratado de unión
que asegura la convergencia de sus esfuerzos con vistas a " procurar a
los niños del pueblo, en especial a los de los pueblos de Bretaña,
maestros sólidamente piadosos…"
Animados por el soplo del Espíritu
Santo, reconfortados por su mutuo acuerdo, aceleran con esmero la
expansión de la obra naciente. La primera emisión del voto de
obediencia tiene lugar en el retiro común de Auray, el 15 de septiembre
de 1820. La joven Congregación de los Hermanos de la Instrucción
Cristiana crece rápidamente. Gracias a una adquisición del
Padre Deshayes, el
Padre de la Mennais, a partir de noviembre de 1824, hace de
Ploërmel el centro de la Congregación.

Discípulos de
Fundadores
con celo de fuego, a pesar de una formación prematura y en condiciones
materiales precarias, los Hermanos de Ploërmel llevan con ardor a los
jóvenes de regiones desheredadas, la luz del evangelio y los primeros
rudimentos de los conocimientos profanos. Llenos de audacia misionera,
muchos franquean los mares hacia las Antillas y África, para abrir el
corazón de las gentes a la Palabra liberadora de Cristo Salvador.
Seguro de la perennidad del
Instituto al cual ha entregado todo, rodeado por el afecto de sus
ochocientos cincuenta y dos Hermanos y el de las Hijas de la Providencia
de Saint Brieuc, venerado por multitudes de niños y padres,
Juan María de la Mennais
estima que no ha hecho aún bastante : " Hijo mío, acaba mi obra ",
confía al Hno. Cipriano algunos días antes de su muerte, acaecida en
Ploërmel el 26 de diciembre de 1860.

Los
Hermanos, en su constante afán de fidelidad a las intenciones de sus
Fundadores, continúan asegurando en sus colegios la instrucción y
educación cristianas de la juventud. El apostolado misionero
establecido desde 1837, se continúa en la misma línea en la isla de
Guadalupe, en la Martinica, en el Senegal, en la Guayana, en San Pedro
y Miquelón, en Tahití y después en Haití a partir de 1864. Y cuando
por los rechazos de la política francesa son expulsados de la mayor
parte de estas regiones, su celo apostólico conduce a los Hermanos al
Canadá.
Entre tanto, se ven reforzados por
una doble adhesión : la de los Hermanos de Gascuña en 1876, fundados
por Mons. de la Croix d'Azolette, Arzobispo de Auch, y la de los
Hermanos de Santa María de Tinchebray en 1880, fundados por el sacerdote
Charles Augustin Duguey.

Prohibida
en Francia en 1903, expoliada de sus bienes, dismiuída en el número de
Hermanos que, en pocos años, pasaron de 2200 a sólo 1000, la
Congregación mantiene la fe en su destino. Se mantiene en su país de
origen gracias al número de sus hijos poco sensibles a la incomodidad y
a los riesgos de la clandestinidad. Emigra a Bulgaria, a Turquía y a
Egipto. Se desarrolla en Canadá donde está presente desde 1886. Se
establece en los E.U. , en Inglaterra, en España y en Italia.
Sin demora, varios de estos países
envían a sus propios jóvenes, Hermanos de la Instrucción Cristiana,
como ayudas a las Misiones existentes y, a su vez, a fundar otras nuevas
en África ( Uganda, Kenia, Tanzania, Seycheles, Ruanda, Burundi,
Zaire, Congo ) y en la República Argentina, Uruguay, Japón, Filipinas y
Alaska.
Los Hermanos de España se hacen
presentes en Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia. Durante este tiempo,
los Hermanos de Francia que habían vuelto al Senegal y a las Islas
Marquesas, abren nuevas Misiones en Costa de Marfil, en el Togo y en
Benín. Las Provincias de España y de Francia realizaron en el año 2000
una fundación común en Indonesia.

Esta
obra de evangelización, llevada a cabo en ambientes tan diversos, se
ha podido realizar más fácilmente porque los Hermanos, desde el
principio, según la voluntad expresa de Juan María de la Mennais, han
sido constituidos en Congregación religiosa. Paralelamente a la
extensión territorial del Instituto, los Capítulos generales sucesivos
han completado su organización, insistiendo sobre la unidad fundamental
de la vida religiosa y del apostolado. En una adaptación a los nuevos
tiempos, los Superiores y los Hermanos han comprendido aún más que la
eficacia de la acción apostólica depende de un nivel más elevado de
cultura general y de una vida espiritual profunda, alimentada por
conocimientos bíblicos y teológicos, uno y otra garantizados por la
solidez de la formación inicial y permanente.
Así, la doble herencia religiosa y
apostólica, recibida de sus Fundadores, autenticada por el
reconocimiento pontificio en 1891, y guardada siempre con fidelidad, se
transmite a los Hermanos de hoy.
En un mundo de continuos cambios,
quieren ponerse generosamente al servicio de los jóvenes y, a la vez,
estar atentos a las aspiraciones de sus contemporáneos y en constante
referencia a Cristo, regla suprema de su vida.
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