Las danzas de guerra, tan comunes
en muchos pueblos e introducidas para engrandecer los ritos de las festividades
públicas entre los griegos y romanos, no han dejado rastro alguno entre los
hebreos y sus vecinos, no obstante no son desconocidos para los habitantes
modernos de palestina y Arabia. Las danzas miméticas eran tan poco conocidas en
el este como las de carácter militar. Consistían en movimientos expresivos de
ciertas partes del cuerpo, como los brazos, manos, torso, ejecutados al compás
del acompañamiento musical que mencionan o representan vividamente eventos
históricos o mitológicos y actos de pasión de personajes muy bien conocidos. Que
tanto fueron apreciados por los Romanos, lo aprendemos de varios pasajes de
escritores Latinos como Macrob., Sat. ii, 7; Suet., ¨Calig. ¨, 57, ¨Nero¨, 54,
¨Tit ¨, 7; Ovid, ¨Ars Am.¨, I, 595, etc. No obstante, era mas un baile escénico
a favor de Roma y Grecia. Consistía de movimientos armonizados principalmente de
los brazos, cuerpo y pies, que trataban de enseñar la flexibilidad, fortaleza,
agilidad y gracia del cuerpo humano. Tales exhibiciones, eran usualmente
realizadas para el placer de los invitados, en grandes banquetes, exhibidos por
bailarines profesionales contratados por la festividad.
Las bailarinas femeninas – también
había bailarines masculinos—eran las preferidas. Generalmente eran personas
dotadas de una gran belleza y morales indiferentes, y sus presentaciones eran
calculadas por su gran belleza sin importar que les cueste poca modestia, todos
los encantos y atractivos de sus figuras llenas de gracia. Esta clase de
personas, comunes en los tiempos antiguos de Grecia e Italia, no eran muy
conocidos en Palestina, al menos en tiempos antiguos, según las creencias de
Ecclus., ix, 4. El autor Eccles., personificando a Salomón, relata el haber
procurado para su propio disfruto "hombres y mujeres cantantes" (ii, 8) también
se dice, que los bailarines para canto y para baile eran escasamente distintos.
De todos modos, el desempeño de la hija de Herodias, registrado en Mat. xiv, 6,
y el placer que produjo a Herod y sus huéspedes, demuestra cómo la corrupción
griega y romana tenía, sobre la época de Cristo, el progreso hecho entre las
clases más altas de Palestina. Aunque quizás menos común, y ciertamente menos
elaborado que en estos tiempos, el bailar social parece sin embargo haber sido
una diversión agradable en épocas antiguas, por lo menos entre los judíos. Lo
entendido en la luz de Jueces, xxi, 21, declaraciones como las de Is, xvi, 10, y
Jer., xxv, 30, indican que en la estación de la vendimia, era celebrada por el
público por intermedio de las danzas. Incluso, las danzas entre personas muy
serias eran perdonadas por la mayoría de personas, mas serias (Bab. Talm.,
Ketuboth, 16b), en las bodas y en la Fiesta del Tabernáculo. El bailar social ha
experimentado un desarrollo considerable en los últimos siglos, en cuanto a
predominio y complejidad. La introducción en la manera moderna de las llamadas
danzas redondas ha acelerado el interés de la vieja pregunta de la moralidad de
bailar. Como ejercicio de la cultura física, aparte de las condiciones
generalmente anti saludables en salas de baile, el bailar puede tener ventajas;
no debemos preguntarnos, por lo tanto, desde el punto de vista de Platón lo
recomendaría. Del punto de vista moral, el bailar religioso y militar nunca se
ha encontrado con alguna crítica. Al contrario, las demostraciones miméticas,
sobre todo representando historias de amor y temas mitológicos, eran
ocasionalmente tan ofensivas a la modestia, que incluso los emperadores paganos,
las juzgaban, y querían suprimirlas de Italia en varias ocasiones. De ninguna
mejor manera, como se ha mostrado arriba, estaban en las danzas escénicas; y los
bailarines masculinos y femeninos estaban considerados en Roma, como están hoy
en día en Egipto, la India, y Japón, los almehs, los bayaderes, y las geishas,
como la clase más baja y degradada. Según la ley romana, tales personas eran
infames. Contra sus funcionamientos los padres de la iglesia levantaron una voz
fuerte. Los Decrétales fueron más lejos, prohibiendo al clérigo atender a
cualquier exposición mímica o histriónica y decretando que cualquier clérigo que
toma la parte de la activa debe perder todos sus privilegios, y que todas las
personas profesionales contratadas para bailes, mímicas o demostraciones
histriónicos, incurren en irregularidad y de tal modo deben ser excluidos por
siempre del estado administrativo y ser hechas incapaces de recibir las órdenes.
En cuanto a los bailes sociales, ahora tanto de moda, mientras que en sí mismo
es un acto indiferente, los moralistas están inclinados a ponerlo bajo
interdicción, a causa de los varios bailarines asociados a ella. Indudablemente,
las antiguas danzas nacionales, en los cuales los bailarines se mantenían
alejados o tal es el caso se agarraban las manos, caen ante la censura ética,
con escasa diferencia a la de otro evento social. Pero, aparte de los detalles
-- lugar, últimas horas, escoltado, etc. -- el campo común a todas los
entretenimientos, las danzas redondas, aunque pueden ser continuados
posiblemente con decoro y modestia, es mirado por los moralistas como un acto
censurado, por su misma naturaleza, con el peligro más grande hacia las morales.
Lamentable pero indiscutiblemente, se tenia que tener cuidado con los salones de
baile, se debía de aplicar la alerta del segundo consejo de Baltimore, contra "
las danzas de moda, que, según lo continuado actualmente, están rebelando a cada
sensación de la delicadeza y de la propiedad ". Seria innecesario agregar que la
decencia así como los decretos establecidos por los consejos determinados y
generales, prohibiendo al clérigo aparecer en cualquier lugar publico, en donde
se realicen los bailes populares.
Leer, Characteristic National
Dances (London, 1853); TRISTRAM, Eastern customs; RICH, Dictionary of Greek and
Roman Antiquities (London, 1884), s. v. Saltatio, etc.; DARENBERG AND SAGLIO,
Dictionnaire des antiquites grecques et romaines (Paris); MASPERO, Histoire
ancienne des peuples de l'Orient (Paris, 1895), I, 126; II, 220; DALMAN,
Palaestinischer Diwan (Leipzig, 1901); FERRARIS, Bibliotheca canonica (Rome,
1886), s. v. Choreae, Clericus, Irregularitas; Acta et Decreta Conc. Baltimor.
II, Pastoral Letter; Decr. n. 472.
CHARLES L. SOUVAY
Transcrito por Marcy Milota
Traducido por Daniel Wiegering
Transcrito por Marcy Milota
Traducido por Daniel Wiegering
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