domingo, 29 de noviembre de 2015

Desmitificación.

Con este término se entiende, en general, el momento negativo del proceso hermenéutico que quiere eliminar toda forma de distancia cultural entre  un texto del pasado y el hombre contemporáneo, sacando a la luz de nuevo aquella comprensión común de la existencia, expresada a través del mito, que existe entre el lector y el autor.
A lo largo de los siglos XVII y XVIII se  dieron varias formas de desmitificación, con la ilustración, el positivismo, hasta las recientes filosofías analíticas en las que el mito, precisamente por estar en la base de las construcciones metafísicas, expresiones de deseos morales y de intuiciones religiosas, es considerado como un elemento negativo y distorsionante. Otro sentido de la desmitificación puede encontrarse también en la « superación» de la metafísica realizada por Heidegger, como cumplimiento del mensaje fuertemente antimítico de Nietzsche, en función del descubrimiento del ser.
Pero es sobre todo a finales de los  años cuarenta cuando el teólogo y exegeta Rudolf Bultman (+ 1976) publica su ensayo sobre Nuevo Festamento y mitología, haciendo que la desmitificación se convierta en un problema teológico. En los evangelios, afirma Bultmann, la primitiva comunidad cristiana describió la vida de Jesús recurriendo a unos mitos sacados del helenismo, del gnosticismo, de la tradición apocalíptica judía. Se presenta en ellos a Jesús como un ser preexistente, como hijo de Dios encarnado, autor de milagros, anunciado como muerto y resucitado. Pues bien, si este modo mítico de hablar podía ser comprendido por el hombre del siglo 1, hoy no puede ya provocar una decisión de fe en el hombre de nuestros días. De aquí la necesidad de llevar a cabo una desmitificación del kerigma, es decir, una transposición del mensaje de Cristo en categorías filosóficas comprensibles al hombre contemporáneo, y Bultmann piensa que la filosofía capaz de responder mejor a esta tarea es el existencialismo.
Asumiendo esta perspectiva como  punto de partida, Bultmann reduce el contenido del mensaje evangélico solamente a aquellos elementos que tienen una relación con nuestra existencia y con nuestra relación interpersonal con  Dios. El kerigma anuncia el misterio de Dios que, en la muerte del Hijo en la cruz, nos abre los ojos sobre nuestra condición de pecado Y nos revela al mismo tiempo su gracia que nos perdona. Jesús representa un valor indicativo de esta salvación, que nos viene de la fe; el modo en que él vivió (wie und wass), los hechos de su vida (Historie) no tienen ninguna importancia: lo que cuenta es solamente el hecho (dass} de su existencia y el significado que ella tiene para mí (Geschichte).
Esta propuesta de Bultmann, duramente atacada por los teólogos tanto católicos como protestantes (Kasemann, Barth, Moltmann, Marlé, etc.), puede considerarse hoy definitivamente superada, sobre todo en algunos de sus límites objetivos, como, por ejemplo, la pobreza de las categorías filosóficas que separan la existencia del ser, el escepticismo radical respecto a la posibilidad de conocer al «Jesús de la historia», una concepción demasiado intimista e individualista de la fe sin ninguna atención a la historia y a la praxis.
 G. Occhipinti

 Bibl.: R. Bultmann, Creer y comprender 2  vols., Madrid 1975-1976; 1d., Teología del Huevo Testamento, Sígueme, Salamanca 1981; Íd., Jesucristo y mitología, Barcelona 1970; R. Marlé, Bultmann y la interpretación del Huevo Testamento, DDB, Bilbao 1970; Íd., El problema teológico de la hermenéutica, Madrid 1965.

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