miércoles, 16 de enero de 2013

CEMÍ.



En la cultura taína el cemí era la representación plástica de algún aspecto de la Divinidad o la figura que recordaba a algún ancestro. El cemí es un ídolo de tamaño variable hecho en madera, algodón, piedra, barro o hueso que hacía de intermediario entre los humanos y las fuerzas o entidades suprafísicas.

Las regiones y los poblados tenían su cemí, a semejanza del patronazgo ejercido en el catolicismo por los santos. Había cemìes en la entrada de las cavernas y de los bateyes, en el techo y en el interior de las viviendas. Para iniciar comunicación con el cemí se le llevaba una ofrenda, regularmente de frutos o flores, pidiendo su benevolencia. Las personas que ofrendaban se postraban tocando el piso con la palma de las manos y con la frente. Algunos cemíes tenían en su cabeza una especie de platillo donde se ponía el polvo de la cohoba, usado por los behiques y caciques inhalándolo por la nariz para acceder a una condición de hipersensibilidad que le facilitase la comunicación. Esta práctica, que estaba prohibida al común de las personas y que era casi una cuestión de estado, regularmente se hacía bajo techo, en el interior de las viviendas de los gobernantes. De uso más común era quemar la hoja del tabaco para que el humo, que hacía de representación del dios Nahua, el viento, se elevara hasta la deidad y pidiera las informaciones que se requerían.
También cuando el taíno iba a realizar una empresa, individual o colectiva, podía tallar un cemí que representara el objetivo de esa empresa o misión, como una concreción de ese ideal o proyecto, como si por merced de ese pequeño ídolo el proyecto tomara forma, comenzara a tener realidad.

Cuando ellos vieron que su sociedad se derrumbaba por la acción de los extranjeros, enterraron muchos cemíes para que estos objetos de Poder no cayesen en sus manos. Los españoles sistemáticamente destruyeron las estatuillas, sobre todo las más hermosas, y dejaron algunas de las que les parecieron grotescas para fundamentar su afirmación de que los naturales de la isla adoraban demonios.

El cemí o Divinidad más reverenciada en toda la isla era Yucahú Bagua Maorocoti, pero había muchos otros cemíes, que podían representar fuerzas de la naturaleza o antepasados dignos de recordación por sus virtudes personales. De hecho Yucahú es el nombre distorsionado de Yacahú, uno de los antepasados míticos del pueblo taíno, uno de los cuatro hijos de Itibaa Cahubaba. Fray Ramón Pané en su “Relación acerca de la antigüedad de los indios”, Caps. XI y XX a XXV, Fortunecity.com, dió noticias de los siguientes cemíes: Boinayel, Marohu, Vaibrama, Corocote, Opiyelguobirán, Guabancex, Guatauba, Coatrisquie, Faraguabaol, y Yiocavugama.

Estos dos últimos estuvieron relacionados con el cacique Cacivaquel, padre del reconocido cacique Guarionex, señor del Maguá, que tenía su yucayeque en Guaricano, a media legua (unos dos kilómetros y medio) de donde se encuentran las ruinas de La Vega Vieja, antigua fortaleza de La Concepción. Según Pané, después de ayunar por cinco días Cacivaquel recibió de Yiocavugama la revelación de que “cuantos viviesen después de su muerte gozarían poco de su dominio porque llegaría al país una gente vestida que los dominaría y mataría, y se morirían de hambre”. El nombre Yiocavugama, posiblemente se refiere al mismo cemí principal de la isla, y se origine en la expresión Yucahú Guamá (el señor Yucahú).

Guabancex era el cemí que representaba al huracán y estaba acompañado por otros dos cemíes, Guatauba, el viento, que servía de pregonero, y Coatrisquie, que representaba las crecidas de los ríos. Boinayel y Marohu, cuyas figuras estaban hechas en piedra, eran reverenciados en la cueva Iguanoboina, en el país del cacique Mautiatihuel. Esa cueva era un recinto usado para la curación y Boniayel (mejor que Boinayel), relacionado con el cielo y la lluvia, era el que guardaba el conocimiento de la eternidad, mientras que Marohu era quien regresaba los moribundos a la vida.
Opiyelguobirán, cuya efigie era de madera, tenía “cuatro pies como de perro”. Actualmente en el Museo del Hombre Dominicano hay en exhibición un cemí que cumple con esta descripción.

Otros cemíes eran Coacavugama, el divino señor encargado de las almas en el éter, venerado en la Cueva de los Behiques, en la actual comunidad de Rancho la Guardia, en el municipio de Hondo Valle, en la misma montaña desde cuyo interior nace el río Cana. Y Jobobabá, cemí originalmente construido con madera del árbol de jobo (Spondiam mombim) y relacionado con el culto al Sol. El culto a este cemí pervive en la devoción del Cristo de Bayaguana.

LOS CEMÍES TAÍNOS.

 
Cemí.

Los taínos son otro de los pueblos de las islas del Caribe. Los taínos daban culto a los cemíes, a los que atribuían poderes sobre todos los seres vivos de la naturaleza. Hacían muñecos para que un cemí los habitase y creían que estas figuras tenían vida propia. Su vida religiosa estaba centrada en rituales que agradasen a los cemíes y en cada aldea había una choza en la que se guardaban sus imágenes y en la que se realizaban los principales rituales.


Los cemíes más importantes estaban relacionados con la fertilidad y las buenas cosechas. Por ejemplo, el cemí de la yuca, una planta de raíz gruesa de la que se extrae una harina comestible y que era el principal alimento de este pueblo, o el cemí que gobernaba el agua, pero también los huracanes, por lo que el cemí podía ser beneficioso o problemático.

LA RELIGIÓN DE LOS AGRICULTORES.



El descubrimiento de América, de Johan Moritz Rugenda. Río de Janeiro, Brasil. Museo Histórico Nacional.

Antes de la llegada de los europeos de América se desarrolló una agricultura técnicamente avanzada en las zonas de los actuales México y Perú, en las que surgieron sociedades como las de los mayas, los incas o los aztecas.

Pero en otras zonas se mantuvo una agricultura parecida a la neolítica y no hubo sociedades tan complejas.

Como ejemplo de religiones de estos agricultores se puede considerar a las poblaciones de las islas del Caribe, las primeras que conocieron los españoles. Temían a ciertos espíritus a los que se responsabilizaba de los huracanes, los truenos y los eclipses, y a los que se conjuraba tallando figuras que los representasen. También creían en los cemíes, sers sobrenaturales a los que identificaban con las estrellas.

LA RELIGIÓN DE LOS CAZADORES Y RECOLECTORES.


Indios del Amazonia.

Entre los pueblos que han mantenido sus tradiciones tras la colonización de América se encuentran los inuit, que quiere decir "seres humanos". También se llamán a sí mismos yupik, "auténticos humanos". El nombre de esquimales con el que se les conoce significa "comedores de carne cruda", un nombre que a algunos les parece insultante.

Ya habitaban la zona ártica de América antes de la llegada de los europeos. Han fascinado a muchos su resistencia ante el reto de un clima extremadamente duro.

Gran parte de su actividad religiosa está relacionada con la caza y la pesca: tienen que cumplir los rituales y respetar los tabúes para sobrevivir, ya que de lo contrario podrían poner en peligro a los animales o morir de hambre por no obtener ninguna pieza.

La cuenca del Amazonas, además de ser uno de los pulmones verdes del planeta, es también el refugio de muchas tribus que mantienen sus formas de religión y sus modos de vida ancestrales.

En esta zona vivían los guaraníes a la llegada de Cristobal Colón. Creían en la existencia de seres sobrenaturales que habitaban en plantas y animales y que podían ser muy dañinos si no se les trataba de la manera adecuada. También pensaban que la tierra tenía su propia lama, a la que se encontraban unidos. Por su parte, los seres humanos tenían no una, sino dos almas: la primera, de origen divino, es obra del dios creador Namandú y es la que permite que los humanos tengan inteligencia y puedan hablar; la segunda alma es de origen animal y marcará el cáracter de las personas. Esta idea de que los humanos tienen varias almas es común a muchos pueblos americanos y la búsqueda o potenciación del alma o doble animal es motivo de importantes ceremonias religiosas.

domingo, 13 de enero de 2013

LA PROTECCIÓN CONTRA LOS ESPÍRITUS.

 
La religión inuit tiene origen chamanista y animista.

Entre los inuit, una manera de combatir los peligros diarios que vengan de los espíritus malignos es cantar una "canción de caza", una mezcla de oración y fórmula mágica que el cazador aprende de su padre o que compra a un chamán.

Es una canción personal que no puede ser utilizada por otro a menos que le sea vendida.

Cada mañana, el cazador canta su "canción de caza" mientras prepara el material que va a utilizar a lo largo del día.

Otra forma de protección son los amuletos, objetos que se consideran cargados de un poder protector. Están formados por un collar al que va sujeta una pequeña bolsa. Dentro de esta bolsita habrá trozos de piel y huesos de animal, pequeñas piedras y miniaturas de animales que simbolizan a un espíritu protector.

UNA TUMBA PREHISTÓRICA.


Enterramiento perteneciente a la cultura del Argar, época del Bronce Medio (h. 1.500 a.e.c), hallado en Herrerías, Granada. Madrid, Museo Arqueológico Nacional.

En la actualidad, lo habitual en nuestro entorno cultural es que los muertos se entierren tumbados boca arriba o que se les incinere, pero en la Prehistoria existieron muchas formas de colocar a los difuntos en la tumba, como boca abajo, de lado o encogidos.

Por ejemplo, en la ilustración, el cadáver está en posición fetal y junto a él se depositaron objetos que formaban su ajuar.

Muchos investigadores han planteado que esta disposición se debe a que veían en la muerte el nacimiento a una nueva vida. Por este motivo, los muertos eran colocados en la postura de los fetos, esperando que volviesen a la vida como niños.

En muchas sociedades solía ponerse a un nuevo miembro de la familia el nombre de un antepasado muerto, generalmente un abuelo, en la creencia de que había vuelto al seno del grupo.

martes, 8 de enero de 2013

CHAMANES.

 File:Kyzyl Shaman.jpg

El chamán (del idioma tungu, de Siberia, xaman o schaman, y éste del verbo scha, "saber"), es un individuo al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de esta, de maneras que no responden a una lógica causal. Esto se puede expresar finalmente, por ejemplo, en la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y de presentar habilidades visionarias y adivinatorias. Es el término usado para indicar a este tipo de persona, presente principalmente en las sociedades cazadoras y recolectoras de Asia, África, América y Oceanía y también en culturas prehistóricas de Europa. En algunas culturas se cree también que el chamán puede indicar en qué lugar se encuentra la caza e incluso alterar los factores climáticos.

Índice

Papel de los chamanes

Los chamanes cumplen un papel central en las comunidades cazadoras y recolectoras, como depositarios de sabiduría. Su don es recibido por herencia, ocasionalmente por vocación, pero suele exigir siempre pasajes de iniciación, consistentes en largos ayunos, retiros y, en ciertos casos, ingestión de alucinógenos. Suelen ser elegidos por familias y posteriormente por los espíritus, y deben someterse a un riguroso entrenamiento. Entre sus funciones están comunicarse con los espíritus para corregir los errores de la comunidad a la que pertenecen, por lo cual también restauran la armonía entre el hombre, su mundo espiritual y el mundo físico.
No se atribuye a los chamanes el papel de sacerdotes, ya sea porque está asignado a otros individuos o porque no existe una clase sacerdotal. En este caso, toda la religiosidad tiene su centro en la figura del chamán, el único intermediario con los espíritus.

Comunicación con los espíritus

El chamán convierte a los espíritus de la naturaleza y de los hombres en sus "familiares". Los antropólogos que estudiaron el fenómeno del chamanismo, que se encuentra tanto en pueblos siberianos como entre los sintoístas de Japón, las tribus indígenas del Norte, Centro y Sur de América y las de Australia y Nueva Zelanda, aunque con nombres diversos, señalaron que pueden realizar "viajes" al mundo espiritual mediante estados modificados de conciencia y para recibir conocimientos. Con todo, el prestigio del chamán en la tribu deriva muy directamente de su poder de sanar.

Chamanes de México

En México,los chamanes y/o psicólogos autóctonos son llamados Hombres de conocimiento y comandaban, uno o varios a la vez,cada tribu de los antiguos habitantes de ésta región de América.Esos hombres eran destacados por su inteligencia, intuición y capacidad de videncia. Al parecer,a partir de los Toltecas, estos hombres de conocimiento comenzaron a fundar linajes, mediante los cuáles, a través de una cadena de sucesores, transmitían de generación en generación, su particular forma de crear la realidad. Se desconoce el número de linajes que actualmente existen en México. Unos sobrevivieron a la conquista, otros fueron creados después de ella; se les encuentra en casi todo el pueblo formando una subcultura compleja de riqueza extensa, se dedican a curar enfermedades, a pronosticar el futuro, a dar consejos y aliviar angustias.

Curación de las enfermedades

la curación chamánica suele usar objetos y fetiches como este tambor.
Los estudios sobre chamanismo indican que a veces, mediante hierbas, raíces, sustancias vegetales, sugestión o efecto placebo cumplen la función de curanderos, y realmente sanan. Por otra parte, se supone que su poder de sugestión produce efectos terapéuticos en quienes padecen pánico, angustia y otros desequilibrios psíquicos. Los estudios revelaron que tribus dominadas por los incas de América del Sur poseían conocimientos que les permitían controlar la depresión mediante el uso de fármacos obtenidos con una química rudimentaria.

Véase también

Enlaces externos

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