sábado, 2 de febrero de 2013

MESOPOTAMIA, CUNA DE RELIGIONES.

 

Su nombre hace referencia a los ríos Tigris y Éufrates, ya que Mesopotamia significa «entre ríos» en griego, y ocupaba la zona donde hoy se sitúa Irak. Allí aparecieron las primeras ciudades, la escritura, y se desarrollaron grandes civilizaciones, que fueron heredando y adaptando sucesivamente la religión y los dioses de sus predecesores. Las religiones de Mesopotamia han influido, además, en nuestra cultura, ya que en los relatos de la Biblia se incluyen referencias a mitos mesopotámicos tan famosos como el del diluvio.

LA IMAGEN DE LOS REYES.

La forma en la que se representaba a los reyes en las civilizaciones mesopotámicas y en la egipcia da idea de la importancia social que tenían, ya que se les intentaba dar la solemnidad de los dioses.


Gudea, rey-sacerdote sumerio (2.400 a.e.c). Paris, Museo del Louvre.


El faraón Ramsés II, escultura colosal perteneciente al templo de Hathor (1.300 a.e.c). Egipto, Abú Simbel.

 
Tumba del faraón egipcio Sarenput II (1900-1800 a.e.c). Egipto, Lumbbet el-Hawa, Assuan.

ESPACIO Y TIEMPO DE LAS PRIMERAS CIVILIZACIONES.


 
 
 
Detalle del llamado "relieve del Zoadiaco", perteneciente al templo de Hathor en Dandara, Egipto.
 
Las antiguas culturas de Mesopotamia y Egipto crecieron en torno a grandes ríos, fundamentales para su supervivencia, ya que eran pueblos dedicados a la agricultura. Aquí nacieron también las primeras ciudades, y con ellas la necesidad de organizar la convivencia de todos. Así surgieron las estructuras de poder, que fueron quedando en manos de unos pocos y, frecuentemente, vinculadas a este poder, se desarrollaron también las religiones.
 
 
En algunos aspectos, como en la religión, las civilizaciones de Egipto y Mesopotamia resultan parecidas. Estas civilizaciones se situaban en los fértiles valles del Nilo (en el caso de Egipto) y del Tigris y del Éufrates (en el caso de Mesopotamia), aunque rodeados de territorios poco habitables. Su población creció y la sociedad se hizo más compleja, por lo que se necesitaba asegurar una rápida y eficaz toma de decisiones en zonas cada vez más extensas. Con el tiempo, estas decisiones empezaron a tomarse entre muy pocas personas, que vivían de un modo distinto a la mayoría de la población. Los reyes controlaban los impuestos y organizaban la sociedad. Ya no todo el mundo se dedicaba al cultivo de la tierra: había artesanos, comerciantes, técnicos, escribas, militares y también sacerdotes y gobernantes. Se desarrollaron las artes, la escritura, la ingeniería, el ejército, los sistemas de gobierno y los ritos, los mitos y los relatos religiosos.
 
Dioses y reyes  

Dioses egipcios.

 La gran mayoría de la población no tenía el poder de decidir y su vida se centró en trabajar para sus gobernantes. Las sociedades de estas primeras civilizaciones estaban bastante jerarquizadas. La base, formada por los súbditos, era muy ancha, y en la cúspide había muy pocas personas que decidían por los demás. La religión cumplió un papel muy importante en esta distribución del poder. La gran mayoría aceptaba que, al igual que los dioses controlaban todo, los reyes, que eran sus representantes, también debían tener el poder en la tierra. A los dioses había que hacerles ofrendas para tenerlos contentos y que no destruyesen el mundo y los gobernantes tenían que ser obedecidos. Dioses y reyes merecían lo mejor. Por eso se hicieron para ellos los templos, los palacios y las tumbas que todavía hoy admiramos. Pensaban que garantizaban el orden tanto del cielo como de la sociedad; por eso estas civilizaciones se caracterizaron por la estabilidad.


EL ANIMISMO EN LA ACTUALIDAD.


«A Kua Be», figurilla femenina de la tribu ashanti, Ghana.

"A Kua Be", figurilla femenina de la tribu ashanti, Ghana.
 
Al sur de las civilizaciones históricas de Egipto y de Etiopía, en la zona central del continente africano, aún viven pueblos que mantienen cultos animistas que han ido adaptando a sus circunstancias actuales.

Se trata de creencias basadas en la idea de que cualquier ser vivo está dotado de alma (anima en latín). Esta concepción espiritualista influyó de forma determinante en el arte de pueblos africanos de vida sedentaria y cultura agrícola. Las formas artísticas más destacadas son pequeñas esculturas y tallas de madera, que eran utilizadas para el culto de los muertos, y máscaras de carácter ritual, que hoy en día constituyen las señas de identidad de cada pueblo.

CULTOS DE CARGO.

Los cultos-cargo, tal como somos

“Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Arthur C. Clarke (1973)
Los Cultos-Cargo, tal como los llaman los antropólogos, son la fascinante historia de la creación de una nueva religión en el siglo XX, folclore en formación ante nuestros ojos. Una religión que nace a inicios del siglo XX y que se desarrolla sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial en algunas islas del Pacífico. Un caramelo para sociólogos, antropólogos o filósofos que han escrito bastante sobre el asunto, así  que tal vez ya conocen el tema, pero es que yo me he enterado hace poco, entre trabajar y seguir el twitter de Rajoy y todas las declaraciones de Mourinho no es fácil enterarse de cosas interesantes, no hay tiempo.

Hasta los años 40 del siglo XX los indígenas de algunos lugares remotos del Pacífico, sobre todo en la Melanesia, vivían apartados del mundo en sus idílicas islas. Bueno, a ellos no les parecían tan idílicas (háganse cargo -con perdón- no había resorts todavía) ya que tenían que trabajar duro para sobrevivir. Sus creencias podríamos calificarlas de habituales en estos casos: rendían culto a sus antepasados que regresarían trayendo consigo una nueva era de prosperidad.

Pero estalla la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y aquello cambia por completo. Empiezan a oír extraños  rugidos en el cielo, a ver enormes pájaros oscuros, o sea OVNIS, y grandes canoas o monstruos marinos. Primero a lo lejos y finalmente algunos desembarcan en su isla. El choque cultural es de proporciones bíblicas, nunca mejor dicho. Algo así como la llegada de las primeras suecas a nuestras playas, pero más bestia. De esas extrañas máquinas salen hombres muy blancos vestidos de verde, con curiosas insignias y banderas y objetos metálicos en sus manos. Sin duda eran los nuevos dioses o, como mínimo, sus profetas.
cuto-cargo, Tanna, Vanuatu
Nuevos dioses más poderosos
Todo el esquema de creencias de estos indígenas se vino al traste. Estos nuevos dioses parecían poderlo todo. Traían latas de conserva, linternas, leche en polvo, chocolate, tabaco y toda una suerte de objetos mágicos que empezaron a regalar a los indígenas. Éstos observaban ojipláticos cada detalle y pronto se dieron cuenta de una cosa, los dioses de los blancos eran mucho mejores que los suyos. Ellos llevaban siglos trabajando duro y siguiendo rituales y sacrificios sin un resultado demasiado satisfactorio. En cambio, estos mesías blancos no cultivaban, no pescaban, se limitaban a realizar unos extraños rituales: escribían en papeles, se sentaban ante cajas parlantes y se comunicaban con sus dioses a través de extraños artefactos que emitían ruidos y luces. A cambio, sus dioses enviaban un cargo (un flete) impresionante: comida y ropa, así como todo tipo de regalos en abundancia.  Así, por la cara. Además, esos curiosos hombres blancos venidos de una tierra lejana a la que llamaban USA tenían también el poder de curar enfermedades, unos verdaderos magos. Un civilización superior llegada desde el espacio.

John Frum que estás en los cielos

Pero no hay bien que cien años dure y estos indígenas tuvieron la desgracia de que la guerra acabó y, tal como llegaron, los nuevos dioses blancos se fueron, llevándose sus cargos: la era de prosperidad acabó.
El aprendizaje humano se da, sobre todo, por observación e imitación (al menos es lo que yo vi un día en un documental de los de la siesta) así que esos nativos melanesios lo vieron claro, debían copiar los ritos de los blancos para recibir ellos también el cargo, los regalos del cielo. Pintaron sus cuerpos imitando los uniformes de los blancos, desfilaron con fusiles hechos con cañas, construyeron radios con latas e incluso aviones y torres de control de madera. A día de hoy algunas comunidades siguen los mismos ritos a la espera del maná del cielo.

En una de esa pequeñas islas, Tanna, en el archipiélago de Vanuatu, se sigue celebrando una vez al año el rito principal de su nueva religión, El día de John Frum (el 15 de febrero), en el que honran a su dios. John Frum es un personaje a medio camino entre la realidad y la leyenda. Se cuenta de él que era bajito, con el pelo blanco y una casaca con numerosos botones. Se sospecha que fuera un soldado norteamericano y que su nombre vendría porque se presentaría diciendo algo así como “I am John, from America” y de ahí el nombre acortado, John Frum para aquí unos amigos y devotos seguidores. Aquel profeta blanco desbarata la estructura social y religiosa de la pequeña isla de Tanna. Les enseña muchas cosas, como que llegará un día en el que no tendrán que trabajar, que aquello será el paraíso, y a la vez les anuncia también la llegada del apocalipsis. Dice la leyenda que tuvo tres hijos: Isaac, Jacob y Lastuán (the last one), aunque muy pocos elegidos pudieron verlos y transmitir sus conocimientos.
Tras un tiempo, John Frum desapareció. Hoy día siguen esperando su retorno, que traerá otra vez el preciado cargo, una nueva era de abundancia en la que no habría que volver a trabajar. Siguen convocándolo cada 15 de febrero con sus desfiles, sus pistas de aterrizaje y sus aviones de caña.

http://www.youtube.com/watch?v=D8XPwHwMugM&feature=player_embedded

El poder observar desde fuera la creación de una religión ante nuestros ojos, además de dar trabajo a los antropólogos (pobres míos con la que está cayendo), nos induce a reflexionar. Aquí se dan algunos condicionantes que aparecen también en las religiones ortodoxas: un ser venido desde el cielo, diferente a nosotros y que posee un poder y unos conocimientos que nos sobrepasan. Nos cambia todo el marco de creencias y un día desaparece y nos deja esperando su vuelta, momento en el que nuestra tierra se convertirá en paraíso. Tal vez le suene de algo.
Desfile John Frum, Tanna
Funcionamos así, mediante mitos, que no son sino explicaciones de lo inexplicable. Hay que rellenar los huecos de todo lo que ignoramos buscando la interpretación que nos parece más sencilla y más adaptable a nuestros conocimientos y a nuestra conveniencia. Unos adoran a los mercados, otros a un dios que es único y a la vez son tres personas (con pasajes en los que habla consigo mismo como padre e hijo a la vez), otros a seres del espacio que nos observan y otros a Maradona o a John Frum.

EL MESIANISMO Y EL MILENARISMO.

La insatisfacción que provoca la destrucción cultural se materializó en actitudes diversas entre las que destacan dos de índole religiosa: el mesianismo y el milenarismo.

El mesianismo es un modo de respuesta testificado en el judaísmo y que se basa en la esperanza de la vuelta de un líder, ungido por Yahvé, que hará retomar el antiguo poder. Tiene relación con los movimientos liderados por personajes carismáticos que poseen poderes especiales y que se creen en condiciones de otorgar la salvación espiritual y material a sus seguidores.


El milenarismo, que en algunos casos está relacionado con el anterior, es una actitud religiosa que toma su nombre del reino milenar prometido en el último libro bíblico cristiano y que tuvo hitos importantes en el movimiento que se produjo a finales del primer milenio en Europa, o en el umbral del año 2.000, cuando muchos visionarios plantearon la esperanza de la llegada de un mundo perfecto, el reino de Jesucristo, que acabase con el injusto mundo del presente.

 

El milenarismo tupí-guaraní, población asentada en extensos territorios de Sudamérica, es ejemplar. El primer gran movimiento del que se tiene constancia se fecha en 1539.

CONVERSIÓN, DESAPARICIÓN Y SINCRETISMO EN LAS RELIGIONES ÉTNICAS.

 

Indígena guaraní.
 
La fragilidad frente al contacto depende de numerosos factores, de tal modo que no por tratarse de una sociedad con un mayor grado de complejidad resiste mejor al reto del contacto. Así la sacralización del monarca y el carácter superior refrendado por la religión de los aristócratas polinesios se disolvieron con extraordinaria rapidez cuando aparecieron occidentales que, ponían en duda todo el armazón ideológico en el que se sustentaba tradicionalmente la desigualdad.

El contacto ha producido respuestas muy diversas que van desde el rechazo en forma de huida, como testifica el caso de los tupí-guaraní, o de reafirmación, como los cultos de cargo melanesios, o muchos movimientos de revitalización norteamericanos de vuelta a las raíces nativas. Por otro lado, también se ocasionan sincretismos diversos, de los que resultan los más conocidos los afro-cristianos, tanto en África como en el Caribe o Brasil.

Hay que tener en cuenta que el contacto data de las épocas más remotas y ha sido un factor de mutación religiosa innegable. Muchas sociedades, ante un reto específico, tomaban del exterior creencias y formas religiosas que respondían a esas nuevas necesidades. En otros casos resolvían la situación desde el interior, pero esta mutación cultural no solía poner en peligro el sistema social en sí. La situación es distinta cuando desde el exterior se proyecta presión que intenta modificar la ideología y la religión, y que se inserta dentro de un proyecto más ambicioso de control territorial o de aumento de influencia.