| Ignác Fülöp Semmelweis |

«El deber más alto de la
medicina es salvar la vida humana amenazada, y es en la rama de la
obstetricia donde este deber es más obvio». — I. F. Semmelweis.
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| Nacimiento |
1 de julio de 1818
Budapest (Hungría) |
| Fallecimiento |
13 de agosto de 1865
Budapest |
| Ocupación |
Médico |
| Obras |
La vida de las plantas (1841)
De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal (1860) |
Ignác Fülöp Semmelweis (
Ignacio Felipe Semmelweis, en español) (
1 de julio de
1818 –
13 de agosto de
1865) fue un médico
húngaro de origen
alemán que consiguió disminuir drásticamente la
tasa de mortalidad en un 70 % por
sepsis puerperal (una forma de
fiebre puerperal)
1 entre las mujeres que daban a luz en su hospital mediante la recomendación a los
obstetras de que se lavaran las manos con una solución de cal clorurada antes de atender los
partos. La comunidad científica de su época lo denostó y acabó falleciendo víctima de
septicemia a los 47 años en un asilo. Algunos años después
Luis Pasteur publicaría la hipótesis
microbiana y
Joseph Lister extendería la práctica
quirúrgica higiénica al resto de especialidades médicas. Actualmente es considerado una de las figuras médicas pioneras en
antisepsia y prevención de la
infección nosocomial o
iatrogenia.
Infancia y juventud
Semmelweis, hijo de un tendero de comestibles de origen germano, nace en
Buda, en la orilla derecha del
Danubio,
en un barrio comercial de la capital húngara de población
mayoritariamente alemana. Cursa estudios elementales en el Gimnasio
Católico de Buda, y de 1835 a 1837 se forma en la Universidad de Pest,
al otro lado del río.
En noviembre de 1837 viaja a
Viena por deseo de su padre para licenciarse en
Derecho austríaco, pero su participación en una
autopsia
le hace abandonar el derecho y comienza a cursar estudios en el
Allgemeines KrankenHaus, Hospital General de Viena, donde se convertirá
en alumno de
Joseph Skoda2 (profesor de clínica médica),
Carl von Rokitansky3 (profesor de
anatomía patológica) y
Ferdinand von Hebra4 (profesor de
dermatología),
tres insignes médicos austríacos. En 1839 se inaugura la Escuela de
Medicina de Budapest y regresa a su ciudad natal para continuar allí su
formación, pero en 1841 vuelve a Viena, descontento con la enseñanza
recibida en Pest.
En 1844 se licencia en Medicina y pasa los dos años siguientes
trabajando con Rokitansky y dedicado al estudio de la infección en el
campo de la cirugía. Durante este tiempo nacen, a la vez, su recurrente
inquietud y su permanente insatisfacción: «Todo lo que aquí se hace me
parece muy inútil; los fallecimientos se suceden de la forma más simple.
Se continúa operando, sin embargo, sin tratar de saber verdaderamente
por qué tal enfermo sucumbe antes que otros en casos idénticos».
En 1846, con 28 años, obtiene el
doctorado
en obstetricia y es nombrado asistente del profesor Klein, en una de
las Maternidades del Hospicio General de Viena. Es el comienzo de una
obsesión.
Estatua en Heidelberg (Baden-Württemberg), Alemania.
Contexto médico histórico
Los últimos años del siglo XIX son de gran trascendencia para el
desarrollo de la medicina contemporánea. Además de Skoda, Rockitansky y
Hebra, despunta la figura de
Rudolf Virchow, quién comienza a desarrollar las disciplinas de higiene y medicina social, en los orígenes de la
medicina preventiva actual. Es el mismo Virchow el que postula la teoría de
Omnia cellula a cellula (toda
célula proviene de otra célula) y explica a los
organismos vivos como estructuras formadas por células. En 1848
Claude Bernard descubre la primera
enzima (
lipasa pancreática). En ese año comienza a emplearse el
éter para sedar a los pacientes antes de la
cirugía y a finales de este siglo Luis Pasteur,
Robert Koch y Joseph Lister demostrarán inequívocamente la naturaleza
etiológica de los procesos infecciosos.
Antecedentes de la fiebre puerperal
El primer tratado de
ginecología fue escrito por
Joannes Petrus Lotichius,
profesor de la Universidad de Rinteln (Alemania) en 1630. Este estudio
sobre la naturaleza de la mujer se tituló originalmente
Gynaicologia, apareciendo el cambio de nomenclatura a la actual en 1730.
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A finales del siglo XVIII comienza a extenderse la hipótesis de las
«miasmas» como causa de las infecciones, incluida la sepsis puerperal,
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pero hasta 1795 no se comienzan a publicar estudios recomendando
medidas higiénicas como el lavado de manos tras asistir a enfermas
afectadas de este proceso infeccioso (y antes de atender nuevos partos) o
la utilización de ciertos antisépticos antes de reutilizar el
instrumental.
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La evidencia es abrumadora y L. J. Boër, a comienzos del siglo XIX,
comienza a aplicar normas similares en la Maternidad de Viena
consiguiendo reducir la mortalidad materna hasta el 0,9%. Su sucesor, el
doctor Klein, dejará de aplicarlas, por lo que la mortalidad ascenderá
hasta el 29,3% (casi una de cada tres mujeres atendidas durante el parto
en esa maternidad morían tras el alumbramiento).
8 Oliver Wendell Holmes publica en 1843
On the Contagiousness of Puerperal Fever, donde recomienda expresamente que «un médico dedicado a atender partos debe abstenerse de participar en
necropsias
de mujeres fallecidas por fiebre puerperal, y si lo hiciera deberá
lavarse cuidadosamente, cambiar toda su ropa, y esperar al menos 24
horas antes de atender un parto».
El estamento médico oficial, sin embargo, sigue remiso a aceptar estas conclusiones, y los dos obstetras
estadounidenses
más importantes de la época (H. L. Hodge y C. D. Meigs) menosprecian y
rechazan públicamente las propuestas de Holmes. En este contexto
académico, pero a través de su propia línea de investigación,
desarrollará Semmelweis su trabajo apenas cuatro años después, en la
misma Maternidad de Viena que aún dirigía el Doctor Klein.
| LA FIEBRE PUERPERAL EN EUROPA A MEDIADOS DEL SIGLO XIX9 10 |
| CIUDAD |
CLÍNICA |
MORTALIDAD (%) |
| Viena |
Clínica de Klein |
40 |
| Berlín |
Clínica de Schuld |
26 |
| Edinburgo |
Clínica de Simpson |
22 |
| París |
Clínica de Dubois |
18 |
El descubrimiento
Streptococcus agalactiae, el agente causante más frecuente de la
sepsis puerperal por contaminación con flora autóctona, a 10000
aumentos. La infección estudiada por Semmelweis se debía a contaminación
desde cadáveres con
bacterias anaerobias.
Al poco tiempo de empezar a trabajar en la Maternidad de Viena,
Semmelweis comienza a observar con preocupación la alta tasa de
mortalidad entre las parturientas, entre fuertes dolores, fiebre alta y
una intensa fetidez.
En este hospicio se disponía de dos salas de partos: una dirigida por
el doctor Klein y otra por el doctor Bartch. En la primera, la
mortalidad medida en 1842 había registrado una cifra del 30%, pero en
los primeros meses de 1846, el año en que el joven médico húngaro entra a
formar parte de la plantilla, la cifra ronda el 96%.
11 Utilizando un rudimentario método
epidemiológico
comienza a estudiar las diferencias en ambos pabellones: El de Klein es
más frecuentado por los estudiantes de medicina, quienes atendían a las
parturientas después de sus sesiones de
medicina forense en el pabellón de
anatomía. En cambio la sala de partos de Bartch es más utilizada por las
matronas,
pero cuando los estudiantes visitan su sala la mortalidad también
aumenta en esta. Esto le lleva a formular la ingeniosa (y correcta)
teoría de que los estudiantes transportan algún tipo de «materia
putrefacta» desde los cadáveres hasta las mujeres, siendo ese el origen
de la fiebre puerperal.
...Una vez que se identificó la causa de la mayor mortalidad de la
primera clínica como las partículas de cadáveres adheridas a las manos
de los examinadores, fue fácil explicar el motivo por el cual las
mujeres que dieron a la luz en la calle tenían una tasa notablemente más
baja de mortalidad que las que dieron a luz en la clínica...
El doctor Klein no está de acuerdo con las conclusiones de
Semmelweis: sus propias teorías acerca del problema van desde la
brusquedad de los estudiantes a la hora de realizar los exámenes
vaginales hasta el hecho de que la mayor parte de ellos sean extranjeros (procedentes de Hungría, sobre todo).
De hecho Klein llega a expulsar a 22 de sus estudiantes, quedándose
tan sólo con 20, pero esto no mejora la situación entre las mujeres que
acuden a la clínica para dar a luz.
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Se conservan algunas cartas de esta época de Semmelweis a su amigo
Markusovsky: «No puedo dormir ya. El desesperante sonido de la
campanilla que precede al sacerdote portador del viático, ha penetrado
para siempre en la paz de mi alma. Todos los horrores, de los que
diariamente soy impotente testigo, me hacen la vida imposible. No puedo
permanecer en la situación actual, donde todo es oscuro, donde lo único
categórico es el número de muertos».
En octubre de 1846 decide instalar un lavabo a la entrada de la sala
de partos y obliga a los estudiantes a lavarse las manos antes de
examinar a las embarazadas. El doctor Klein se niega a aceptar esta
medida y el día 20 de ese mes despide intempestivamente a su ayudante. A
la espera de que Skoda le consiga una plaza en su hospital, emprende un
viaje de dos meses por Europa con su amigo Markusovsky. A la vuelta
conoce la noticia de la muerte de
Jakob Kolletschka,
profesor de anatomía, tras producirse una herida durante una disección y
desarrollar unos síntomas similares a los de la fiebre puerperal. Este
hecho le convence de que la causa son ciertos exudados presentes en los
cadáveres:
Este acontecimiento me sensibilizó extraordinariamente y, cuando
conocí todos los detalles de la enfermedad que le había matado, la
noción de identidad de este mal con la infección puerperal de la que
morían las parturientas se impuso tan bruscamente en mi espíritu, con
una claridad tan deslumbradora, que desde entonces dejé de buscar por
otros sitios.
El rechazo
Por influencia de Skoda es admitido como ayudante en la sala del
doctor Bratch. Aún no se conoce la existencia de los microorganismos
causantes de las infecciones y sólo puede intuirse la existencia de los
mismos a través de sus efectos y del olor que despiden: «Desodorar las
manos, todo el problema radica en eso».
A petición suya los estudiantes de la sala del profesor Klein pasan a
la sala del profesor Bartch: es mayo de 1847, y ese mes la mortalidad
en esta sala sube del 9 al 27%.
Inmediatamente decide preparar una solución de
cloruro cálcico
y obliga a todos los estudiantes que hayan estado trabajando en el
pabellón de disecciones ese día o el anterior a lavarse antes de
examinar a las embarazadas, con lo que la mortalidad desciende al 12%.
Durante este período realiza un minucioso trabajo descriptivo acerca
de los fallecimientos y las circunstancias en que se suceden, consulta
los archivos y registros de la Maternidad de Viena desde su apertura en
1784 hasta 1848 y elabora tablas cruzando los datos de partos,
defunciones y tasas de mortalidad para esos años.
En junio de ese año diagnostica de cáncer de útero a una mujer que se
creía embarazada. Tras examinarla explora a cinco mujeres durante el
parto; las cinco morirán por fiebre puerperal, lo que le permite
generalizar sus conclusiones: la manos pueden ser
vectores de transmisión de sustancias infectantes.
Decide extender la práctica del lavado con cloruro cálcico a
cualquiera que vaya a examinar a las embarazadas, y la mortalidad cae al
0,23%.
10
Y sin embargo, por vanidad o por envidia, los principales cirujanos y
obstetras europeos ignoran o rechazan su descubrimiento. Llegan a
afirmar que no es posible reproducir los resultados de su experimento, y
que ha falseado las estadísticas obtenidas.
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Solo cinco profesores le mostrarán apoyo público: Skoda, Rokitansky,
Hébra, Heller y Helm. Sin embargo en la corte prevalece la opinión del
doctor Klein y el 20 de marzo de 1849 Semmelweis es nuevamente expulsado
de la Maternidad.
En palabras del profesor Hebra: «Cuando se haga la Historia de los
errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y
provocará asombro que hombres tan competentes, tan especializados,
pudiesen, en su propia ciencia, ser tan ciegos, tan estúpidos».
10
Se traslada de nuevo a su ciudad natal, en plena revolución húngara, y
su amigo Markusovsky lo encuentra meses después viviendo en la miseria,
con un brazo y una pierna fracturados, y hambriento. Gracias a él es
aceptado en la Maternidad de San Roque de Budapest, y pasará los
próximos años escribiendo en secreto su principal obra:
De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal.
Últimos años
Hospital Semmelweis, en Miskolc, Hungría.
En 1854, tras la muerte de profesor Birly, es nombrado profesor de la
Maternidad del clínico de la Universidad de Pest, y a partir de ese
momento prácticamente desaparece la mortalidad por sepsis puerperal.
El ambiente hostil le empuja a escribir una carta a todos los profesores de obstetricia:
Carta abierta a todos los profesores de obstetricia.
Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico,
porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar,
en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, ¡ay!, depende de los
tocólogos. Y con esto ya está todo dicho... ¡Asesinos! Llamo yo a todos
los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre
puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como
debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay
otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el
corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas
de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que
conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan
como auténticas epidemias...
Sello postal alemán en homenaje a Semmelweis.
Este gesto empeora su situación pública y comienza un período de
declive intelectual, en el que llega a pegar pasquines por las paredes
de su ciudad en los que advierte a los padres de las mujeres embarazadas
del riesgo que corren si acuden a los médicos.
Sufre alucinaciones, busca tesoros escondidos en las paredes de su
casa y finalmente es internado en un asilo. Algunos autores han sugerido
la posibilidad de que Semmelweis hubiera padecido durante estos años
algún tipo de
demencia precoz, o
Alzheimer.
En abril de
1865,
tras presentar síntomas de mejoría, es dado de alta. Aprovecha su
libertad para entrar en el pabellón de anatomía donde, delante de los
alumnos, abre un cadáver y utiliza después el mismo bisturí para
provocarse una herida.
[cita requerida]
Skoda acude a Budapest, pero tras tres semanas de fiebre y los mismos
síntomas que los de las mujeres que tantas veces vio morir, él mismo
fallece a los 47 años en brazos de su profesor.
[cita requerida]
El Hospicio General de Viena es actualmente un edificio rosa con
verja negra; en su interior puede verse la estatua de un hombre sobre un
pedestal que representa al profesor Semmelweis. Bajo la efigie se ha
colocado una placa con la inscripción: «El salvador de las madres».
Obra
- La vida de las plantas (tesis-doctorado, 1841).
- De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal (Die Ätiologie, der Begriff und die Prophylaxis des Kindbettfiebers. Escrita en 1860, publicada en 1861).
Notas
- Se denomina sepsis o
fiebre puerperal a una infección del área genital femenina tras el
parto, que puede producirse por colonización de microorganismos
presentes en el canal del parto o por contaminación exógena.
- Brillante clínico
famoso por sus diagnósticos inmediatos y certeros. Desarrolló varias
técnicas de percusión y auscultación para el diagnóstico de enfermedades
pulmonares. Centraba su estrategia terapéutica en la prevención, siendo
considerado por la Medicina contemporánea como el principal
representante del nihilismo terapéutico: «Lo mejor en medicina es no hacer nada».
- Considerado por
Rudolf Virchow «el Linneo de la anatomía patológica» debido a su
meticulosidad descriptiva, lo que acabó dando nombre a varias
enfermedades descritas por él (tumor de Rokitansky, úlcera de
Rokitansky...).
- El maestro de la dermatología del siglo XIX
- Martin Schurig, Tratado médico-legal sobre sexualidad femenina, Dresden, 1730.
- Charles White, Treatise on the Management of Pregnant and Lying-in Women, Manchester, 1773.
- Alexander Gordon, Treatise on the Epidemic Puerperal Fever of Aberdeen, Aberdeen, 1795.
- Guthrie D. (1945). Historia de la medicina, Barcelona, Salvat, 1947, pp. 388–391.
- Guillermo Henao, «La lucha de I. F. Semmelweis en la génesis de un nuevo paradigma», en Iatreia, vol. 12, n.° 3, p. 152.
- Céline, Louis-Ferdinand. Semmelweis, Paris, Gallimard, 1952.
- Guillermo Henao, «La lucha de I. F. Semmelweis en la génesis de un nuevo paradigma», en Iatreia, vol. 12, n.° 3 (septiembre de 1999).
- Laín Entralgo, Pedro. Historia universal de la medicina, Barcelona, Salvat, tomo III, pp. 318–320.
- Tilanus (Amsterdam), Schmitt (Berlín), Simpson (Edimburgo), e incluso la Sociedad Médica de Londres.
Bibliografía
- Ignaz Semmelweis. Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal. Traducción. El desafío de la epidemiología, problemas y lecturas seleccionadas. OPS 1988.
- Magdalena Fresán. El perdedor iluminado, Ignaz P. Semmelweis. Pangea Editores, México 1991.
- Laín Entralgo, Pedro. Historia de la medicina. Masson-Salvat Medicina, Barcelona, 1978.
- Guthrie D. (1945). Historia de la medicina, Barcelona, Salvat, 1947.
- Louis-Ferdinand Céline. Semmelweis, París, Gallimard, 1952 (trad. española: Juan García Hortelano, Madrid, Alianza, 1968).
- Crónica de la medicina. Plaza y Janés Editores, Bogotá 1995.
A título póstumo, los ganadores del Premio Nobel de Física y Química
decidieron entregarle un Premio Nobel en su memoria gracias a sus
logros.
[¿quién?]
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