Ya
antes incluso de la época de >Constantino (+337) había asociaciones o
sociedades de fieles de distintos tipos 1. Más tarde los gremios, sociedades y
cofradías se multiplicaron hasta tal punto que Hincmaro de Reims el 852 tuvo
que dictar leyes con el fin de evitar abusos y regular sus relaciones con las
autoridades de la Iglesia. Durante la Edad media se desarrollaron muchas
cofradías y órdenes terceras, con frecuencia asociadas a órdenes religiosas.
Bajo Gregorio XIII (1572-1585) surgieron archicofradías transnacionales; con la
aprobación de Roma podían compartir sus privilegios espirituales con otras
asociaciones. Después del concilio de >Trento se fundaron un gran número de
asociaciones, muchas de las cuales todavía existen. El Código de Derecho
canónico de 1917, en un capítulo amplio (CIC 684-725), distinguía las
asociaciones de los institutos religiosos y las sociedades sin votos, y
señalaba como sus tres fines principales: el perfeccionamiento espiritual de
sus miembros, el ejercicio de las obras de piedad o caridad y el fomento del
culto público (CIC 685). El Código de 1917 establecía también algunas
condiciones para regular las relaciones entre las autoridades eclesiásticas y
las asociaciones 2, pero podría decirse que esta sección del anterior Código
reflejaba el modelo jerárquico e institucional de la Iglesia entonces en
boga, y que las asociaciones eran consideradas laicas. Entre 1917 y el Vaticano
II, mientras seguían fundándose gran número de asociaciones, se produjeron
dos novedades importantes: la Acción Católica (>Apostolado laical
diocesano) y los >institutos seculares. Un factor importante fue
la situación especial concedida a una de las más difundidas de todas las
asociaciones de laicos, la Sociedad de San Vicente de Paúl, que quedó exenta
de muchas de las normas del Código de 1917 (CIC 686-699) 3. El Vaticano
II refrendó decididamente las asociaciones de fieles, incluyendo algunas de
sacerdotes y religiosos 4.
El
nuevo Código de 1983 afirma el establecimiento de asociaciones como uno
de los derechos fundamentales de los fieles (por tanto, no sólo de los laicos):
«Los fieles tienen la facultad de fundar y dirigir libremente asociaciones para
fines de caridad o piedad o para fomentar la vocación cristiana en el mundo; y
también pueden reunirse para conseguir en común esos mismos fines» (CIC 215).
Esta afirmación debe leerse a la luz del canon siguiente, que establece el
derecho de los fieles a participar en la misión de la Iglesia por medio de la
actividad apostólica (CIC 216).
El
canon posterior en el que se explica el derecho de CIC 215 es más amplio que el
del Código de 1917: «Existen en la Iglesia asociaciones distintas de
los institutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, en
las que los fieles, clérigos o laicos, o clérigos junto con laicos, trabajando
unidos, buscan fomentar una vida más perfecta, promover el culto público, o la
doctrina cristiana, o realizar otras actividades de apostolado, a saber,
iniciativas para la evangelización, el ejercicio de obras de piedad o de
caridad y la animación con espíritu cristiano del orden temporal» (CIC 298).
Sería difícil concebir tareas que no pudieran incluirse dentro de alguna de
estas categorías. Sin embargo, todo esto no cubre suficientemente las
asociaciones que pueden establecerse entre estas asociaciones de laicos y los
institutos de vida consagrada o sociedades de vida apostólica 5. Se ha dicho
que el Código no tenía en cuenta la variedad de asociaciones
contempladas en el Vaticano II (AA 18-19) y que establecía un marco
excesivamente jurídico dentro del cual considerar las asociaciones 6.
Los
cánones relativos a las asociaciones (298-329) 7 han de ser observados tanto
por las asociaciones públicas (CIC 301 § 3), es decir, erigidas por la
autoridad competente, como por las privadas (CIC 299), o sea, establecidas por
acuerdo mutuo de sus miembros y más tarde aprobadas 8. En referencia a las
asociaciones públicas se subraya su peculiaridad porque actúan >Nomine
Ecclesiae (CIC 301 § 1). La aprobación supone la aceptación de sus estatutos
(CIC 304, 314, 333 § 2). Están sometidas por consiguiente a la autoridad
eclesiástica en materia de fe, moral y leyes eclesiales, y son personas
jurídicas (cf CIC 114-116, y 322 en el caso de las asociaciones privadas) 9.
Pero aunque se prefieran las asociaciones públicas (erigidas o posteriormente
adoptadas por la autoridad) o privadas (aprobadas) (CIC 298 § 2), no se
excluyen las asociaciones que no pretendan este estatuto jurídico; CIC 299 § 3
se refiere al reconocimiento (agnoscitur) de las asociaciones, no a su
derecho a la existencia 10. Las que no hayan buscado o conseguido la aprobación
estarán ligadas a las obligaciones derivadas del bien común de la Iglesia y de
los derechos de los demás (CIC 223 § 1). A los grupos que participan del
espíritu de algún instituto religioso se les llama «órdenes terceras o con
otro nombre parecido»; están bajo la dirección del instituto (CIC 303). Hay
que notar que ninguna asociación puede llamarse «católica» sin la
aprobación de la autoridad competente (CIC 300), ya que este título es una de
las >notas de la Iglesia (>Católico) y, por consiguiente, no puede ser
adoptado por decisión privada (cf CIC 216, 803 § 3).
Las
normas del Código que siguen distinguen entre asociaciones públicas
(312-320) y privadas (321-326). Tratan de temas de organización (CIC 304-305),
pertenencia (CIC 306-308, 316), funcionamiento (CIC 309-311, 323-325),
moderadores o presidentes (CIC 309, 317-318, 324 § 1), capellanes y directores
espirituales (CIC 317, 324, cf 564), administración de los bienes (CIC 319,
325), supresión de las asociaciones (CIC 320, 326), autonomía (CIC 321) y
personalidad jurídica de las asociaciones (CIC 322). Hay también cánones
especiales relativos a las asociaciones de clérigos, es decir, asociaciones
cuyos miembros son clérigos diocesanos (CIC 278 §§ 1-2); a las asociaciones
clericales, es decir, las que están bajo la dirección del clero (CIC 302); y a
las asociaciones de laicos (CIC 327-329). El tono realmente positivo de estos
cánones, así como la flexibilidad que permiten, harán posibles futuros
desarrollos de acuerdo con los carismas recibidos por los fieles (cf LG 12; PO
9; AA 3) para colaborar en la misión de la Iglesia estableciendo o
desarrollando asociaciones. Aunque las asociaciones tienen una larga historia,
es menester una ulterior reflexión teológica sobre su naturaleza y una actitud
positiva ante las nuevas formas que puedan ir surgiendo 11.
Uno
de los desarrollos más importantes de la vida religiosa en la década de 1980
consistió en la difusión de asociaciones relacionadas con congregaciones
religiosas. Su forma y la fuerza de su vinculación con los institutos varía,
pero tienen dos ventajas vitales: el carisma del instituto religioso ayuda a los
fieles a vivir su compromiso cristiano, y los religiosos, por su parte, ahondan
en la comprensión de su propio carisma al compartirlo.
[La
participación en la vida de la Iglesia es la clave para afrontar la compleja
cuestión de las asociaciones y movimientos de fieles, expresión de la «nueva
época asociativa» que vive la Iglesia (ChL 28.30). Se manifiesta así la
razón eclesiológica del origen del asociacionismo eclesial, formulada por el
concilio Vaticano II como «signo de la comunión y de la unidad de la Iglesia
en Cristo» (AA 18).
A
su vez aparece en este contexto teológico la razón cultural del fenómeno
asociativo, ya que este expresa «la naturaleza social de la persona y obedece a
instancias de una más dilatada e incisiva eficacia operativa» (ChL 29) y por
esto se muestra más adecuado para influir culturalmente en la sociedad. Esta
incidencia, en efecto, en el contexto de
una sociedad pluralista y fraccionada, comporta sobre todo como un «sujeto
social», que es sin duda uno de los rasgos más significativos del fenómeno
asociativo eclesial.
La
raíz del fenómeno asociativo se encuentra en «un derecho que deriva del
bautismo y no como una especie de concesión de la autoridad» (ChL 29). En
efecto, por el bautismo el cristiano participa íntimamente en la misión de
Cristo y por esta misión llega a ser «persona teológica» (H. U. von
Balthasar). Desde esta perspectiva no puede haber contradicción entre
«apostolado personal y apostolado asociado» puesto que siempre es necesaria la
iniciativa personal y se debe tener en cuenta que no es indispensable pertenecer
a formas asociativas o movimientos para vivir la misión (Cf una triple
tipología en >Movimientos eclesiales).]
NOTAS:
1
J. A. Amos, A Legal History of Associations of the Christian Faithful, StCan
21 (1987) 271-297; S. DE ANGELIS, De fidelibus associationibus, 2
vols., Nápoles 1959.
2
J. A. AMOS, A Legal History of Associations of the Christian
Faithful, a.c., 281-283.
3
AAS 13 (1921) 135-144.
4
AA 4, 15, 21, 22; CD 17, 29, 30; AG 15, 38, 39, 41; PC 22; GE
8; GS 90; PO 8-9.
5
A. JACOBS, Les associations de fidéles dans 1'Église, StCan 22
(1988) 359-379.
6
E. CORECCO, La recepción del
Vaticano II en el Código de Derecho canónico, en
G. ALBERIGO-J. P JOSSUA (eds.), La recepción del Vaticano II, Cristiandad,
Madrid 20005, 299-353; A. BARRUFFO, Asociaciones de
laicos, en S. DE FIORES-T. GoFFi-A. GUERRA (dirs.), Nuevo
diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 20005,
1097-1098; G. GHIRLANDA, Quaestiones
de christifidelium consociationibus
non solutae, Periodica 80 (1991)
523-558.
7
A. GHIRLANDA, El derecho en la Iglesia, misterio de comunión, San Pablo,
Madrid 20002, 281-292 (Las asociaciones de los fieles);
en España, las directrices fundamentales
sobre asociaciones han sido dictadas por la Conferencia Episcopal
Española en una amplia Instrucción sobre asociaciones canónicas de ámbito
nacional, 24 de abril de 1986, BOCEE 3 (1986) 79-84; LMARTÍNEZ
SISTACH, Asociaciones públicas y privadas de laicos, lusCan 26 (1986)
139-183; W. SCHULZ, La posizione
giuridica delle associazioni e la loro funzione nella Chiesa, Apollinaris
59 (1986) 115-130.
8
R. PAGÉ, Les associations de
fidéles: reconnaissance et érection, StCan
19 (1985) 327-338; ef J. T. MARTÍN DE AGAR, Brevi cenni sulle
fondamento dei rapporti tra gerarchia e associazioni, Apollinaris 62
(1989) 49-58.
9
W. SCHULZ, La posizione giuridica delle associazioni e la loro funzione
nella Chiesa, a.c., 116120.
10
ib, 122-124; R. PAGÉ, Les
associations de fidéles: reconnaissance et érection, a.c.,
172-174, 199-200.
11
Cf la síntesis y el prontuario con modelos de estatutos de L. MARTÍNEZ
SISTACH, Las asociaciones de fieles, Herder, Barcelona 1994'; L. GEROSA,
Le «charisme
originaire»: Pour une justification théologique du droit des associations dans
l'Église, NRT 112
(1990) 234-235.
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