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jueves, 5 de septiembre de 2013

Atrio.



Un lugar abierto o patio frente a una iglesia. Consistía en un cuadrado grande rodeado por paseos ente columnatas en sus cuatro lados que formaban un pórtico o claustro. Estaba situado entre el porche o vestíbulo y el cuerpo de la iglesia. En el centro del atrio había una fuente o pozo, donde los fieles se lavaban las manos antes de entrar en la iglesia. Un remanente de esta costumbre aún sobrevive en el uso de la fuente de agua bendita, o de la jofaina, a menudo colocada cerca de la entrada interior de la iglesia. A los que no se les permitió avanzar más, y más concretamente la primera clase de penitentes, se paraban en el atrio para pedir las oraciones que entraban a la iglesia. También fue utilizado como cementerio, al principio sólo para las personas distinguidas, pero después para todos los creyentes.
La parte cubierta a la entrada de la iglesia se llamaba el nártex y era el lugar de los penitentes. Las basílicas de Rávena por lo general parecen haber tenido un nártex cerrado, mientras que los de Roma estaban abiertos a Occidente. Un mosaico de San Apolinar Nuovo, Ravena, muestra un nártex abierto cerrado por cortinas. El atrio existió en algunas de las más grandes de las primeras iglesias cristianas, como la antigua Basílica de San Pedro en Roma en el siglo IV, y Santa Sofía en Constantinopla, en el VI. En las residencias (palatia, domus) de la aristocracia romana, donde al principio los cristianos romanos rendían el culto cristiano, había una división en tres partes: en primer lugar, al entrar, un patio llamado atrium; y luego, más adentro, otra patio entre columnas llamado el perystile, y luego el tablinum, donde probablemente se colocaba el altar, y donde se realizaban los servicios. (vea basílica). Un área tan grande para un ante patio requería un solar de terreno costoso y difícil de obtener en una gran ciudad. Por esta razón el antiguo atrio romanos sobrevivió sólo en ocasiones, en las Iglesias Orientales y occidentales. Los ejemplos típicos se pueden ver en las iglesias de San Clemente, en Roma, y San Ambrosio, en Milán; también en las iglesias del siglo VII de Novara y Parenzo.
II. En la arquitectura civil el atrio era la sala de entrada principal y apartamento en una casa romana, y formaba el recibidor. Estaba iluminado por una abertura en el techo, llamada el compluvium, el techo inclinado a fin de arrojar el agua de lluvia en una cisterna en el piso llamada impluvium. En las casas grandes estaba rodeado por una columnata.

Fuente: Poole, Thomas. "Atrium." The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/02059b.htm>.
Traducido por L H M.

martes, 12 de junio de 2012

ATRIO.

(heb. jâtsêr, jâtsîr, azârâh).
Espacio amurallado, sin techo, conectado con una vivienda (2 S. 17:18), un palacio (1 
R. 7:8), el tabernáculo (Ex. 40:8) o el templo (1 R. 6:36; figs 116, 498, 499, 525). 
Los atrios de algunos palacios eran tan grandes que tenían un jardín (Est. 1:5). Como 
el área cerrada que rodeaba el templo de Salomón estaba dividida en sectores por 
muros o edificios, se usa la expresión "atrios" (2 R. 21:5; Sal. 65:4; 84:2). En 
tiempos de Jesús tenía 4 atrios: (1) "el Atrio de los gentiles" -o Atrio exterior)-, 
accesible a todos los adoradores no importando su raza o afiliación religiosa; (2 y 3) 
el Atrio interior, que se dividía en (a) "Atrio de las mujeres", accesible a todos los 
judíos, sin interesar su edad o sexo; y (b) "el Atrio de Israel", al cual sólo podían 
entrar los judíos varones; y (4) "el 117 Atrio de los sacerdotes", donde sólo actuaban 
el personal eclesiástico. Véase Patio.