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martes, 12 de abril de 2016

Edith Stein: judía, filósofa, carmelita, mártir

Judía, filósofa, carmelita, mártir, Edith Stein (1891-1942), "que concentra en su intensa vida una síntesis dramática de nuestro siglo" (Juan Pablo II, 1 de mayo de 1985), y a quien la Iglesia incluye entre sus santos, inaugura vías de relación y de comunión entre ámbitos y niveles distintos, en puntos vitales de la experiencia humana, cristiana, eclesiástica, interreligiosa.
Edith Stein en 1913, a 22 años,
cuando era estudiante en Gotinga
Judía
Judía, nacida en Breslau (Wroclaw) el día del Kippur, destinada al encuentro con Cristo en el bautismo y en la Iglesia, pero no a olvidar la fe de sus padres y de Israel.
"En el origen de este pequeño pueblo... está la cuestión de la elección divina. Es un pueblo convocado y guiado por Yahvé, Creador del cielo y de la tierra. Su existencia no es un mero dato de la naturaleza ni de la cultura... es un hecho sobrenatural" (Juan Pablo II, 31 de octubre de 1997).
Edith Stein vive la fe en la alianza, y ve su culminación en una alianza nueva, reinterpreta desde esta perspectiva la historia de su pueblo, y comparte su destino, con una convicción lúcida y sin vacilación: "Bajo la cruz he intuido el destino del pueblo de Dios, que desde ese momento empieza a preanunciarse. Creo que quien comprende que todo esto es la cruz de Cristo, debería llevarla sobre sí en nombre de los demás" (escrito por Edith Stein el 9 de diciembre de 1938).
Edith asume la carga de la cruz del pueblo elegido, y comparte su suerte hasta el final. De este modo, invita a los cristianos a "comprender que un mundo sin Israel sería un mundo sin el Dios de Israel" (A. Heschel), que "mientras el judaísmo siga marginado en nuestra historia de salvación, estaremos a merced de impulsos antisemitas" (R. Etchegaray), y sobre todo que "la religión hebrea no es extrínseca sino, en cierto sentido, intrínseca a nuestra religión" (Juan Pablo II).
Edith Stein asume en su persona y deja como herencia a judíos y cristianos la reconciliación que la tragedia inhumana de la Shoah invoca de todos. Porque Auschwitz no sólo es un hecho histórico, sino también una cumbre extrema de la maldad humana, que exige de todos silencio y arrepentimiento.
Si "la Iglesia alienta a sus hijos e hijas a purificar sus corazones, por medio del arrepentimiento por los errores y las infidelidades del pasado" (E. Cassidy), Edith, muerta por su pueblo, "puede resplandecer como santa cristiana, portadora de su origen judío" (B. Di Porto, Il tempo e l’Idea, n. 9, mayo de 1997, p. 60), también para sus hermanos judíos.
Como reconoce uno de ellos: "Yo, como judío, creo firmemente en el valor de nuestra cohesión de pueblo, pero no la limito con vallas y alambradas. Admito, en la libre dinámica del espíritu, la posibilidad de los intercambios y los deslumbramientos... Respeto la canonización de Edith, mártir cristiana, nacida hermana mía judía, muerta en las cámaras de gas en Auschwitz por quien inscribía indeleblemente su fraternidad de carne y sangre conmigo" (B. Di Porto, op.cit.).
Edith Stein, en una foto de 1930
Filósofa
Filósofa, discípula y más tarde asistente de Husserl (1916-1922), condiscípula de los participantes en el círculo de Gotinga (Adolf Reinach, Hedwig Conrad-Martius, Roman Ingarden, Hans Lipps...), Edith Stein frecuenta también las clases de Max Scheler. Conocerá a Heidegger, sucesor de Husserl, y a Peter Wust, quien describirá su itinerario desde la filosofía al Carmelo, cuando Edith tome el hábito, el 15 de abril de 1934.
Escéptica ante el positivismo de la psicología experimental de Stern, Edith se siente atraída hacia la fenomenología por la concepción husserliana de la conciencia que emerge sobre el mundo y esparce sus significados, por la admiración de una realidad que suscita admiración, estimula el estudio, invita a "ir hacia las cosas" sin prejuicios, que "pone entre paréntesis" el ser, entendido en modo naturalista, y, por ende, toda forma de realismo que afirme la prioridad del ser sobre el pensamiento.
La fenomenología, que influenciará más tarde a buena parte del pensamiento moderno - de Scheler a Hartmann, de Sartre a Merleau-Ponty, Lévinas, Ricoeur... - fascina a Edith Stein, que ve en Husserl al "filósofo de nuestro tiempo", por la clarificación de la realidad que lleva a cabo, mediante un análisis de los procesos cognoscitivos en su apertura original, como reflexión sobre lo que aparece en el fluir de la conciencia, con la amplitud de un método de investigación no sólo gnoseológico y psicológico, sino también ético, que tiene aplicaciones incluso en la psiquiatría, especialmente en la logoterapia.
En 1917 la fe serena de la joven viuda de Adolf Reinach, caído durante la guerra, lleva a Edith "a su primer encuentro con la cruz... y [con] la luz de Cristo". En 1921, la lectura de la autobiografía de Teresa de Ávila la conduce de manera limpia y viva ante el Cristo-verdad.
Bautizada el 1 de enero de 1922, Edith, guiada por el Padre jesuita Erich Przywara, afronta el estudio de la philosophia perennis : primero Tomás de Aquino y después, en el Carmelo, Juan de la Cruz y Dionisio Areopagita.
Convertida al cristianismo al final de una búsqueda apasionada y ansiosa de la verdad, por voluntad de respuesta a las grandes preguntas sobre el hombre y su destino, que habían despertado en ella el deseo de no dejar inexplorado ningún problema existencial, atraída por el misterio de la persona y por la necesidad de un encuentro con la realidad que no esclavizase, sino que liberase al hombre, Edith Stein es la figura emblemática de
una búsqueda que, por amplitud de horizontes y rigor del método crítico, interesa a los creyentes como a los no creyentes, e invita a un compromiso firme, encarnado en la vida, con las grandes interrogaciones que se ciernen sobre ella.
Edith Stein en 1931,
dos años antes de entrar al
Carmelo de Colonia
Carmelita
Admitida en el Carmelo (14 de octubre de 1933), "alto monte al que hay que empezar a subir desde abajo" (27-08-1939), por su sed de participación en el misterio pascual, Edith asimila su condición de desierto, lo que hace del Carmelo lugar idóneo para entender la cultura nihilista de buena parte de nuestro siglo. Si toda la vida cristiana es un éxodo hacia la tierra prometida, el Carmelo vive la dimensión del éxodo con el radicalismo que Edith ha experimentado, de distintas maneras, durante toda la vida.
Su conversión, que no le impide seguirse sintiendo hija de Israel, enamorada de su santa progenie, la separa sin embargo de la familia y de la madre muy amada, quien posee "también una gran fe" (verano de 1933). "Mi madre se opone todavía con todas sus fuerzas a la decisión que voy a tomar. Es duro tener que asistir al dolor y al conflicto de conciencia de una madre, sin poderla ayudar con medios humanos" (26-01-1934).
La separación de la fe la madre, que seguirá "hasta el final", con admiración de Edith, "fiel a su fe" (04-10-1936), se superpone a sus sucesivos exilios: primero de la Universidad de Friburgo (1922), después del liceo de Spira (1931), de la Academia pedagógica de Münster (1933), y por último, del mismo Carmelo de Colonia (1938), hasta la separación suprema del Carmelo de Echt (2 de agosto de 1942) por el campo de Amersfoort, el lager de Wersterbork (3 de agosto de 1942) y el de Auschwitz-Birkenau (7 de agosto de 1942), donde Edith y su hermana Rosa resultarán inmediatamente seleccionadas para su eliminación (9 de agosto de 1942).
Edith confirma que "la historia de la salvación es la de un continuo caminar sobre las huellas del Señor... Un nuevo descubrimiento, una nueva experiencia de Dios en la historia, una nueva llamada suya pueden hacernos caminar en una dirección inesperada. Cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es (1 Jn 3,2)" (C. Maccise).
Condición de la disponibilidad al éxodo es el abandono a Dios. Edith, enamorada del Carmelo - "en la cima de mis pensamientos estaba sólo el monte Carmelo" (27-03-1934) -, inundada por el agradecimiento de ser carmelita - "no me queda sino dar gracias a Dios de continuo por la inmensa gracia, inmerecida, de la vocación" (11-02-1935) -, sigue abierta a la voluntad de Dios: "Soy consciente de que no tenemos una posición duradera aquí. No deseo más que se cumpla en mí y a través de mí la voluntad de Dios. Él sabe cuánto tiempo me dejará todavía aquí y lo que sucederá después. In manibus tuis sortes meae... No tengo por qué preocuparme" (16-10-1939).
Dios está en todas partes porque vive en el corazón humano, más espacioso que cualquier otro lugar, incluso sagrado: "Dios está con nosotros con toda la Trinidad. Si en el fondo del corazón construimos una celda bien protegida en la que retirarnos lo más a menudo posible, no nos faltará nada en cualquier situación nos encontremos" (22-10-1938).
Ni siquiera en un lager. En el de Westerbork, tres días antes de su muerte, Edith dirá: "Suceda lo que suceda, estoy preparada. Jesús está también aquí con nosotros" (06-08-1942).
Edith Stein en 1938, cinco años después de su entrada al
Carmelo de Colonia
Mártir
El mártir es el más pobre entre los pobres, y el más creíble de los evangelizadores. Edith Stein pasa de la "alegre pobreza" del Carmelo (26-01-1934) a la miseria amarga, anonadada, de las cámaras de gas. No por casualidad.
Desde el momento del bautismo se siente evangelizadora: "Sólo soy un instrumento del Señor. Si uno viene a mí, querría llevarlo a Él" (14-12-1930). "Dios no llama a nadie únicamente para sí mismo" (15-19-1938). "Todos los días esta paz me parece una gracia inmensa que no se nos da para nosotras solas" (02-01-1934).
Una auténtica evangelización no admite condicionamientos, es un testimonio fuerte y libre de la verdad: "Nuestro actuar entre los demás resultará eficaz y estará bendecido por Dios sólo si no cedemos ni siquiera un centímetro del terreno seguro de la fe, y seguimos nuestra conciencia sin dejarnos influenciar por el respeto humano" (20-03-1934)
Ninguna vacilación a la hora de dejar testimonio de la verdad, pero sí la convicción profunda de que Dios está en toda búsqueda sincera, más allá de la percepción de quien lo busca: "Nunca me ha gustado pensar que la misericordia de Dios se pueda detener en las fronteras de la Iglesia visible. Dios es la verdad. Quien busca la verdad busca a Dios, lo sepa o no" (23-03-1938).
El mártir evangeliza porque su sacrificio es un ofrecimiento a Dios por sus hermanos. Edith Stein, que comparte con sus hermanos judíos el trágico destino que arrastró a seis millones de ellos, que muere cristiana, pero como hija de su pueblo martirizado" (Juan Pablo II, 1 de mayo de 1987), y - con explícita y repetida admisión - "para" este pueblo, nos recuerda que, si después de Auschwitz la fe es todavía posible, es porque "Dios mismo estuvo en Auschwitz, sufriendo con los mártires y los asesinados" (G. Dossetti, citando a J. Moltmann).
Su sacrificio lleva a los cristianos a "renovar la conciencia de las raíces judías de la fe... y a recordar que Jesús era descendiente de David; que del pueblo judío nacieron la Virgen y los Apóstoles; que la Iglesia obtiene su sustento en las raíces de aquel buen olivo en el que se han injertado las ramas del olivastro de los gentiles (ver Rm 11,17-24); que los judíos son nuestros queridos y amados hermanos" (Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah, 16 de marzo de 1998).
Edith incita a judíos y cristianos a nutrirse en los manantiales de la "santa raíz", y a un "respeto recíproco, compartido, como conviene a los que adoran al único Creador y Señor, y veneran a un padre común de la fe, Abraham".

viernes, 29 de enero de 2016

San Gordiano, mártir

fecha: 10 de mayo
†: c. 300 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Roma, en la vía Latina, san Gordiano, mártir, que fue sepultado en la cripta de la iglesia donde, desde hacía tiempo, ya se veneraban las reliquias de san Epímaco.
refieren a este santo: San Epímaco de Pelusio

Prácticamente todos los martirologios occidentales posteriores al siglo V mencionan a los santos Gordiano y Epímaco. El Martirologio Romano los ha conmemorado durante mucho tiempo juntos, a pesar de que no tienen relación entre sí, porque san Gordiano estaba asociado al mismo templo que Epímaco, como veremos.
Se dice que Epímaco fue arrojado en un horno para cocer ladrillo, en Alejandría, el año 250, junto con otro mártir llamado Alejandro, tras de haber sufrido crueles torturas por la fe. El cuerpo de San Epímaco fue después trasladado a Roma. San Gordiano fue decapitado en Roma en una fecha que no puede precisarse y sus restos fueron depositados en la tumba de san Epímaco. Hildegarda, la esposa de Carlomagno, regaló la mayor parte de las reliquias de estos dos santos a la abadía de Kempten, en Baviera, que ella había restaurado.
Las «Actas» de estos mártires son espurias, pero no se puede dudar de la existencia histórica y del culto de san Gordiano. Todavía se conserva el epitafio de san Gordiano escrito por el papa San Dámaso. El Pontífice dice que san Gordiano era adolescente, en tanto que las "Actas" afirman que fue ministro («vicarius») del emperador Juliano. Siguiendo a las Actas, muchos santorales ubican a san Gordiano en el 369 (época de Juliano), pero no hay estrictas razones para ello.

Aunque el conjunto del material proviene del Butler, lo he reorganizado para dar cuenta de lo que hoy es una certeza para el Martirologio -que estos dos santos deben celebrarse por separado-, y que en el momento de edición del Butler era sólo una conjetura del hagiógrafo.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

domingo, 4 de enero de 2015

EN HONOR DE SAN BARLAAM, MÁRTIR


Advertencia preliminar

El día, 19 de noviembre, anuncia el martirologio la fiesta de este santo, de la siguiente manera: "Cesarea de Capadocia, San Barlaam, mártir, que, aunque rústico, y sin letras, fortalecido por la sabiduría de Cristo, venció con su constancia en la fe al tirano y al mismo fuego: en su fiesta predicó San Basilio un elocuente panegírico".
PANEGÍRICO
La muerte de los santos se festeja con júbilo
Antes se celebraba la fiesta de los santos con lágrimas y gemidos. José lloró amargamente la muerte de Jacob 1. Los judíos lloraron mucho la muerte de Moisés 2. Lloraron también con abundantes lágrimas a Samuel 3.
Pero ahora nos alegramos con la muerte de los justos. Porque la naturaleza del dolor ha cambiado después de la Cruz.
Ya no acompañamos con lágrimas la muerte de los santos. Danzamos, por el contrario, con coros divinos alrededor de sus sepulcros. Porque para los justos la muerte es sueño, o mejor dicho, es un viaje a mejor vida. He aquí porqué se alegran los mártires al ser degollados. El deseo de una vida más dichosa, amortece el dolor de las heridas. El mártir no mira los peligros, sino las coronas. No le horrorizan las heridas, sino que cuenta los premios. No se fija acá abajo en los verdugos que le golpean. Contempla con los ojos del alma a los ángeles que se congratulan desde el cielo. El mártir no considera lo momentáneo de los sufrimientos, sino lo eterno de los premios. También entre nosotros recogen el fruto magnífico de los honores. Son aclamados por todos con divinas alabanzas; arrastrando a miles de pueblos alrededor de sus sepulcros.
San Barlaam: insuperable maestro de piedad
Esto ha sucedido hoy al valiente Barlaam. Sonó la trompeta guerrera del mártir, y convocó como veis, a los soldados de la piedad. El constituido atleta de Cristo, fue anunciado con pregón. Y a toda esta asamblea de la Iglesia, dio alas para volar.
Dijo el señor de los fieles:
- El que cree en mí, vivirá aunque haya muerto 4.
Pues bien; murió el esforzado Barlaam y convoca públicas asambleas. Está consumido en el sepulcro, e invita a un banquete.
Ahora sí que podemos exclamar:
- ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el letrado? ¿Dónde el escudriñador de este siglo? 5.
Hoy, un hombre de campo es para nosotros insuperable maestro de piedad.
El tirano creía que se trataba de una presa que fácilmente se dejaría atrapar. Pero se dio cuenta, por experiencia, que se trataba de un guerrero invencible. Se reía de él, porque hablaba rústicamente, pero le aterró su angelical y juvenil vigor. Pues su ánimo no era bárbaro como lo era el órgano de la lengua. Su inteligencia no claudicaba a una con las sílabas. Era un segundo Pablo que con Pablo decía:
-Dado que yo sea tosco en hablar; no lo soy sin embargo en la ciencia
Alegría y valor de San Barlaam en los tormentos
Los verdugos, atormentándole, quedaron sin fuerzas. Mientras tanto, el mártir, encontrábase más vigorizado. Las manos de los. que le maltrataban, se enervaban. Pero el ánimo del maltratado no se doblegaba. Los látigos separaban las junturas de los nervios, pero el vigor de la fe se robustecía con más tenacidad. Mientras los costados machucados se consumían, florecía la santidad del corazón.
Habían acabado con la mayor parte de su carne. No obstante, se encontraba vigoroso, cual si aún no hubiese comenzado el combate. Porque cuando la piedad se apodera del alma es entonces despreciable todo género de luchas. Debido al bien que el alma ama, los que la atormentan, más la deleitan antes bien y no la disgustan.. De ello da testimonio aquel amor de los apóstoles que, en otro tiempo, les hacía agradables los azotes que recibían de los judíos. Porque se retiraban del consejo, gozosos de haber sido estimados dignos de ser atormentados por el nombre de Jesús 7.
Tal es también el guerrero a quien hoy honramos. Llevaba con alegría los tormentos, pensando que con los azotes le rodeaban de rosas. Mientras tanto, huía de los males de la impiedad, como de dardos. Consideraba la ira del juez cual sombra de humo. Reíase de los fieros escuadrones de satélites. Como si fuesen coronas, regocijábase de los peligros. Gozábase en las heridas como en los honores. Como si fuesen los más brillantes trofeos, saltaba de placer con los más agudos tormentos. Despreciaba las espadas desenvainadas. Sufría las manos de los verdugos, cual si fuesen más blandas que la cera. Besaba el leño del suplicio, como si fuese su salvación. Cual si estuviese en prados, se regocijaba. en los calabozos de la cárcel. Como con variedad de flores, se deleitaba en las invenciones de tormentos.
La mano de San Barlaam y su victoria sobre el fuego
Tuvo la mano derecha más firme que el fuego, último tormento que tuvo que soportar de parte de sus enemigos.
En efecto. Sus enemigos habían puesto fuego sobre el ara para ofrecer un sacrificio a los demonios. Ante ella llevan al mártir. Colócanse todos a su alrededor y le ordenan que ponga la diestra, extendida sobre el altar. Quieren que sirva como ara de bronce. Al encender el incienso colocado maliciosamente sobre la mano, esperaban que vencida por la fuerza del fuego, dejaría necesariamente caer en seguida el incienso sobre el ara.
¡Oh falaces astucias de los impíos!
- "Ya que no hemos doblegado -dicen- su ánimo con miles de heridas, doblemos al menos en la llama la mano del importuno luchador. Ya que con diversas máquinas no hemos abierto brecha en su ánimo, abrámosla al menos en su derecha introduciéndola en el fuego".
Pero los infelices ni siquiera de esta esperanza sacaron algo de provecho. Pues el fuego perforaba la mano, pero la mano estaba quieta, tolerando el fuego como si fuese ceniza. Nuestro héroe no dio la espada al enemigo fuego como los fugitivos. Su mano permaneció quieta, mostrándose valiente contra la llama. El fuego dio ocasión al mártir de exclamar con el profeta:
-Bendito sea el Señor Dios mío, que adiestra mis manos para la pelea y mis dedos para manejar las armas 8.
El fuego peleaba contra la mano, pero fue derrotado. Tratábase la lucha entre la llama y la derecha del mártir. Y he aquí que la derecha del mártir obtuvo una victoria nueva en los combates. Porque al pasar la llama por medio de la mano, esta aún estaba extendida, preparada para el combate.
Alabanzas a la gloriosa mano del Santo
¡Oh mano más pertinaz que el fuego! ¡Oh mano que no has aprendido a doblegare al fuego! ¡Oh fuego que has aprendido a dejarte vencer por la mano!
El hierro, reblandecido por la tiranía del fuego, cede. El bronce, obedece asimismo a su poder. Hasta la dureza de las piedras suele dejarse vencer por el fuego. Pero su violencia que todo lo doma, al quemar la mano extendida del mártir, no pudo doblegarla.
Con cuánta razón podía decir el santo, al Señor:
- Tú me asiste de la mano derecha, y guiásteme según tu voluntad, y me acogiste con gloria 9.
¡Gloria y honor, al invicto campeón de Cristo!
¿Cómo te llamaré, oh esforzado campeón de Cristo? ¿Te llamaré estatua? Disminuirá grandemente tu constancia. Porque el fuego deshace una estatua si la arrojan, mas a tu diestra ni siquiera la pudo obligar a que pareciese que se movía.
¿Te llamaré hierro? También esta semejanza es inferior a tu valentía. Porque tú eres el único que persuadiste al fuego de que no doblegaba tu mano. Tú, el único que tuviste tu diestra en lugar de ara. Tú, el único que al arder tu mano abofeteaste en el rostro a los demonios. Tú, el único que al hacerse carbón tu mano, deshiciste en aquel momento las cabezas de los demonios. Y después, convertida tu mano en cenizas, encegueces sus ejércitos y les pisoteas.
Mas, a qué empequeñecer al vencedor con pueriles y balbuceantes palabras? Cedamos las alabanzas del mártir a lenguas más espléndidas y magníficas. Invitemos a tomar parte en estas alabanzas a las trompetas más sonoras de los maestros.
Levantaos, brillantes pintores de hazañas atléticas. Engrandeced con vuestras artes la mutilada imagen de este General. Con los colores de vuestro arte, rodead de fulgores al coronado atleta que yo he pintado con tanta obscuridad. Deseo que me venzáis haciendo vosotros una hermosa pintura del mártir. Que yo me goce hoy de vuestra victoria, al ser vencido por vuestra habilidad. Vea yo mejor expresada por vosotros, la lucha entre la mano y el fuego. Que en vuestros cuadros, pueda ver yo, pintado con mayor esplendidez, al invicto luchador. Lloren los demonios, derrotados también ahora por las victorias del mártir renovadas por vosotros. Mostradles de nuevo, la mano ardiendo y victoriosa. Píntese asimismo en el cuadro, al árbitro del combate, Cristo, a Quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Notas
1. Gén., L, 1.
2. Deut., XXXIV, 8.
3. 1 Reyes, XV, 1.
4. Jn. XI, 25.
5. 1 Cor., I, 20.
6. 11 Cor., XI, 6.
7. Hech., V, 41.
8. Salmo CXLIII, 1.
9. Salmo LXXH, 24.