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domingo, 30 de junio de 2013

MÜNZER, TOMÁS.

Grabado procedente de C. Van Sichem del siglo XVIII.


Thomas Müntzer (n. 1490 en Stolberg - m. 1525 en Mühlhausen). Fue un predicador partidario de la Reforma, defensor del anabaptismo y líder revolucionario de los campesinos (guerra de los campesinos alemanes). Se propuso lograr el advenimiento del Reino de Dios impulsando una vigorosa reforma social. Contemporáneo de Lutero e inicialmente su seguidor, mantuvo con éste una extremada polémica teológica y política.
Inició su carrera eclesiástica como confesor en un convento de monjas en Beuditz, donde dedicó gran cantidad de tiempo a la lectura de libros sobre la historia de la Iglesia y la Biblia. En mayo de 1520 llegó a Zwickau, y en octubre fue encargado de la parroquia obrera de Santa Catalina.
Allí se asoció con tres predicadores anabaptistas: el tejedor Nicolás Stoch, Thomas Dreschel y el teólogo Marcos Stübner. Rechazaron el bautismo de niños y la sustitución de la fe de estos por la de los padrinos. Citando a Marcos 16:16, animaron a bautizarse a quienes primero creían. Fueron expulsados de Zwickau en 1521.
Marchó entonces a territorio checo. Allí lanzó su Manifiesto de Praga, en el cual afirmaba que era el pueblo pobre el que podía aceptar los dones del Espíritu Santo y restaurar la Iglesia, corrompida por los clérigos opulentos. Para recibir al Espíritu hay que aceptar la Cruz de Cristo.
Después de peregrinar por Bohemia, fue aceptado en Allstedt como pastor en la iglesia de San Juan. Allí se casó y sistematizó su pensamiento. Se adelantó a Lutero en la redacción de una nueva ordenación litúrgica en alemán y compuso varios himnos.
El 13 de julio de 1524, en el castillo de Allstedt y en presencia del Príncipe Elector Juan, su hijo y otros nobles y magistrados, pronunció el que se ha denominado Sermón ante los Príncipes, en el cual afirmó que laicos y campesinos pobres veían con más claridad que los gobernantes desorientados por malos sacerdotes. Lo más destacado de este sermón fue su interpretación revolucionaria de Romanos 13:1-7, pasaje del que concluyó que, cuando las autoridades no cumplen rectamente su papel, "la espada les será quitada" (Daniel 7:26).
Müntzer no se limitó a predicar: fundó una organización clandestina revolucionaria, la Liga de los Elegidos, y finalmente el 7 de agosto se unió a la rebelión de los campesinos. El 15 de mayo de 1525, en la batalla de Frankenhausen, aproximadamente 6.000 campesinos perdieron la vida aplastados por el poder de los príncipes. Müntzer fue capturado, azotado, torturado y decapitado el 27 de mayo de 1525.

Véase también

Bibliografía

  • Bloch, Ernst Thomas Müntzer, Teólogo de la Revolución. A. Machado Libros 2002.- ISBN 84-7774-622-2
  • Thomas Müntzer Tratados y Sermones. Edición y traducción de Lluis Duch. Editorial Trotta, Madrid.- ISBN 84-8164-479-X

Enlaces externos

domingo, 2 de junio de 2013

CRANMER, TOMÁS.

 File:Thomas-Cranmer-ez.jpg

Retrato de Geralch Flicke 1545

Arzobispo de Canterbury (1533-1556)
Consagración episcopal 30 de marzo de 1533

Festividad 21 de marzo, santo y mártir en la Iglesia Anglicana.

Nacimiento Aslockton Inglaterra, Bandera de Inglaterra Inglaterra, 2 de julio de 1489
Fallecimiento 21 de marzo de 1556, Oxford, Bandera de Inglaterra Inglaterra


Thomas Cranmer (Aslockton, Nottinghamshire, 2 de julio de 1489 - Oxford, 21 de marzo de 1556) fue el primer arzobispo de Canterbury tras la ruptura con Roma de la Iglesia de Inglaterra, durante el reinado de Enrique VIII.

Índice

Arzobispado

En 1532 fue nombrado arzobispo de Canterbury por el rey Enrique VIII, siguiendo la recomendación de la familia de Ana Bolena. Roma quería evitar la ruptura total con Inglaterra y, buscando complacer al rey, el papa autorizó el nombramiento. El rey Enrique pagó personalmente por las bulas papales que decretaron el nombramiento, como una señal de su favor y su consentimiento particular. En ese momento Cranmer estaba en Italia, habiendo pasado los últimos años en el continente europeo como embajador en la Corte del emperador Carlos V, donde entró en contacto con luteranos y calvinistas, por lo que ya tenía una simpatía por las ideas de los reformadores. En ese año de 1532, se casó con una sobrina de Andreas Osiander, el reformador de Núremberg,1 aunque debido a la compleja situación política de Inglaterra en aquellos años mantuvo su matrimonio en secreto.2 Como tardó en llegar desde Mantua, donde residía a la sazón, su consagración episcopal no se celebró hasta el 30 de marzo de 1533 en la capilla de St. Stephen's, la capilla real aledaña al Parlamento. Algunos alegan que Cranmer nunca fue consagrado arzobispo, pero esto no es cierto[cita requerida]. Como señalado fue consagrado y autorizado en su consagración por el mismo papa, según consta.[cita requerida]

Relación con Enrique VIII

Eduardo VI con sus tíos, Edward y Thomas Seymour, y Thomas Cranmer
Desempeñó un importante papel en la Reforma anglicana y tomó parte en la controversia sobre la anulación del matrimonio de Enrique VIII y Catalina, tía del emperador Carlos V. El 28 de julio de 1540, Enrique VIII y Catalina Howard, prima de Ana Bolena, se casaron, poco después la reina Catalina tuvo un romance con el cortesano Thomas Culpeper[cita requerida], estuvo relacionada sentimentalmente con Francis Derham antes del casamiento real[cita requerida]. Thomas Cranmer, enemigo de la poderosa (y católica) familia Howard, obtuvo evidencias de las actividades de la reina, e informó a Enrique de ello. Aunque en principio el rey no creyó tales denuncias, autorizó a Cranmer a efectuar una investigación, de la que resultó la confirmación de las acusaciones. Al ser interrogada, Catalina pudo haber admitido un compromiso previo con Derham, lo que por sí mismo hubiera convertido en inválido el posterior matrimonio con Enrique pero, en lugar de esto, sostuvo que Derham la obligó a establecer una relación adúltera. Derham, a su vez, expuso la relación entre la Reina y Thomas Culpeper.

Muerte

Se pronunció a favor de la misma y validó el matrimonio del rey con Jane Seymour, con anulación previa del matrimonio con Ana Bolena. Acusado de herejía, por validar el matrimonio de Enrique y Jane, fue quemado durante el reinado de María I de Inglaterra.
La historia registra que en cierto momento se le pidió retractarse de su fe y volver a la Iglesia católica, acto que fue refrendado con su firma en una confesión de retracto. Más tarde, se arrepintió de dicho retracto y fue condenado a la hoguera por ello. Se dice que antes de entrar a la hoguera, colocó primero la mano con que había firmado su retracto y luego fue quemado.

Referencias

  1. ↑ Corbin, Alain; Thelamon, François; Lemaître, Nicole; Vincent, Catherine (2008). Historia del cristianismo: para entender mejor nuestra época. Isabel Margelí, trad.. Barcelona: Ariel. p. 277. ISBN 978-84-344-5347-0. OCLC 682890336. Consultado el 15 de marzo de 2012.
  2. ↑ Galli, Mark; Olsen, Ted (2000) (en inglés). 131 Christians everyone should know. Nashville: Broadman & Holman. p. 373. ISBN 978-0-8054-9040-4. OCLC 44162505. Consultado el 15 de marzo de 2012.

jueves, 30 de mayo de 2013

CAMPANELLA, TOMÁS.

 File:Campanella-2.png

Tommaso Campanella
Nacimiento 5 de septiembre de 1568
Stilo, Italia
Fallecimiento 21 de mayo de 1639
Ocupación Filósofo    

Tommaso Campanella (Stilo, Calabria, 5 de septiembre 1568 - París, 21 de mayo de 1639) fue un filósofo y poeta italiano. Es también citado por su nombre castellanizado, Tomás Campanella. Su nombre antes de entrar en la Orden Dominica fue Giovanni Domenico Campanella.

Escribió, entre otras muchas obras, una defensa de Galileo y el tratado utópico La ciudad del sol (compuesto durante su larga estancia en la cárcel por una conjura antiespañola, la misma causa que el economista Antonio Serra), donde describe un Estado teocrático universal basado en principios comunitarios de igualdad.

Índice

Vida

A los 15 años ingresó en el convento dominico de Santo Domingo de Placanica, emitiendo sus votos con el nombre de fray Tommaso. Estudió filosofía y teología en Morgeto y Nicastro, mostrando especial admiración por la física naturalista y el antiaristotelismo de Telesio. En 1589, sin contar con sus superiores, se dirige a Nápoles en compañía de un rabino judío, que lo introduce en el círculo de Gian Battista Porta, en el que se practicaban curiosidades mágicas y naturalistas, por las que siempre sintió especial atracción.
En 1591 publicó allí su primera obra, Philosophia sensibus demonstrata, en defensa de Telesio, sufriendo poco tiempo después la primera sospecha de demonismo y herejía, y siendo procesado por su propia Orden al año siguiente. Un cuarto proceso (tras haber pasado por Roma, Florencia, Bolonia y Padua) más grave que los anteriores, hace que le trasladen a Roma, siendo encarcelado en la Torre Nona por orden del Santo Oficio. Obtenida la libertad, se retira al pequeño convento de Santa Maria de Gesu (Stilo), aparentando una vida recogida y tranquila. Mientras tanto planeaba una conjuración contra la dominación española en Calabria, y la instauración de una república teocrática perfecta similar a la utopía que formula en Cittá del sole. Delatado, se le abre en 1599 un proceso político y eclesiástico en el que se le acusa de rebelión y herejía. El gobierno español y la autoridad eclesiástica determinan en 1602 condenarle a cadena perpetua en el Castillo de Nápoles, donde pasa 27 años. Durante esta reclusión compuso sus principales obras, reelaboró las que en Bolonia le había arrebatado la Inquisición y mantuvo relación con estudiosos de su tiempo (Galileo, Scoppio, Gassendi, etc.). A requerimiento de la propia Orden Dominicana le fue otorgada la libertad total por el papa Urbano VIII. El 21 de octubre de 1634, vestido de fraile mínimo, con falso nombre, huyó a Francia, donde Campanella encontró afectuosa acogida. Cinco años después, murió en el convento de la Rue Saint-Honoré de París.
Campanella tenía un temperamento impetuoso, combativo; talento de amplia erudición, con una audacia intelectual desenfrenada, que le llevó a abordar todas las ciencias. Se creyó predestinado por Dios para la misión providencial de realizar la unidad de todo el mundo, dividido por luchas doctrinales, políticas y religiosas; unidad que constituyó la gran obsesión de su vida.

Obra

Las obras de Campanella, 82 en total, abarcan muchos campos de la filosofía. Algunos títulos suyos son Teología (1614) y Metafísica (1638).
Entre sus obras importantes se destacan: De sensu rerum et magia (1590, revisada en 1628), en la que expone la doctrina de la animación universal, y su gnoseología. De monarchia hispanica discursus (1601), tratado político en torno a la prioridad de la monarquía española, bajo la autoridad espiritual del Papa, en el concierto político universal. Citta del sole (1602, revisada en 1613) publicada en latín (Civitas solis, poetica idea Reipublicae philosophicae, 1623), la obra más significativa de su pensamiento político, en la que traza su república ideal, naturalista y teocrática. Universalis Philosophiae seu metaphysicarum rerum, partes tres, libri XVIII (1638), es como una «biblia de la filosofía». Monarchia Messiae (1605), en donde teoriza sobre la monarquía universal: el Papa es el soberano supremo, los príncipes sus brazos; la humanidad tendrá entonces paz bajo un solo rey y un solo pastor. También escribió una Apologia pro Galileo, mathematico florentino (1616).
Campanella, partiendo de los principios del naturalismo telesiano, deduce inmediatamente la universal sensibilidad de las cosas: en efecto, si los animales sienten, es señal de que sienten también los elementos de que están constituidos (De sensu, 1,1). Esta sensibilidad es debida a un espíritu sutil que determina el consenso de las cosas naturales entre sí. Proclama, igualmente, la supremacía del conocimiento sensible, el único que reporta certeza absoluta. Reduce todo conocimiento a la sensibilidad. Mas, ¿cómo puede el alma conocerse a sí misma? Campanella resuelve el problema al establecer un autoconocimiento originario del alma, el cual posibilita el conocimiento de todas las demás cosas. Para ello se basa en el principio de que la sensación, al ser pasión, proviene de la asimilación del sujeto cognoscente a la cosa conocida. En esta autoconciencia se fundan las determinaciones esenciales de la realidad natural, de las que ella nos hace conscientes: el poder, el saber y el amor al ser.
Toda su filosofía especulativa está destinada a fundamentar un ideal político-religioso: el gobierno de la humanidad por el Sumo Pontífíce, en quien debe recaer también el poder temporal. En realidad, viene a establecer una dictadura sacerdotal, apoyándose en la condición desfalleciente del hombre, tan sólo remediable en esa ciudad helíaca. Para la ortodoxia católica, su religión naturalista, como vínculo de orden espiritual y unificador, supone una decadencia del cristianismo, ya que daña gravemente su dimensión sobrenatural.

Pensamiento

Monumento a Tommaso Campanella.
Inicialmente, se inspiró en Bernardino Telesio (1509-1588), aunque más tarde diferenció su pensamiento. Telesio pretendió estudiar la naturaleza a partir de sus propios principios, que para él se reducían a la acción del calor y el frío sobre lo corpóreo, alejándose de esta forma tanto de Aristóteles como de la magia. Telesio afirmaba la autonomía de la naturaleza y en consecuencia, la necesidad de estudiarla de modo independiente a la metafísica a partir de la información que suministra la experiencia sensible. Se observa en el pensamiento de Telesio, algún componente animista inspirado en los presocráticos. Campanella, a diferencia de Telesio, se acerca algo más a la magia y al animismo. Su teoría del conocimiento afirma que todo conocimiento deriva de la sensibilidad y a ella se reduce. Entonces, el conocimiento sensorial proporciona certeza absoluta y por lo tanto no requiere pruebas de ninguna clase. El escepticismo no tiene sentido porque hay una facultad innata en el alma que nos asegura principios indudables, el primero de los cuales es que existimos, pensamos, queremos y podemos. Este conocimiento de sí mismo está presupuesto en cualquier conocimiento de las cosas exteriores. Nos conocemos, ante todo, a nosotros mismos, y sólo conocemos las cosas exteriores en cuanto nos conocemos modificados o impresionados por ellas; Campanella extiende esta conciencia a todos los seres.
Fue un comunista utópico. Se manifestó contra la escolástica y combinaba las ideas del sensualismo y el deísmo con concepciones místico-religiosas. Fue perseguido por la Inquisición debido a su libertad de pensamiento. Soñaba con una humanidad libre y próspera, mas confiaba en que su sueño podría tornarse en realidad con la ayuda del Papado. Fundamentó su ideal comunista en el mandato de la razón y en las leyes de la naturaleza. Imaginó una sociedad comunista tanto en lo referente al régimen de la propiedad como en la pertenencia de mujeres e hijos. Poco tiempo después de salir de la cárcel volvió a ser perseguido y tuvo que buscar refugio en Francia. Muchas de sus propuestas filosóficas fueron semejantes a las adoptadas después por René Descartes y por Immanuel Kant. Su doctrina filosófica admite la impotencia del conocimiento sensible para conocer la realidad exterior, pero admite la importancia del conocimiento interno para experimentarse tal y como uno es. Al modo de San Agustín, la existencia de Dios se deduce de la existencia de su idea en el hombre, que por su perfección no puede ser un producto nuestro. En su Civitas Solis describió una utopía en la que la Iglesia Católica domina todos los órdenes de la vida, ideas que aplicó en su libro La Monarquía Hispánica respecto al imperio realmente existente entonces, España.

La ciudad del sol

Una de sus obras más destacadas fue La ciudad del sol, que fue escrita en 1602 pero no fue publicada hasta 1623. Es una utopía en la que el autor expone su concepción de ciudad ideal. Está dispuesta en forma de diálogo entre un almirante genovés y el Gran Maestre de los Hospitalarios. El marino cuenta al caballero cómo se vio obligado a tocar tierra en la Isla de Taprobana, donde los indígenas lo conducen a la Ciudad del Sol, que está rodeada por siete murallas, dedicadas cada una a un astro. En la punta de un monte se encuentra el templo dedicado al Sol.
La organización política de esta singular República es de carácter teocrático. Se mezclan los asuntos religiosos y públicos de manera inescindible. El supremo gobernante es el Sacerdote Sol, auxiliado por los Príncipes Pon, Sin y Mor, competentes respectivamente en materia de poder, sabiduría y amor. Al príncipe Pon le corresponde conocer el arte guerrero y de los ejéricitos; al Príncipe Sin, la enseñanza de la ciencia y la sabiduría, y al Príncipe Mor, las labores de la procreación y la educación de los infantes.
Los Ciudadanos de esta República filosófica, conocedores de que la propiedad privada engendra el egoísmo humano e incita a los hombres a enfrascarse en crueles luchas, han convenido en que la propiedad sea comunitaria. Todos los hombres habrán de trabajar pero los funcionarios serán los que harán la distribución de la riqueza. Hasta los actos más íntimos son en común en esta ciudad.
Trata de una sociedad comunista ideal en la que el poder está en manos de hombres sabios y sacerdotes. Con esto podemos ver cuan influyente fue la Iglesia sobre Tommaso Campanella. La ciudad del sol contribuyó a desarrollar la ideología progresista y a estimular el progreso social.

Véase también

Referencias

Bibliografía

Ediciones
  • L. FIRPO, Tutte le opere di T. Campanella, Milán 1954;
  • A. GUZZO y R. AMERIO, Opere di Campanella, «Classici Ricciardi» 33, Milán-Nápoles 1956; (Trad. esp. La ciudad del sol, Madrid 1959; Aforismos políticos, Madrid 1956)
Estudios
  • L. FIRPO, Bibl. degli scritti di T. Campanella, Turín 1940
  • L. FIRPO, Ricerche campanelliane, Florencia 1947
  • L. AMABILE, Frá T. Campanella. La sua congiura, i suoi processi, la sua pazzia, Nápo1es 1882
  • L. BLANCHET, Campanella, París 1920
  • A. CORSANO, T. Campanella, Bari 1961
  • M. FERNÁNDEZ ESCARLANTE, Libertad natural y poder político en el estado perfecto de T. Campanella, Sevilla 1969
  • A. Truyol, Darzte y Campanella, Madrid 1968
  • R. Mondolfo, Tomás Campanella y su pensamiento, incluido en Figuras e ideas de la filosofía del Renacimiento, Losada, Bs.As. 1954

lunes, 27 de agosto de 2012

TOMÁS.

(gr. Thomás; transliteración del aram. Teômâ "mellizo [gemelo]"). Uno de los Doce apóstoles, también llamado Dídimo* (Jn. 11:16; 20:24; 21:2). Con excepción de su llamado a formar parte de los Doce (Mt. 10:3; Mr. 3:18; Lc. 6:15), los únicos incidentes en que él figura en la narración evangélica los presenta Juan. Cuando Jesús decidió regresar a Judea, después de recibir la invitación de María y Marta, Tomásles dijo a los demás discípulos: "Vamos también nosotros, para que muramos con él" (Jn. 11:16). Dos veces durante las semanas que precedieron a este incidente, los judíos de Jerusalén habían tomado piedras para dar muerte a Jesús (8:59; 10:31), y Tomás temía que otra visita a Jerusalén 1171 sólo resultara en la muerte tanto de Jesús como de sus seguidores. En la noche de la traición, cuando Jesús trataba de explicar su próxima pasión, muerte, resurrección y ascensión (13:31-14:4), Tomás protestó: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?" (14:5); obviamente, no comprendía la importancia de las declaraciones de su Maestro. Tomás no estaba presente cuando Jesús apareció por 1ª vez ante sus discípulos en el aposento alto después de su resurrección, y no quiso creer el informe de sus colegas a menos que tuviera la oportunidad de verificarlo a su entera satisfacción (20:24, 25). Una semana después, cuando Jesús apareció de nuevo, Tomás estaba presente (v 26), y el Señor resucitado lo invitó a tocar sus manos y su costado heridos. Entonces Tomás exclamó: "¡Señor mío, y Dios mio" (v 28), a lo que Jesús respondió: "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (v 29). En realidad, la falta de disposición de Tomás de darle crédito a rumores acerca de la resurrección nos provee la evidencia confirmatorio de que se trataba de un acontecimiento histórico. Pero, por otra parte, Jesús lo reprendió amablemente por su lentitud para creer, porque si la creencia en este gran acontecimiento se limitara al testimonio visual, sólo se podría esperar que lo creyesen quienes vieran a Jesús resucitado. Un poco más tarde, Tomás fue uno de los discípulos a quienes Cristo se les apareció en la costa del Mar de Galilea (21:1, 2), y se lo nombra entre los otros 10 apóstoles que se encontraban en el aposento alto después de la ascensión (Hch. 1:13). Estos incidentes de la vida de Tomás lo caracterizan como un ardiente devoto de su Señor (Jn. 11), pero al mismo tiempo como tardo para comprender una verdad con que no estaba familiarizado (cp 14) -aunque tal vez no haya sido más lento que los demás- y como alguien a quien le costaba dar crédito a lo que decían sus compañeros (cp 20). Este último incidente ha dado pábulo a la idea de "Tomás, el incrédulo". De acuerdo con cierta tradición, Tomás habría trabajado en Partia y Persia, y habría fallecido en Edesa. Conforme con otra tradición, habría ido a la India donde sufrió el martirio. Esta última posibilidad aparece en la obra apócrifa titulada Los hechos de los apóstoles, un trabajo de características gnósticas procedente del s II d.C. y de dudoso valor. Un lugar cerca de Madrás, en la India, se conoce con el nombre de Monte de Santo Tomás. Una antigua comunidad cristiana del sur de este país, conocida como "los cristianos de Tomás", remontan sus orígenes al apóstol, pero si el Tomás relacionado con las primeras épocas del cristianismo en la India era realmente el discípulo o algún otro cristiano primitivo del mismo nombre, no se puede determinar. Para mayor información acerca del Evangelio de Tomás, véase Apócrifos del NT (1, 5).