Masada (también escrito como
Massada o
Masadá,
romanización del
hebreo מצדה,
Metzada (?·i), de מצודה,
metzuda, "fortaleza") es el nombre que recibe un conjunto de
palacios y
fortificaciones situado en la cumbre
amesetada de una montaña aislada en la región oriental del
desierto de Judea, próxima a la costa sudoccidental del
mar Muerto, y dentro de los límites del
Consejo Regional de Tamar, en el
Distrito Meridional de
Israel.
Masada es conocida por su destacada importancia en los compases finales de la
Primera Guerra Judeo-Romana (también conocida como la Gran Revuelta Judía), cuando el
asedio de la fortaleza por parte de las tropas del
Imperio romano condujo finalmente a sus defensores a realizar un
suicidio colectivo al advertir que la derrota era inminente. En la actualidad, Masada es un destacado sitio
turístico, a la vez que posee una importante carga simbólica para el
nacionalismo judío, como uno de los postreros episodios de afirmación y resistencia nacional antes de la definitiva
diáspora. La fortaleza de Masada y su entorno fueron declarados
Parque Nacional de Israel en 1966, formando parte de la Reserva Natural del Desierto de Judea desde 1983, y del
Patrimonio de la Humanidad de la
Unesco desde el año 2001.
1
Geografía
Masada se localiza en el límite oriental del desierto de Judea con el
rift del valle del
río Jordán (perteneciente al sistema del
Gran Valle del Rift), a unos 5 km de la costa sudoccidental del mar Muerto y frente a la antigua
península de Lisán, próxima por tanto a la frontera con
Jordania. Se trata de un notable ejemplo de
horst o
macizo tectónico
geológicamente joven, poco alterado por la erosión hidrológica y la
afección de tipo vegetal debido al árido ambiente circundante. La
estratigrafía revela la presencia de capas de
dolomía y de
caliza de origen marino, que datan de los periodos
Cenomaniano y
Turoniano.
2
Su forma, si bien irregular, es similar a la de una pirámide
truncada, con un plano superior cuya altura es de unos 450 metros sobre
el nivel del
mar Muerto, con una cota de 63 metros sobre el nivel del
mar Mediterráneo. Las dimensiones máximas de esta meseta son de 645 m de longitud y 315 m de anchura, conformando un espacio
romboidal cuya superficie es de 9,3
hectáreas.
3 La meseta se encuentra separada de la planicie por dos
ramblas, denominadas actualmente
Nahal Masada y
Nahal Ben Ya'ir en
hebreo (los antiguos
uadis Sabbah y
Nimrein en
árabe), situadas al sur y al norte respectivamente.
Los acantilados del borde oriental miden 400 metros de altura,
4 mientras que los del lado occidental miden 100 m,
5
lo que origina que los dos únicos accesos naturales a la cima sean muy
complicados: el denominado "Camino de la Serpiente" (así llamado por lo
sinuoso de su trazado, restaurado en
1954) en su lado oriental y el "Camino de la Roca Blanca" en su lado occidental, sobre el cual fue construido un
agger que utilizó el ejército romano para el asalto a la fortaleza.
Ocupación
Las primeras evidencias de poblamiento en Masada se remontan a la
Edad del Cobre, en torno al
IV milenio a. C.
La ocupación se centra en las cuevas situadas en el acantilado
meridional, en una de las cuales se hallaron restos vegetales, esteras,
tejidos y cerámica calcolítica en hoyos excavados en el suelo,
probablemente para albergar recipientes.
6 Se trataría de poblaciones muy concretas de carácter nómada, un patrón de asentamiento característico de esta época en el
desierto de Judea, donde se han documentado ocupaciones como en Tel Goren, cerca de
Ein Guedi.
7
También se encontraron restos cerámicos en la terraza central del
palacio septentrional y en otras zonas de la meseta, fechados en la
etapa del
Primer Templo (del
siglo X al
VI a. C.), sin que se hallasen evidencias de construcciones.
6
En la
época clásica varios historiadores mencionan la existencia de Masada:
Estrabón utiliza la forma corrupta
Μοασάδα,
8 mientras que
Plinio romaniza el nombre a
Masada.
9 No obstante, es el historiador judeorromano
Flavio Josefo quien proporciona una significativa información histórica en su obra
La guerra de los judíos,
10 escrita en
griego clásico y donde utiliza las formas
Μασάδα,
Μασαδά y
Μεσάδα. Según narra Josefo, la fortaleza fue originalmente establecida por el sumo sacerdote Jonathán, identificado con el rey
asmoneo Alejandro Janneo (
103-
76 a. C.) y que no debe ser confundido con Jonathán, uno de los hermanos de
Judas Macabeo. El hallazgo de numerosas
monedas y
estucos dentro de algunas cisternas de la época de Janneo son las únicas evidencias
arqueológicas que confirmarían la identidad de su fundador.
6 En este tiempo Masada era un discreto refugio, sin llegar a poseer la importancia que tendría un siglo más tarde.
La época de Herodes
Años más tarde, tras la conquista
romana de Judea por
Pompeyo,
Herodes utilizó la fortaleza de Masada para albergar a su madre Cypros, su prometida
Mariamne y su hermana
Salomé durante la invasión
parta del año
40 a. C. de Judea,
11 antes de dirigirse hacia
Roma para solicitar apoyo contra los partos y sus aliados judíos, liderados por
Antígono Matatías. La familia de Herodes, apoyada por una guarnición de 800 defensores al mando de su hermano José,
12 tuvo que afrontar un
asedio
de las fuerzas partas, agotando sus reservas de agua hasta el punto de
que José decidió huir con doscientos seguidores hacia territorio
nabateo;
no obstante, la misma noche señalada para la huida una lluvia
providencial llenó las cisternas, de forma que pudieron resistir más
tiempo.
13
En Roma, Herodes consiguió el apoyo de los
triunviros Marco Antonio y
Octaviano, quienes lo presentaron ante el
Senado
y defendieron allí su resistencia a la invasión parta y la traición de
Antígono, tras lo cual el Senado le otorgó el título de rey de Judea.
14
Sin contar apenas con ayuda militar de los romanos, Herodes volvió a
Judea, que había sido abandonada por los partos pero que aún era
controlada por los fieles de Antígono. Desembacó en
Ptolemais y con un ejército de extranjeros y judíos invadió la provincia por la
Galilea, conquistando
Jope antes de dirigirse a Masada para rescatar a su familia; después de una breve guerra civil, en el año
37 a. C. asedió Jerusalén ayudado por las tropas romanas de
Cayo Sosio, tomando la ciudad y apresando a Antígono, que fue enviado a Marco Antonio y decapitado.
Una vez controlada Judea, y ante la amenaza que suponía el incipiente expansionismo de la vecina reina
Cleopatra VII
de Egipto (amparada por Marco Antonio), Herodes decidió fortificar
Masada, aprovechando sus excelentes condiciones geográficas (aislada en
el desierto de Judea y alejada de núcleos habitados) y sus defensas
naturales, rodeada como estaba por infranqueables acantilados. Otra de
las funciones de Masada fue como posible refugio frente a su propio
pueblo, ya que la mayoría de los
judíos detestaban a Herodes por su origen
idumeo, por restablecer el dominio romano y por eliminar a los últimos
asmoneos.
También habría de servir como lugar de descanso personal y para
albergar visitas de otros dignatarios que pudieran disfrutar con las
impresionantes vistas del desierto de Judea, del oasis de
Ein Guedi, del
mar Muerto y de las montañas de
Moab.
La Primera Guerra Judeo-Romana
Setenta años después de la muerte de Herodes, en el año
66 d. C., dio comienzo la
Primera Guerra Judeo-Romana debido a las tensiones religiosas entre judíos y griegos. La principal fuente de información es la mencionada
La guerra de los judíos del historiador
Flavio Josefo.
Es una obra que debe tomarse con cierta cautela debido a su carácter
apologético, constituyendo no obstante la única fuente coetánea
existente que narra los acontecimientos acaecidos durante ese conflicto.
Respecto a Masada, Josefo se hallaba en
Roma en el momento de la caída de la fortaleza, y no fue por tanto testigo directo de la misma, a diferencia de la
toma de Jerusalén. No obstante, usó como fuentes directas los
commentarii oficiales de la contienda y los relatos de los supervivientes.
15
Según Josefo, los
zelotes (en hebreo קנאים,
kana'im, "celosos de Dios")
16
fueron el grupo principal que llevó el peso de la sublevación para
liberar la provincia de Judea de la dominación romana. Otro de los
grupos que también se sublevó fue el de los
sicarios (en
latín sicarii),
rivales no obstante de los zelotes y otros grupos judíos, que usaban el
asesinato y el pillaje para lograr sus objetivos, siendo uno de los
grupos más extremistas; de acuerdo con el historiador judeorromano,
constituían una escisión de los propios zelotes.
De esta forma, en el mismo año de la rebelión, un grupo de rebeldes sicarios liderados por Menájem, hijo de
Judas el Galileo, tomó Masada por sorpresa y degolló a la guarnición romana apostada en la fortaleza.
17 Ésta se hallaba compuesta por una de las diez
cohortes de la
Legio III Gallica, que se hallaba estacionada en Masada desde el despliegue de la legión en la provincia en el año
44,
18 cuando Judea pasó a ser gobernada de nuevo por un
procurador romano tras la muerte de
Herodes Agripa I.
Los sicarios encontraron en la fortaleza un arsenal suficiente para
equipar un ejército de diez mil hombres, e importantes reservas de metal
(
hierro sin trabajar,
bronce y
plomo) para fabricar nuevas armas y municiones.
19 Los almacenes estaban surtidos de
trigo,
leguminosas,
aceite,
dátiles y
vino (bien conservados gracias al ambiente árido del
desierto circundante),
20
los fértiles huertos de la cima podían proporcionar alimentos frescos, y
los canales excavados en la roca calcárea capturaban y conducían el
agua de lluvia a las cisternas subterráneas. La fortaleza estaba por
tanto preparada para resistir un
sitio prolongado.
El sitio de Masada
| Asedio de Masada |
| la Primera Guerra Judeo-Romana |
 |
| Fecha |
72–73 (fecha tradicional)
73–74 (fecha propuesta) |
| Lugar |
Masada, en el actual Israel |
| Resultado |
Victoria romana decisiva |
| Beligerantes |
|
|
| Comandantes |
|
|
| Fuerzas en combate |
|
|
| Bajas |
|
|
Poco después de la captura de Masada llegó un nuevo grupo de sicarios y sus familias, liderado por
Simón bar Giora,
23
que comenzó a realizar incursiones contra las poblaciones vecinas,
llegando hasta Idumea. Simón acabó por abandonar la fortaleza, marchando
finalmente hacia Jerusalén, donde sería capturado tras el asedio y
destrucción de la capital judía por parte de
Tito en el año
70,
hecho con el cual concluía prácticamente la Primera Guerra
Judeo-Romana. Sólo subsistían tres fortalezas desafiantes al poder
romano:
Herodión,
Maqueronte
y la propia Masada, que acogió a grupos de refugiados de Jerusalén, y
desde la cual se lanzaron numerosos asaltos contra unidades romanas y
aldeas judías durante los dos años siguientes.
Hastiado por los problemas que suponía la existencia de una Masada aún rebelde, el gobernador romano de Judea,
Lucio Flavio Silva, marchó hacia la fortaleza dispuesto a asediarla con un ejército compuesto por una
legión romana (la
Legio X Fretensis), cuatro
cohortes auxiliares (una de ellas
miliaria y otra
equitata) y dos
alas de caballería.
24 Para albergar estas tropas dispuso la creación de ocho
campamentos
que rodearan la fortaleza, ubicados tanto en la planicie occidental
como en la llanura costera oriental, que pudieran acoger un contingente
de 9.000 hombres, entre legionarios y auxiliares, a los que habría que
sumar seguidores y prisioneros judíos esclavizados. También se erigió
una muralla que rodeara la fortaleza (similar a la que se levantó
rodeando
Jerusalén
años atrás), de tres kilómetros de longitud y una altura original de
tres metros, reducida a la mitad en la actualidad debido a la intensa
erosión que existe en la zona, un efecto también apreciable en los muros
de los campamentos. Las labores de construcción de las murallas estaban
reservadas a los legionarios: al ser una labor muy específica y
fundamental para el éxito del
asedio,
Silva sólo empleó soldados de confianza, dejando a los esclavos y a los
auxiliares otros menesteres, como el aprovisionamiento de agua y otras
labores de mantenimiento general.
Respecto a los accesos, sólo existían dos senderos que ascendían
hasta la fortaleza. Uno de ellos, el "Camino de la Serpiente", consistía
en un angosto y escarpado sendero que ascendía sinuosamente por el
flanco oriental a lo largo de 30
estadios (5,2 kilómetros), cuya estrechez y acusada
pendiente
imposibilitaba un asalto sobre Masada. El segundo acceso era otro
estrecho camino situado en la ladera occidental y custodiado desde la
fortaleza, aunque era menos tortuoso, de forma que Silva optó por esta
vía. Así, después de numerosos y vanos intentos por abrir una brecha en
las murallas de Masada, ordenó construir una rampa (
agger) que ascendiera hasta su lado occidental, desde un promontorio denominado la
Roca Blanca (
Λευκέ), situado a 300
codos (unos 150 m) por debajo de la cumbre de Masada. La construcción duró varias semanas, tras utilizar miles de
toneladas de piedras y tierra apisonada ubicadas sobre una pendiente de origen natural preexistente,
25
conformando así una de las mayores estructuras de asedio conocidas en
época romana. Finalmente la rampa alcanzó unos 196 m de base y 100 m de
altura, con un 51% de pendiente.
Josefo
no registra ninguna acción importante de los sicarios para impedir el
avance romano, a diferencia de lo ocurrido en otros asedios anteriores
contra fortalezas judías como en
Maqueronte,
y cuya causa podría ser la progresiva falta de medios de los sicarios
para combatir al ejército sitiador romano. También se ha especulado con
la posibilidad de que la rampa hubiera sido erigida por los esclavos
judíos del ejército romano, por lo cual los sicarios se habrían mostrado
reacios a atacar a otros judíos debido a sus creencias.
El asalto
Vista cenital del
agger erigido por el ejército romano.
Unos tres meses después de haberse iniciado su construcción, y siete
meses después de iniciarse el asedio, la rampa fue finalmente finalizada
en la primavera del año 73, contando en su cumbre con una plataforma
cuadrada de 22 metros de lado. Sobre ella se situó una torre de asedio
(reforzada con hierro y de unos 30 metros de altura) junto al exterior
de la muralla de Masada, y mientras los artilleros de los pisos
superiores de la torre disparaban sus
escorpiones y
balistas para mantener el parapeto libre de sicarios, un
ariete
situado en el piso inferior de la torre golpeaba continuamente la
muralla hasta que se consiguió abrir una brecha. Sin embargo, los
legionarios descubrieron que los sicarios habían construido una segunda
muralla a continuación del parapeto exterior. Cuando el ariete comenzó a
golpear esta segunda muralla, los romanos comprobaron que había sido
erigida con capas alternas de piedras y
madera, de forma que ésta absorbía los golpes del ariete e incluso se fortalecía así, tal como
Julio César había comprobado en sus asedios en la
Galia un siglo antes; es ésta la razón por la cual este tipo de estructura recibió el nombre de
muralla gala (
murus gallicus) desde entonces.
26
Esa misma tarde Silva canceló las embestidas del ariete y envió a un grupo de hombres armados con
antorchas
para incendiar la muralla interior, que comenzó a arder rápidamente a
lo largo de la estructura. No obstante, comenzó a soplar un fuerte
viento desde el norte y de cara al ejército romano, que amenazó la
maquinaria de asedio hasta que cambió de sentido y avivó las llamas, lo
cual fue interpretado como un buen
augurio.
Entonces Silva ordenó montar una fuerte guardia que custodiara la
muralla incendiada, para así evitar que los judíos escaparan por la
noche a través de la brecha, ya que su intención era lanzar el asalto
definitivo al día siguiente.
Dentro de Masada, los sicarios fueron conscientes de que el asalto
final del ejército romano llegaría con el nuevo día. Según el relato de
Josefo, el entonces líder de los sicarios,
Eleazar ben Yair,
reunió esa noche a sus hombres en el palacio occidental, pronunciando
un discurso donde propuso darse muerte ellos mismos para evitar ser
hechos prisioneros y vendidos como
esclavos. De esta forma, dado que el suicidio como tal es denostado por las leyes del
judaísmo,
los hombres mataron a sus familias, y posteriormente eligieron por
suertes a diez de ellos para quitar la vida al resto. Finalmente, entre
estos diez eligieron de nuevo a uno que acabó con la vida de los demás, y
antes de darse muerte prendió fuego a la fortaleza, excepto a los
depósitos de víveres, para así demostrar a sus enemigos que actuaban por
resolución, no por desesperación.
A la mañana siguiente los legionarios romanos colocaron pasarelas
sobre la muralla incendiada e irrumpieron en la fortaleza, preparados
para combatir a los sicarios, mas toparon con un silencio sepulcral y la
visión del fuego y de los cuerpos sin vida de sus enemigos. Únicamente
hallaron con vida a una anciana y una mujer, parienta de Eleazar, que se
habían refugiado junto a sus hijos en una de las galerías subterráneas
que conducía a las cisternas, siendo quienes relataron las últimas
palabras que el líder sicario pronunció a sus hombres. Impresionados por
la resolución de los sicarios, los romanos perdonaron la vida a los
supervivientes, escribiendo Josefo sobre este episodio:
Cuando allí se toparon con el montón de muertos, no se alegraron,
como suele ocurrir con los enemigos, sino que se llenaron de admiración
por la valentía de su resolución y por el firme menosprecio de la muerte
que tanta gente había demostrado con sus obras.27
Flavio Josefo da como fecha tradicional de la caída de Masada el día 15 de
Jántico o
Nisán,
28 el primer día de
Pésaj,
29 del quinto año de la rebelión judía, el año 3833 en el
calendario hebreo. En el
calendario juliano esta fecha se ubicaría en el mes de
abril del año 73, ofreciéndose días tan dispares como el 14, el 16 o incluso el 10 de abril.
30 Otros análisis mencionan la posibilidad de que la conquista de la fortaleza pudiera haber sucedido en la primavera del año 74,
31 un año después de lo tradicionalmente aceptado.
32 Se fundamentan en la presencia en Masada de monedas acuñadas en
Ascalón en el verano del año 73, o en inscripciones epigráficas que narran el
cursus honorum de Silva y que discuten que fuera gobernador de Judea antes de abril de ese mismo año.
33
Si se acepta la fecha del 15 de Jántico, la correspondencia con el
calendario juliano para ese año establecería la fecha del 31 de marzo
del año 74.
30
Masada tras la conquista
Con la conquista del último bastión rebelde que significaba Masada concluyó la
Primera Guerra Judeo-Romana. Tras la caída de la fortaleza, y pacificado todo el territorio de
Judea, Silva replegó las tropas hasta
Cesarea,
dejando estacionada una unidad auxiliar en la meseta de Masada. Este
acantonamiento se mantuvo regularmente hasta principios del
siglo II,
trasladándose entonces la guarnición al rehabilitado campamento F (el
principal de Silva), que habría llegado a formar parte del
Limes Arabicus en época de
Diocleciano, tres siglos más tarde.
Después de su abandono, Masada permaneció deshabitada hasta principios del
siglo V, cuando fue visitada por
San Eutimio y su discípulo Domiciano,
34 quienes erigieron en su cumbre una capilla que sería más tarde el núcleo de un pequeño monasterio del tipo
laura,
35 perteneciente a una pequeña comunidad
eremita de monjes
bizantinos; algunos investigadores identifican este lugar con el topónimo
Marda que aparece mencionado en algunas fuentes canónicas.
36 La
conquista árabe supuso el fin de esta comunidad y el abandono definitivo de Masada a mediados del
siglo VII, con una posible ocupación esporádica durante la época de las
Cruzadas.
37 Desde entonces, la ubicación del histórico sitio cayó en el olvido.
Descubrimiento
A partir del
siglo XIX, con el paulatino auge de la disciplina
arqueológica, se produjeron avances en la localización de la fortaleza. En
1807 el explorador
alemán Ulrich Seetzen avistó la meseta (conocida como
as-Sabbah, "la maldita" en
árabe)
37 durante un viaje en barco por el
mar Muerto, identificándola erróneamente con la
bíblica ciudad de
Zif,
38 ubicada en la actualidad en Tel Zif, cerca de
Pnei Hever, a 7 km al sureste de
Hebrón.
39 Fue en
1838 cuando dos
estadounidenses, el
teólogo y explorador
Edward Robinson y el
misionero Eli Smith, identificaron correctamente Masada desde el
oasis de
Ein Guedi con la ayuda de un
anteojo,
40 un hallazgo que fue posteriormente confirmado por el geógrafo
Carl Ritter.
41
El interés por Masada fue en aumento desde entonces. En
1842 el misionero estadounidense Samuel Wolcott ascendió hasta su cumbre acompañado del pintor
inglés W. Tipping, quien estaba realizando ilustraciones para una versión
inglesa de
La guerra de los judíos
de Flavio Josefo. Wolcott realizó la primera descripción moderna de la
fortaleza, muy completa en sus detalles y que confirmaba muchos de los
datos que describiera el autor judeorromano dieciocho siglos antes.
42
Félicien de Saulcy visitó Masada en enero de
1851, trazando el primer plano de la fortaleza y del sistema de fortificaciones romano, identificando el
agger y localizando restos de
mosaicos
en una edificación bizantina; aunque erró al situar el "Camino de la
Serpiente" en la ladera septentrional, así como en la datación de los
almacenes, obra que atribuyó a
Jonathán, es decir, Janneo.
43 El
24 de enero de
1858 ascendió a la meseta
Emmanuel Guillaume Rey,
quien trazó un nuevo plano, más preciso que el primero, aunque con
algunos errores de identificación en los edificios, si bien ubicó
correctamente el palacio de Herodes en la terraza superior
septentrional.
44 Otro erudito que visitó Masada en esta época fue
Henry Baker Tristram, quien tras sus dos viajes de
1864 y
1871
dibujó un nuevo plano de la fortaleza que recogía con detalle las
edificaciones septentrionales, aunque el resto fue esbozado de memoria
como un croquis.
45
En
1867 el entonces capitán británico
Charles Warren visitó Masada, interesado en la
arqueología bíblica como miembro de la
Palestine Exploration Fund (
PEF);
fue el primero en identificar correctamente el "Camino de la Serpiente"
en la ladera oriental, ascendiendo a la cumbre por este lado.
46 Varios años después, en marzo de
1875, otro miembro de la
PEF, el ingeniero militar británico
Claude Reignier Conder,
visitó Masada describiéndola con detalle, identificando el palacio
occidental como el "palacio colgante" que mencionara Josefo, y trazando
el plano más realista de los dibujados hasta ese momento.
47
El ingeniero alemán G.D. Sandel descubrió en 1905 el sistema de
captación de aguas, identificando las dos filas de cuevas del acantilado
noroeste como cisternas, que recibían el agua de lluvia mediante
canales de conducción.
48 En 1909
Alfred von Domaszewski y
Rudolf Ernst Brünnow reseñaron el sistema de asedio romano en el tercer volumen de su destacada obra
Die Provincia Arabia, centrándose en los campamentos B y C.
49 El conocimiento sobre los campamentos romanos fue ampliado con las fotografías aéreas tomadas por la
RAF entre 1924 y 1928, y sobre todo gracias a los trabajos de
Adolf Schulten,
quien permaneció en Masada durante todo un mes del año 1932 estudiando
la arquitectura militar romana, aunque también analizó la superficie de
la meseta, asumiendo la errónea idea de Conder sobre el palacio
occidental.
50
-
Grabado de W. Tipping (1851)
-
Plano de F. De Saulcy (1854)
-
Croquis de H. Tristram (1865)
-
Plano de C. Conder (1883)
La traducción de
La guerra de los judíos de Flavio Josefo al
hebreo por
Jacob Simchoni (
Varsovia,
1923)
51 y la publicación en
1927 del poema
Masada, escrito por el
inmigrante de origen
ucraniano Isaac Lamdan,
52 acercaron el conocimiento sobre Masada a la creciente comunidad judía de
Palestina. Tras la
guerra de independencia de Israel
y la consolidación del nuevo Estado, el interés por investigar la
fortaleza y convertirla en un referente para el pueblo judío se vio
finalmente reflejado en las primeras actuaciones efectuadas en
1953, con el descubrimiento del "Camino de la Serpiente" y el palacio septentrional por parte de
Shmarya Gutmann,
Micha Livneh y
Zeev Meshel. Gutmann describió el "Camino de la Serpiente" en su totalidad, reconociendo también el sistema de campamentos romano.
En 1955 y 1956 la
Universidad Hebrea de Jerusalén, la
Sociedad de Exploración de Israel y el entonces
Departamento de Antigüedades de Israel coordinaron dos expediciones puntuales de diez días de duración cada una, y dirigidas por
Nahman Avigad,
Yohanan Aharoni,
Michael Avi-Yonah,
Immanuel Dunayevsky y Shmarya Gutmann.
2
Estas intervenciones descubrieron gran parte del palacio septentrional y
verificaron los informes previos respecto al complejo de almacenes y el
palacio occidental, llegándose a realizar un plano mediante
fotografía aérea.
53
Excavación arqueológica de 1963-65
El interés por Masada aumentó hasta el punto de que, finalmente, se planteó la necesidad de una
excavación arqueológica
en la cumbre de la meseta, fundamentada no sólo en su valor científico,
sino como símbolo nacional del joven Estado judío. De esta forma, a
principios de la
década de 1960
la Universidad Hebrea de Jerusalén, la Sociedad de Exploración de
Israel y el Departamento de Antigüedades de Israel patrocinaron la
misión arqueológica, dirigida por
Yigael Yadin
y desarrollada en dos fases, la primera desde octubre de 1963 hasta
mayo de 1964, y la segunda desde noviembre de 1964 hasta abril de 1965,
sumando once meses de intervención. Además de contar con un equipo de
profesionales y de personal contratado, se ofreció la oportunidad de
colaborar en la excavación a todo aquel voluntario que lo deseara, a
través de anuncios en la prensa israelí y en el británico
The Observer.
54
La convocatoria fue un éxito, acudiendo más de 5.000 voluntarios de 28
países así como del propio Israel, muchos de ellos miembros de los
kibutz cercanos, o pertenecientes a las
Fuerzas de Defensa de Israel o a
Gadna.
Los voluntarios fueron distribuidos en 23 turnos de dos semanas de
duración, de manera que simultáneamente se contaban unas 300 personas en
la excavación.
55
La misión arqueológica confirmó gran parte de la información ofrecida
por Flavio Josefo en su relato, incrementando de forma espectacular el
conocimiento sobre Masada: se excavó el 97% de la zona edificada de la
fortaleza, mientras que el 3% restante (en la zona de almacenes) se dejó
sin excavar de forma deliberada, para dar a los visitantes una idea del
estado previo a la intervención.
56 También se realizaron simultáneamente las labores de
restauración
y conservación de los restos hallados, en colaboración con el
Departamento de Conservación de Lugares Históricos. Asimismo, se
produjeron hallazgos de elementos tales como
estucos,
monedas, recipientes cerámicos y
ostraca,
pergaminos,
indumentaria, armamento, alimentos, semillas e incluso restos humanos
pertenecientes a 28 individuos, identificados como los rebeldes judíos,
que fueron sepultados con honores militares en la propia fortaleza el 7
de julio de 1969.
57
Posteriores intervenciones
Las labores de restauración en Masada se desarrollaron conjuntamente a
las de excavación en la campaña de 1963-65 y durante todo el año de
1966, y consistieron fundamentalmente en elevar hasta su altura original
los muros caídos del palacio occidental, la sinagoga y los almacenes,
así como la conservación de los frescos del palacio septentrional.
58
Posteriormente
Ehud Netzer
dirigió varias excavaciones en la fortaleza, una primera en 1989 y
otras varias puntuales en el marco del proyecto de desarrollo de Masada
durante los años 1995 y 2000. Asimismo, en 1995 se llevó a cabo una
nueva excavación en el campamento F y en el
agger romano, dirigida por
Gideon Foerster.
58
Descripción
Plano de
Masada con las estructuras más destacables numeradas (la
muralla de casamatas y sus torres no se destacan al ser sus contornos
evidentes): 1. Puerta del "Camino de la Serpiente"; 2. Viviendas de los
sicarios; 3. Celdas de los monjes bizantinos; 4. Cisterna; 5. Viviendas
de los sicarios; 6. Baño ritual (
mikve);
7. Puerta del sur (puerta de la cisterna); 8. Viviendas de los
sicarios; 9. Cisterna subterránea; 10. Fortaleza meridional; 11.
Cisterna; 12. Palacete; 13. Falso
Columbarium; 14. Taller bizantino de mosaicos; 15 y 16. Palacetes; 17. Baño público (piscina);
18 a 21. Palacio occidental:
18. Ala de servicio; 19a y 19b. Zona de viviendas; 20. Almacenes; 21.
Edificios administrativos; 22. Torre del curtido; 23. Puerta bizantina
occidental; 24. Torres
columbaria; 25. Sinagoga; 26. Capilla bizantina; 27. Edificio de la guarnición;
28 a 38. Palacio septentrional:
28. Residencia del comandante; 29. Cantera; 30. Cuarteles del
comandante; 31. Torre vigía; 32. Edificios administrativos; 33. Puerta;
34a y 34b. Almacenes; 35. Sala de baños; 36. Puerta del foso;
37 a 39. Residencia de Herodes: 37. Terraza superior; 38. Terraza intermedia; 39. Terraza inferior.
Otros puntos de interés:
A. Casamata donde se hallaron varios pergaminos; B. Salón del trono de
Herodes; C. Mosaico de colores; D. Brecha de la muralla por donde entró
el ejército romano; E. Tesoro de siclos de plata; F. Lugar donde se
hallaron varios pergaminos; G. Estancia donde se encontraron tres
esqueletos.
Palacio septentrional
Se ubica al norte de la meseta, constituyendo el núcleo principal de
las edificaciones de la fortaleza. Se trata del palacio utilizado por
Herodes durante sus estancias en Masada, descrito profusamente en la obra de
Flavio Josefo,
y cuya correcta identificación no se produjo hasta las exploraciones de
Shmarya Gutmann. El complejo, defendido por una puerta propia (33),
agrupa edificios de diversa índole: un
edificio de baños
(35), una serie de grandes almacenes longitudinales (34a y 34b), un
edificio administrativo (32), la residencia del comandante de la
guarnición (28) y sus cuarteles (30), y los aposentos reales, divididos
en tres terrazas: una superior (37), una intermedia (38) y una inferior
(39).
Edificio de baños
El edificio de baños (35) se situaba en la zona central del palacio
septentrional. Durante la excavación se pensó inicialmente que el
edificio correspondía a una torre, aunque el hallazgo de más de
doscientas
pilae de arcilla y de un doble suelo (conformando un
hipocausto), así como la presencia de tuberías cerámicas (
tubuli) en las paredes enyesadas, revelaron su función como
caldarium, una estancia hermética utilizada para baños de vapor.
59 Los restos del suelo sostenido por las
pilae muestran un primer acabado mediante
mosaicos, que posteriormente fue sustituido por un pavimento de
opus sectile jaquelado mediante baldosas negras y blancas.
60 En el lado norte de la sala se hallaron fragmentos de una gran bañera tallada en
cuarzo, usada a modo de fuente y alimentada desde el exterior mediante tuberías de
plomo; y al otro lado de la habitación existía una bañera rectangular usada para inmersiones en agua caliente.
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Anexas al
caldarium se hallaban las otras salas habituales de unas termas:
tepidarium,
frigidarium y
apodyterium. El
tepidarium, la estancia templada, poseía un pavimento también de losas negras y blancas, menores que las del
caldarium, así como una decoración mural de
frescos. En cambio, el
frigidarium, la sala fría y la menor de las tres, consistía básicamente en una piscina para inmersiones rápidas.
60 Contigua a las tres estancias se hallaba el vestuario o
apodyterium, de tamaño similar al
caldarium
y cuyas paredes también presentaban pinturas murales, y pavimentado con
baldosas triangulares negras y blancas; el techo pudo haber estado
decorado con pinturas de tipo geométrico y floral, a tenor de los restos
de
estuco encontrados, y que podrían ser indicativo de la decoración de las otras estancias. En la esquina norte del
apodyterium
se localizó una pequeña piscina, construida directamente sobre la
solería y datada en un momento muy posterior, posiblemente ya en época
de la revuelta judía.
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Al edificio de baños se accedía desde el este a través de un patio,
muy deteriorado, pero que revelaba la existencia de un suelo de mosaico
de motivos hexagonales en blanco y negro. También se hallaron restos de
pilares y
capiteles de estilo
nabateo en los lados del edificio (excepto en el meridional), así como
metopas decoradas con
rosetas pertenecientes al perdido
dintel, que se documentaron en otras partes de la fortaleza debido a su reutilización como material de construcción.
62
Almacenes
Vista de los almacenes: en primer plano, el área septentrional.
Una amplia zona de la residencia septentrional se destinó como área
de almacenamiento del palacio. Estos almacenes, fácilmente reconocibles,
se disponían en dos áreas, separadas por un pasillo en dirección
este-oeste: una menor al norte (34b), al este del edificio de baños, y
otra mayor al sur (34a). Ambos grupos consistían básicamente en
habitaciones alargadas (cuatro en el grupo septentrional y diez en el
meridional),
63
de 26 por 4 metros, dispuestas de norte a sur, y adyacentes unas a las
otras. Estas estancias se hallaban separadas por muros paralelos de roca
dolomítica apenas canteada, de unos 3,3 m de altura en origen y 0,6 m
de espesor.
64 Las dos zonas se hallaban rodeadas por largos pasillos que bien pudieron destinarse también como zona de almacenamiento.
En el momento de la excavación los muros se hallaban completamente derrumbados casi a ras de suelo debido a
terremotos
pasados, muy comunes en esta zona sísmica, por lo que fue preciso
restaurarlos antes de la propia excavación de las estancias. Una vez
retirada la capa de derrumbes, que en algunos puntos alcanzaba un metro
de altura, el suelo original de los almacenes reveló la presencia de
cenizas y vigas quemadas, indicios claros de que la techumbre fue
destruida por un incendio.
56
También se hallaron centenares de recipientes cerámicos, fragmentados
intencionadamente por los defensores judíos para evitar que cayeran en
manos romanas, y que sirvieron para contener aceite, vino o harina, con
una forma específica para cada contenido. La mayoría pertenecían a la
época herodiana, aunque habían sido reutilizados durante la posterior
revuelta, como lo demuestran las inscripciones en tinta y carboncillo
con nombres en hebreo. Algunos recipientes mostraban la letra hebrea
taf (ת), inicial de
terumá (תרומה), junto a otros que portaban la inscripción
Maaser Cohen (מעשר כהן), designando así los recipientes destinados a los
diezmos sacerdotales estipulados en la
Mishná, y que demuestran la observancia de los preceptos judíos incluso durante el asedio.
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Cada almacén se destinaba a un único tipo de recipientes y
contenidos; destaca en una de las estancias la presencia de tres fosas
circulares excavadas en el suelo, destinadas probablemente a contener
vasijas para facilitar el vertido y la distribución de líquidos.
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En los almacenes no se halló ningún tipo de arma, una consecuencia
lógica del asedio padecido, aunque sí se documentaron cantidades de
estaño y otros metales. También se halló un centenar de monedas de
bronce desperdigadas por el suelo, pertenecientes al segundo y tercer
año de la rebelión; perdida su función original, es posible que se
siguieran utilizando en la fortaleza como vales para el racionamiento u
otras funciones.
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Turismo
Puerta de acceso al complejo turístico.
Existen varias rutas para llegar a Masada: la primera discurre por la carretera local 3911, que parte desde
Arad y discurre hacia el noreste durante 21 km hasta llegar al acceso occidental de la fortaleza, el
agger romano.
68 Otra ruta parte también de Arad por la carretera 31 hacia el sureste, llegando a
Neve Zohar y girando hacia el norte para llegar, 49 km después, al acceso oriental de Masada,
69 donde se ubican las instalaciones turísticas (hotel, museo, restaurante y tiendas). La última ruta parte desde el
oasis de
Ein Guedi a través de la carretera 90, viajando hacia el sur durante 19 km hasta llegar también al acceso oriental.
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Controversias sobre Masada
Según
Nachman Ben-Yehuda,
siempre ha existido la tendencia entre los historiadores judíos a
envilecer la rendición de Josefo frente a los romanos y su posterior
romanización, así como a elevar la historia de Masada hasta cotas
heroicas que sugirieran un paralelo histórico con la formación del
actual Israel.
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Asimismo, tanto el arqueólogo y antropólogo
Joe Zias como el médico forense Azriel Gorski, de la
Autoridad de Antigüedades de Israel,
defienden que varios de los restos humanos hallados en Masada podrían
haber pertenecido a ocupantes romanos anteriores a la revuelta judía, en
base a particulares características
fenotípicas.
Zias ha sostenido que el equipo original de excavadores "partían de la
historia y trataron de demostrarla buscando las evidencias", y añade que
tampoco se han podido localizar pruebas del suicidio colectivo de sus
ocupantes judíos. No obstante, otros investigadores, como
Ehud Netzer,
han criticado este enfoque, basándose en que muchos de los detalles del
relato de Flavio Josefo han quedado demostrados desde el punto de vista
arqueológico.
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