domingo, 28 de diciembre de 2014

DICHOSOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN

DICHOSOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN, 
PORQUE ESOS VAN A VER A DIOS
 
El corazón -como ya vimos- es la interioridad de la persona considerada en su aspecto estático, o sea, permanente. "Limpio" es igual a "puro", aunque para nosotros es mejor decir "limpio", porque "puro" tiene demasiadas connotaciones. La persona que tiene el corazón "limpio" es la que no abriga mala intención para nadie. De hecho, el mismo Mateo lo explica en el capítulo 15, cuando dice que "lo que sale del corazón es lo que mancha al hombre, porque del corazón salen las malas ideas, los malos designios...", y ya enumera una serie de cosas. De manera que las malas intenciones internas producen una serie de actos que son los que manchan al hombre. Lo que se hace con mala idea o con mala intención.
 Por tanto, el corazón "limpio" es el que no tiene mala idea, ni mala intención contra nadie. Es de una benevolencia, de una disposición positiva y favorable para todo el mundo. No hay miedo de que esta persona nos traicione, ni nos ponga una zancadilla, ni tenga un propósito oculto de explotación que no aparece en lo que dice. Precisamente, esa transparencia, esa sinceridad, esa autenticidad es la que, realmente hace que la comunidad sea diferente. Porque el mundo no suele ser así. En el mundo todo son segundas intenciones, propósitos inconfesados, para ver cómo aprovecharse del prójimo. Aquí es todo lo contrario. Es lo que decía Jesús en otra ocasión: la sencillez de la paloma.
 Y ¿cuál es la promesa que se hace a esta comunidad?: que verán a Dios". Ya es un paso más. La primera de este grupo -"dichosos los que prestan ayuda"- se refería al acto exterior de la comunidad. Acto exterior hacia otros; entre ellos y hacia otros. Esta ya va a lo interior, es la disposición interior. A1 acto exterior corresponde el acto de Dios que también podemos llamar exterior: "reciben ayuda". Pero aquí, como estamos en una disposición interior, que se traduce inmediatamente en la conducta, porque uno actúa como es por dentro, eso está claro. Si uno por dentro es complicado, enrevesado, con mala intención, los actos que produzca serán así. Si uno por dentro es sencillo, pacífico, amoroso, lo que le salga será eso. A la larga se ve enseguida. Y esta bienaventuranza dice que, a esa disposición de amor interior hacia los demás, corresponde la visión de Dios. Esos van a tener una experiencia directa a inmediata de Dios en su vida.
 Esto está tomado también de un salmo, el 51, donde se dice: "¿Quién, Señor, subirá a tu templo y verá tu rostro? El que es puro de corazón y de manos inocentes". De manera que había que ir al templo para ver a Dios. Y la pureza hebrea también se entendía según una serie de ritos, de prohibiciones y de tabúes. Pero todo eso se ha acabado en el Nuevo Testamento. La condición para ver a Dios no son ya los templos, ni los ritos, ni las observancias, que están suprimidas en el Nuevo Testamento. Únicamente esa disposición amorosa del corazón hacia los demás, es lo que hace que Dios Padre -que es Amor- se revele al que es así. El que desde dentro -no solo desde fuera- está en esa disposición favorable, ése tiene a Dios en disposición favorable. La comunidad que vive en esa transparencia, en esa sinceridad, en esa lealtad hacia la gente, tendrá una experiencia continua de Dios en su vida cotidiana. Y no hay más pureza que ésta.
En el Antiguo Testamento lo puro era lo que tenía acceso a Dios, y lo impuro lo que no lo tenía. Según ellos, estar en estado de pureza -ritual, legal- significaba poder acercarse a Dios. Estar en estado de impureza, por haber tocado un cadáver, por ejemplo, alejaba de Dios. 0 por cuestiones tan fisiológicas como el periodo de las mujeres, que también las hacía impuras. Son todos esos tabúes ancestrales, que vienen desde el fondo de la historia. Pero, todo eso se acabó. Lo que hace al hombre agradable a Dios, lo que hace que tenga acceso a Dios, es que tenga el corazón lleno de amor a los demás. Y no hay más. Es el único criterio. Con esto, Mateo echa abajo todos los ritualismos, todos los locales sacros, el templo, etc. Todo esto se ha acabado. Como ya lo hizo Marcos de un modo y Juan de otro. Todos los evangelistas coinciden en esto: la única condición para estar cerca de Dios es tener amor. No hay más condición que ésa. El está siempre cerca pero, para que uno note esa cercanía, tiene que estar en sintonía con él. Y sintonía con él significa ese amor que se traduce en transparencia, en sinceridad, en lealtad, en bondad hacia los demás.
De manera que tenemos ya: prestar ayuda, que es lo exterior, y la limpieza del corazón, que es lo interior. Se complementan, y ahora se reúnen las dos en una, como ha pasado antes con la injusticia.
(Juan J. Mateos)

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