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lunes, 22 de agosto de 2016

FORTE, Bruno



Sacerdote de Nápoles, profesor de teología dogmática de la Facultad Teológica de Nápoles. Primer relator de la reunión de la Iglesia italiana en Loreto (1985), de la Asamblea de las Iglesias europeas en Erfuhrt (1988), miembro de la Comisión Teológica Internacional y presidente de la comisión redactora del documento Memoria y reconciliación. La Iglesia y las culpas del pasado, publicado durante el año jubilar 2000. Es considerado el teólogo italiano más brillante y prolífico, que ya ha publicado una síntesis teológica en ocho volúmenes titulada Simbolica Ecclesiale.
Sobre eclesiología sobresalen cuatro libros: su tesis doctoral, La Chiesa nellEucaristia. Per un ecclesiologia eucaristica alla luce del Vaticano II, de 1975, que se ha convertido en un estudio clásico de la teología católica sobre este tema claramente abierto a la dimensión ecuménica. El segundo libro, y uno de los más divulgados, es La Iglesia, icono de la Trinidad. Breve eclesiología, de 1984, resumen de un curso ecuménico. El tercero son los diversos estudios recogidos en Laicado y laicidad de 1986, publicado antes del Sínodo sobre el laicado. Y finalmente, su síntesis eclesiológica, La Iglesia de la Trinidad. Ensayo sobre el misterio de la Iglesia comunión y misión, de 1995, articulado en torno a un triple y brillante eje, ya esbozado anteriormente: De Trinitate Ecclesia: el origen trinitario de la Iglesia; Sanctorum communio: la forma trinitaria de la Iglesia, y Ecclesia viatorum: el destino trinitario de la Iglesia.

La propuesta eclesiológica de Forte tiene una gran fuerza estética y pastoral y anima a conocer y amar a la Iglesia, en la fidelidad a la gran tradición católica, abierta ecuménicamente y al diálogo con las demás religiones. Quizás eclesiológicamente el tema que ha suscitado más polémica sea su concepción de la teología del laicado, que es negada como tal y en cambio afirmada como «laicidad» de toda la Iglesia. Con todo, todas las obras de Bruno Forte tienen la cualidad de colocar con gran destreza todos los datos de la tradición en una dinámica que parte de la Trinidad y vuelve a ella a través de la comunión y la misión. Es este enfoque el que le hace releer la Iglesia en el epílogo de su último texto, siguiendo a san Cirilo de Alejandría, que dice: «entonemos el canto de alabanza por la muerte de la Iglesia. Muerte que nos conduce de nuevo a la fuente de la vida santa en Cristo», afirmación que se complementa dialécticamente con su otra formulación del mismo san Cirilo: «¡No te separes de la Iglesia! Tu refugio es la Iglesia».

viernes, 18 de abril de 2014

BRUNO, GIORDANO


N. en Nola, 1548. Como religioso dominico profesa en Nápoles en 1565, y, desde 1576 prófugo de su orden, inicia una existencia itinerante por diversas ciudades del norte de Italia; vive en Ginebra y Toulouse, en París, donde en 1581 goza del favor de Enrique III; en Oxford y en Londres, recorre las universidades germánicas de Zürich, Praga, Francfort y Wittenberg, hasta que regresa a Venecia donde en 1592 es detenido y transferido a Roma; encarcelado, y tras una tentativa frustrada de reconciliación con la Iglesia, es condenado por apostasía y violación de sus votos religiosos a ser quemado vivo, sentencia que se lleva a efecto el 17 febr. 1600. Fue discípulo de Francesco Patrizzi (1529-97), autor de la Nova de universis philosophia, inspirada en el neoplatonismo y en, los escritos herméticos (cfr. Corpus Hermeticum, ed. Puech, Nock, Festugiere, París 1960); monista, emanatista y panteísta; discípulo indirecto de Telesio (1509- 1588) y, en último término, de Nicolás de Cusa. Además de numerosos escritos menores, algunos de carácter panfletario, son sus obras principales: Vella Causa, Principio ed Uno; Ve l'lnfinito, Universo e Mondi; Ve Monade, Ve Immenso; Ve Minimo; La Cena delle cineri; Vegli eroici Furori (donde toma expresión su concepción ética). Hay trad. cast. de Ve la Causa, Principio y Uno, Buenos Aires 1941.
      B. no es mecanicista sino dinamicista, que identifica la realidad total del Universo con la Naturaleza (natura naturans=fuente-fondo de toda realidad, cuya epifanía es la natura naturata, terminología que adoptará Spinoza), concebida como organismo teleológicamente orientado, infinito y uno, en tensión dialéctica entre la unidad y la multiplicidad que emana de ella en forma de una pluralidad de mundos diversos en número infinito, que constituyen otros tantos sistemas reflejando la infinitud del uno. Advirtiendo la cadencia panteísta de sus ideas, B. se plantea el problema de una disolución del Infinito en la infinitud de sus emanaciones, mas sin acertar todavía con la fórmula exacta, lo resuelve en sentido dialéctico diciendo (Ve l'lnfinito, I, 329) que no se trata de «partes del Infinito», sino de «partes en el Infinito». Esta unidad absoluta del cosmos exige la identificación de materia y forma, expresamente contra Aristóteles. La materia sería la realidad misma de las cosas en cuanto observables, y la forma el anima mundi que todo lo vivifica unificándolo y que culmina en el entendimiento: «mens quae universi molem exagitat» (Sigillus Sigillorum, II, 2, 174 ). Toda su ética se funda en el sentimiento de identidad del hombre con el cosmos, que le embriaga y le hace perderse en el latido universal del Todo, y le potencia en el éxtasis de los heroicos furores del vértigo creador, que resulta cocreador de las fuerzas cosensitivas (concepto inspirado por Telesio) del universo. Es ésta la ética de la acción desbordante y apasionada de tantas personalidades renacentistas y del condottiero.
      B. es un precedente, además de Spinoza, de Leibniz y de la teología inmanentista. Su sentido de la infinitud sincategoremática y dinamicista, y la misma terminología de la «mónada», le acercan a Leibniz, así como la transmaterialización de la sustancia cósmica, aunque difiere de él en su panteísmo absoluto. Su concepto de una unidad religiosa de la humanidad a base de la creencia en «Dios interior» garante de la unidad y de la identidad a través de los contrarios, a la que aspiran infinitamente las cosas y los «heroicos furores» del hombre, le convierte en el primer inmanentista y místico-naturalista de los nuevos tiempos.
     
BIBL. : Opera latina, 8 vol. Nápoles-Florencia 1879-91; Opere inedite, ed. Tocco, Nápoles 1891; Opere italiane, 3 vol., ed. GENTILE, Bari 1907-09; A. CORSANO, II pensiero di Giordano Bruno nel suo svolgimento storico, Florencia 1940; I. L. MONTYRE, The life of Giordano Bruno, Londres 1904; A. MERCATI, II sommario del processo di Giordano Bruno, Roma 1942; M. F. SCIACCA, 1 dialoghi italiani di Giordano Bruno, Brescia 1949; E. TROILO, La filosofia di Giordano Brunoi Turín 1907.


LUIS CENCILLO.

viernes, 28 de marzo de 2014

Bruno, Giordano

Filósofo italiano, nació en Nola en Campania en el reino de Nápoles en 1548; murió en Roma en 1600. A los once años fue a Nápoles a estudiar “humanidades, lógica y dialéctica” y cuatro años después, entró a la orden de Santo Domingo, renunciando a su nombre terreno de Filippo y tomando el de Giordano. Hizo su noviciado en Nápoles y continuo estudiando allí. En 1572 fue ordenado sacerdote.
Parece, sin embargo, que aún como novicio, atrajo la atención por la originalidad de sus ideas y por su abierto criticismo a las doctrinas teológicas aceptadas. Luego de su ordenación las cosas llegaron a un punto que, en 1576, fue formalmente acusado de herejía. Así pues fue a Roma, pero, aparentemente, no enmendó su manera de hablar sobre los misterios de la fe, por lo que las acusaciones en su contra se renovaron en el convento de la Minerva. Luego de unos meses de su llegada huyó de la ciudad y renunció a toda lealtad para con su orden.
Desde este momento, la historia de su vida es un constante vagar de un país a otro y de su vano intento de encontrar la paz. Anduvo por varias ciudades italianas y en 1579 fue a Génova donde parece que adoptó el calvinismo, aunque posteriormente, ante el tribunal eclesiástico en Venecia, negó consistentemente haberse unido a la Iglesia Reformada. Sea como fuere, fue excomulgado por el Concilio Calvinista debido a su actitud irrespetuosa hacia los líderes de esa iglesia y fue obligado a abandonar la ciudad. De ahí fue a Toulouse, Lyon y (en 1581) a París.
En Lyon completó su “Clavis Magna,” o “Gran Llave” del arte de recordar. En París publicó muchos trabajos que desarrollaron su arte del entrenamiento de la memoria y reveló la doble influencia de Raimundo Lully y los neo-platónicos. En 1582 publicó un trabajo característico, “Il candelaio,” o “El Portador de la Antorcha,” una sátira en la cual exhibe en un grado superlativo el falso gusto, entonces en boga, de los humanistas, muchos de los cuales confundían la obscenidad con el humor. Mientras en París daba pláticas públicas sobre filosofía, bajo los auspicios, al parecer, del Colegio de Cambrai, el precursor de El Colegio de Francia.
En 1583 pasó a Inglaterra y, al menos por un tiempo, gozó del favor de la reina Isabel y de la amistad de Sir Philip Sydney. A éste último ultimo dedicó el más amargo de sus ataques a la Iglesia Católica, “La Expulsión de la Bestia Triunfante,” publicado en 1584. Visitó Oxford y, al rehusársele el privilegio de dar clases ahí, publicó (1584), su “Cena del Miércoles de Ceniza,” en la cual atacó a los catedráticos de Oxford, diciendo que sabían más sobre cerveza que sobre griego. En 1585 regresó a Francia y durante el año que pasó en París esta vez, hizo varios intentos de reconciliarse con la Iglesia, todos los cuales fallaron debido a que se rehusaba a aceptar la condición impuesta, que era que debía regresar a su orden.
En Alemania, a donde fue en 1587, mostró el mismo espíritu de autosuficiencia insolente que en Oxford. En Helmstadt fue excomulgado por los luteranos. Después de alguna actividad literaria en Frankfort, se dirigió, en 1591 a Venecia, a invitación de Mocenigo, quien profesaba estar interesado en su método de entrenamiento de la memoria. Incapaz de obtener de Bruno el secreto de su “magia natural,” Mocenigo lo denunció a la Inquisición. Bruno fue arrestado y, en su juicio ante los inquisidores venecianos, primero se refugió en el principio de la “verdad doble”, diciendo que los errores imputados a él, le eran sostenidos “como un filósofo y no como un cristiano honesto;” después, sin embargo, solemnemente abjuró de todos sus errores y dudas con respecto a la doctrina y práctica católicas (Berti, Docum., XII, 22 y XII, 45). En este punto la Inquisición de Roma intervino y solicitó su extradición. Después de algunas dudas, las autoridades venecianas estuvieron de acuerdo y en febrero de 1593, Bruno fue enviado a Roma y durante seis años estuvo en la prisión de la Inquisición. Los historiadores han fallado en descubrir la razón de esta larga demora por parte de las autoridades romanas. En la primavera de 1599, el juicio se inició ante una comisión de la Inquisición de Roma y, después de que al acusado se le hubieron otorgado varias oportunidades de retractarse de sus errores, fue finalmente condenado (enero de 1600), entregado al brazo secular (8 de febrero) y quemado en la estaca en el Campo dei Fiori en Roma (17 de febrero). Bruno no fue condenado por su defensa del sistema copernicano de astronomía, ni por su doctrina de la pluralidad de los mundos habitados, sino por sus errores teológicos, entre los cuales estaban: que Cristo no era Dios, sino meramente un inusualmente hábil mago, que el Espíritu Santo es el alma del mundo, que el demonio seria salvado, etc.
A los trabajos de Bruno ya mencionados, se deben añadir los siguientes: “Della causa, principio ed uno;” “Dell’ infinito universo e dei mondi"; "De Compendiosâ Architecturâ"; "De Triplici Minimo"; "De Monade, Numero et Figurâ." En éstos, el nolano expone un sistema de filosofía en el cual los principales elementos son el neo-platonismo, monismo materialista, misticismo racionalista (a la manera de Raimundo Lully) y el concepto naturalista de la unidad del mundo material (inspirado por la astronomía copernicana). Su actitud hacia Aristóteles queda bien ilustrada por su reiterada asersión de que la filosofía natural del estagirita está viciada por la predominancia de la dialéctica sobre el modo matemático de concebir los fenómenos naturales. Hacia los escolásticos en general, sentía un abierto desprecio; exceptuaba, sin embargo, a Alberto el Grande y Santo Tomás, por quienes sentía un profundo respeto. Deseó reformar la filosofía aristotélica y sin embargo, se opuso amargamente a sus contemporáneos Ramus y Patrizzi, cuyos esfuerzos iban dirigidos al mismo objetivo. Estaba familiarizado, si bien solo superficialmente, con los escritos de los filósofos presocráticos griegos y con los trabajos de los neoplatonistas, especialmente los libros falsamente atribuidos a Iamblico y Plotino. De los neoplatonistas, derivó la tendencia a su pensamiento monista. De los presocráticos tomó la interpretación materialista del Único. De la doctrina copernicana, la cual atrajo mucha atención en el siglo en que vivió, aprendió a identificar el Único material con el universo visible, infinito y heliocéntrico.
Como consecuencia, su sistema de pensamiento es un panteísmo materialista incoherente. Dios y el mundo son uno; material y espíritu, cuerpo y alma, son dos fases de la misma sustancia; el universo es infinito; más allá del mundo visible hay un número infinito de otros mundos, cada uno de los cuales está habitado; este globo terráqueo tiene un alma; de hecho, todas y cada una de las partes de él, tanto los minerales, como las plantas y los animales, tienen alma; todo está hecho de los mismos elementos (no distingue entre materia terrenal y celestial); todas las almas son similares (la trasmigración, por lo tanto, no es imposible). Este punto unitario de vista es la justificación de la “magia natural” de Bruno. Sin duda, el intento de establecer una continuidad científica entre todos los fenómenos de la naturaleza es una manifestación importante del espíritu moderno y es interesante, especialmente tomando en cuenta de su aparición en el momento en que el punto de vista medieval estaba siendo abandonado. Y uno puede entender de inmediato como fue que el esfuerzo de Bruno para establecer un concepto unitario de la naturaleza obtuvo la admiración de hombres como Spinoza, Jacobi y Hegel. Por otra parte, las exageraciones, las limitaciones y los errores positivos de su sistema científico; su intolerancia aún hacia aquéllos quienes estaban trabajando por las mismas reformas que el buscaba; las falsas analogías, fantásticas alegorías y razonamientos sofistas que su fervor emocional siempre traicionó, han justificado, a los ojos de muchos, el nombramiento que de él hizo Bayle como “el caballero errante de la filosofía.” Su punto de vista hacia la verdad religiosa fue el de un racionalista. Personalmente nunca pudo sentir la significancia vital de la Cristiandad como sistema religioso. No fue un Inquisidor Romano, sino un Divino Protestante, quien dijo que él fue “un hombre de gran capacidad, con conocimiento infinito, pero sin rastro de religión.”
Obras completas de Bruno por Tocco, Opere latine di G. B. (Florencia, 1889); Opere inedite (Nápoles, 1891); (Leipzig, 1829, 1830). McIntyre, Giordano Bruno (London and New York, 1903); Frith, Life of G. B. (London and Boston, 1887); Adamson in Development of Modern Philosophy (London, 1903), II, 23-44; Höffding, Hist. of Modern Philosophy, tr. Meyer (London, 1900), I, 110 sqq.; Stöckl, Gesch. der Phil. des Mittelalters (Mainz, 1866), III, 106 sqq.; Turner, Hist. of Phil. (Boston, 1903), 429 sqq.
WILLIAM TURNER Transcrito por Fr. Paul-Dominique Masiclat, O.P. Traducido por Antonio Hernández Baca

lunes, 27 de mayo de 2013

BRUNO, GIORDANO.

 File:Giordano Bruno Campo dei Fiori.jpg
 Giordano Bruno por Ettore Ferrari (1845-1929), Campo de' Fiori, Roma.

Giordano Bruno, registrado al nacer como Filippo Bruno (Nola, Nápoles, 1548 - Roma, 17 de febrero de 1600), fue un astrónomo, filósofo y poeta italiano. Sus teorías cosmológicas superaron el modelo copernicano, pues propuso que el Sol era simplemente una estrella; que el universo había de contener un infinito número de mundos habitados por seres inteligentes, y propuso, en el campo teológico una forma particular de panteísmo, lo cual difería considerablemente de la visión cosmológica sostenida por la Iglesia católica. Pero no fueron estos razonamientos la causa de su condena sino sus afirmaciones teológicas, que lo llevaron a ser condenado por las autoridades civiles de Roma después de que la Inquisición romana lo encontró culpable de herejía, fue quemado en la hoguera. Tras su muerte, su nombre ganó fama considerable, particularmente en el siglo XIX y principios del XX.

Índice

Datos biográficos y académicos

A la edad de 17 años, en 1565, ingresó en la Orden de los Dominicos, donde se dedicó al estudio de la filosofía aristotélica y a la teología de Santo Tomás de Aquino (tomismo). Ese mismo año cambió su nombre por el de Giordano.
Expresó en escritos y conferencias sus ideas científicas acerca de la pluralidad de los mundos y sistemas solares, el heliocentrismo, la infinitud del espacio y el Universo y el movimiento de los astros, lo cual escandalizaba a la cristiandad más conservadora de la época, pero fueron sus teorías teológicas las que le traerán una persecución en su contra por parte de la Iglesia católica y la Inquisición, hasta ser encarcelado en 1593 durante ocho años, acusado de blasfemia, herejía e inmoralidad, para finalmente ser condenado, por herético, impenitente, pertinaz y obstinado, a la hoguera, en la que murió el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma.
Según la Enciclopedia de filosofía de la Universidad de Stanford, «en 1600 no había una postura oficial de la Iglesia Católica sobre el sistema copernicano, y ciertamente no era una herejía. Cuando Giordano Bruno fue quemado en la hoguera como hereje, no tuvo nada que ver con sus escritos en apoyo de la cosmología copernicana.» Entre sus afirmaciones teológicas que se consideraron heréticas estaban las siguientes: que Cristo no era Dios, sino meramente un mago excepcionalmente hábil, que el diablo se salvará y otras.
Según Isaac Asimov, su muerte tuvo un efecto disuasorio en el avance científico de la civilización, particularmente en las naciones católicas pero, a pesar de esto, sus observaciones científicas continuaron influyendo en otros pensadores, y se le considera uno de los precursores de la revolución científica.1

El comienzo de la controversia

Sus problemas comenzaron durante su adoctrinamiento, al rechazar tener imágenes de santos, aceptó sólo el crucifijo. En 1566 tuvo lugar el primer procedimiento en su contra por sospechas de herejía. Dicho proceso no prosperó, y en 1572 fue ordenado como sacerdote dominico en Salerno y pasó al estudio de Santo Domingo Mayor, donde recibió en 1575 el título de Doctor en Teología de la Orden.
En 1576 fue acusado de desviarse en la doctrina religiosa y tuvo que abandonar la orden y huyó a Roma, donde consiguió asilo en el Convento de Santa María en Minerva.
Después de viajar por Italia y Francia llegó a Ginebra. Allí abandonó los hábitos.

Sus primeros pasos

En Ginebra, Juan Calvino había instaurado una república protestante, doctrina a la que se adhirió Bruno, pero con la cual también se pronunció en disconformidad. En una ocasión publicó y distribuyó un panfleto donde acusaba a Calvino de cometer veinte errores en una lectura. Por este motivo fue hecho prisionero hasta que se retractó y abandonó el calvinismo bajo la acusación de coartar la libertad intelectual. Se trasladó a Francia donde, luego de varios tropiezos por la guerra religiosa, fue aceptado por Enrique III como profesor de la Universidad de París en 1581.
En esa etapa de su vida publicó sus dos primeras obras: Las sombras de las ideas y El canto de Circe.
En 1583 viajó a Inglaterra, tras ser nombrado secretario del embajador francés Michel de Castelnau. Allí se convirtió en asiduo concurrente a las reuniones del poeta Philip Sidney. Enseñó en la Universidad de Oxford la nueva cosmología copernicana atacando las ideas tradicionales. Después de varias discusiones abandonó Oxford. Sus escritos más importantes son De umbris idearum, de 1582; La cena de las cenizas, Del universo infinito y los mundos y Sobre la causa, el principio y el uno, las tres últimas escritas en 1584. En 1585 escribió Los furores heroicos donde, en un estilo de diálogo platónico, describe el camino hacia Dios a través de la sabiduría. Ese mismo año regresó a París con el embajador, para luego dirigirse a Marburgo, donde dio a la prensa las obras escritas en Londres. En Marburgo retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai, donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país.
Durante los siguientes cinco años vivió en diversos países protestantes, donde escribió muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria (fue uno de los grandes representantes de la tradición hermética). Llegó a demostrar, aunque por métodos falaces, que el Sol es más grande que la Tierra. En 1586 expuso sus ideas en la Sorbona y en el Colegio de Cambrai y enseñó filosofía en la Universidad de Wittenberg. En 1588 viajó a Praga, donde escribió artículos dedicados al embajador de España y a Rodolfo II. En 1590 se dirigió al convento de las Carmelitas en Fráncfort y Zúrich. Ahí escribió sus poemas.

El comienzo del fin

El proceso de Giordano Bruno a cargo de la Inquisición romana. Relieve de bronce de Ettore Ferrari (1845-1929), Campo dei Fiori, Roma.
A instancias de Giovanni Mocenigo,2 noble veneciano, regresó a Italia. Mocenigo se convirtió en su protector, para impartir cátedra particular.
El 21 de mayo de 1591, Mocenigo traicionó a Bruno y lo entregó a la Santa Inquisición. El 27 de enero de 1593 se ordenó el encierro de Giordano Bruno en el Palacio del Santo Oficio, en el Vaticano. Estuvo en la cárcel durante ocho años mientras se disponía el juicio –bajo el tribunal de Venecia–, en el que se le adjudicaban cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad; principalmente por sus enseñanzas sobre los múltiples sistemas solares y sobre la infinitud del universo. Durante la ocupación napoleónica se perdieron la mayoría de los folios de ese juicio.
El proceso fue dirigido por Roberto Belarmino, quien posteriormente llevaría el similar proceso contra Galileo. En 1599 se expusieron los cargos en contra de Bruno. Las múltiples ofertas de retractación fueron desestimadas. Finalmente, sin que se tenga conocimiento del motivo, Giordano Bruno decidió reafirmarse en sus ideas y el 20 de enero de 1600 el papa Clemente VIII ordenó que fuera llevado ante las autoridades seculares.
El 8 de febrero fue leída la sentencia en donde se le declaraba herético, impenitente, pertinaz y obstinado. Es famosa la frase que dirigió a sus jueces: «Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla».[cita requerida] Fue expulsado de la Iglesia y sus trabajos fueron quemados en la plaza pública.
Durante todo el proceso fue acompañado por monjes de la Iglesia. Antes de ser ejecutado en la hoguera uno de ellos le ofreció un crucifijo para que lo besara, pero Bruno lo rechazó y dijo que moriría como un mártir y que su alma subiría con el fuego al paraíso.

Fundamento procesal

Luigi Firpo lista estos cargos que fueron puestos contra Bruno por la Inquisición:3
  • Tener opiniones en contra de la fe católica y hablar en contra de ella y sus ministros.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica sobre la Trinidad, la divinidad de Cristo y la encarnación.
  • Tener opiniones contratrias a la fe católica en relación a Jesus como Cristo.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica en relación a la virginidad de María, la madre de Jesús.
  • Tener opiniones contrarias a la fe católica en relación a la transubstanciación y la misa.
  • Decir que existen múltiples mundos.
  • Tener opiniones favorables de la transmigración del espíritu en otros seres humanos después de la muerte.
  • Brujerías.

Excepción

Lo habitual era matar al hereje y después quemar el cuerpo. En el caso de Giordano Bruno, tras una condena de más de 8 años, fue quemado vivo el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma.

Relación de obras

Hay obras que aún no han sido publicadas en español, otras se consideran perdidas y alguna de cuya distribución se duda.
Sin fecha:

Datos anecdóticos

  • Giovanni Mocenigo –personaje que traicionó a Giordano– fue acusado de herejía al descubrirse que intentaba dominar las mentes ajenas, cosa que Bruno se negó a enseñarle. Nunca fue apresado ni existió proceso en su contra.
  • El papa Clemente VIII dudó de la sentencia impuesta a Giordano antes de dictarla porque no deseaba convertir a Bruno en un mártir.
  • El cardenal Roberto Belarmino, santificado posteriormente por la Iglesia Católica, fue el encargado de llevar el proceso de acusación de herejía a Bruno; años después, en 1616, san Roberto Belarmino condenó a Galileo Galilei por el mismo hecho.

Véase también

Referencias

  1. Isaac Asimov. Historia y cronología de la ciencia y los descubrimientos. Barcelona: Ariel, 2007.
  2. «Giovanni Mocenigo. Ante la Inquisición veneciana» (en italiano). La vita di Giordano Bruno. Firenze: Istituto Nazionale di Studi sul Rinascimento. Consultado el 14 de julio de 2012.
  3. Luigi Firpo, Il processo di Giordano Bruno, 1993.

Bibliografía

  • Bruno, Giordano (2011). Expulsión de la bestia triunfante. Los heroicos furores. Madrid: Siruela. ISBN 978-84-9841-444-8.
  • — (2011). De la causa, principio y uno. Buenos Aires: Losada. ISBN 978-950-03-9777-3.
  • — (2009). Las sombras de las ideas. De umbris idearum. Prólogo Eduardo Vinatea. Traducción Jordi Raventós. Biblioteca de Ensayo. Serie Mayor 65. Madrid: Siruela. ISBN 978-84-9841-250-5.
  • — (2007). El sello de los sellos. Tr. Silvestre Miralles, A. Libros del Innombrable. ISBN 978-84-95399-86-1.
  • — (2004). La cena de las cenizas. Tr. Granada, M. A. RBA. ISBN 978-84-473-3191-8.
  • — (2004). Candelero. Tr. Losada García, T. Ellago Ediciones, S.L. ISBN 978-84-95881-34-9.
  • — (1998). Del infinito: el universo y los mundos. Tr. introd. y notas de Granada, M. A. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-7915-0.
  • — (1997). Mundo. Magia. Memoria. Tr. Gómez de Liano Alamillo, I. Madrid: Biblioteca Nueva. ISBN 978-84-7030-487-3.
  • — (1990). Cábala del Caballo Pegaso. Tr. Granada, Miguel A. Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-2656-7.
  • — (1985). Sobre el infinito universo y los mundos. Tr. Cappelletti, A. Ediciones Orbis. ISBN 978-84-7530-479-3.
  • — (1984). La cena de las cenizas. Tr. Schettino, E. Swan. ISBN 978-84-85595-23-5.
Sobre Bruno

Enlaces externos

Páginas con obras de Giordano Bruno en línea o descargables:
Páginas sobre Giordano Bruno:
Influencias de Giordano Bruno y la tradición hermética: