miércoles, 6 de junio de 2012

EZEQUIEL. (Libro de).

El Libro de Ezequiel es un libro bíblico del Antiguo Testamento que forma parte de los libros proféticos. Para los judíos está en el Tanaj, entre los Nevi'im (‘Libros de los profetas’), en la Biblia protestante se ubica entre Lamentaciones y Daniel, y en la Biblia católica entre Baruc y Daniel.

Contenido

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[editar] Autor

El texto se atribuye al profeta Ezequiel, cuyo nombre —que el libro ha heredado— significa en hebreo ‘prevalece [el dios ugarítico] Ël’ o ‘conforta Ël’. Hijo del sacerdote Buzi, probablemente había nacido en Jerusalén, o en uno de sus suburbios o aldeas cercanas. Según la historiografía bíblica tradicional, fue uno de los hebreos notables deportados a Babilonia por orden del rey Nabucodonosor II luego de la invasión y conquista de Israel por los caldeos, en o alrededor de 598 a. C. Incluido en la deportación forzosa, Ezequiel parece haber predicado entre los prisioneros en aquella tierra extraña.
Otros autores prefieren pensar que el profeta desempeñó su ministerio en Jerusalén (hasta 587 a. C., o sea que no fue deportado con el grupo de los dirigentes) y tiempo después se dirigió a Babilonia. Sin embargo, esta hipótesis es difícil de mantener, porque habría que modificar completamente el antiguo texto de su libro para sacar al autor de Tel Aviv y colocarlo en Jerusalén durante aquellos años.
Se desconoce el momento y lugar de su muerte, aunque la tradición indica que su tumba está cerca de Babilonia, en un lugar llamado Al Kifl.[1]

[editar] Composición

La disposición sencilla y ordenada del libro de Ezequiel denota un laborioso proceso de organización y planeamiento, en base —según se cree— a diversos textos preexistentes.
Se presume que el propio profeta o un grupo de sus discípulos recopiló y ordenó la seguidilla de poemas, discursos y visiones contenidas en el texto actual, agregándole luego los datos cronológicos e históricos que lo convierten en un todo orgánico y armónico.

[editar] Contexto histórico

En tiempos de Ezequiel, la potencia dominante del mundo antiguo ha pasado a ser la Babilonia de Nabucodonosor, que domina desde las planicies escitas hasta Egipto y desde Persia hasta el Mediterráneo.
Una vez capturados por los caldeos y deportadas sus clases dirigentes al río Éufrates, los judíos pasarán a depender, en un cautiverio que durará más de medio siglo, de la buena voluntad del rey de sus carceleros.
Por voluntad del invasor victorioso, los judíos fueron divididos en dos grupos: los notables y famosos, clase dirigente de aquel tiempo, que fueron llevados en cadenas a la tierra del vencedor, y los pobres y humildes que fueron dejados en paz en su lugar de origen.
Ezequiel formaba parte del primer grupo, y es por ello muy probable que haya escrito su libro mientras se encontraba deportado en Mesopotamia. La fecha parece confirmarla el hecho de usar un sistema de fechas usado en el siglo VI a. C.[2]

[editar] Contexto religioso

En el Libro de Ezequiel, como el resto de los exiliados, el sabio profeta tiene una confianza inquebrantable en que Yahvéh protegerá a Israel, que Jerusalén no será destruida y que, tarde o temprano, el exilio terminará y todos podrán regresar gozosos a su Tierra Prometida.
En la capital, mientras tanto, la idolatría ha regresado con fuerza siempre renovada, y los dioses mesopotámicos se adoran ahora incluso en el Templo.
Al comprender los deportados, llegando a Babilonia, la verdadera dimensión del poderío caldeo, comienzan a desesperarse. Se les hace evidente que la potencia militar de Nabucodonosor II no puede ser derrotada por ninguna fuerza humana. Sin embargo, Yahvéh no ha movido un dedo para defender a los judíos de la captura y la esclavitud.
¿Dónde está? ¿Por qué no actúa? Estas preguntas son la raíz de la desazón hebrea en el exilio, y muchos comienzan a creer que la divinidad ha denunciado el Pacto y ha retirado su protección al pueblo elegido. Éste, por su parte, ha sido alejado por la fuerza de su Templo y ya no puede cumplir con la liturgia ni ofrecer los sacrificios debidos, razón de más para temer que Yahvéh se enoje con él.
Muchos judíos buscan una salida económica a sus necesidades materiales, olvidando lo espiritual para dedicarse a la banca, la usura o el comercio. Así, se resignan y se alejan de Yahvéh. Otros, por el contrario, intentan explicarse lo ocurrido atendiendo a las enseñanzas de los profetas.
Los elegidos, seleccionados por el sufrimiento y su preocupación existencial y religiosa (como Ezequiel), comenzarán a seguir el camino marcado por Isaías y Jeremías para trabajar en pos de la restauración definitiva, el regreso a casa y la constitución definitiva de Yahvéh como Señor de Israel y habitante exclusivo del Templo de Salomón.

[editar] Contenido

El libro de Ezequiel es mucho más ordenado y coherente que el de Jeremías, al menos bajo una mirada superficial.
En una versión simplificada, la estructura del libro es la siguiente:
  1. Introducción (1-3);
  2. Amenazas (4-24);
  3. Oráculos (25-32);
  4. Promesas (33-39); y
  5. Estatutos (40-48).
En la introducción, el Dios Yahvéh entrega al profeta los lineamientos de su misión profética, mientras que los capítulos siguientes detallan una larga serie de amenazas y futuros castigos para Jerusalén y Judá, para los falsos profetas y, en general, para todos los judíos que han pecado antes de la invasión de Nabucodonosor.
Luego vienen los oráculos contra las naciones que amenazan al judaísmo, tras lo cual se expresan gloriosas promesas de paz y felicidad para Israel: la restauración completa de la religión, del país, del Templo y la completa y absoluta derrota de las potencias agresoras.
El estatuto político-religioso final establece las normas que deberán regir a la comunidad hebrea cuando consiga liberarse de la deportación y regrese a la tierra que Yahvéh reservó para ella.

[editar] Sentido religioso

La idea central que Ezequiel pretende transmitir con este texto es la responsabilidad de cada judío (18, 4). Esta individualización emparenta con otros libros proféticos e históricos en el sentido de que representa una evolución filosófica con respecto a las ideas de culpa y castigo colectivos que se veían en las versiones más primitivas de esta religión.
La responsabilidad individual debe, según este profeta, aplicarse a la conversión del infiel y a la elevación de uno mismo. Este concepto está relacionado con la renovación de la alianza del pueblo hebreo con Yahvéh, y esta nueva alianza depende, precisamente, de la conversión.
La alianza vieja, ya perimida, respondía sólo a la Torá (la Ley), pero la moderna opera según la Ley y un nuevo tipo de organización social y religiosa.
Las visiones mesiánicas y escatológicas de Ezequiel ben Buzi han influido indudablemente en la restauración judaica de tiempos posteriores y también y en gran medida en el perfeccionamiento ideológico cristiano que llega a su culminación con la venida de Cristo.

[editar] Cultura popular

En la película Pulp Fiction del director norteamericano Quentin Tarantino, Jules (Interpretado por Samuel L. Jackson) recita el capítulo 25, versículo 17 del libro de Ezequiel cada vez que va a matar a alguien, haciéndolo un total de tres veces en la película. El pasaje se ha convertido en un icono cinematográfico debido a la manera en la cual Samuel L. Jackson lo interpreta. Dice así:
El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la injusticia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del valle de la oscuridad, porque él es el auténtico guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos. Y tú sabrás que mi nombre es Yavéh, cuando caiga mi venganza sobre ti.
Sin embargo, el verdadero pasaje bíblico del Libro de Ezequiel, capítulo 25 versículo 17 es mucho más corto y sencillo:
Y haré en ellos grandes venganzas con reprensiones de ira; y sabrán que yo soy Yavéh, cuando haga mi venganza en ellos.

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