martes, 23 de diciembre de 2014

¿PLAGAS DE EGIPTO?


Moisés y Jesús son los liberadores de su pueblo.

Los metodos usados son diversos.

Si Moisés se recuerda por "los terribles portentos» que había obrado en presencia de todo Israel (Dt 34,12), masacrando a enemigos e israelitas en nombre de Dios, Jesús dara su vida y sera asesinado en nombre de Dios.

Del Dios de Moisés.

Moisés, para llevar a los hebreos a la fe en Dios no duda en desencadenar luchas fratricidas ("mate cada uno aunque sea al hermano, al compañero, al pariente, al vecino") haciendo masacrar de una sola vez "unos tres mil
hombres del pueblo" (Ex 32,27-28); para librar a su gente de la esclavitud egipcia desencadena contra el opresor una serie de prodigios tradicionalmente conocidos como las doce plagas de Egipto, aunque en la narración el término plaga (Ex 11,1) se utiliza solamente para designar el último prodigio: la matanza de "todos los primogénitos de Egipto, desde el primogénito del Faraón que se sienta en el trono hasta el primogénito de la sierva que atiende al molino, y todos los primogénitos del ganado» (Ex 11,5).

Antes de esta divina carnicería, Dios y Moisés dirigen contra los egipcios un creciente número de calamidades.

Se inicia con la transformación del agua del Nilo en sangre, prodigio realmente modesto que no impresionó grandemente a los egipcios por cuanto «los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos" (Ex 7,22); lo mismo sucedió con la invasión de las ranas. Los magos se rindieron, sin embargo, al tercer prodigio, al no conseguir «producir mosquitos» (Ex 8,14).

Después de los mosquitos tocó el turno a las moscas (Ex 8,17), seguido de la matanza del ganado (de los egipcios, pero "del ganado de los israelitas no murió ni una res" (Ex 9,6) y de las "úlceras", que atacaron incluso a los magos poniéndolos definitivamente fuera de combate (Ex 9,8-11).

En el hit-parade de las desgracias, en el séptimo puesto se colocó "el terrible pedrisco» seguido de "las langostas» y de "las densas tinieblas» (Ex 9,13-10,23).

Mateo es el único evangelista que presenta, en contraposición a las diez plagas, una concatenación de diez acciones de Jesús dirigidas a liberar al pueblo, las cuales en lugar de sembrar desventuras comunicarán vida incluso a los «enemigos» (Mt 8,9).

Si en las plagas los elementos de la naturaleza y los animales se usan como medio para castigar a los hombres, en los gestos de Jesús son los animales. (cerdos, Mt 8,28-34) Y los elementos de la naturaleza hostiles al hombre (mar y truentos, Mt 8,23-27) los que son dominados.

Las diez plagas culminan con la muerte del faraón.

A las diez acciones de Jesús sigue la resurrección de la hija de un personaje que el evangelista presenta simplemente como "jefe" (Mt 9,18-26), omitiendo ya la especificación "de la sinagoga", ya el nombre de "Jairo" (como se lee en los otros evangelios, Mc 5,22; Lc 8,41), para colocarlo en paralelo con el faraón, el jefe de los egipcios.

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