domingo, 28 de diciembre de 2014

UNA ORGANIZACION QUE "NEUTRALIZA" EL MENSAJE (I)


Es verdad que el poder eclesiástico no intenta ya ejercerse sobre las realidades profanas y seculares, al menos de una manera directa. Pero es evidente que el poder del clero, en el interior de la Iglesia, sigue siendo un hecho decisivo en la vida de los fieles y en la marcha de la institución eclesial. Y más aun cuando se trata del poder de los obispos sobre los simples clérigos y, sobre todo, el poder del papa y de la curia vaticana en el conjunto de la Iglesia. Además, el deseo de prestigio y reconocimiento social y público es un hecho que salta a la vista, si observarnos los comportamientos eclesiásticos, especialmente cuando se trata de las altas esferas. Y en cuanto al apego al dinero, baste pensar que la institución eclesiástica maneja muchos millones cada año, porque en realidad es mucho el dinero que necesita, para que la institución funcione tal como de hecho está organizada.
¿CÓMO ES POSIBLE QUE ESTO HAYA LLEGADO A SUCEDER?
A la vista de esta situación, es lógico hacerse una pregunta elemental: cómo es posible que en la Iglesia haya llegado a suceder todo esto y ademas que estemos como estamos? Esta pregunta quiere decir varias cosas. Ante todo, quiere decir que resulta misterioso el hecho de que en la Iglesia se haya leído todos los días el Evangelio, que además se haya leido por personas de buena voluntad, y que sin embargo se haya hecho muchas veces lo contrario de lo que dice ese mismo Evangelio. En segundo lugar, quiere decir que resulta aun más misterioso el hecho de que la relación entre la Iglesia y el Evangelio no solo sea confusa y problemática, sino ademas que eso no sea un problema obsesionante para los creyentes en general y, más en concreto, para los dirigentes eclesiásticos. Y en tercer lugar, quiere decir que lo más extraño de todo es que el simple hecho de decir estas cosas -por lo demás tan vulgar- resulte novedoso, sorprendente o inquietante para no pocas personas que se consideran creyentes en Jesús y su Evangelio. No cabe duda que aquí pasa algo muy raro. ¿Qué es eso?.
¿QUIÉN TIENE LA CULPA?
Cuando se plantea una pregunta como esta, es absurdo preguntar quién tiene la culpa de que todo esto suceda así. Y ante esta pregunta, es frecuente que se eche la culpa a los dirigentes de la institución eclesiástica (obispos y sacerdotes), porque no han estado ni están a la altura de las circunstancias, bien sea porque han sido y son malos sacerdotes, bien sea porque no han estado ni están suficientemente preparados. Otras veces, se afirma que la culpa está en la gente, que va perdiendo la fe por causa del materialismo imperante. Por eso, piensan algunos, la Iglesia no vive de acuerdo con el Evangelio, porque ni los clérigos son todo lo evangélicos que tendrían que ser, ni los cristianos en general tampoco.
Sin embargo, lo que acabo de decir no explica nada. En primer lugar, porque cuando se piensa o se habla de esa.manera, lo único que se hace es repetir con otras palabras lo que se trata de explicar, a saber: que la Iglesia no vive de acuerdo con el Evangelio, porque sus miembros, a todos los niveles, no son todo lo evangélicos que tendrían que ser. Eso es sencillamente decir dos veces la misma cosa con palabras distintas. Por otra parte, está claro que estas explicaciones de tipo "moralizante", aparte de la ingenuidad que entraña, son bastante desacertados o incluso sencillamente falsas. Porque no todos los obispos, ni todos los papas, ni todos los sacerdotes han sido o son tan malos como a veces se dice. Es más, parece que más bien se puede afirmar exactamente todo lo contrario, al menos si nos referirnos a las altas esferas. Por lo general, los papas y los obispos han sido buenas personas y muchos de ellos han sido hombres de santidad eminente. En cuanto a los sacerdotes - que han sido millones -y a los fieles cristianos en general- que han sido muchos más millones todavía -es a todas luces calumnioso el decir sin más que han sido y siguen siendo gentes descreídas y de poca conciencia.
Cuando se hacen afirmaciones de este tipo, se incurre inevitablemente en simplificaciones tan fáciles de decir como difíciles de probar. Insisto, por consiguiente, en que con explicaciones de esta clase, en realidad no se explica nada. En consecuencia, tenemos que buscar la explicación por otro sitio. Yo creo que esa explicación está en lo que es la actual organización de la Iglesia.
LA IGLESIA ES UNA GRAN INTITUCIÓN... NO SOLO RELIGIOSA
En efecto, la Iglesia no es ya solamente la comunidad de creyentes que convocó Jesús. La Iglesia no es ya solamente la comunidad de personas que, por la fuerza del Espíritu, han dado un paso decisivo en la vida y se han "convertido", abandonando, de una vez por todas, la escala de valores que presenta el "orden establecido" y han abrazado conscientemente la escala de valores que presenta el mensaje de Jesús. En la Iglesia -no cabe duda- hay algo de eso, incluso bastante de eso. Pero la realidad es que la Iglesia es, ademas de eso, otras muchas cosas. La Iglesia, en efecto, es una gran institución, extendida por todo el mundo y dotada de una fuerte organización cuyo centro es Roma.
Esta institución es, además de una institución "religiosa", un organismo docente, asistencia¡, cultural, político, económico, etc. Esto quiere decir que la Iglesia se ha "especializado", es decir la Iglesia no es ya solamente la comunidad de los hombres y mujeres que viven unidos por la fe en Jesús, sino que además es la gran institución que mantiene y lleva adelante una cantidad considerable de obras y organizaciones "especializadas" en los más diversos campos de la convivencia humana.
Para hacerse una idea del volúmen de organización y "especialización", que comporta la Iglesia católica, hasta recordar que los sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares que trabajan a tiempo pleno para la organización supera, en nuestros días, el millón y medio de personas (1). Como es natural, este volúmen de personas supone igualmente una cantidad de obras, instituciones y organizaciones cuyo número y entidad resulta prácticamente imposible de calcular. Se trata de la más variada gama de actividades y organizaciones, desde las más estrictamente religiosas (parroquias, conventos ... ) hasta las más profanas (centros de enseñanza e investigación, medios de comunicación social, organismos económicos y bancarios ... ). Por lo demás, sabemos que esta organización masiva y multitudinaria se caracteriza, entre otras cosas, por su fuerte dependencia de Roma, debido a la centralización creciente que se va imponiendo en los últimos años.
Sabemos, por ejemplo, que el número de funcionarios, que trabajaban en la Curia Romana, es decir la ORGANIZACION central de la Iglesia católica ha duplicado prácticamente el número de sus empleados durante los años que han seguido al concilio Vaticano II (2), lo que supone que el aparato organizativo se ha complicado aun más. Y por consiguiente, el proceso de "especialización", en vez de disminuir, va claramente en aumento.
SE HACEN NECESARIOS GRANDES MEDIOS ECONÓMICOS...
Es verdad que si la Iglesia se ha "especializado" de esta manera y en el sentido que acabo de explicar, ello se debe a que los responsables de la institución eclesiástica han considerado que eso es necesario para que la Iglesia pueda cumplir mejor su misión en el mundo y en la sociedad. Por eso la Iglesia se ha dedicado a la enseñanza, a la investigación, a la asistencia caritativa, a la difusión de las ideas y tantas otras actividades. Todo eso, en principio, es coherente. Y nadie puede dudar del bien que ha hecho la Iglesia, a lo largo de los siglos, en el terreno de la educación, la asistencia a los necesitados, la promoción de la cultura desde los más diversos puntos de vista. Pero la verdad es que, si queremos ser enteramente objetivos, no podernos mirar las cosas sólo desde ese ángulo. Porque, lógicamente, para llevar tantas empresas adelante, la Iglesia ha necesitado y sigue necesitando unos medios económicos cuantiosos, un reconocimiento social y público, una convivencia equilibrada con relación a los poderes políticos y financieros, un prestigio cultural y, en definitiva, una adaptación al complicado sistema de intereses que de hecho operan en la sociedad. Ahora bien, todo esto quiere decir que la "especialización" de la Iglesia ha segregado inevitablemente unos "intereses" que la institución eclesiástica tiene que mantener y potenciar, si es que quiere sobrevivir, tal como funciona, en una sociedad como la nuestra.
HAY MUCHOS INTERESES ...
Estos "intereses" de la institución eclesiástica son tan variados y complejos como variadas y complejas son las empresas y organismos que la "especialización" de la Iglesia ha montado en la sociedad. Por eso, todo el mundo sabe que la Iglesia tiene y defiende unos "intereses" de tipo económico, otros que son de tipo ideológico, otros que se mueven en el terreno de lo estrictamente político. Por supuesto, a nivel de las ideas, la Iglesia hace todo eso para gloria de Dios y servicio de¡ hombre; pero en el nivel concreto de los hechos, la verdad es que se trata de verdaderos "intereses" económicos, ideológicos y políticos. Por eso, sin duda, la historia de los últimos cien años nos ha enseñado la enorme tolerancia que la Iglesia ha tenido - y sigue teniendo - con los sistemas sociopolíticos de signo capitalista, mientras que su actitud es enteramente distinta frente a los movimientos de orientación socialista, que por lo general han sido anticlericales, es decir opuestos a los "intereses" de la institución eclesiástica (3).
Todo esto quiere decir qué en la Iglesia coexisten, como fruto de su "especialización", unos fines estrictamente evangélicos y unos intereses estrictamente mundanos. Porque, en definitiva, se trata de intereses basados en el dinero, el poder y el prestigio. Es decir, en la Iglesia coexisten dos grandes fuerzas opuestas entre sí: de una parte, la fuerza de los fines evangélicos que la Iglesia no cesa de predicar constantemente; de otra parte, la fuerza de los intereses antievangélicos que la misma Iglesia defiende con toda energía y con todo convencimiento. Ahora bien, la consecuencia practica y concreta, que se sigue de todo esto, es que la ORGANIZACION eclesiástica "neutraliza" la fuerza del mensaje evangélico que la misma Iglesia no cesa de proclamar entre los hombres.

UNA ORGANIZACION QUE "NEUTRALIZA" EL MENSAJE (II)

PERO EL VERDADERO MENSAJE DEL MAESTRO SE "OSCURECE"...
¿Por que se produce esta "neutralización" del mensaje evangélico en la Iglesia y a causa de la misma Iglesia? Ante todo, por la dinámica inherente a la organización eclesiástica. La Iglesia, bien lo sabemos, es una realidad divina y sobrenatural. Pero es también una institución social, que funciona en este mundo y que, por consiguiente, se ve sometida a las formas de comportamiento de las organizaciones de este mundo. Ahora bien, todos sabernos que las organizaciones son unidades sociales que persiguen fines específicos; su verdadera razón de ser está en conseguir tales fines. Pero, una vez formadas, las organizaciones adquieren necesidades propias, y estas se constituyen a veces en las dueñas de la situación. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando una fundación gasta más dinero en pagar a su personal dirigente, sus construcciones y su publicidad que en hacer la caridad, fin para el que la ORGANIZACION fué montada y para el que recauda sus fondos (4).
En otras palabras, esto quiere decir que toda ORGANIZACION se ve constantemente amenazada de confundir, en la práctica, los intereses de la institución con los fines para los que ha sido creada esa institución. Y no solo de confundir los intereses con los fines, sino, lo que es más grave, anteponer los intereses a los fines. Por eso, es frecuente que la Iglesia, en cuanto institución social organizada, cuyo fin es conseguir que los hombres vivan el mensaje de Jesús rechazando toda servidumbre ante el dinero, el poder y el prestigio, sin embargo, a la hora de la verdad, esta misma Iglesia se afana por mantener un montaje económico de considerable envergadura (con el ínevitable tributo al sistema económico imperante), por salvaguardar a todo precio su prestigio y por acrecentar su poder real y efectivo en la sociedad. Es verdad que, por lo general, los dirigentes de la institución eclesiástica buscan el dinero, el poder y el prestigio porque están persuadidos de que todo eso es necesario en este mundo, para que se pueda llevar a cabo la evangelización de los hombres. Pero en la practica resulta que, de esa manera, los hombres ven muchas veces que la Iglesia se preocupa más por buscar sus intereses que por lograr sus fines. Y así, lo que sucede con demasiada frecuencia es que la Iglesia tiene efectivamente dinero, poder y prestigio, pero no hace presente en la sociedad el mensaje de Jesús.
SE TRATA DE UN PROBLEMA DE COHERENCIA
Esta ultima afirmación debe ser explicada. Se trata de un problema de coherencia. Quiero decir que mucha gente encuentra cada día menos coherencia entre el "modelo oficial" de la religión (en nuestro caso la Iglesia institucional) y las aspiraciones de significado último que esa misma gente busca y espera encontrar en la institución religiosa. La razón de este fenómeno está en que la Iglesia, como he explicado antes, ha asumido una serie de tareas seculares y mundanas, que motivan a su vez una serie de "intereses" igualmente seculares y mundanos. De ahí que la Iglesia continúa hablando de las cuestiones "últimas" de la vida, pero al mismo tiempo está haciendo demasiadas cosas que no tienen nada que ver con esas cuestiones "últimas" o incluso las contradicen manifiestamente. Un ejemplo en este sentido: lo que los sacerdotes y educadores predican pero no practican es interiorizado por los niños y los jóvenes como un sistema de retórica más bien que como un sistema de significado último. En el límite de este proceso, nos encontramos con una situación en la que una cantidad innumerable de individuos estas socializados en el modelo "oficial" de la religión, pero en la que casi nadie toma el modelo al pié de la letra. Las prácticas religiosas se cumplen entonces por una variedad de motivaciones que, en el fondo, quizás no son religiosas; y las creencias religiosas se ven convertidas en opiniones (como, por ejemplo, la afirmación de que Dios es omnipotente) que no guardan relación directa con las prioridades efectivas de la conducta de los individuos (5).
CONSECUENCIA: EL DESAJUSTE EN LA VIDA DE LOS FIELES.
La consecuencia última que se sigue de este estado de cosas es el desajuste radical en la vida de los fieles. Mucha gente sigue teniendo fe. Es más, con frecuencia esa fe empuja a los individuos a buscar precisamente lo que predicaba y practicaba Jesús de Nazaret: la salvación integral del hombre; y por tanto, en lo que se refiere a este mundo, una convivencia más humana entre los hombres, una existencia basada, no ya en la pasión por poseer, por dominar y por brillar, sino en la igualdad entre todos, en la fraternidad entre todos, porque todos somos hijos del mismo Padre, en la libertad y en el amor. Pero la verdad es que el modelo "oficial" de la religión no responde con los hechos a esas aspiraciones, sino que por el contrario, debido a su alto grado de "especialización", la Iglesia institucional se ve constantemente complicada en el entramado sucio de los "intereses" económicos, sociales y políticos, que determinan las relaciones humanas e institucionales a todos los niveles. De donde resulta la ambigüedad en las palabras, la indecisión en los compromisos, la falta de transparencia en los hechos y, en última instancia, la contradicción entre lo que mucha gente busca y lo que la Iglesia le ofrece. Sin olvidar que, en algunos casos, se ha llegado a cosas mucho más graves. Incluso en la actualidad, es un hecho que el poder eclesiástico resulta una carga demasiado pesada para muchos cristianos, como es un hecho igualmente que en la Iglesia se sigue manejando mucho dinero, de manera que los asuntos relacionados con la economía no aparecen ni claros ni transparentes en determinados ambientes eclesiásticos. Y en cuanto a la vanidad, ya hemos dicho que hoy subsiste en la Iglesia, reglamentada y atemperada por la misma legislación eclesiástica.
LO QUE FALLA ES LA ORGANIZACIÓN ACTUAL.
En los ambientes clericales se suele decir que todo eso es necesario para que la Iglesia pueda cumplir su misión en el mundo. Es decir, se afirma que la Iglesia necesita poder, prestigio y dinero, para salvar a los hombres y para desarrollar su tarea en la sociedad. Ahora bien, semejante planteamiento resulta sencillamente inadmisible. Por dos razones. Primero, porque Jesús jamás enseñó semejante doctrina, sino justamente todo lo contrario. Segundo, por que, en el fondo, eso equivale a decir que el fin justifica los medios: un fin bueno, como es la salvación del mundo, justificaría la utilización de unos medios antievangélicos, como son el poder y el mando que somete a la gente, la pompa y el boato del Vaticano y de las curias episcopales, la utilización de mucho dinero con las dependencias que eso supone respecto al gran capital. Pero bien, sabemos que la misma Iglesia ha rechazado siempre la doctrina según la cual el fin justifica los medios. Aquí la contradicción de la Iglesia consigo misma resulta bastante clara.
Por lo demás, en todo este asunto hay que tener presente que donde hay poder y dinero suele haber también corrupción. Los escándalos de las finanzas del Vaticano y otros asuntos similares parecen indicar que esa corrupción es un hecho.
En resumen: el problema que se plantea a partir de lo dicho, es si la Iglesia, a partir de su ORGANIZACION actual, puede vivir de manera coherente con el Evangelio; y si puede proclamar el mensaje de Jesús de forma que resulte creíble y aceptable. Esto quiere decir que la relación entre la Iglesia y el Evangelio no es primordialmente un problema de tipo moral o ético, sino de carácter institucional y organizativo. En otras palabras, lo que fundamentalmente falla en la Iglesia actual es su ORGANIZACION, de tal manera que sólo el día que esa ORGANIZACION se transforme, será posible una verdadera coherencia entre la Iglesia y el Evangelio.

NOTAS

(1) Anuario Estadístico de la Iglesia

(2) Cf. R.Laurentin, NOUVEAUX MINISTERES ET FIN DU CLERGE, París.

(3) Cf. F.Houtart. LES RELIGIONS COMME REALITES SOCIALES, Paris

(4) Cf.A.Etzioni, LES ORGANISATIONS MODERNES. Gembloux

(5) Cf.Th.Luckmann, LA RELIGION INVISIBLE, Salamanca

Artículo basado en el cap. VI de "La Iglesia y el Evangelio" (Comunidades cristianas populares de Granada)

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