jueves, 20 de marzo de 2014

ADHESIÓN A LA PERSONA DE JESÚS.

Pero la revelación que hace Dios en Jesús llega más lejos. No sólo se revela Dios como Padre de los hombres, sino que su amor a la humanidad no queda en lo general e indefinido. Se manifiesta en el don que, en un momento histórico, hace el Padre de su Hijo, Jesús, para dar vida al mundo (Jn 3,16). La fe del cristiano no es sólo, por tanto, una respuesta de agradecimiento y amor a Dios como Padre, sino en particular a esa muestra de amor que Dios ha dado a la humanidad. Por eso no consiste sólo en el amor a Dios y al prójimo (que ya se exigía en el AT), sino en dar la propia adhesión a Jesús, como modelo de Hombre y como Mesías-salvador. La adhesión comporta el deseo de ser como Jesús y el propósito de colaborar en su obra de salvación. La fe, en consecuencia, no consiste primariamente en dar un asentimiento intelectual a ciertas verdades, sino en la adhesión vital de amor a la persona de Jesús vivo y activo en la historia.

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