domingo, 28 de julio de 2013

TOMÁS Y LA INCREDULIDAD.


En el Evangelio de Juan (20, 24-31) se narra que santo Tomás, uno de los doce apóstoles, tuvo que tocar las heridas de Jesús para comprobar que efectivamente había resucitado, puesto que no lo creía. Esto es lo que Tomás respondió a los apóstoles cuando le contaron que Jesucristo se les había aparecido:

«Le dijeron los otros discípulos: "Hemos visto al Señor." Él les dijo: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y no meto mi dedo en el lugar de los clavos, y mi mano en su costado, no lo creeré."»
Tomás ha quedado como el ejemplo de la persona que tiene que comprobar por sí mismo que las cosas son como se las cuentan.


 Santo Tomás metiendo la mano en el costado de Cristo, relieve del claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos, siglo XII, Burgos.

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