sábado, 14 de septiembre de 2013

Asociacionismo.


Hipótesis o teoría psicológica sostenida principalmente por algunos pensadores ingleses, especialmente empiristas, que trataban de explicar todos los fenómenos psíquicos por la asociación de ideas (v.). La teoría asociacionista parte de que relacionamos ciertas cosas en la memoria, en el pensamiento y en toda la vida mental, simplemente porque en nuestra experiencia original de las mismas se presentan vinculadas; y puesto que nuestros primeros encuentros con las cosas tienen lugar a través de los sentidos (v.), los asociacionistas sostienen que toda la complejidad de la vida mental puede reducirse a las impresiones sensoriales, es decir, a los componentes elementales de la conciencia en su vinculación con la experiencia.
      El defecto fundamental de las teorías psicológicas asociacionistas está precisamente en esto, en no captar las diferencias a veces fundamentales entre diversos hechos psicológicos, reduciendo todos prácticamente a simples asociaciones de sensaciones. El empirismo asociacionista desconoce o explica mal, por ej., la diferente naturaleza de las ideas (v.) o conceptos (v.) del entendimiento (v.) respecto a las sensaciones (v.) o percepciones (v.) de los sentidos (v.), y por tanto la diferencia esencial entre conocimiento (v.) sensitivo e intelectual; no interpreta bien la relación entre los datos sensibles e imágenes, que adquieren los sentidos, y las ideas o conocimientos que adquiere la inteligencia o entendimiento. Las ideas vendrían a ser simples impresiones o imágenes sensibles transformadas o asociadas; algunos intentaron explicaciones parecidas con los sentimientos y hasta con los actos de la voluntad... Este sensismo (v.), en cuanto trata de establecer cierta analogía entre los «elementos psíquicos» más simples y los átomos que se combinan en los cuerpos, fue llamado también «atomismo psicológico». Sin embargo, los asociacionistas contribuyeron a fijar la atención en puntos de las relaciones entre los diversos sentidos, y a estudiar algunos fenómenos de asociación psicológica.
      A mediados del s. XVIII el a. constituía para muchos autores el núcleo central en la interpretación de los problemas psicológicos, siendo definido como sistema por D. Hartley (1705-57). La diferencia entre su teoría y la de sus predecesores radica no tanto en los principios enunciados como en la claridad con que captó la necesidad de una base completamente fisiológica para explicar la asociación (en realidad sólo las asociaciones sensoriales). Th. Hobbes (1588-1679; v.) no logró elaborar su teoría de forma consecuente; ni él ni sus sucesores inmediatos advirtieron la posibilidad de alcanzar una formulación más adecuada de los distintos tipos de asociación; sólo en la obra de Th. Brown (1778-1820) se afrontó de lleno esta cuestión, reduciéndose el problema de la sucesión mental a un número considerable de leyes específicas de asociación, teniendo en cuenta la competencia entre experiencias diversas. Hobbes tuvo en cuenta la diferencia entre la asociación libre e incontrolada y el pensamiento dirigido o deliberado. La contribución más importante de J. Locke (1632-1704; v) a la Psicología reside en que hizo explícitas las posibilidades de una teoría de la asociación, que debía empezar con los datos de la experiencia y elaborar las leyes que rigen las interrelaciones y sucesiones de unas experiencias con otras; el germen del a. ya era evidente en la obra de Hobbes, la cual, a su vez, tiene antecedentes en Aristóteles. La exposición de Locke de las consecuencias del empirismo (v.) y su afirmación de la posibilidad, mediante el análisis, de comprender el origen y organización de las ideas, dotó al enfoque empírico de una atractiva e incitante cualidad que contribuyó en gran medida a acrecentar su fortaleza e influjo.
      G. Berkeley (1685-1753; v.) utilizó el concepto de «cualidades sensoriales componentes» y se convirtió en uno de los fundadores de la teoría de la asociación. El a. se transforma, en manos de D. Hume (1711-76; v.), en un medio de disecar y describir la experiencia prescindiendo de todo agente unificador, ya fuera de naturaleza física o mental. Mientras el a. escinde la mente en partículas sensoriales, I. Kant (1724-1805; v.) insiste en la unidad del acto de la percepción, y la frenología (v.) (Gall) la divide en unidades funcionales o de rasgos. Esto ataca el corazón mismo del a. Con J. Herbart (1776-1841; v.) nos encontramos ante un estructuralismo combinado con una doctrina concerniente a las leyes de la asociación, que es todo cuanto se necesita para tener una nueva escuela de Psicología asociacionista, sistema en el que las ideas son fuerzas activas. Es de destacar la obra de Th. Brown, cuyo sistema psicológico es un sabio y maduro desarrollo de la teoría asociacionista. Utilizando el término «sugestión» más que el de «asociación», procuró dar un tratamiento empírico al problema de las conexiones mentales a un principio básico que denominó «coexistencia», pero este principio básico se manifestaba en tres formas, dependientes de la semejanza, del contraste y de la proximidad en el tiempo y en el espacio. Emprendió el análisis de los múltiples factores que determinan el curso de la asociación enunciando sus famosas «leyes secundarias» de la misma, según las cuales la vida mental no es una mera concatenación de datos de los sentidos, sino que lo que la caracteriza es la capacidad de captar relaciones. En sus manos el a. intentó por primera vez una explicación específica de las causas por las cuales pensamos y actuamos en las formas particulares que nos imponen las circunstancias particulares, en tanto que la interacción de las «ideas» fue reemplazada por complejos o conjuntos psicológicos como si se tratara de individuos en acción. La obra de Brown señaló el momento más importante de la primera etapa del a.; su concepción de la personalidad como ente unitario contribuyó considerablemente a dar al a. esa madurez y cautela que le permitieron alcanzar sus más grandes conquistas en la obra de H. Spencer (18201903) y A. Bain (18181903). Con J. Mill (17731836) el a. alcanzó su expresión más completa y rigurosa y la reacción contra este a. extremo se hizo evidente en las acotaciones de John Stuart Mill (180673; v.) a la obra de su padre.
      Si bien la línea clásica de la teoría asociacionista ha sido desechada, el a. dio vida a muchos movimientos psicológicos; así, p. ej., inspiró gran parte de los trabajos iniciales de P. Janet (18591947; v.), S. Freud (v.) y K. Jung (v.); perfiló los primeros trabajos sobre las respuestas condicionadas; sirvió de guía a los laboriosos estudios sobre el aprendizaje (v. APRENDIZAJE II), efectuados por E. Thorndike (v.), H. Ebbinghaus (v.) y otros, y fue adquiriendo solidez hasta reaparecer con una nueva forma, más sistemática que nunca. La gran ola del evolucionismo (v.) barrió a los asociacionistas, suprimiéndolos del panorama de la Psicología durante algún tiempo, pero al retirarse la ola volvieron a aparecer. La teoría de la asociación ha pasado por una etapa de enorme depuración y refinamiento experimental y cuantitativo, pero la estructura básica concebida por los asociacionistas primitivos aún perdura.
     

 
L. IGLESIAS RODRÍGUEZ.

BIBL.: G. S. BRETT, Historia de la Psicología, Buenos Aires 1960; E. G. BORING, Historia de la Psicología experimental, Buenos Aires 1960; G. MURPHY, Introducción histórica a la Psicología contemporánea, Buenos Aires 1960; J. H. RANDALL, La formación del pensamiento moderno, Buenos Aires 1952; H. C. WARREN, A History of the Association Psychology from Hartley to Lewes, Nueva York 1921.

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