domingo, 7 de julio de 2013

OPUS CONTRA NATURAM.

                       Frase latina que significa "obra contra la naturaleza", alude a una doctrina central para la tradición de la alquimia, y representa una de las aportaciones más importantes de ésta al moderno sentido de la realidad. Uno de los sentidos de la frase latina se refiere a la deliberada interferencia del alquimista en la composición natural de los metales. Una de las metas de la alquimia es la creación de la Piedra Filosofal, un agente capaz de cambiar los metales viles, como el plomo, en oro. Esta búsqueda se guiaba, entre otras teorías, por la de Aristóteles según la cual todos los materiales estaban formados por distintas proporciones de los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Si se lograba alterar esas proporciones cualquier cosa podría transmutarse en cualquier otra. En la Edad Media se propuso  una teoría relacionada, la de que los metales eran cuerpos compuestos formados por distintas proporciones de dos sustancias, el azufre (principio combustible) y el mercurio (principio metálico y volátil). El oro se interpretaba como el equilibrio perfecto del azufre y el mercuio, así que cualquier otro metal podría convertirse en oro devolviendo la igualdad a su composición.

                    Para lograr esa redistribución de proporciones, antes el alquimista en su laboratorio debía descomponer la sustancia en sus principios para obtener la prima materia; esta inversión del proceso natural por el que surgían las materias era la opus contra naturam. Se creía que la relación entre los materiales naturales y la prima materia era un proceso cíclico, de donde el nombre de opus circulatorium que se dio también a la alquimia, cuyo propósito venía a ser como invertir la rueda de la creación.

                    Otro sentido de opus contra naturam deriva de las creencias antiguas y medievales sobre la maduración de los metales. Consideraban el Universo como un organismo vivo, y todas las materias que lo componen también estaban dotadas de vida. De acuerdo con una teoría muy difundida, los metales eran engendrados cuando la luz del Sol, energía masculina, penetraba en la Madre tierra y la fertilizaba; entonces se gestaban los metales en el subsuelo, como fetos en la matriz, y los metales viles evolucionaban poco a poco hacia el oro, la sustancia más noble y madura.

                    Otra interpretación de los metales sugería que éstos crecen como las plantas que germinan de unas semillas en el seno de la tierra. Se creía que el oro era el fruto de la germinación de los metales; enese contexto el trabajo del alquimista consistiría en acelerar esos procesos de gestación o germinación del metal para obtener el oro, como producto final de dicho desarrollo. En este caso la opus contra naturam consistiría en violentar la lentitud natural de los procesos telúricos.

                    Un tercer sentido del término es el que corresponde a la interpretación psicológica de la obra alquímica. El alquimista formaba parte también del organismo cósmico y por tanto, no se concebiría que pudiese modificar un fenómeno natural sin cambiar él al mismo tiempo. Entendida psicológicamente, la busca de la prima materia implicaba un recorrido interior hasta descubrir la naturaleza básica de uno mismo. Durante este viaje interior puede ocurrir que nos encontremos con aspectos de nuestro ser que no sea posible asumir sin pasar dolor o vergüenza. Naturalmente las personas procurar evitar esas revelaciones desagradables y se resisten a admitirlas cuando les son señaladas. En el plano mental la alquimia es una opus contra naturam porque va contra la resistencia natural a tolerar las verdades dolorosas acerca de nosotros mismos. Pero si queremos reconstruimos en forma de "oro espiritual", antes tendremos que enfrentarnos a ellas y disolver esa resistencia.

                    De las numerosas aportaciones de la alquimia a la noción moderna de la realidad, hay dos que se refieren a su función de opus contra naturam. Muchos fundadores de la ciencia moderna cultivaron las disciplinas esotéricas, incluyendo la alquimia; por ejemplo a sir Isaac Newton le interesó más esta que la Física. Entre los postulados básicos de la ciencia figura que el conocimiento humano mismo sea una especie de opus contra naturam. Para los primeros científicos, no era posible conocer la naturaleza simplemente observándola ni reflexionando deductivamente sobre ella: era preciso inteferir en su funcionamiento con experimentos. Esta creencia probablemente derivó de la alquimia y de nociones heréticas colaterales a ella, porque el sistema convencional de creencias se oponía a este tipo de conocimiento, que viene a ser como "robar el fuego de los dioses".

                    En manos de la ciencia, sin embargo, el significado de la opus contra naturam cambió. A diferencia de la alquimia que se consideraba parte del Universo viviente que intentaba modificar, el científico se contempla separado de la naturaleza, a la que considera como una descomunal maquinaria: el resultado de la experimentación científica ha de ser independiente de los estados mentales o espirituales del científico.

                    El siglo XX registró la segunda contribución importante de la opus contra naturam alquímica, en la forma de la psicología profunda, o analítica, de Carl Gustav Jung. Este famoso psiquiatra suizo entendió que la alquimia contenía revelaciones importantes sobre el funcionamiento de la mente humana, y consideraba el proceso de maduració psicológica como una especie de opus contra naturam en el sentido de operar contra la inercia natural que se opone al conocimiento.


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