lunes, 25 de marzo de 2013

PERVIVENCIA Y EVOLUCIÓN DE LAS FÁBULAS.

 El fabulista Esopo, por Velázquez. Museo del Prado, Madrid
El fabulista Esopo por Velázquez, Museo del Prado Madrid.

 Las fábulas de Esopo gozaron de gran popularidad ya desde su origen en la Antigüedad. En la Edad Media fueron recogidas por muchos escritores, sobre todo por su carácter moralizador y ejemplarizante, muy acorde con la mentalidad del hombre medieval. En el ámbito hispánico, por ejemplo, aparecen fábulas de Esopo en El conde Lucanor, del infante don Juan Manuel, y en El libro de buen amor, de Juan Ruiz, arcipreste de Hita.

El ingenio, la sencillez y la sabiduría que acumulan las fábulas aseguran su pervivencia en la tradición literaria durante siglos -La Fontaine en Francia, en el siglo XVII, o Samaniego e Iriarte en España, en el siglo XVIII-; hoy en día siguen gozando de buena salud, frecuentemente asociadas al mundo infantil, gracias al protagonismo y la humanización de los animales, y también a su carácter didáctico.

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