jueves, 31 de mayo de 2012

ECLESIASTÉS (Libro de).

El Libro del Eclesiastés (griego εκκλησιαστης, Ekklesiastés, hebreo קֹהֶלֶת, Qohéleth, "eclesiasta", "asambleísta" o "congregacionista"), a veces conocido como el "Libro del Predicador", es un libro del Antiguo Testamento de la Biblia, y también del Tanaj, perteneciente al grupo de los denominados Libros Sapienciales, o de enseñanzas. En el Tanaj judío se ubica entre los Ketuvim (o los "escritos"). En el ordenamiento de la Biblia, Eclesiastés sigue a los Proverbios y precede al Cantar de los Cantares, mientras que en el Tanaj se encuentra entre estos dos mismos libros, pero en orden inverso: le antecede el Cantar de los Cantares, y le sucede el de Proverbios.
No debe confundirse con el Libro del Eclesiástico, el cual es otro libro sapiencial del Antiguo Testamento, de nombre similar.

Contenido

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[editar] Datos generales

[editar] Nombre del libro

En Eclesiastés 1, 1 Salomón se llama a sí mismo el “congregador”, el "predicador" o mejor aún "El Orador -(persona que expone un tema ante una audiencia)". En hebreo esa palabra es קֹהֶ֣לֶת Qo·hé·leth, y en el Tanaj ése es el nombre que se da al libro. La Septuaginta griega le da el título de ἐκκλησιαστής, que significa: “miembro de una ecclesía (congregación; asamblea)”, y de ese título se deriva el nombre español Eclesiastés. Sin embargo, una traducción más exacta de Qo·hé·leth es “El congregador”, lo que también aplica mejor a Salomón. Indica con qué propósito escribió Salomón el libro. Significa también al orador dentro de una reunión.
Qohéleth también significa "el representante de la asamblea", un tribuno de la asamblea del pueblo, que cansado de las ideas dominantes, se decide a tomar la palabra.[1]

[editar] Autor y datación

Eclesiastés es un libro postexílico, cuyo autor se llama a sí mismo "Hijo de David" y "Rey en Jerusalén" (Eclesiastes 1:12), atribuido tradicionalmente, al igual que el Libro de Proverbios, al rey Salomón. A pesar de ello, hoy se cree que se trata solo de figuras retóricas y no de una verdad histórica, entre otras cosas porque era habitual atribuir a Salomón cualquier obra filosófica eminente de la que se desconocía su autor —como lo era también, atribuir a David cualquier pieza lírica en el mismo caso—, y porque el estilo literario y el uso de la lengua lo ubica en tiempo de los persas de Ciro.[2]
El primero en dudar de la autoría salomónica de Eclesiastés fue Hugo Grocio, en 1644, quien encontró que en el texto hebreo hay muchas palabras que solamente se encuentran en Daniel y Esdras.[2] En 1875, en su comentario al Cantar de los Cantares y Eclesiastés, Franz Delitzsch probó que el hebreo de Eclesiastés no corresponde a la época de Salomón y es posterior al exilio.[3]
El autor parece un hombre incuestionablemente ilustrado. Qohélet conoce lo que pasa fuera de las fronteras de Israel, ha viajado y ha estado en profundo y prolongado contacto con el helenismo. Aunque esto es claro, mucho más difícil resulta establecer con cuál de las tres grandes corrientes de pensamiento helénico comulga o simpatiza: no se sabe si fue cínico, epicúreo o estoico.
Tanto Siegfried[4] como Podechard[5] sostuvieron que el libro estaría compuesto por una base original a la que se han ido añadiendo diversas partes. Ya el epílogo, por el modo en que menciona al autor, sería de redacción posterior. Otros refranes que echan mano de cierta métrica muestran quizás la intervención de otro autor. Sin embargo, los indicios no son suficientes todavía como para afirmar con certeza la diversidad de autores.
La lengua del escrito es ya fuertemente arameizante, con términos que provienen del lenguaje común de la calle o el mercado[2] y con algunos préstamos del persa (como pardes: jardín, huerto, parque; medina: provincia, distrito, barrio),[6] en tanto que las reflexiones corresponden más bien a un fondo helénico.[7]

[editar] Canonicidad

Estaba en el canon judío para el siglo I d. C. y aunque se elevaron dudas en ese ámbito, el Concilio de Jamnia los disipó. Se han encontrado fragmentos del Qohélet en las cuevas de Qumram. En el ambiente cristiano, solo Teodoro de Mopsuestia opuso o minimizó la canonicidad del libro.

[editar] Contenidos

El Eclesiastés se pregunta cómo afrontar la vida, ya que nada en ella es seguro excepto la muerte. Tiene un tono marcadamente existencial. Reflexiona sobre la fugacidad de los placeres, la incertidumbre que rodea al saber humano, la futilidad de los esfuerzos y bienes de los hombres, la caducidad de todo lo humano y las injusticias de la vida.
La incertidumbre de la existencia es el centro de las reflexiones de Kohélet. Nos invita a disfrutar de la vida, pues nunca podemos estar ciertos de qué nos deparará y también las alegrías de este mundo son un don de Dios. Recomienda aceptar con serenidad las desgracias y la adversidad, pues también ellas serán tan pasajeras como lo es todo en la vida del hombre. La injusticia que con frecuencia domina lo humano, el valor de la sabiduria a pesar de sus inevitables límites, lo inútil de todo afán del ser humano que necesariamente concluye con la muerte, son algunos de los temas intemporales sobre los que reflexiona. Resuena la voz de Kohélet en Ecle. 12, 8 según la versión Reina Valera:
"Vanidad de vanidades", dijo el Predicador, "todo es vanidad"
La traducción del inglés en la NVI del mismo versículo:
"Meaningless! Meaningless!" says the Teacher. "Everything is meaningless"
"Sin sentido! Sin sentido!" dice el Maestro. "Nada tiene sentido"
La conclusión principal del Eclesiastés refleja el conocido precepto del carpe diem: disfruta del día, disfruta del momento, aprovecha lo que la vida te ofrece. Quizás el mejor extracto de esta propuesta existencialista se encuentre en Ecle. 9:
Anda, come con alegría tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con tus obras. En toda sazón sean tus ropas blancas y no falte ungüento sobre tu cabeza. Vive la vida con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol. Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el she'ol a donde te encaminas»
Se señala a menudo la conexión del Eclesiastés con el libro de Job. La pregunta ética por la justicia, o la pregunta por el sentido del sufrimiento, que Job plantea, tiene un contexto de creencias semejante. Así, al final del libro de Job, éste, al depositar su confianza en Dios, alcanza una vida larga y próspera y mucha descendencia, la máxima expectativa de un ser humano.

[editar] Críticas desde el cristianismo

El Eclesiastés ha sufrido variadas críticas, que dependen exclusivamente de citar fuera de contexto y en forma aislada algunas de sus afirmaciones. Así, se lo ha acusado de pesimista, escéptico y epicúreo.
Estos así llamados "errores" desaparecen cuando se contempla a Kohélet en el marco de la sociedad, la religión y la filosofía de su época, ya que el libro se adapta muy bien a la doctrina hebrea de aquel tiempo y a los principios éticos y morales del judaísmo sin contradecirlos en nada.
No es infrecuente que desde posturas cristianas se eche en falta en el Eclesiastés un sentido de la trascendencia de la vida más allá de la muerte. Lo cierto es que el dogma cristiano de la inmortalidad del alma no forma parte de las creencias del judaísmo originario, aunque si hace referencia de la trascendencia espiritual en el Capítulo 12:7 El Eclesiatés es un clásico libro sapiencial cuya intención parece marcado en enseñar a vivir y acompañar al hombre en los vaivenes de su vida. Cobra pleno sentido que disfrutemos cuanto podamos de ésta y no nos desesperemos cuando la fortuna nos sea contraria. Todo pasará. Hemos de mantener nuestra confianza en Dios, no porque nos premie con la eternidad, sino porque Él es la única garantía de justicia y sentido que en vano buscaremos en el mundo humano.

[editar] Libro de las citas

Detalle del techo de la capilla de los huesos en Évora (Portugal) con la cita "Melior est dies mortis die nativitatis" (Ec. 7.1)
Es el libro más citado de la Biblia, incluso en la vida diaria, aunque el que utiliza sus dichos no sepa de dónde provienen:
  • "Vanidad de vanidades, todo es vanidad",
  • "Lo que fue, eso será. Lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se hace nada nuevo bajo el sol",
  • "Todo tiene su momento, y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su tiempo. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo e reír; tiempo de lamentarse y tiempo de danzar; tiempo de esparcir las piedras y tiempo de amontonarlas; tiempo de abrazarse y tiempo de separarse; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de tirar; tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz",
  • "Los hombres vienen y van, pero la tierra permanece",
  • "Todos van al mismo lugar; todos han salido del mismo polvo, y al polvo vuelven todos",
  • "Las palabras del sabio son como aguijones",
  • "Escribir libros es una tarea sin fin"

[editar] Notas

  1. Ubieta, José Ángel (1967) "Eclesiastés"; Biblia de Jerusalén: 856 n. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  2. a b c Seow, Choon-Leong (1996) "Linguistic Evidence and the Dating of the Qohelet"; Journal of Biblical Literature 115 (4): 643-666.
  3. Delitzsch, Franz (1875) Hoheslied und Koheleth. Dörffling und Francke. Leipzig.
  4. Siegfried, Carl J.; Wilhelm Frankenberg und Wilhelm Nowack (1898) Prediger und Hoheslied. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht.
  5. Podechard, Emmanuel (1912) L'Ecclésiaste. Paris: J. Gabalda.
  6. García-Treto, Francisco (2010) Job, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares: 89-90. Justo L. González, editor general. Augsburg Fortress.
  7. Krüger, Thomas; Orville Cole Dean and Klaus Baltzer (2004) Qoheleth: a commentary. Fortress Press.

[editar] Bibliografía

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